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Polémica por la pesca en la milla 201: "Son corsarios bancados por otros gobiernos"

Por Leonardo Casas

Si nuestra Pampa Húmeda, que nos define como Nación, es extensa, aún más extenso es nuestro mar. Sin embargo, la mayoría de los argentinos vemos el mar apenas como playa, e incluso solemos quejarnos de que el agua no es transparente como en el Caribe. Asimismo, en los últimos días volvió a circular la imagen de los barcos que se colocan al margen de la milla 200, en aguas internacionales, y suelen ingresar a nuestro territorio marítimo para depredar nuestros recursos.

Sobre este tema, consultamos a Pablo Esteban, periodista y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, quien recientemente publicó el libro “El campo azul. Un viaje por la geopolítica del Mar Argentino”, que responde a varias de las incógnitas que le planteamos desde InfoBrisas, como son la pesca ilegal, el escaso cuidado que tenemos del recurso, y el por qué culturalmente nos cuesta relacionarnos con el mar.

¿Cómo fue la génesis del libro, qué es lo que te llamó la atención para enfocar sobre el Mar como tema de un libro?

Lo primero que presté atención es un área, un espacio, un campo de conocimiento que no está lo debidamente explotado. Si bien hay un montón de gente que se aboca al mar, no veía abordajes que recuperan toda la relación que yo intento rescatar.

Yo trabajé con un montón de investigadores e investigadores, y lo que voy haciendo es uniendo diferentes perspectivas. Hablo con biólogos del mar, con ciencias de la atmósfera, con ciencias de la alimentación, de la nutrición, con la antropología, es como un ensamble muy variado, que a mí me ayudó a tener un libro que desde un abordaje más ensayístico, más divulgativo, más periodístico, reúne todas esas cosas juntas que a mí me interesaban.

En el primer capítulo, trato qué conocemos y qué desconocemos del mar, cuáles son las principales problemáticas, que están vinculadas con la caza furtiva, con la sobrepesca, con el cambio climático, con el derrame de petróleo. En el segundo apartado, trato de recuperar la implementación del programa Pampa Azul, que para mí fue de las políticas más importantes para intentar regular lo que ocurre en el mar, para poder aprender a controlarlo y demás; luego, en el tercer capítulo trato de retratar lo que pasa con los piratas de antes y los piratas de ahora, pasando por la vida de quienes fueron Morgan y Barbanegra, y si uno indaga en la historia, nos damos cuenta que se trató de piratas que eran corsarios, es decir que eran contratados por sus propios estados – en general, el estado británico -, para interferir en los deseos, en las ansias de poder, en la potencia colonial de España; eso me sirve como puente para poder hablar de los piratas de ahora, que son los buques chinos, coreanos, españoles, que se ponen en la frontera, a partir de la milla 201 y empiezan a llevarse nuestros recursos; y después, por último, también me interesó la cultura alimenticia, porque si ya no podemos cuidar nuestro mar, menos vamos a conocerlo, sino lo conocemos no tenemos manera de poder protegerlo, sino lo protegemos, directamente vivimos de espalda a un mundo que nos pertenece y no le mostramos interés, entonces menos vamos a poder desarrollar una cultura alimenticia basada en los frutos de mar, por eso yo me baso en ese último capítulo para hablar con una metáfora, la cual es “asado mata sushi”, y abordo qué es lo que ocurre con la cultura alimenticia de los argentinos y las argentinas.

Todo ese cruce es el que a mí me interesa para abordar y desarrollar este libro, que tiene un poco de todo.

– En los últimos días circula una serie de fotos y videos sobre una especie de ciudad flotante a la altura de la milla 200. Qué tan cierta es esa imagen? Es algo que sucede constantemente? El otro lugar común que se relaciona directamente es que todos esos barcos se aprovisionan en Montevideo, es verdad?

Es tal cual, son imágenes en donde el mar pareciera el estacionamiento de un shopping. Son muy impactantes esas imágenes que se ven por la noche, en donde se ven las luces, que hasta parecen luciérnagas.

Eso es algo continuo, que tiene que ver con el flujo de peces. En general, van en línea directa a nuestras provincias patagónicas, porque es ahí donde se concentra una buena parte de nuestros recursos pesqueros, calamares y demás. Esto se sostiene en el tiempo porque pueden estar varios meses, porque lo que hacen es tener barcos que funcionan como buques nafteros, como se dice en la jerga, que lo que hacen es dotar de combustible a los buques que están flotando, porque si no se quedarían sin nafta y quedarían vagando.

La cuestión es que no tienen ningún tipo de problemas. Vos tenés el buque que pesca, cuando no es directamente un buque factoría, que lo que hace es trasladar todo lo pescado de una jornada, que puede ser de varias toneladas, y eso se pasa a otro buque, que en general está en las cercanías, que lo que hace es congelar el pescado. Entonces, cuando llega a los puertos chinos, coreanos, españoles, el pescado ya está listo para ser comercializado.

