29/03/2020
domingo 29 de marzo del 2020 - T
29 marzo 2020 - T
sábado, 7 de septiembre, 2019 - 10:34 hs.
Petro-Monarquías del Golfo Pérsico aliadas contra Irán

Los príncipes herederos más relevantes que generan actualmente notoriedad en el Golfo Pérsico son el príncipe Mohamed Bin Salman de Arabia Saudí y Mohamed Bin Zayed de la Federación de Emiratos Árabes Unidos, se trata de monarquías dinásticas a diferencia de monarquías individuales como Marruecos y Jordania, éstas últimas pivotean su poder conjuntamente con los parlamentos pero sin perder la centralidad.


En las monarquías dinásticas el gobernante es el jefe de familia, su poder se extiende a todo el país a través de una minuciosa red política y social como también un servicio de inteligencia que los mantiene informado de manera eficaz. Lo que permea el tejido sólido de alguna de estas monarquías individuales o dinásticas en el presente siglo, es el ingreso de las tecnologías vía redes sociales, convirtiendo a los jóvenes en vectores importantes de las revueltas enmarcadas en procesos tales como “La Primavera Árabe”.


No es el caso de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, si bien ambos sostienen matizada aversión contra el islamista, los Emiratos Árabes Unidos tienen dedicación exclusiva en la lucha contra los talibanes en Afganistán; los Hutíes y Daesh en Yemen; Al – Shabaab en Somalía; la hermandad musulmana en Libia de M. Morsi en al año 2013 (e/otros) colaborando con los Estados Unidos. En el caso de Arabia Saudí la situación es diferente sobre todo en el apoyo solapado en la guerra en Siria a las fuerzas islamistas.


Retomando el hilo, los príncipes herederos en el Golfo registraron la secuencia negativa de los efectos de las revueltas árabes prestando especial atención en el hastío social de las prácticas arcaicas de los reyes octogenarios, sobre todo en el carácter temporal extenso de sus gobierno en un tejido permeable por pseudo-fidelidades en torno a príncipes menores que se corrompen y ansían mayor autonomía.


Tanto Mohamed Bin Salman como Mohamed Bin Zayed gobiernan entre la legalidad y un manto oscurantista respecto a las formas del arribo al poder político. Si bien existen diferencias notables entre ambos, el hilo conductor que sostiene la lógica de alianza en estas petro-monarquías es el enemigo común: La República Islámica de Irán.


Una versión de la “Guerra fría” en esta región propone a Arabia Saudí de un lado y a Irán del otro, por lo tanto es imprescindible generar un mapa mental de los bloques de estados que se han conformado en torno al conflicto actual en el Golfo Pérsico. Los jeques árabes tienen abultado poder económico y gobiernan con un “yacimiento en cada bolsillo”.


El mando político sólo requiere de formalidades endebles ya que la rigidez está marcada por fuertes tradiciones inapelables. En el caso de los persas, su pasado imperial es la más preciada riqueza, aunque también posean recursos naturales que los hacen potentes en la región, no obstante en medio de la crisis actual, los iraníes están conminados a ser leales a su pasado “entre la guerra y la paz”. En la era global de las comunicaciones, los señores de turbantes blancos representan la antítesis de los líderes de barbas blancas.


El debate quizás es más claro: ¿Petro-monarquías o Líderes nucleares en el Golfo? En la era Trump, es irrefutable, sus aliados del oro negro árabe no constituyen para los norteamericanos el peligro real actual, pero la capacidad nuclear de Teherán como también otros factores persas conforman el puzzle difícil de domeñar para los Estados Unidos.

Arabia Saudita no está sola en el Golfo Pérsico


El príncipe heredero Mohamed Bin Salman en Arabia Saudí y el poder que ostenta en la región se ha convertido no sólo en nombre propio, sino en la referencia de un significante puro a una existencia singular pero con gran sentido de “modernidad” en la geo-política del Golfo Pérsico.


