20/01/2021
miércoles 20 de enero del 2021 - T
20 enero 2021 - T
sábado, 7 de marzo, 2020 - 09:37 hs.
El coronavirus y la psicosis global como efecto colataral

De la epidemia en China a la Pandemia global, el Coronavirus o COVID – 19, nombre abreviado CO (corona) VI (virus) D (disease – enfermedad) según CDC (Centro para el control y prevención de enfermedades) ha dejado expuesta la vulnerabilidad global por la expansión de un nuevo tipo de coronavirus.


La Organización Mundial de la Salud identificó el origen del foco en Wuhan (China) no obstante el país asiático tiene experiencia en cuestión de distintas tipologías de coronavirus, como ejemplo, el SARS (Síndrome respiratorio agudo y grave) que provocó un brote en el año 2003 en la provincia de Guangdong, causando numerosas víctimas en China.


Esta nueva versión viral demuestra la fragilidad del mundo ante nuevos desafíos. El aumento del flujo poblacional en constante movimiento sea por turismo, trabajo, migraciones forzadas u otros, determina la alta vulnerabilidad en términos de salud y prevención de enfermedades en los diferentes puertos de entrada y salida de los países.


No hay mecanismos para prevenir este tipo de pandemia, sólo después, de anunciada la catástrofe.


Hasta que el gobierno de Beijing activó las alarmas, millones de personas modificaron su ubicación y generaron contactos con otros, la cuarentena o el aislamiento en países altamente poblado como China, no eliminó la emigración del virus generando caos que se magnificó a través del miedo y el pavor al contagio.

La psicosis social se pone de manifiesto y reordena la agenda mundial del terror, aunque algunos intentan minimizar las consecuencias, otros alientan a mantener y profundizar el estado de shock que genera el por diversos intereses. Sin embargo otros virus letales como el Ébola; Zika o la fiebre amarilla (algunos ejemplos) no causan en la actualidad tanto temor como el coronavirus a nivel global.


La psicosis global como efecto colateral

El exacerbado miedo arengado por la psiquis en proceso de aislamiento propone nuevos escenarios de fobias globales. El estigma de la soledad producto de las cuarentenas promueve sociedades más cerradas y muros más altos por la intolerancia.


Cuando transcurra el temblor, en el memorándum de algunos estados se acentuarán las políticas que arremetan contra los flujos migratorios comulgando frenéticos postulados nacionalistas. En este contexto, los contratos sociales, políticos y económicos a nivel mundial seguramente serán otros y algunos estados han comenzado a implementar una sucesión de transformaciones.


En los Estados Unidos, en pleno proceso electoral, el presidente Donald Trump evalúa las tácticas disuasorias contra los demócratas temiendo que la pandemia afecte la zona de “confort” electoral en el entorno de la grieta republicana y el abanico de candidatos que promueve la oposición. A su vez, el Comité Monetario de la FED decidió bajar las tasas de interés con el objetivo de resistir no sólo los embates de la tensión comercial con China sino también los efectos recesivos que han comenzado a manifestarse en este primer trimestre en la economía global.

En el caso específico de China la vigilancia se centrará en torno a las consecuencias económicas que el coronavirus ha suscitado teniendo en cuenta que ciudades - capitales se han transformado en “ciudades fantasmas”. El gran desafío para Xi – Jinping será mantener la confianza social en el régimen político por el grave precedente que dejó el SARS.


Otros estados como la República Islámica de Irán probablemente advertirá la necesidad de generar nuevos acuerdos comerciales con los Estados Unidos y la Unión Europea, intentando promover mecanismos de reactivación económica por los efectos devastadores del aislamiento generado por el coronavirus que sepultó la economía iraní.


El Brexit, consolidado, ha otorgado indirectamente entidad al factor “inmigración” que fue uno de principios que derivó en la salida efectiva del Reino Unido de la Unión Europea, por lo tanto Gran Bretaña ha capitalizado los efectos de la pandemia como reaseguro que “la tradición británica no comete errores”.


Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) los efectos económicos serán: abruptos en Italia, menores en Francia, leves en Alemania y ligeros en los Estados Unidos, aunque estimula las alertas sobre el cóctel explosivo para el mercado bursátil: exceso de deuda financiera, sobre valoración de las acciones y economías en recesión. La red del sistema financiero transmite a gran velocidad “la desconfianza” en los mercados impactando directamente en los ciclos cortos de la economía.


Sin embargo el escepticismo trasciende los números macro-económicos instalando otro factor: el brote psicosocial, producto de las construcciones que el hombre hace a partir del miedo promoviendo sociedades más hostiles en un mundo cada vez más adverso, más individualista y menos empático.


El coronavirus es el enemigo oculto que puede transportar cualquier persona y por lo tanto no es apocalíptico señalar que estamos inmersos en una de las peores guerras: la fobia social.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

   


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Columnas anteriores
miércoles, 30 de diciembre, 2020 - 09:43 hs.