Muchas veces estos buques pescan en la ilegalidad, porque se ponen en la milla 199, que ahí ya es soberanía argentina. Lo que hacen muchas veces para resguardarse es ir a otros puertos, y muchas veces, tal como señalás, van al puerto de Montevideo, pero ojo que no es un tema solo para echarle el fardo a Uruguay. En muchas provincias patagónicas, hay intendencias con salida al mar que también están queriendo darle albergue a los barcos piratas. Hay un contrasentido ahí, porque estamos hablando de soberanía nacional y tenemos funcionarios públicos que estarían de acuerdo en darle todo lo necesario a esos buques piratas para que hagan una parada técnica.

Ahí tenemos un serio problema, porque no le estamos prestando atención al mar y lo que hacemos es darle la espalda, y si le damos la espalda al mar, no podemos mirarlo de frente, y si no lo miramos de frente, no podemos aprovechar esos recursos que tantas divisas nos haría ingresar.

Decís que los barcos son principalmente chinos; ¿cuáles son las herramientas que tiene el Gobierno para accionar, o justamente por la geopolítica y el peso de China en el mundo y en nuestro país, tienen, tal como señalás, “patente de corso”?

Es una tema muy sensible, más allá de que en la diplomacia internacional sean países amigos. Regular el mar está muy lejos de lo que históricamente hizo Argentina. Desde 1986 hasta la fecha, Argentina capturó 300 buques, y en el último año, se capturaron tres buques. Uno puede decir que el último año se capturó bastante poco, pero fue la cifra más alta en un año. Fijate lo poco que regulamos nuestro mar y todo lo que se nos complica poder regular por la vía diplomática con países que son “amigos” para poder hablar de una cifra de tres buques nada más, que fueron los únicos que fueron capturados en 2020, cuando tenemos imágenes de que hay estacionamiento, directamente de buques factorías que están en el límite de las aguas internacionales y de nuestra plataforma continental.

La realidad es que los instrumentos jurídicos están: Argentina tiene soberanía hasta la milla 200, pero también tiene la posibilidad de accionar con aquellas especies que están consideradas migratorias, porque las especies pasan la frontera, no saben de fronteras jurídicas. Entonces vos tenés especies que desarrollan todo su ciclo vital en aguas argentinas y después, en algún momento, lo que hacen es atravesar esa frontera de las 200 millas y ahí es cuando la pescan.

Eso también debería estar regulado, pero del otro lado te van a decir que a partir de la milla 201, 202, 203, estoy en aguas internacionales. ¿Eso cómo se regula tradicionalmente? Eso se regula a través de las llamadas OROP (Organizaciones Regionales de Ordenación Pesqueras), que son acuerdos, pactos internacionales que las diferentes naciones hacen para regular más allá de la milla 200. Es decir que la Argentina podría crear una OROP, un acuerdo internacional con los países con los cuales comparte frontera marítima, como, por ejemplo, con Uruguay. Ahora bien, ¿por qué Argentina no hace una OROP con Uruguay? Porque también la debería hacer con el Reino Unido. Si Argentina hiciera una OROP con Uruguay, Brasil y el Reino Unido, estaría reconociendo la soberanía de los británicos sobre Malvinas.

Es por eso que a Argentina le cuesta tanto regular su mar, sobre todo cuando hay tanta pesca. Al mismo tiempo, en Malvinas, lo que hacen los ingleses es repartir licencias a diestra y siniestra, entonces se llevan todos nuestros recursos. Estamos totalmente sitiados, no solo tenemos en el borde de la plataforma continental a los buques chinos, sino que hacia el sur, en el Atlántico suroriental, tenemos a la gente del Reino Unido. Estamos totalmente complicados en ese sentido.

En Mar del Plata está uno de los puertos más importantes del país, y siempre se habla como si fuera un sitio aparte, como si la ciudad y el puerto fueran dos unidades independientes. ¿Se replica esto como metáfora del país, que quizás no toma al Mar Argentino como la oportunidad que es?

Es una pregunta que intento responder en el libro. Pasa un poco de todo lo que venimos conversando. Creo que no lo vemos como es, en principio, porque no lo conocemos. Todo el conocimiento científico que se crea a partir del mar, es de una manera muy segmentada: se estudia una especie puntual, se estudia un ecosistema puntual de una latitud y una longitud muy precisa, se estudia el mar más allá de los humanos, que pueden explotarlo, que pueden aprovechar sus recursos y se estudia el mar más allá de su productividad.

Es como que culturalmente no estamos preparados para aprovechar el mar. Cuando vos vas a comprar cosas para comer, y decís “bueno, me voy a comer un pescado”, no es tan fácil hallar una pescadería. En Mar del Plata por ahí hay más, claro. Son varias cosas: el precio del pescado es mayor al de la carne vacuna, el pescado no da saciedad como da la carne vacuna, la pescadería no es un negocio de proximidad como sí lo es la carnicería, ya que quizás tenés varias carnicerías en un par de cuadras, y pescadería te cuesta, tenés que caminar bastante para encontrar alguna. Además, el asado, la carne vacuna, es un plato tótem. Es un plato que tiene una impronta cultural muy fuerte, que está vinculado identitariamente, que nos constituye como ciudadanos argentinos de la misma manera que Maradona, de la misma manera que el dulce de leche.