Para Teherán, la cadena no se corta en Riad, existe un eslabón emiratí, refiriéndose a Mohamed Bin Zayed, fortalecido por la mediatización. Las petro-monarquías emprenden una etapa renovadora de herederos aggiornados a la nueva era global pero cuya genética anti-persa los aúna y los fortalece con la anuencia de Donald Trump y bajo la supervisión del mandatario israelí Benjamin Netanyahu.


Ponderar la figura de Mohamed Bin Zayed, comandante supremo adjunto de las Fuerzas Armadas de los Emiratos Árabes Unidos, es una tarea ardua, teniendo en cuenta que su posición como heredero y a la vez jefe de Estado –de facto- surge entre las sombras. Sobre la costa oriental de la península arábiga: Kuwait; Arabia Saudí; Bahrein; Qatar; Emiratos Árabes Unidos y el sultanato de Omán, custodian el ritmo comercial en las aguas del Golfo Pérsico con fuerte presencia del holding emiratí Dubais Port World y de la poderosa fuerza naval estratégica de los iraníes.


La táctica política de los herederos árabes es poner el foco mundial en estos nuevos líderes políticos, con la salvedad que no todos los jeques árabes son adeptos a la exposición, así dicen de Mohamed Bin Zayed. De todas formas no pasa desapercibido, la carrera armamentística de los Emiratos Árabes Unidos aumentó sustancialmente entre los años 2007 al 2018 según SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) dato que plasmó la inclinación bélica de Zayed por el volumen de importación - exportación de armas y municiones otorgándole independencia y relevancia en la región.


Antiguas discordias y nuevos herederos


No siempre fue cordial la relación entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en tiempos del jeque Zayed Bin Nahyan y del rey Fáisal Bin Abdulaziz, el punto de fricción se centraba en la frontera con Qatar –Al Wakrah- en el asentamiento de Khawr al Udayd, zona estratégica de ingreso al Golfo Pérsico como también refugio de piratas. La disputa tuvo punto final en el año 2005 cuando conjuntamente decidieron la política de cooperación en torno a la lucha contra la República Islámica de Irán.


Los Estados Unidos han denominado a los Emiratos Árabes Unidos como “la pequeña Esparta” por la formación militar convirtiéndose en la 2da. Fuerza más importante en “Oriente Próximo”. Las conexiones directas entre Trump y Bin Zayed se robustecieron por las políticas en torno al: Pacto Nuclear; los vetos a las resoluciones del congreso norteamericano que detenían la venta de armas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos; al reporte Robert Mueller sobre la conexión Rusia-Estados Unidos y las luchas contra islamistas ya mencionadas. En el mundo de la política las diferencias quedan veladas cuando el enemigo común acecha.


La tríada Arabia Saudí-Emiratos Árabes Unidos-Estados Unidos tienen un objetivo en común, debilitar el tejido económico iraní. Sin embargo Mohamed Bin Zayed es aliado de la realpolitik y a pesar de tratarse de un conjunto de emiratos de pequeñas dimensiones se ha convertido en un factor regional influyente demostrando su potencial en Yemen en la capacidad de planear y ejecutar la re-captura de Adén.


Con “un yacimiento en cada bolsillo”, los nuevos herederos replican la trama de alianzas y contradicciones del mundo democrático: Donald Trump, adepto a vetar las resoluciones del Congreso, se recuesta en el Reino Unido donde Boris Johnson cierra el Parlamento en medio de turbulencias; en el mundo de las monarquías dinásticas: Mohamed Bin Salman apuesta a la “diplomacia” y a las purgas internas mientras Mohamed Bin Zayed ostenta capacidades militares con altas preferencias a las guerras convencionales dejando entrever la mano que mece la cuna de un posible conflicto bélico directo contra Irán espoleado por los Estados Unidos. Peligro inminente.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

   


Columnas anteriores
lunes, 23 de marzo, 2020 - 10:23 hs.