En un mundo cada vez más pequeño y con fronteras permeadas por la catástrofe del miedo y la ansiedad, según el filósofo F. Berardi, el camino de la abstracción emprendió el gran salto hacia el hipermundo, ese mundo tradicional conocido sumado a la era digital y por ende a la heterotopía de M. Foucault que plantea a grandes rasgos la construcción de nuevos espacios con sus propias normas. La pandemia aceleró ese proceso, el del hipermundo y la heterotopía de la dimensión digital alterando nuestras percepciones sobre el tiempo y el espacio y relativizándolos. La contracción del tiempo, los cuerpos físicos inasibles y la fragmentación de la realidad gestionaron en los individuos edificando algoritmos sensitivos percibiendo y proyectando mundos diferentes: el mundo virtual cada vez más global y el mundo real cada vez más individual. El aislamiento social amplió la base de los denominados trabajadores cognitivos, “los cognitariados”, quienes han padecido nuevas formas de alienación provocadas por la separación virtual de su existencia y la comunicación corporal, alterando las normas tradicionales de vida y la expropiación de los tiempos físicos. El proceso de adaptación a los nuevos modos de producción en el presente siglo, gestiona a favor del colapso y a reacciones que conducen a diversas patologías. El reemplazo del patrón secuencial de la lectura escrita por la configuración de imágenes, según Berardi, despoja al actor social de la crítica por la velocidad de emanación y recepción de datos, acelerando la aprehensión sintética sin la posibilidad de decodificarlos e interpretarlos. Por fuera de este panóptico carcelario de percepciones, el mundo real y específicamente el de las relaciones internacionales se transformó en un laberinto de incertidumbres tan caótico que universalizó ciertas individualidades.


Gigantes con pies de barro


La detección de síntomas de intolerancia política y social que actuaron de manera centrífuga impulsó por un lado a los Estados Unidos asistiendo a una crisis de credibilidad de su propio sistema político junto a Europa asfixiada por el Brexit y por el otro a la proyección de China y otros estados emergentes como futuras potencias. La dinámica global y su vertiginosidad hicieron tambalear el orden de la gobernanza mundial hacia la des-occidentalización y por ende a la crisis de un sistema de valores y normas de convivencia que va más allá de lo geográfico y que se ha transformado en un sentimiento de pertenencia, también más allá del Atlantismo.



La desvinculación de la administración de D. Trump de diversos acuerdos globales como también la desconsideración hacia algunos Organismos Internacionales tales como la OTAN y la Unión Europea, auguran un escenario difícil en la reconstrucción del liderazgo norteamericano a nivel global por parte del nuevo inquilino de la Casa Blanca, J. Biden. El ausentismo del intervencionismo norteamericana en regiones en tensión como en el este del Cáucaso ha sido reemplazado por la fuerte presencia de Rusia por un lado y de Turquía por el otro aunque bajo el amparo del Grupo de Minsk. El histórico conflicto de Nagorno Karabaj otorgó un papel predominante a la Federación Rusa y a la República de Turquía pero también otras regiones del Asia Central; de Oriente Próximo y las costas mediterráneas; específicamente Siria y Libia se constituyeron en el tablero de enfrentamiento de ambos estados y el síntoma más preponderante de la des-occidentalización mencionada.


No obstante el centro de disputa geopolítica para los Estados Unidos se focalizó en las relaciones turbulentas con la República Islámica de Irán. El asesinato del general Qasam Soleimani en enero del 2020 y del científico iraní más importante del programa nuclear Mohsen Fakhrizadeh en noviembre del 2020 presagiaron una catástrofe para la región que se concatenó con el abandono del Acuerdo Nuclear por parte de la administración de Donald Trump y las sanciones económicas impuestas al país persa. Por otro lado en el mismo tablero regional las alianzas pactadas entre el Estado de Israel y otros países árabes tales como Emiratos Árabes Unidos y Bahrein provocaron fuerte rechazo por parte de la Autoridad Nacional Palestina perturbando el clima inestable con enfrentamientos de alto voltaje retórico entre D. Trump, B. Netanyahu y las altas esferas del régimen iraní. La obsesión de Trump condiciona la agenda de la política exterior estadounidense de la nueva administración priorizando desanudar un conflicto que puede escalar rápidamente y ofrendar con espacios de hegemonía a otros estados rivales.


Tiempos rápidos y decisiones lentas


El año 2020 es sin dudas el peor de los tiempos dando lugar a la indeterminación y a problematizar el origen de la libertad como construcción o como un derecho natural. La arquitectura del control político desde arriba produjo momentos anárquicos sociales desde abajo proponiendo el desmantelamiento de los modelos tradicionales anti-crisis. En el contexto de la Infoesfera se requiere urgente intermediación pero la saturación y lentitud en el procesamiento y resolución de conflictos frente a la velocidad de los flujos semióticos –sistema de signos- en los actuales modelos racionales de gobiernos pierden la capacidad de control y se desdibujan las posibilidades y las alternativas de resoluciones. La pandemia del COVID-19 ha desestructurado los andamiajes tradicionales que la política utilizaba para subsanar los tipos de crisis económicas, sociales y políticas conocidas hasta la actualidad. Sin embargo, la sinergia entre el sistema capitalista y la tecnología digital han derribado esas fórmulas de solución que han quedado obsoletas proponiendo factores de cambio transhumanos en el hipermundo e impulsando la vida social de la aldea global hacia una dimensión temporal que se halla fuera de control en “el peor de los tiempos”.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

lunes, 3 de agosto, 2020 - 11:01 hs.

