16/07/2020
jueves 16 de julio del 2020 - T
16 julio 2020 - T
viernes, 3 de enero, 2020 - 10:32 hs.
La perinola social

El esfuerzo que hacen millones de argentinos todos los días, muchas veces parece desvanecerse cuando ciertos renglones de la actividad económica y financiera acomodan sus cargas sobre las espaldas de la producción.


Lo hacen los bancos, las financieras y los formadores de precios, estamentos que siempre sortearon con holgura las cíclicas crisis argentinas.


Por las dudas, generan movimientos a veces imperceptibles para la mayoría de la gente, cuyos cimbronazos se terminan sintiendo en los consumidores finales que eternamente soportan esos latigazos.


Las miradas casi nunca los enfocan a ellos porque tienen mucha destreza en borrar las huellas que los llevan a obtener mayores beneficios.


Tampoco se conocen sus rostros y difícilmente sus maniobras puedan anticiparse, aunque las utilidades se repitan casi como calcadas.


Mientras los trabajadores prodigan su esfuerzo cotidiano y constante, aportando históricamente en una economía que pocas veces los tuvo como protagonistas, y las pequeñas y medianas empresas aguantan con estoicismo y esperanza los embates de la cruda realidad, los inventores de la viveza criolla miran desde su nube intocable cómo se mueve la sociedad a la que le aplicarán la presión de sus tentáculos.


Existen numerosas formas de restringir ese poder y el Estado tiene las herramientas necesarias para regular acciones que muchas veces están al límite de lo permitido.


Casi todos esos movimientos pueden ser anticipados y merecen una mirada mucho más profunda de los organismos estatales que, seguramente, beneficiarán al resto de la población cuando esas presiones vayan desapareciendo.


El bendito mercado le viene marcando el paso a la realidad argentina desde hace décadas y pocos fueron los gobiernos que impusieron reglas al menos para aminorar sus efectos nocivos.


Los formadores de precios manejan el humor de las góndolas y sus decisiones pulverizan  los esfuerzos de las economías regionales para llegar con sus productos a los grandes centros urbanos.


Los gobernantes saben quiénes ponen y quiénes sacan en esta perinola social, por lo que las medidas para equilibrar el juego aparecen como urgentes y necesarias.-


@danieltemperoni


 


 

   


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Columnas anteriores
viernes, 10 de julio, 2020 - 13:18 hs.

Ha pasado el tiempo desde aquella jornada histórica en la que Jorge Mario Bergoglio sorprendió al mundo con su visita a la isla de Lampedusa al sur de Sicilia, para oficiar misa por las miles de personas que murieron en el mar intentando arribar a Europa desde Africa.


Una patera fue utilizada como altar, mientras que el cáliz y la cruz fueron improvisados con maderas de las embarcaciones llegadas a ese territorio dos años antes.


“¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos, por estos hombres que buscaban cualquier cosa para mantener a sus familias?”, se preguntó el Papa.


Agregó que “somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto...” y sostuvo luego que “la ilusión por lo insignificante, por lo provisional, nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia”.


Francisco eligió llegar sin estridencias, con poca custodia y casi sin protocolo, para dar un mensaje que encaminaría su conducción al frente de la Iglesia Católica y marcaría el rumbo inexorable de su opción por los desprotegidos.


“¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos? Ninguno. Todos respondemos: yo no he sido, yo no tengo nada que ver, serán otros, pero yo no. Hoy nadie se siente responsable, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en el comportamiento hipócrita”, aseguró de forma lapidaria.


No menos fuerte fue su mensaje al señalar que “miramos al hermano medio muerto al borde de la acera y tal vez pensamos: pobrecito, y continuamos nuestro camino, no es asunto nuestro, y así nos sentimos tranquilos. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar sólo en nosotros mismos, nos convierte en insensibles al grito de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero son inútiles, no son nada...”.


El Sumo Pontífice apuntó después a los líderes, afirmando que “te pedimos ayuda para llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en todos aquellos que desde el anonimato toman decisiones socioeconómicas que abren la vía a dramas como estos. Te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas”.


Durante todos estos años han seguido muriendo personas que intentaron migrar desde Asia y Africa, apelando a medios tan distintos como extraños para hacer efectivo su sueño de pisar territorio europeo.


Muchos de los que lo lograron, lamentablemente sufren otras penurias sociales y económicas en la tierra prometida que les sigue siendo esquiva.


El mensaje de Francisco continúa resonando en las mentes y corazones de quienes lo entendieron.-


@danieltemperoni


 

viernes, 3 de julio, 2020 - 13:18 hs.

