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Religión y pandemia: "Hay un claro aumento del protagonismo de los obispos y de la Iglesia en general"

Por Leonardo Casas

Mariano Fabris, Doctor en Historia de la Universidad Nacional de Mar del Plata, viene abordando desde hace varios años el rol de la Iglesia como actor social en la historia argentina, y en ese marco, fue entrevistado en InfoBrisas para analizar cómo reaccionó la institución frente a la nueva realidad que impuso la pandemia de coronavirus.

Autor de los libros “La revista Criterio y el siglo XX argentino. Religión, cultura y política” – junto a Miranda Lida – e “Iglesia y democracia : avatares de la jerarquía católica en la Argentina post autoritaria: 1983-1989”, así como distintos artículos sobre la temática, Fabris es una voz autorizada para realizar un acercamiento a la temática.

¿Hay algún abordaje especial desde el lado teológico sobre la pandemia y sus efectos en la sociedad?

Una de las cosas que se pueden ver, en estos momentos, porque todo hay que tomarlo con pinzas, ya que el proceso se está desarrollando, y uno trata de mirarlo en una dinámica que va cambiando, es el discurso bastante secularizado de parte de la jerarquía de la Iglesia. En tal sentido, hubo un acompañamiento explícito de todas las medidas sanitarias, y no hubo, por lo menos entre los obispos – después uno siempre puede encontrar algunas otras voces -, discursos del tipo “la pandemia es un castigo de Dios” o “hay que interpretar la pandemia generada por el ser humano y sus pecados”, que sería como un discurso extremo.

Ese tipo de cosas no estuvo presente. Lo que sí hay es una idea de que la religión tiene que tener un lugar importante en este contexto, un espacio fundamental, que el hombre está necesitado de respuestas en un momento en el que está conviviendo cotidianamente con una enfermedad, con el encierro, con la muerte, con el riesgo de la muerte propia o de los seres queridos o cercanos. En ese contexto, hay una insistencia en la necesidad de que se tenga en cuenta el aspecto religioso o espiritual del ser humano.

Lo que no hay es ningún tipo de explicación de la pandemia como el resultado de un castigo divino o cosa similar, que por ahí si uno mira las noticias más allá del caso argentino, puede encontrar efectivamente algunas de estas expresiones en un pastor. Incluso en el mundo musulmán hubo alguna que otra expresión por el estilo, por ejemplo decir que la pandemia era el resultado de un castigo por la homosexualidad.. De todos modos, en el caso argentino no sucedió esto.

¿Existen vasos comunicantes entre los sectores más radicalizados contra la cuarentena y la feligresía más ortodoxa o menos proclive a posiciones progresistas?

El mundo católico, por lo menos en el catolicismo argentino, es un universo complejo y plural. Conviven personas y grupos que además de su adscripción religiosa, reflejan distintos comportamientos e identidades políticas. En ese sentido, es obvio que puede haber sectores del catolicismo cercanos al discurso más anticuarentena, a teorías conspirativas sobre nuevos poderes mundiales, pero no tienen un lugar relevante en la medida en que nos adentramos a lo que es la institución.

Más allá de eso, sí hay un canal bastante fluído de articulación, con sectores amplios del laicado y tal vez algunos curas, con la idea de que el Gobierno actual, a través de estas medidas, restringe las libertades, y una de las libertades que está restringiendo es la libertad de culto, la libertad religiosa.

Esos grupos, dentro del episcopado, dentro de la jerarquía católica, no tienen mucha representatividad. Por ahí el arzobispo emérito de La Plata, monseñor Héctor Aguer, podría ser la figura que mejor representa dentro de la jerarquía, ese tipo de discurso. Cualquiera que lea alguna de sus declaraciones, o sus apariciones en algún programa de televisión, obviamente le va a resonar sus reclamos a ese tipo de discursos que se puede escuchar o leer en sectores del laicado, la idea de que el Gobierno restringe las libertades.

Más allá del caso particular de la jerarquía, sí hay otros sectores del laicado que están respondiendo a un reclamo más general respecto a la falta de libertades.

La Iglesia como actor social, en este marco, ¿ha tomado un protagonismo distinto o mantiene el papel que tenía previo a la pandemia?

Yo creo que hay un acrecentamiento del rol que juega la Iglesia en el sentido lo más amplio posible. En esto quisiera insistir con que hay un canal de participación de la Iglesia, que no es nuevo, que creció en este período, que es el de la colaboración con el Estado en la asistencia social, o en la coordinación de ayuda en aquellos sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Ya había contactos con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación previo al estallido de la pandemia, incluso con acuerdos, y eso se vio enormemente profundizado en este período. Cuando uno recorre un poco las noticias, va a encontrar que en aquellas localidades o zonas donde se ubican los barrios más carenciados y los barrios que manifiestan mayores problemas socioeconómicos, los obispos se reúnen regularmente con los intendentes o con los actores gubernamentales encargados de la asistencia social.