La actual dinámica geo-política global se concentra en el enfrentamiento cuasi-visceral entre los Estados Unidos y la República Popular de China. La pandemia y las políticas adoptadas por las diferentes esferas gubernamentales para enfrentarla detuvieron por un breve lapso la escalada de tensión entre las dos potencias.


El imperante desorden internacional diseñado por aleatorios enfrentamientos comerciales, tecnológicos y geo-estratégicos de ambos estados re-aseguran a través de la utilización del Neuromarketing un nuevo status – quo por el dominio mundial. Así funciona la propaganda de imágenes que conquistan el subconsciente de las personas cuyo fin es instalar la percepción única en las relaciones internacionales: la era de la hegemonía sino-norteamericana.


El estímulo informático ofrece solución inmediata a las dudas cotidianas sobre la hegemonía dirigencial diseñando un tipo de arquitectura confortable donde la veracidad de los hechos se comprueba a través del caudaloso flujo informativo en los diferentes tipos de medios. Dos líderes y dos banderas resuelven el problema existencial en el dilema de las relaciones internacionales de la aldea global.


En “La Era del vacío” de Gilles Lipovetsky –sociólogo y filósofo francés- la conquista de lo emocional resulta eficaz, academizando las divulgaciones tales como “Véndele a la mente y no a la gente” de Jurgen Klaric.



Este apartado tiene la intención de encender las alarmas para buena parte del mundo académico que comparte sus magistrales análisis y reflexiones en un circuito cerrado donde los tecnicismos en sus retóricas discursivas tienen la intención de lograr el consentimiento de sus pares como juramento hipocrático.


Es la hora de las relaciones internacionales y es el momento de develar o por lo menos proponer ejes concretos de análisis y reflexión para dilucidar cuáles son las claves geopolíticas en las relaciones internacionales en la denominada Guerra Fría versión 2.0.


El tablero internacional


La ley de Seguridad Nacional que China implementó contra Hong Kong ampliando las facultades de Beijing para anular cualquier atisbo de oposición y contra las manifestaciones anti-gubernamentales continentales de los hongkoneses, se sancionó entre las sombras, cuando la pandemia obligaba al imaginario colectivo cerrar sus circuitos cognitivos en torno al virus.


La respuesta del presidente Donald Trump no se hizo esperar efectivizando el fin al trato preferencial económico a Hong Kong, status que contribuyó a que la antigua colonia británica se convirtiera en centro financiero global.


El acoso a las libertades políticas de China contra Hong Kong tuvo una respuesta de sesgo economicista del presidente D. Trump ante la evidencia que en este Nuevo desorden global las estructuras estatales han perdido la capacidad de mediar a través de los Organismos internacionales aun cuando se trate de dos estados integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, doblemente gravoso.


En Beijing no pierden el tiempo, la guerra fría no es sólo cuestión de soberanías terrestres o marítimas, el planteo es claro, en el contexto de la inteligencia artificial dónde existen vacíos legales, quien logre dominar esta esfera será el artífice del nuevo imperio.


Un tercer actor con pretensiones de romper la bilateralidad global es la Federación rusa, estado que se lanza a la carrera espacial con aviones supersónicos pesando sobre Moscú acusaciones desde Washington por el uso de arma anti-satélites y el envío de comandos espaciales para entrar en la guerra entre EEUU y China.


Mientras la guerra fría 2.0 pone el foco en estos dos estados y Rusia, en Europa el fastuoso Acuerdo de la reconstrucción europea ha dejado sin aliento a los que miraron los números finales: 1,82 billones de euros que se repartirán entre el Fondo para la reconstrucción pos-COVID/19 de 750 mil millones de euros entre transferencia y préstamos y el Marco financiero pluri-anual 2021-2027.


El “mega -proyecto europeo de la década”


El mega- proyecto europeo de la década propone una batalla no sólo por la recuperación económica sino también por el fortalecimiento de ciertos liderazgos políticos alicaídos por las malas decisiones para enfrentar la pandemia. En la mesa del Consejo Europeo los países ordenados y prudentes denominados “Los Frugales” -Países bajos; Suecia; Austria; Dinamarca y Finlandia- propusieron la ruptura de la idea de mutualización de la deuda y especificaron en la letra chica cláusulas importantes contra los estados que ya estaban endeudados antes de la pandemia y cuyas administraciones son discutibles como es el caso de Grecia e Italia.


El acuerdo no sólo era una cuestión de proponer una salida económica a los países que conforman la Unión sino también una forma demostrar a una sociedad frustrada y enfurecida con sus mandatarios, la voluntad política de dar crédito a los reclamos, sin embargo la Unión Europea pende exclusivamente de la diplomacia de Angela Merkel quien intenta salvaguardar al presidente francés E. Macron, quien se constituyó en un discípulo disciplinado y el cual no se despega de ninguna de las decisiones de la mandataria alemana.