Estamos en guerra. Realismo puro que describe de manera alegórica la situación de gravedad en la que está inmersa la población mundial. Inicialmente una desconocida enfermedad que se expandía rápidamente fue bautizada como Gripe de Wuhan, luego la Organización Mundial de la Salud le otorgó el nombre de COVID -19 evitando la propagación de nombres que refieran a lugar específico; animal; individuo o grupos de personas. Sin embargo ciertos tecnicismos no logran la rápida concientización del peligro al que nos enfrentamos como la enfermedad misma.


No se trata de un episodio más de la serie de suspenso The Twilight Zone “La dimensión desconocida” es tan real como la cantidad de infectados y muertos en tan breve tiempo.


La alteración en la percepción de la realidad de los individuos configura el desorden mundial por cierta perturbación global en la desorganización de los “yoes” construyendo mundos propios y conglomerado de narcisistas que actúan en función provocando cataclismos. En palabras de la psicología y apelando a reduccionismos, la psicosis perturba y re formula la percepción de la realidad.


Miedos, fobias y oportunismos conviven en un mundo en pánico ante el avance de la peste, mientras tanto, y desde la política, los estados ejercen el poder disciplinando generando orden y homogeneizando las conductas que en palabras del filósofo Michael Foucault en su obra “Vigilar y castigar” se propone la configuración de un tipo de sociedad disciplinaria cuyo objetivo es “trazar el límite exterior de lo anormal, es decir, normalizar”


El mundo se ha convertido en un panóptico dónde los movimientos son controlados, un aparato arquitectónico dónde se sostienen las relaciones de poder. La Pandemia requiere ser analizada desde un abanico multidimensional, sin embargo el miedo paraliza.


Estamos en guerra contra un virus letal, aislados detrás de las puertas y sin contacto con el exterior, pero ¿A qué nos enfrentamos? ¿A una guerra bacteriológica? ¿Bio-terrorismo? o ¿La manipulación de agentes biológicos preparados para vulnerar los servicios sanitarios? Infinitas preguntas con respuestas per se y no tanto.

Retomando a Foucault, es la “bio-política” en su máxima expresión que administra frente al siniestro la vida de las poblaciones y utiliza el “ana-tomopoder” educando y disciplinando para que sean más útiles esos cuerpos sociales.


Escenario previo

Los innumerables indicadores sociales desde la crisis del 2008 perturban pero reconstruyen un mundo dislocado por la inestabilidad social y la violencia política.


La actual fragmentación social global y la deficitaria salud de las finanzas ofrecieron durante los últimos años diferentes escenarios de movimientos sociales donde las masas contribuyeron a develar el caos en el cuál estábamos inmersos: La guerra comercial entre China y los EEUU; La rivalidad sistémica entre Hong Kong y China; El enfrentamiento Irán – EEUU; El BREXIT; La Unión Europea inmersa en una crisis financiera; Las rebeliones árabes; La nueva fase de la guerra en Siria; Las variaciones cíclicas del precio del petróleo; Los levantamientos en América Latina; La crisis de los refugiados; Mares como cementerios de inmigrantes y tantos otros.


No obstante la agenda de conflictos del presente año 2020 es significativo para reflexionar y analizar hacia dónde nos dirigimos: El asesinato de Qasem Soleimani por parte de EEUU; el acuerdo del Siglo entre EEUU e Israel; Los Talibanes y el acuerdo con Washington; el co – gobierno en Libia y la incursión de Turquía y Rusia; la rivalidad entre Ankara y Moscú por Idib en Siria; La rivalidad entre Pakistán e India; la guerra de precio por el petróleo entre saudíes y rusos; las presiones económicas ejercida por la Casa Blanca a todo aquel que incumpla las directivas de comercialización y más.