En estos tiempos de crisis sanitaria, excepcionales y desconcertantes para todos, aparecieron los agoreros de siempre.


Salieron de la oscuridad de sus silencios y comenzaron a sembrar un mar de dudas sobre el propio esfuerzo de millones de argentinos.


Estuvieron poco más de tres meses desaparecidos de la escena nacional y regresaron con sus mensajes negativos y desmoralizadores.


No conciben que se plantee la necesidad de continuar con la ayuda del Estado a los sectores más comprometidos por el freno epidemiológico que sufre la actividad económica.


La simplista ecuación numérica sobre la cantidad de contagiados por coronavirus y los que han fallecido producto de esta enfermedad, sencillamente los pone a comparar qué pasa con el resto de los países de la región y, si no alcanza, buscan esos parámetros en naciones del primer mundo.


Todo pareciera fluir por el camino de las matemáticas y casi nada por el sendero de la empatía, la solidaridad y la entrega que han elegido las argentinas y los argentinos que vienen poniendo toda su energía para enfrentar a esta pandemia que nadie esperaba y para la que el mundo no estaba preparado.


En su mirada no entran los esfuerzos sanitarios, ayudas alimentarias y soportes sociales.


Claramente han marcado su territorio y su filosofía, rodeados de un halo individualista que preocupa profundamente por sus alcances futuros.


Sobre todo porque ya pasada la emergencia sanitaria, vastos sectores de la sociedad que ya se encontraban en situación comprometida necesitarán del acompañamiento para finalmente ser parte del todo.


No obstante estas posturas ya conocidas y reactualizadas según las  circunstancias, la apuesta por la salud sigue siendo lo más inteligente como parte de ese pensamiento que no entiende a la economía si no está al servicio de la gente.


Cada sacudón de los agoreros deja en evidencia sus intereses y destaca el esfuerzo de aquellos que entienden que de las crisis se sale entre todos.


Siempre se necesitará del empuje de los imprescindibles, porque sin ellos no habría historia, no existirían los cambios, no tendríamos esperanza.


Los otros, son los de siempre.-


@danieltemperoni


 

viernes, 26 de junio, 2020 - 13:17 hs.

La pandemia nos encontró intentando remontar una crisis profunda y todavía se busca la mejor manera de afrontar la pesada deuda externa que siempre persigue como una sombra negra a cualquier proyecto de crecimiento nacional.


Si bien el país ya registra actividad superior al 85%, el área metropolitana concentra casi el 90% de los contagios por Covid-19 y es allí donde precisamente está la mayor porción de pymes que aún no pudieron empezar a producir.


Ya se trabaja en legislar el teletrabajo como una manera de empezar a entender por dónde irá la cuestión laboral después de que dejemos atrás la pesadilla generada por el coronavirus.


No obstante, la rueda económica y social tardará algún tiempo para estar al ritmo deseable en cualquier economía que intente producir, vender y renovar stock merced a la demanda del mercado interno.


Otra historia muy distinta será el renglón de las exportaciones, más allá de los commodities, porque el mundo se está encontrando ya con China y Estados Unidos metidos de lleno en una guerra comercial global como nunca antes se imaginó, aún con efectos mucho más negativos que aquella sequía de combustibles de mediados de los ‘70.


Por todas estas razones, el Estado, los empresarios, los sindicatos, más todas las formas de asociativismo, deberán sentarse a una mesa y buscar los caminos del entendimiento.


Se habló mucho durante la última campaña electoral de la necesidad de enhebrar un consejo económico y social, y el presidente Alberto Fernández ha mencionado reiteradamente que se necesita un nuevo contrato social en la Argentina.


Entonces habrá que reconocer que la crisis anterior y la que se sumó por la pandemia, nos puso a los argentinos en la enorme necesidad de llegar a objetivos comunes por la vía del debate ordenado y fructífero, donde todos pongan lo mejor de sí y nadie se haga el distraído a la hora de empujar.


Para esto se necesitarán interlocutores que estén convencidos de que esta es la manera de encontrar la salida a las tremendas dificultades que deberemos afrontar entre todos.


Miles de micro, pequeños y medianos empresarios van a requerir de líneas crediticias blandas que tendrán que salir de los jugosos dividendos que se han llevado los bancos durante tantos años.


Generar trabajo genuino e incorporar a quienes hoy están fuera del sistema, aparecen como ejes necesarios de este acuerdo nacional.-


@danieltemperoni


 

viernes, 19 de junio, 2020 - 13:23 hs.

Antes de que llegara el coronavirus al país, la realidad social mostraba claramente que las necesidades de millones de argentinos se hallaban en un punto crítico y creciendo a una velocidad exponencial.