El desacoplamiento del Reino Unido de Gran Bretaña de la Unión Europea, liberó a Donald Trump de lidiar con los líderes europeos en el marco de un proceso de campaña electoral que ha sido capitalizado por los demócratas y los detractores de Trump dentro del arco republicano.



No obstante la OTAN sigue siendo una pieza clave en el engranaje de la geo-política regional. El enfrentamiento militar en el Cáucaso entre Armenia y Azerbaiyán preocupo a la comunidad internacional quienes miraron por el rabillo del ojo a la República de Turquía, sin embargo en este caso específico Ankara estaba inmerso en otro conflicto por el gas en el Mar Egeo. El acercamiento a las islas griegas de Kastelórizo para explorar gas derivó en el riesgo a una escalada militar entre Turquía y Grecia.


Estados Unidos actualmente más cercano a R. Erdogan, mantuvo una posición neutral y de buenas relaciones con Turquía, favorable a sus propios intereses tanto en el Mar Mediterráneo como en otros estados con gran tensión militar como es el caso de Libia en el Norte de África.


No son los mejores tiempos para Trump en cuestiones de política interna con ciudades sublevadas y por la represión ejercida desde la esfera policial, los encuestadores castigan con dos dígitos de diferencia contra el rival demócrata Joe Biden, la pandemia ha desordenado la economía norteamericana y todo parece indicar que el líder republicano tiene que resistir hasta el 3 de Noviembre del presente año.


Son tiempos de máxima prudencia en la lectura de los patrones de conducta no sólo de los líderes que se enfrentan por la hegemonía mundial abandonando la diplomacia con el cierre de los consulados chino en Houston y estadounidense en Chengdu, si no también en el descifrado de las necesidades de sociedades agobiadas por lobbies electorales divorciados de la realidad y de la idiosincrasia de los pueblos.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

lunes, 13 de abril, 2020 - 18:02 hs.

La ley del mercado regulado por la oferta y la demanda no logra equilibrar el precio del petróleo en tiempos excepcionales con la expansión de la pandemia. El mercado mundial del petróleo se ha derrumbado precipitadamente, algunos analistas consideran la probabilidad de tratarse de la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.


La disminución del consumo mundial en el mes de abril 2020 al 30 % supera ampliamente la merma en la demanda y en el precio por b/d (barril diario) de petróleo al año 2008, en plena crisis financiera. Números comparativos en cuanto a la variación cíclica de los precios por barril p/d en el término de 12 meses nos permite analizar los porcentajes: Previo a la crisis financiera del 2008 el b/d según precio Brent europeo cotizaba en diciembre del 2007 a 90,93 U$S y en diciembre del 2008 a 39,95 U$S lo que implicó una baja aproximada del 56,25%; Previo a la pandemia COVID -19 en abril del 2019 el precio por b/d rondaba en los 71,23 U$S y en abril del abril 2020 cotiza a 21,38 U$S observando una tendencia de caída del precio por barril de petróleo diario en 70,08%.


Si bien el porcentaje 238% en la caída del precio del petróleo entre abril 2019 y abril 2020 activa las alarmas en el mercado internacional, el dato relevante comparado con la crisis del 2008 es que el “boom del fracking” se enmarca temporalmente recién a partir del 2010 dónde la producción aumenta notablemente por la viabilidad técnica de empresas privadas norteamericanas en la capacidad de perforar el subsuelo para alcanzar betas de gas natural y petróleo (antes descartable) mostrando su máximo apogeo en el término de cuatro años 2010 – 2014 en los Estados Unidos.


Regiones de Nueva México, la cuenca Pérmica del oeste de Texas y Dakota del Norte transformaron su fisonomía con el fenómeno de las petroleras independientes del ‘shale’ – técnica de extracción del petróleo y gas de las capas profundas de bituminoso de esquisto a través de perforación lateral e inyección de agua a presión – como Chesapeake Energy; Whitting Petroleum y empresas pioneras como ExxonMobil; Chevron Corporation y ConocoPhillips Petroleum. Este fenómeno de las petroleras independientes que colocaron a los EEUU como gran exportador y primer productor mundial también gestionó en favor de la caída de los precios del petróleo a nivel global por las nuevas incorporaciones de empresas dedicadas a la producción. El petróleo crudo; el condensado de arrendamiento –hidrocarburo líquido de baja intensidad- y los líquidos de las plantas de gas –NGPL- conforman los componentes de combustible líquido siendo el parámetro para medir las producciones de petróleo en sus diversas formas: crudo, condensado y gas. En la etapa de apogeo de “American first” en la administración del presidente Donald Trump durante el año 2018 la producción alcanzó records de casi 11.0 millones de b/d y en lo que respecta al gas –NGPL- duplicó en producción a los valores del año 2008.


En menor proporción Rusia también experimentó alzas en la producción de gas al 7% incrementando las exportaciones a China y estados de Europa. En el caso de Arabia Saudita el aumento de la producción se ha concentrado en el petróleo crudo anticipándose al acuerdo realizado por la OPEP en diciembre del 2018 que definiría los recortes de producción.