Un mundo cada vez más retorcido por las luchas de poder y hegemonías regionales; las masas en las calles embanderadas detrás de diferentes causas; líderes que se devalúan al compás de los acontecimientos sin poder, en algunos casos, con dificultades para formar gobiernos o alianzas sólidas; modelos desgastados entre extremas derechas que avanzan marchando acercándose a las esferas del poder político de la mano de sus electores y los líderes progresistas que no pueden cumplir sus promesas.


Es pertinente entonces, volver a preguntarnos ¿En qué mundo vivíamos antes del COVID – 19?


¡Quedate en tu casa!


No sabemos con certeza a qué enemigo nos enfrentamos, si podemos intuir que no se trata de un descuido o de ciertas prácticas culturales.


¿Hay un plan para reorganizar el Sistema imperante? Puede ser, el devenir de la historia ha demostrado la mutación de los sistemas y las formas de generar sus propios anticuerpos. Hasta ahora hemos sido testigos de crisis económicas (comerciales y financieras), políticas o sociales, sin embargo esta vez hay un diagnóstico catastrófico, se trata de un poderoso agente biológico que daña la salud de la población.


Las sociedades que se relajan se mueren y las precavidas pueden enfrentar esta pandemia. A estas alturas no importa la procedencia de la peste, ya tendremos tiempo para desglosar las diferentes aristas.


Estamos en guerra y no hay franjas etarias, ideológicas, étnicas ni religiosas. Este agente biológico que bien podría ser caracterizado como arma biológica –para debatir- hace uso de organismos vivos, es un vector que proyecta, disemina, se dispersa y es resistente a ciertos medicamentos –otra discusión- no hay antídoto, sólo la conciencia y la solidaridad ciudadana. Si no conoces dónde se esconde el enemigo ¡quedate en tu casa! es el lugar más seguro para enfrentar esta guerra, sin miedos y dominando la psicosis, sólo así saldremos del encierro y volveremos a ser libres de todo tipo de dominación.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

domingo, 15 de marzo, 2020 - 22:05 hs.

Ante la evidencia de Estados que han incurrido en errores de cálculo adoptando tardíamente decisiones fundamentales para la sanidad nacional, la pregunta que subyace es ¿qué esperamos?


Quienes juegan a la lotería sobrestiman las probabilidades que tienen de ganar debido a la ceguera frente a las posibilidades y al tratar del mismo modo entre miles que la de entre un millón. La miopía y de miras cortas considera ignorar los sucesos que son “no repetibles” y por lo tanto se sobrestima.


China; Italia; Irán; Corea del Sur; España; Francia; Alemania; EEUU y una lista interminable de países que están en emergencia por esta Pandemia nos conducen a diagramar un mapa de la evolución del brote como también las formas tardías en anticiparse a las fases evolutivas del virus. No son tiempos platónicos ni de agobiantes superficialidades ni tampoco tiempos para utilizar la narrativa imponiendo un mapa equivocado de probabilidad de los sucesos, la observación día a día no garantiza que estemos visualizando el Cisne Negro, quizás una observación desapasionada de nuestras experiencias pueda incluirnos dentro del grupo de los equivocados.


Considerar la equivocación como aprendizaje como también la anticipación a la rareza y a ponderar lo que no sabemos por lo que sabemos.


En la antecámara de la esperanza con sociedades cuyo mecanismo de recompensa necesita resultados tangibles y sistemáticos, el COVID – 19 encuentra cuerpos portadores y globalizantes aunque también deja entrever algunos líderes mundiales que encuentran en la paranoia global el momento oportuno para gestionar en beneficio propio.


Un escenario de especulaciones


El enfrentamiento entre Arabia Saudita y Rusia por el precio del petróleo deja en evidencia las pretensiones hegemónicas de ambos estados dentro de la OPEP - Plus. La dramática coyuntura económica global asociada a la pandemia del COVID - 19 expone la subestimación del impacto por error de cálculo que puede generar el enfrentamiento entre príncipe saudí Mohamed Bin Salman y el presidente ruso Vladimir Putin.


