23/01/2021
sábado 23 de enero del 2021 - T
23 enero 2021 - T
viernes, 16 de octubre, 2020 - 13:12 hs.
Cuatro de cada diez

Los datos duros del INDEC dejaron para el primer semestre del año un índice de pobreza de 40,9%, con un aumento de 5,5% respecto de igual período de 2019.


La indigencia trepó a 10,5%, contra el registro del 7,7% del año pasado.


Globalmente hablando, la economía cayó 19,1%, empujada sin duda por los efectos de la pandemia de Covid-19.


Al cierre de la mitad del presente año, la dependencia estadística aseguró que el 30,4% de los hogares argentinos son pobres, con ingresos familiares de $25.759, para afrontar una canasta básica total estimada en $43.785.


Según la Encuesta Permanente de Hogares, sobre un universo de 2.800.000 viviendas relevadas hay 754.000 en situación de indigencia, con ingresos de $10.301 frente a la canasta básica alimentaria de $17.625.


La ciudad de Concordia, en Entre Ríos, fue la que registró al cierre del primer semestre el mayor índice de pobreza con el 52,2%.


Los centros urbanos con menor índice de pobreza fueron la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con el 17,3%; Río Gallegos, con el 28,7%; y La Rioja, con el 29,8%.


Con relación al AMBA, el índice de pobreza creció 3% en CABA y 7,7% en los partidos del conurbano bonaerense.


La contundencia de la realidad se traduce en que más de la mitad de las personas hasta 14 años son pobres, llegando a 56,3%.


El aumento mayor, 7,1%, se observó en los grupos de personas de entre 15 y 29 años que llegó a 49,6%, mientras que la franja de entre 30 y 64 años marcó una suba de 5,7% y pasó a 36,2%.


Sobre una población estimada en 45.000.000, las cifras del INDEC proyectaron cerca de 18.000.000 de personas sumergidas en la pobreza, abarcando al 30,4% de los hogares argentinos.


En ese total, 4.000.000 están en la indigencia.


Los números de desocupación y subocupación, los 9.000.000 de beneficiarios que accedieron al IFE y que no estaban registrados en ninguna base de datos, y centros urbanos como General Pueyrredon que duplicaron sus porcentajes de desfase social, ponen la mirada específica sobre las responsabilidades que habrá que activar para salir de la profundidad en la que estamos como sociedad.


Detrás de cada estadística hay seres humanos involucrados que esperan fuertes medidas de recuperación económica para quedar incluidos en la rueda productiva.


Hoy la realidad nos marca que cuatro de cada diez argentinos son pobres.-


@danieltemperoni


 

   


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Columnas anteriores
viernes, 22 de enero, 2021 - 08:55 hs.

Un muy buen motivo para pedir y esperar que las acciones y actitudes que vayan a formar parte integrante de la campaña, se correspondan con el enorme esfuerzo que la ciudadanía viene realizando desde hace diez meses.


No hubo respiro, no lo hay todavía para millones de argentinas y argentinos, por lo que es necesario que la dirigencia partidaria formule propuestas ajustadas a superar las profundas necesidades que soporta la sociedad.


Los niveles de pobreza e indigencia existentes hablan claramente de falencias estructurales que vienen enraizándose con las últimas generaciones y requieren de una mirada amplia y reparadora desde los tres poderes de la República.


Las soluciones necesitan de acuerdos y coincidencias, por encima de lo que siempre se naturaliza como una puja inevitable desde lo electoral.


Nada puede impedir que se trabaje en una candidatura y también en la formulación de propuestas que pongan el listón lo más alto posible.


La realidad no admite chicanas ni bufonadas, porque son millones los que aguardan respuestas positivas.


Se puede pelear una posición política desde una base partidaria, sin olvidarse del contexto que ha moldeado esta pandemia y que viene empujando hacia abajo a vastos renglones sociales, sin tregua desde fines del primer trimestre del año pasado.


Todos aquellos que abrazan la política tienen la gran oportunidad de mostrarse mejores y avanzar definitivamente a posiciones enriquecedoras, sin dejar de lado aquellos mecanismos propios del debate de ideas.


La tribuna espera ansiosamente el discurso alzado que provenga de mujeres y hombres comprometidos a transformar las desigualdades existentes en todo el mapa nacional.


También en este desafío tienen que estar presentes los partidos políticos como herramientas de consenso, para que sus candidatas y candidatos estén comprometidos a hacer el mayor esfuerzo que promueva la inclusión de millones de connacionales que hoy están fuera del sistema.