La carrera de precios del petróleo y del gas se potencia entre los EEUU y Rusia, sin embargo Arabia Saudita se adelanta en las decisiones debido a las ventajas en información e inteligencia que Riad posee sobre los países que integran la OPEP, sobre todo la “Ruta del petróleo” en el Golfo Pérsico. La franja temporal entre el 2008 al 2020 nos permite observar el desarrollo de la producción energética tanto de los EEUU, Rusia y Arabia Saudita, tríada determinante en las políticas petroleras en un escenario global atípico con la pandemia y un mundo en cuarentena.


Los Estados Unidos: del “boom del fracking” al “boom de las quiebras”


La incidencia de los bancos como vector importante en el financiamiento crediticio para las petroleras independientes son actores fundamentales en pos por cubrir el desfasaje entre el capital de base y el rendimiento de las empresas con el objetivo de compensar precios y volúmenes productivos.


El comportamiento cíclico del mercado del petróleo obligó al endeudamiento quebrantando la confianza por los balances negativos de las empresas en el 2019 con la depresión del precio del crudo y la imposibilidad de cumplir con los compromisos de deudas.


El Cheasapeake Energy es una de las tantas empresas que suspendió la cadena de pagos disminuyendo su presencia en los fondos de inversión transformando los bonos activos en bonos sub-prime (bonos basura) al mejor estilo de la crisis en Wall Street en 1929. En este contexto numerosos bancos de inversión como Bank of América Merrill Lynch y Goldman Sachs presionan para que la administración de Trump proceda al alineamiento con el Acuerdo – borrador realizado por OPEP + Rusia en el compromiso de la reducción de la producción de b/d de petróleo y con el objetivo de estabilizar los precios internacionales. Algunos holdings como Barclays (fondo de inversión británico) y JP Morgan Chase Bank están inmersos en una burbuja virtual, con la pretensión que el valor del petróleo se posicione por encima de los 70 U$S. Realidades paralelas: la virtual y la real.


Estados en emergencia y la excepción mexicana


Varias son las razones de prioridad en la agenda económica mundial por el precio del petróleo. Tanto Rusia como Arabia Saudita conocen en profundidad la situación que atraviesan las petroleras independientes estadounidenses dedicadas al ‘shale’ que no logran cubrir los costos a precios por debajo de los U$S 30. Si bien es el momento oportuno para una “guerra de precios” y colonizar las reglas de juego con respecto a la producción del petróleo y el gas, peligran no sólo las empresas privadas sino algunos estados que integran la OPEP como los productores que están por fuera de la Organización.


Los estados socios de la OPEP: Argelia, Angola, República Democrática del Congo, Guinea Ecuatorial, Gabón, Venezuela, Libia, Nicaragua, Irak, Irán y otros capean la crisis económica global con la caída del consumo y los precios con políticas económicas de estados asistencialistas cuyas reservas están en cero afrontando en la mayoría de los casos deudas públicas y privadas, escenario catastrófico que no podrán sostener a largo plazo. El desacato del acuerdo sería el derrumbe tanto para la OPEP liderada por Arabia Saudita; para la Federación Rusia como también para los EEUU y toda la red comercial integrada por otros países que dependen de las decisiones del núcleo duro petrolero. Pero el efecto catastrófico es el fuerte impacto en el desorden global en términos de sanidad y en términos económicos.


El péndulo mexicano


Abordar este fenómeno como un “Cisne Negro” nos facilita los fundamentos para explicar las políticas de “buena vecindad” entre Donald Trump y el presidente de México A. M. López Obrador. La reacción inesperada del presidente Trump en favor de México al asumir el compromiso del recorte progresivo de producción (ante la imposibilidad del estado mexicano) conduce a indagar sobre el dilema oscurantista ¿Cuál es la razón para proteger los intereses petroleros mexicanos?


México es un estado que actualmente acusa crecimiento muy negativa con agónica capacidad para afrontar los efectos de la coyuntura internacional por la pandemia y con precios en baja del petróleo. La respuesta podría centrarse en la Banca, los fondos de inversión de las compañías petroleras en Wall Street y pólizas de seguros que reaseguran un colchón financiero que permita amortiguar la caída de los precios.


El presidente norteamericano en un juego de retórica justifica el acto bondadoso hacia el estado mexicano, con temas sensibles como el resguardo de la frontera y los inmigrantes, cuando en realidad es Wall Street y es la Banca quienes le estiran el brazo para que Andrés Manuel López Obrador y su ferviente fidelidad a las políticas progresistas –populistas- no estalle por los aires. PEMEX conforma una red incalculable de empresas petroleras privadas que han depositado sus rendimientos en Wall Street con la venia poderosa del poder político.


En ese contexto hay un discurso velado por la bipolaridad: Estado interventor en la micro – economía y estado neoliberal en la macro; de otra forma las promesas del presidente mexicano arrasarían con el proyecto socialista al cual adhiere. PEMEX es una compañía estatal con servicios tercerizados considerados de primordial importancia para López Obrador y para el presidente Trump, sin embargo el claro oscuro está en el presupuesto estatal mexicano que ha sostenido en estos últimos años el precio de petróleo aproximadamente alrededor de los U$S 50 por b/d para la “canasta mexicana de exportación de petróleo”.