En tal sentido, hay un claro aumento del protagonismo de los obispos y de la Iglesia en general. La implantación, el desarrollo territorial que tiene la Iglesia, el acceso y la llegada a esos sectores sociales, es un recurso fundamental para el Estado.

¿Cómo viene siendo la recepción al funcionamiento virtual que tuvieron que poner en práctica los sacerdotes?

Lo que se ha manifestado en este tiempo es una reconversión rápida de aquellas prácticas más tradicionales. No quedó otra, en realidad, y se potenciaron prácticas y recursos que ya venían con larga data dentro de la Iglesia. La transmisión de las misas por radio y televisión viene desde hace tiempo. El desarrollo de mensajes a través de WhatsApp, incluso había algunas experiencias de curas que transmitían sus mensajes dominicales a un público mayor que el de la misa a través de esos medios, obviamente adquirió otra importancia en este contexto. Rápidamente se vio esa reconversión en las prácticas hacia lo virtual.

Eso no quiere decir que el resultado sea el mismo, ni que todos los fieles lo tomen de la misma manera. Hay que ver el impacto que tiene eso en las prácticas religiosas de cada uno, si realmente el paso a lo virtual suplanta el sentido del encuentro, el sentido comunitario que tiene para el fiel asistir a una misa.

Para la Iglesia en sí también es un desafío este paso hacia lo virtual para mantener los lazos con los fieles, porque el acceso o el aprovechamiento de los medios digitales para acceder a una misa o a un mensaje de cualquier obispo o cura, de cualquier parte del mundo, también genera una potencial dispersión del creyente hacia otros espacios de creencia.

Se nota que hay un esfuerzo muy grande de ponerse al día, sobre todo en aquellos sectores que no tenían este tipo de prácticas. A todo el mundo le ha costado el paso de sus actividades hacia ese formato, en lo que es la educación, por ejemplo, así que imaginemos a curas que tienen sus años y que nunca habían manejado estos medios. Es un desafío que lo van afrontando con mayor o menor dificultad.

En estos días, publicamos una nota sobre unas declaraciones del Papa y los efectos de la pandemia, y las respuestas en las redes sociales de la página fueron en su mayoría críticas: ¿La mirada sobre Francisco es negativa en general, o es solo el enojo de una porción que le asigna un posicionamiento político en Argentina?

Desde ya que es una figura polémica, incluso para el mundo católico, en la medida en que no siempre sus alineamientos – implícitos, porque obviamente el Papa evita la asunción de algunas posturas, sobre todo en lo que hace a la política local, más claras y explícitas – quedan exentos de generar divisiones o tensiones en el ámbito católico.

Hay que diferenciar el público general, que se puede manifestar en una radio o en los comentarios de un portal, del laicado. En el laicado, en general, hay un acompañamiento que, obviamente, convive y se solapa con las tensiones políticas de un país como el nuestro, que vive desde hace varios años con un importante grado de polarización. En ese sentido, la figura del Papa no ha podido obviar esa polarización.

Siempre es un juego difícil y de tensión, porque los representantes religiosos, habitualmente, cuando se acercan a las luchas de poder, tratan de hacerlo con mayor distanciamiento, “navegando con cuidado” entre los sectores más enfrentados. No siempre lo logran y la figura del Papa ha quedado, en algún punto, subsumida en la famosa grieta, y eso se reproduce incluso en este momento de la pandemia.

Quizás sea una pregunta que esté más allá del objeto de estudio que venís teniendo: ¿tendrás una noción acerca de si la manera en que abordó la Iglesia Católica la pandemia, difiere de la que tuvieron al respecto los evangélicos?

En relación a las diferencias respecto a otros grupos religiosos, en particular a los evangélicos, no podría tener una respuesta concluyente; en realidad, todo esto tiene una dinámica y uno está mirando casi una fotografía, tratando de detener el proceso, para describirlo y analizarlo, mientras el proceso sigue su rumbo.

En general, ha habido muchas coincidencias entre la Iglesia y los grupos evangélicos en Argentina. Los grupos más institucionalizados, las autoridades de los grupos como ACIERA (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina) y otros, han tenido puntos de coincidencia, sobre todo en lo que hace al discurso secularizado. Un discurso que entiende que la prioridad es la cuestión sanitaria.

El reclamo, en todo caso, es para que a lo religioso, al aspecto más espiritual, se le brinde un espacio, que los gobiernos reconozcan ese espacio, que le den relevancia, y que las medidas restrictivas lo tengan en cuenta, que no sea solo prohibiciones, pero no hay un discurso que intenta reemplazar al discurso médico.

Después, obviamente, más en instituciones religiosas con algún grado de dispersión, vas a encontrar grupos o actores que puedan tener algún discurso más radicalizado. Todos recordamos al pastor Giménez con su alcohol en gel salvador, pero eso no ha sido la nota predominante en ninguna de las comunidades religiosas reconocidas en la Argentina.

Foto: Efe / Juan Ignacio Roncoroni

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