En ese marco, se hace muy difícil tener una cultura marítima, porque ni siquiera comemos lo que el mar nos ofrece. Al mismo tiempo, no generamos conocimiento científico, al mismo tiempo la articulación del Estado históricamente siempre fue muy pobre, a tal punto que lo más interesante que hicimos en el último tiempo fue el programa Pampa Azul, que fue impulsado por el gobierno de Cristina Kirchner a partir del año 2014 y que se vio interrumpido durante el macrismo y ahora le está costando un poco arrancar.

Pampa Azul era un plan para poner en valor nuestro mar, y eso se vio interrumpido también. Entonces, desde todos los puntos de vista no miramos de frente al mar, y así es muy difícil. Es un problema complejo, y como todos los problemas complejos tiene que ser abordado de diferentes perspectivas, y todas las perspectivas desde las cuales abordamos el mar, vemos que tenemos serias deficiencias. De lo cultural, de lo alimenticio, desde el conocimiento científico, desde la cuestión estatal, entonces cuando tenemos tantas faltas, se hace muy difícil.

Es impresionante que tengamos una de las plataformas continentales más ricas del mundo y no la podamos aprovechar como es debido. De hecho, en años anteriores tuvimos una extensión de nuestra plataforma continental y sin embargo seguimos enfrascados en esas disputas geopolíticas sin poder aprovecharla del todo.

Obviamente no es el objeto del estudio, pero entendería que la tragedia del ARA San Juan fue mientras llevabas adelante la investigación para este libro. Otro lugar común es decir que el submarino podía servir para impedir la depredación por parte de extranjeros, ¿es así?

Obviamente el triste episodio del ARA San Juan tiene que ver con esto, con la desidia por parte del Estado y de los gobiernos de turno para con el mar. El mar necesita de acciones concretas, de políticas bien articuladas y esta es una muestra más. La Argentina, a partir de la década de los 90 hacía acá, no tiene una industria naval muy consolidada ni mucho menos. Obviamente, a partir de ahí como base, más la negligencia, más toda la falta de control, no creo que sea falta de preparación, porque hay recursos humanos muy bien preparados en todo lo que tiene que ver con el agua, pero sí que tiene que ver con una pobre articulación.

Todo esto ocurre cuando hay desidia, cuando falta presupuesto, cuando no miramos de frente al mar, sino que le damos la espalda.

Cuando hay este tipo de desidia, cuando hay transportes que deberían llevarnos, ya sea como el transporte público, que nos lleva todos los días, así como el transporte para realizar otro tipo de misiones, exploratorias o que tienen que ver con la defensa, cuando pasan este tipo de cosas, es porque no hay mantenimiento, y si no hay mantenimiento es porque no hay presupuesto asignado, y cuando no hay presupuesto asignado es porque hay desidia, en muchos casos, por parte del Estado.

Me parece ahí que nos debemos una profunda comprensión de lo que ocurrió y empezar a asumir las culpas. Se repartieron algunas multas y arrestos, pero obviamente para las familias de toda la gente que falleció, eso no alcanza de alguna manera.

¿Cómo sería vivir de frente al mar? Qué cambios requeriría hacer, al menos en una primera etapa? Hablabas del proyecto

Se está intentando reflotar y me parece que hay que activar este tipo de cosas, darle más importancia al INIDEP, que está en Mar del Plata, intentar regular, intentar encontrar alguna forma, algún vericueto jurídico para poder regular nuestras aguas, quizas no se pueda conformar una OROP pero sí acuerdos bilaterales, sea con Brasil o con Uruguay.

También se debería prestar atención a algunas áreas protegidas, poder regular algunas áreas marinas protegidas más para poder conservar nuestros recursos, tratar de tener diálogo internacionales, geopolíticos, con países amigos, porque como siempre decimos, los piratas de antes son muy parecidos a los piratas de ahora, son corsarios, son bancados por los gobiernos, por el gobierno chino, por el gobierno español.

En esta época, para proteger el mar no hace falta minar el mar argentino de barcos. Si bien son importantes, no hace falta tener cuatro millones de barcos protegiendo las fronteras. Hay tecnologías que son lo suficientemente precisas como para poder controlar el mar, hay tecnologías que apuntan a la radarización, que permiten a nuestra Prefectura Naval poder ver el mar desde arriba.

El control se puede hacer sin ningún tipo de problemas, el asunto es que exista voluntad política para poder hacerlo. Las especies marinas van a seguir pasando fronteras, entonces hay que intentar controlar eso, porque en definitiva, los recursos que nacen y se desarrollan en el territorio de nuestro mar continental, terminan siendo aprovechados por otras naciones y no por nosotros.

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