El gobierno mexicano irrumpe contra el acuerdo de la OPEP + Rusia porque no soportaría en términos financieros la disminución de la producción de b/d porque ya pactó un precio de amortiguación y reducir la producción implicaría la necesidad de inyectar más dinero al presupuesto paralelo que compone la canasta de exportación cuyo fin es resistir los embates del comportamiento cíclico del precio del petróleo. México alzó la voz en protesta ya que PEMEX no soportaría la caída de la producción como tampoco podrían sostener el complejo de yacimientos de Cantarell (la mina del oro negro mexicano) y el yacimiento de Sonda de Campeche de México sostén petrolero y gasífero de PEMEX ya que sólo seis de los 20 campos prioritarios están en plena actividad productiva y el presidente A. M. López Obrador fijó metas presupuestarias muy pretensiosas para el 2020.


Alinearse con Arabia Saudita significaría la hecatombe con efecto cascada para PEMEX y para todas la empresas tercerizadas que tienen sus acciones en Wall Street, poderosa razón por la cual el presidente Trump en un año atípico por la pandemia y las elecciones apuesta a derribar las dudas sobre otro Crack de Wall Street evitando plagar el mercado de futuras acciones sub-prime. Para algunos se trata de una “cuestión progresista”, para otros “maniobras de líderes populistas”.


El acuerdo en estado de permanente de revisión


El acuerdo de la OPEP + Rusia (plus) ambiciona disminuir la producción en 10 millones de b/d de manera progresiva, lo que equivale a casi el 10 % de la producción mundial. Riad y Moscú se comprometen reducir 5 millones de b/d, el resto de los estados que integran la OPEP conjuntamente con EEUU, Canadá, Brasil, Noruega y otros reducirán los restantes 5 millones restantes.


El escenario planteado es el siguiente: Arabia Saudita asume liderazgo en la región dónde su principal rival, la República Islámica de Irán no tiene poder de reacción por razones económicas, sociales, políticas y militares, por lo tanto el príncipe M. Bin Salman ejecuta decisiones que son trascendentales al conformar una alianza estratégica con el presidente ruso Vladimir Putin evitando la “guerra por el precio del petróleo” aunque ponderando la idea de futuros controles sobre la ruta de comercialización del mercado de hidrocarburos ruso en la región asiática y monitoreando de manera subyacente las relaciones entre Rusia y la Unión Europea con el gasoducto Nord Stream 2.


La íntima relación entre la política climática y la energética fue planteada nuevamente en la reunión virtual del G 20 donde los ministros de energía insisten en respetar la disminución al 0,50 % de azufre en Fuel-Oil establecido por la OMI “Organización Marítima Internacional” convocando a los “estados rectores” de puertos y ribereños a establecer políticas que profundicen mayor control en la regulación de la circulación de buques cuya combustión no exceda los límites impuestos de cantidad de azufre por cuestiones de carácter ambiental.


Por otro lado, los EEUU con gestos alejados de la realpolitik propone un Nuevo Contrato en las Relaciones Internacionales acuciado por los efectos de la pandemia y de la estrepitosa caída del precio del petróleo del 70,08% en un año. El presidente Donald Trump sostuvo de manera positiva las decisiones de la OPEP plus al considerar la disminución de la producción del petróleo y considerando que el acuerdo deberá superar los 10 millones de b/d, no obstante la preocupación del mandatario norteamericano está enfocada en el desplome bursátil, si el precio del barril sigue en baja ya que será imposible sostener las carteras de valores de las empresas petroleras independientes, muchas de ellas operando en suelo mexicano.


La centralidad de la preocupación es el boom de quiebras que incidirá directamente en Wall Street. La actividad especulativa está sellada por la historia económica de los Estados Unidos en el fatídico “jueves negro” con la caída de la bolsa en Wall Street en 1929, considerado el mayor apocalípsis financiero de la economía mundial. La burbuja estalló al sostener dos tipos de economías paralelas: la real y la virtual, esta última configuraba el boom especulativo bursátil sostenido en mayor medida con financiación crediticia bancaria, dejando a la vista la vulnerabilidad de la economía norteamericana.


El boom del ‘shale’ propone un escenario similar, esta vez con acciones que provienen del recurso petrolero cuya red tiene atascada a la mayoría de las empresas independientes petroleras, cárteles, holdings, trust, bancos, entidades financieras y sobre todo, numerosos Estados Políticos cuyas economías estaban desestabilizadas y actualmente devastadas con la pandemia del COVID – 19.

lunes, 23 de marzo, 2020 - 10:23 hs.

Estamos en guerra. Realismo puro que describe de manera alegórica la situación de gravedad en la que está inmersa la población mundial. Inicialmente una desconocida enfermedad que se expandía rápidamente fue bautizada como Gripe de Wuhan, luego la Organización Mundial de la Salud le otorgó el nombre de COVID -19 evitando la propagación de nombres que refieran a lugar específico; animal; individuo o grupos de personas. Sin embargo ciertos tecnicismos no logran la rápida concientización del peligro al que nos enfrentamos como la enfermedad misma.