Más que nunca, la esencia de la política tiene que traer transformaciones sociales.


@danieltemperoni

viernes, 15 de enero, 2021 - 13:45 hs.

Por Daniel Temperoni - Atónitos quedaron muchos alrededor del mundo cuando la masa variopinta se trepó a las escalinatas y muros perimetrales del Capitolio estadounidense.


Atónitos quedaron muchos alrededor del mundo cuando la masa variopinta se trepó a las escalinatas y muros perimetrales del Capitolio estadounidense.


La reacción política internacional demoró varias horas en procesar el impacto que significó este hecho tremendo en la democracia que se viene mostrando como la rectora en materia institucional.


No son pocos los países que a la hora de definir y redactar sus Constituciones, miraron hacia el norte.


Ocurre que a otros tantos millones de personas no les llamó la atención que los convencidos de que el rey llevó un inmejorable vestido durante cuatro años, aunque en realidad estuvo desnudo, finalmente echaron abajo las puertas de la casa donde se debaten las ideas desde hace más de 200 años.


Shamanes, ex militares, nacionalistas acérrimos, estratos sociales que jamás se permitieron asimilar al resto de sus connacionales, amantes de las armas, potenciales granadas caminantes a punto de perder el seguro, seguidores de los rifles comprados por internet.


Esto reunió Donald Trump en su mandato, quien además dedicó todo su tiempo histórico a confrontar y forzar en lugar de debatir y acordar.


Para empeorar todo, no han sido pocos los mandatarios mundiales que expusieron sus ideas en paralelo con las del gobernante republicano, como el ejemplo cercano de Jair Bolsonaro.


La pregunta ahora es qué hará con su capital político cuando se vaya de la Casa Blanca y si sus seguidores mantendrán presencia en las calles de Estados Unidos, porque si esa va a ser la oposición no alcanzarán las mayorías parlamentarias de los demócratas para asegurar una gestión más o menos tranquila.


John Fogerty que escribió “Fortunate son” en plena Guerra de Vietnam, se sentó al piano esta vez y compuso “Weeping in the promised land”, donde repasó la situación en pandemia y apuntó al corazón del poder.


“Hijos de Dios, él se convierte en piedra/ enfermo y débil, bailando sobre sus huesos/ faraón gritando al curandero/ llorando en la Tierra Prometida/  faraón de lengua bífida, he aquí que viene a hablar/  llorando en la Tierra Prometida/ silbando y escupiendo, es poder lo que busca”.


El mundo miró estupefacto los años del rey desnudo y ahora espera los efectos sanadores de la democracia, esa que se jactó de ser la más sólida del planeta.-


@danieltemperoni

viernes, 8 de enero, 2021 - 11:12 hs.

Por Daniel Temperoni - Nadie pudo imaginar los efectos que traería consigo el 2020 y mucho menos animarse a adelantar hoy que será de este 2021.


El mundo cambió para peor y dejó como registro más de 77 millones de personas afectadas por Covid-19 y 1.700.000 fallecidos.


La economía global arrasó con las previsiones, borró del mapa millones de puestos de trabajo y desvencijó presupuestos de las potencias mundiales, para ensañarse con aquellas naciones de menor soporte económico.


Trajo mayor pobreza e indigencia, desnudó las falencias de conectividad y dejó blanco sobre negro en un planeta que volvió a respirar cuando la humanidad tuvo que guardar cuarentena por varios meses.


Mostró lo mejor y lo peor de la raza humana.


Los profesionales de la salud siguen dando la más grande batalla conocida hasta el momento.


Otro tanto hacen los educadores, echando mano a las herramientas conocidas y a todo aquel recurso pedagógico que permita no cortar el vínculo de sus alumnos con la escuela.


Todos los trabajadores esenciales nunca dejaron de ir a sus empleos y mantienen en movimiento la rueda productiva.


Hubo gobiernos y gobiernos, también.


Según el informe de la Universidad Católica Argentina, sin el aporte del Estado argentino, los niveles de pobreza e indigencia hubiesen sido mucho más estrepitosos de lo que fueron.


Países del denominado primer mundo, vieron superados sus recursos de atención médica cuando se desató la pandemia.


Con la vacunación en marcha y con todas las incertidumbres que se abren a cada paso, el mundo afronta el inicio de un año que nuevamente aparece como imposible de prevenir.


A esta lucha mundial, en nuestro caso se le agrega la urgente necesidad de fortalecer los niveles de producción y empleo, y hacer una sociedad más justa para todos, exigencias que arrastramos desde antes de la aparición del virus que cambió la historia.