Como base estadística, los trabajos del Observatorio de la Universidad Católica Argentina fueron contundentes con respecto a esta problemática de base y estructural que sufre gran parte de la población.


Una mirada actualizada a partir del informe sobre “Condiciones de vida de las infancias Pre-pandemia Covid-19”, señaló que en 2019 el 59,5% de los niños que viven en zonas urbanas pertenecen a un hogar en situación de pobreza con relación a los ingresos.


Esa misma proyección encontró que el 14,8% de las familias son indigentes.


El reporte en cuestión detalló que “a lo largo de estos años, la indigencia siguió una tendencia estable, pero en el último período interanual experimentó un incremento de casi 4 puntos porcentuales”.


También subrayó que “la pobreza monetaria tuvo más fluctuaciones, pero en los últimos cuatro años experimentó un incremento de 13 puntos porcentuales a nivel de la población infantil de entre 0 y 17 años”.


Siguiendo con los resultados del dossier, la pobreza pasó de 49,9%  en 2010 a 59,5% en 2019, mientras que la indigencia trepó de 9,5% a 14,8% en igual período.


Con todo, los niños con necesidades básicas insatisfechas disminuyeron de 33,9% a 27,6%.


En el Gran Buenos Aires la situación de pobreza infantil alcanzó 69,8% y en las áreas metropolitanas 54,1%.


Definitivamente, los niños bonaerense son los más afectados en cuanto a la incidencia monetaria, ya que la indigencia llegó a 19%.


La fotografía de finales de 2019 sintetizó el proceso evolutivo de la última década y fue tremendamente claro respecto de la situación con la que se enfrentó socialmente la aparición de la pandemia de Covid-19.


Justamente donde hoy se encuentra el 88% de los contagios de la enfermedad, es decir el AMBA, es donde la imagen de pobreza e indigencia es mucho más cruda.


Cuando esté ganada la pulseada epidemiológica, la otra batalla por dar será la inclusión social de millones de niños y jóvenes, si realmente queremos tener futuro como Nación.-


@danieltemperoni


 

viernes, 12 de junio, 2020 - 13:14 hs.

Las necesidades derivadas de la pandemia de coronavirus, han generado un efecto altamente positivo surgido de las diversas organizaciones ciudadanas.


Encastrando de manera aceitada con los servicios que el Estado bajó al terreno en los barrios, se fueron encolumnando en esta tarea las sociedades de fomento, ong´s, fuerzas políticas, movimientos sociales, la Fundación de la Universidad Nacional de Mar del Plata, entidades del asociativismo, trabajadoras y trabajadores de la economía popular, y vecinos.


Allí donde había una necesidad previa a la crisis sanitaria, se organizaron los comités barriales de emergencia en una treintena de puntos territoriales donde se imaginó que la solidaridad cotidiana no alcanzaría a cubrir los escenarios futuros.


Y de esta manera, desde esos vértices de acción coordinada se vienen abasteciendo a los comedores que hoy se ven altamente concurridos.


Muchos de los alimentos llegan por vía estatal, pero también los acercan aquellos grupos de pequeños productores que se diseminan por la geografía del distrito y que han logrado también incorporarse a los mercados barriales que recorren semanalmente las plazas y espacios abiertos marplatenses.


Esta coordinación de los CBE ha logrado descentralizar y a la vez focalizar las problemáticas, apurando las respuestas y agilizando la tramitación que depende de los organismos públicos.


Ha servido este trabajo, también, para llegar a cada vecino con la ayuda indispensable como salud, educación, seguridad social, prevención de violencia de género y otras problemáticas que muchas veces pasan desapercibidas o no se visualizan mediante las herramientas que se usan de forma generalizada.


Decenas de sanitaristas, educadores, agentes públicos, fomentistas, grupos vecinales que se ocupan de hacer funcionar comedores, voluntarios de los diversos credos, mueven la rueda desde hace casi tres meses y no decaen ni un minuto en su tarea.


Como tantas otras cosas positivas que hemos visto surgir en medio de la pandemia de Covid-19, esta funcionalidad barrial que se ha logrado en General Pueyrredon debe ser atendida y mirada con atención por todos aquellos que toman decisiones políticas.


Cuando el Estado bajó al territorio se encontró con muchas necesidades básicas insatisfechas, pero también con mujeres y hombres decididos a cambiar esa realidad.


Si efectivamente la apuesta apunta a sellar un nuevo contrato social, la experiencia de los comités barriales de emergencia no puede ni debe ser desaprovechada en el futuro.-


@danieltemperoni


 

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