No se trata de un episodio más de la serie de suspenso The Twilight Zone “La dimensión desconocida” es tan real como la cantidad de infectados y muertos en tan breve tiempo.


La alteración en la percepción de la realidad de los individuos configura el desorden mundial por cierta perturbación global en la desorganización de los “yoes” construyendo mundos propios y conglomerado de narcisistas que actúan en función provocando cataclismos. En palabras de la psicología y apelando a reduccionismos, la psicosis perturba y re formula la percepción de la realidad.


Miedos, fobias y oportunismos conviven en un mundo en pánico ante el avance de la peste, mientras tanto, y desde la política, los estados ejercen el poder disciplinando generando orden y homogeneizando las conductas que en palabras del filósofo Michael Foucault en su obra “Vigilar y castigar” se propone la configuración de un tipo de sociedad disciplinaria cuyo objetivo es “trazar el límite exterior de lo anormal, es decir, normalizar”


El mundo se ha convertido en un panóptico dónde los movimientos son controlados, un aparato arquitectónico dónde se sostienen las relaciones de poder. La Pandemia requiere ser analizada desde un abanico multidimensional, sin embargo el miedo paraliza.


Estamos en guerra contra un virus letal, aislados detrás de las puertas y sin contacto con el exterior, pero ¿A qué nos enfrentamos? ¿A una guerra bacteriológica? ¿Bio-terrorismo? o ¿La manipulación de agentes biológicos preparados para vulnerar los servicios sanitarios? Infinitas preguntas con respuestas per se y no tanto.

Retomando a Foucault, es la “bio-política” en su máxima expresión que administra frente al siniestro la vida de las poblaciones y utiliza el “ana-tomopoder” educando y disciplinando para que sean más útiles esos cuerpos sociales.


Escenario previo

Los innumerables indicadores sociales desde la crisis del 2008 perturban pero reconstruyen un mundo dislocado por la inestabilidad social y la violencia política.


La actual fragmentación social global y la deficitaria salud de las finanzas ofrecieron durante los últimos años diferentes escenarios de movimientos sociales donde las masas contribuyeron a develar el caos en el cuál estábamos inmersos: La guerra comercial entre China y los EEUU; La rivalidad sistémica entre Hong Kong y China; El enfrentamiento Irán – EEUU; El BREXIT; La Unión Europea inmersa en una crisis financiera; Las rebeliones árabes; La nueva fase de la guerra en Siria; Las variaciones cíclicas del precio del petróleo; Los levantamientos en América Latina; La crisis de los refugiados; Mares como cementerios de inmigrantes y tantos otros.


No obstante la agenda de conflictos del presente año 2020 es significativo para reflexionar y analizar hacia dónde nos dirigimos: El asesinato de Qasem Soleimani por parte de EEUU; el acuerdo del Siglo entre EEUU e Israel; Los Talibanes y el acuerdo con Washington; el co – gobierno en Libia y la incursión de Turquía y Rusia; la rivalidad entre Ankara y Moscú por Idib en Siria; La rivalidad entre Pakistán e India; la guerra de precio por el petróleo entre saudíes y rusos; las presiones económicas ejercida por la Casa Blanca a todo aquel que incumpla las directivas de comercialización y más.


Un mundo cada vez más retorcido por las luchas de poder y hegemonías regionales; las masas en las calles embanderadas detrás de diferentes causas; líderes que se devalúan al compás de los acontecimientos sin poder, en algunos casos, con dificultades para formar gobiernos o alianzas sólidas; modelos desgastados entre extremas derechas que avanzan marchando acercándose a las esferas del poder político de la mano de sus electores y los líderes progresistas que no pueden cumplir sus promesas.


Es pertinente entonces, volver a preguntarnos ¿En qué mundo vivíamos antes del COVID – 19?


¡Quedate en tu casa!


No sabemos con certeza a qué enemigo nos enfrentamos, si podemos intuir que no se trata de un descuido o de ciertas prácticas culturales.


¿Hay un plan para reorganizar el Sistema imperante? Puede ser, el devenir de la historia ha demostrado la mutación de los sistemas y las formas de generar sus propios anticuerpos. Hasta ahora hemos sido testigos de crisis económicas (comerciales y financieras), políticas o sociales, sin embargo esta vez hay un diagnóstico catastrófico, se trata de un poderoso agente biológico que daña la salud de la población.


Las sociedades que se relajan se mueren y las precavidas pueden enfrentar esta pandemia. A estas alturas no importa la procedencia de la peste, ya tendremos tiempo para desglosar las diferentes aristas.


Estamos en guerra y no hay franjas etarias, ideológicas, étnicas ni religiosas. Este agente biológico que bien podría ser caracterizado como arma biológica –para debatir- hace uso de organismos vivos, es un vector que proyecta, disemina, se dispersa y es resistente a ciertos medicamentos –otra discusión- no hay antídoto, sólo la conciencia y la solidaridad ciudadana. Si no conoces dónde se esconde el enemigo ¡quedate en tu casa! es el lugar más seguro para enfrentar esta guerra, sin miedos y dominando la psicosis, sólo así saldremos del encierro y volveremos a ser libres de todo tipo de dominación.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

domingo, 15 de marzo, 2020 - 22:05 hs.