@danieltemperoni

jueves, 24 de diciembre, 2020 - 16:10 hs.

No existen fórmulas mágicas para salir de situaciones complicadas en lo social y sólo la consecuencia en la aplicación de políticas públicas acertadas deja resultados superadores.


El contexto anterior a la pandemia mostró signos muy negativos en cuanto a pobreza e indigencia.


Quedó claro que los pasados nueve meses hicieron lo suyo en desmedro de miles de familias argentinas y que este cuadro pudo haber sido mucho más profundo de no haberse activado herramientas salidas del Estado.


El diagnóstico está sobre la mesa y ahora se requieren acciones concretas y urgentes en varios frentes para comenzar a reducir la brecha con todos aquellos que hoy no pueden cubrir sus necesidades básicas.


Más del 64% de nuestros niños y jóvenes están por debajo de la línea de pobreza y esa sentencia sólo puede revertirse con más empleo para sus padres y con una educación que profundice en los temas que hacen directamente a las incumbencias técnicas y profesionales que requerirán las prácticas laborales en el futuro.


La fortaleza de estas dos directrices, sumadas a otras inherentes como la cobertura de salud y una vivienda digna, resultan indispensables para poder imaginar un horizonte algo más aceptable del que atravesamos en los últimos años.


Las circunstancias excepcionales de la pandemia también dejan al descubierto aquellas problemáticas estructurales sobre las cuales se viene hablando desde hace décadas y que hoy aparecen como prioritarias si verdaderamente se quiere lograr un país donde todos estemos incluidos con derechos plenos.


Las políticas públicas deberán estar presentes en la post pandemia y poner en valor los mecanismos de asistencia que hasta el momento soportaron los mayores embates en el pico de la tormenta epidemiológica.


También se necesita un ordenamiento de recursos en los distritos provinciales que mayor presión vienen teniendo en los últimos meses, donde toda la infraestructura disponible, incluidas las escuelas, quedaron a disposición de las necesidades de la población.


Como siempre la realidad argentina exige respuesta inmediata sobre aquellas falencias históricas, pero hoy la demanda tiene reclamo de presente y de futuro.


@danieltemperoni

viernes, 18 de diciembre, 2020 - 09:05 hs.

Por Daniel Temperoni - Las familias argentinas vienen soportando por décadas el nefasto efecto que generan los formadores de precios sobre los productos de primera necesidad.


Todo parece estar atado, siempre, a los designios de un grupo misterioso que se emparenta con otro no menos incisivo denominado mercado.


Estas entelequias son las responsables de que todos los años seamos acechados por el costo de vida, la inflación, el valor del dólar y la pérdida de nuestro poder adquisitivo, ya que los salarios se cobran en pesos.


Cuando el dólar denominado blue llegó a los 195 pesos, muchos presionaron para que las góndolas se recalentaran rápidamente porque los insumos con los que elaboraban sus manufacturas estaban atados a los benditos commodities.


Cómo iban a perder la diferencia en el mercado interno frente a la posibilidad de venderlos en el exterior a un dólar más alto, argumentaron a coro.


Ahora que la moneda norteamericana en el renglón ilegal bajó de manera ostensible su cotización, cambiaron drásticamente el discurso y se apoyan en los costos laborales e impositivos internos.


Lo que no descendieron fueron los precios de todo lo que consumimos y que proviene de la producción nacional.


Tal vez la aplicación de la Ley de Góndolas y un seguimiento estricto por parte del Estado, comience a cambiar la vieja historia que ya nadie se cree y que siempre argumentan estos grupos de presión económica.


Esta norma apunta a que el importe de productos de higiene y limpieza del hogar, bebidas y alimentos, se maneje de forma transparente y en favor de los consumidores.


También tiene por objetivo fundamental evitar las prácticas comerciales que perjudiquen o impliquen riesgo para la competencia, u ocasionen distorsiones en el mercado.


Establece que los artículos de una marca no pueden ocupar más del 30% de la góndola, y por cada producto, fideos por ejemplo, debe haber cinco marcas diferentes como mínimo.


El 25% de las manufacturas deben ser producidas por pymes, cooperativas o mutuales, mientras que el 5% de lo exhibido tendrá que ser generado por empresas de agricultura familiar, campesina o indígena, o de la economía popular.


Estas regulaciones, el estricto control sobre su observancia y la concientización sobre la Ley de Defensa del Consumidor, son vitales para cambiar este paradigma negativo que viene perjudicando a generaciones enteras por el accionar de los especuladores.


@danieltemperoni


 

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