Ante la evidencia de Estados que han incurrido en errores de cálculo adoptando tardíamente decisiones fundamentales para la sanidad nacional, la pregunta que subyace es ¿qué esperamos?


Quienes juegan a la lotería sobrestiman las probabilidades que tienen de ganar debido a la ceguera frente a las posibilidades y al tratar del mismo modo entre miles que la de entre un millón. La miopía y de miras cortas considera ignorar los sucesos que son “no repetibles” y por lo tanto se sobrestima.


China; Italia; Irán; Corea del Sur; España; Francia; Alemania; EEUU y una lista interminable de países que están en emergencia por esta Pandemia nos conducen a diagramar un mapa de la evolución del brote como también las formas tardías en anticiparse a las fases evolutivas del virus. No son tiempos platónicos ni de agobiantes superficialidades ni tampoco tiempos para utilizar la narrativa imponiendo un mapa equivocado de probabilidad de los sucesos, la observación día a día no garantiza que estemos visualizando el Cisne Negro, quizás una observación desapasionada de nuestras experiencias pueda incluirnos dentro del grupo de los equivocados.


Considerar la equivocación como aprendizaje como también la anticipación a la rareza y a ponderar lo que no sabemos por lo que sabemos.


En la antecámara de la esperanza con sociedades cuyo mecanismo de recompensa necesita resultados tangibles y sistemáticos, el COVID – 19 encuentra cuerpos portadores y globalizantes aunque también deja entrever algunos líderes mundiales que encuentran en la paranoia global el momento oportuno para gestionar en beneficio propio.


Un escenario de especulaciones


El enfrentamiento entre Arabia Saudita y Rusia por el precio del petróleo deja en evidencia las pretensiones hegemónicas de ambos estados dentro de la OPEP - Plus. La dramática coyuntura económica global asociada a la pandemia del COVID - 19 expone la subestimación del impacto por error de cálculo que puede generar el enfrentamiento entre príncipe saudí Mohamed Bin Salman y el presidente ruso Vladimir Putin.


El fracaso en la ronda de negociaciones en el recorte de la producción de petróleo implica serias amenazas a la estabilidad de la economía global que depende en parte de ese recurso y de la pulseada entre Riad y Moscú ya que pueden asfixiar la producción de shale oil de los EEUU. Los argumentos para considerar esta crisis del petróleo como una guerra de precios por demolición parecen desconcertantes pero validan la idea de ruptura de la OPEP con Rusia en un contexto de “Crac” global con el COVID - 19 y el pánico financiero.


La ola de temor se expande y deja en evidencia la incapacidad de algunos líderes de resolver los efectos de este cóctel explosivo entre el petróleo, finanzas y salud. El impacto del coronavirus en la demanda y la oferta del petróleo activan las alarmas por la caída del crecimiento global de la economía. Las tasas de interés siguen siendo un gran problema para Europa (negativas) y para D. Trump que presiona a la FED para seguir en baja.


El desconcierto de esta crisis global es el origen, en este caso es una combinación de factores que no dependen de lo estrictamente bancario, única justificación para tratar de comprender la falta de reacción rápida para atenuar los efectos. Abordar diferentes variables para explicar la lógica de este “Cisne Negro” es el desafío ya que se trata de un proceso caracterizado por su “rareza”, gran impacto e invención de argumentaciones para explicar la existencia del mismo.


Cuando lo relevante es lo sensacional


Nuestras emociones están diseñadas para la causalidad lineal.


Mientras los grandes títulos de las noticias se posan sobre la expansión del Coronavirus, hay pequeños apartados desproporcionados en tamaño con efectos proporcionales al COVID -19, pero a largo plazo.


En Rusia, Vladimir Putin firmó la ley que modifica la Constitución rusa permitiendo al premier postularse dos veces más a la reelección con la posibilidad de perpetuarse hasta el año 2036, en Arabia Saudita el príncipe Mohamed Bin Salman encarceló a varios miembros en la línea sucesoria directa de la familia real por estar sospechados de “traición” en un contexto político cerrado y viciado de irregularidades. Sin alejarnos tanto geográficamente, en EEUU el año electoral marca el pulso de la contienda entre demócratas y republicanos ¿Podrá Donald Trump capear la tormenta que se gestó en Asia impactando en el corazón de la Casa Blanca?


El boomerang de la crisis multi-causal no exceptúa al contrario, condiciona.


La confianza del electorado es más potente que el dinero, es por eso que las inversiones en confianza no son menos importantes que las inversiones en capital humano o maquinaria. ¿Será la pandemia global destructora de la confianza?


La batalla es compleja y polifacética y en el caso específico del presidente norteamericano enfrenta un Cisne Negro. ¿Cuántos son los líderes mundiales que reconocen la rareza? Y ¿Cuántos se posan en la incapacidad de predecir el curso de la historia ante la dinámica de los acontecimientos?


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

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