El fracaso en la ronda de negociaciones en el recorte de la producción de petróleo implica serias amenazas a la estabilidad de la economía global que depende en parte de ese recurso y de la pulseada entre Riad y Moscú ya que pueden asfixiar la producción de shale oil de los EEUU. Los argumentos para considerar esta crisis del petróleo como una guerra de precios por demolición parecen desconcertantes pero validan la idea de ruptura de la OPEP con Rusia en un contexto de “Crac” global con el COVID - 19 y el pánico financiero.


La ola de temor se expande y deja en evidencia la incapacidad de algunos líderes de resolver los efectos de este cóctel explosivo entre el petróleo, finanzas y salud. El impacto del coronavirus en la demanda y la oferta del petróleo activan las alarmas por la caída del crecimiento global de la economía. Las tasas de interés siguen siendo un gran problema para Europa (negativas) y para D. Trump que presiona a la FED para seguir en baja.


El desconcierto de esta crisis global es el origen, en este caso es una combinación de factores que no dependen de lo estrictamente bancario, única justificación para tratar de comprender la falta de reacción rápida para atenuar los efectos. Abordar diferentes variables para explicar la lógica de este “Cisne Negro” es el desafío ya que se trata de un proceso caracterizado por su “rareza”, gran impacto e invención de argumentaciones para explicar la existencia del mismo.


Cuando lo relevante es lo sensacional


Nuestras emociones están diseñadas para la causalidad lineal.


Mientras los grandes títulos de las noticias se posan sobre la expansión del Coronavirus, hay pequeños apartados desproporcionados en tamaño con efectos proporcionales al COVID -19, pero a largo plazo.


En Rusia, Vladimir Putin firmó la ley que modifica la Constitución rusa permitiendo al premier postularse dos veces más a la reelección con la posibilidad de perpetuarse hasta el año 2036, en Arabia Saudita el príncipe Mohamed Bin Salman encarceló a varios miembros en la línea sucesoria directa de la familia real por estar sospechados de “traición” en un contexto político cerrado y viciado de irregularidades. Sin alejarnos tanto geográficamente, en EEUU el año electoral marca el pulso de la contienda entre demócratas y republicanos ¿Podrá Donald Trump capear la tormenta que se gestó en Asia impactando en el corazón de la Casa Blanca?


El boomerang de la crisis multi-causal no exceptúa al contrario, condiciona.


La confianza del electorado es más potente que el dinero, es por eso que las inversiones en confianza no son menos importantes que las inversiones en capital humano o maquinaria. ¿Será la pandemia global destructora de la confianza?


La batalla es compleja y polifacética y en el caso específico del presidente norteamericano enfrenta un Cisne Negro. ¿Cuántos son los líderes mundiales que reconocen la rareza? Y ¿Cuántos se posan en la incapacidad de predecir el curso de la historia ante la dinámica de los acontecimientos?


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

sábado, 7 de marzo, 2020 - 09:37 hs.

De la epidemia en China a la Pandemia global, el Coronavirus o COVID – 19, nombre abreviado CO (corona) VI (virus) D (disease – enfermedad) según CDC (Centro para el control y prevención de enfermedades) ha dejado expuesta la vulnerabilidad global por la expansión de un nuevo tipo de coronavirus.


La Organización Mundial de la Salud identificó el origen del foco en Wuhan (China) no obstante el país asiático tiene experiencia en cuestión de distintas tipologías de coronavirus, como ejemplo, el SARS (Síndrome respiratorio agudo y grave) que provocó un brote en el año 2003 en la provincia de Guangdong, causando numerosas víctimas en China.


Esta nueva versión viral demuestra la fragilidad del mundo ante nuevos desafíos. El aumento del flujo poblacional en constante movimiento sea por turismo, trabajo, migraciones forzadas u otros, determina la alta vulnerabilidad en términos de salud y prevención de enfermedades en los diferentes puertos de entrada y salida de los países.


No hay mecanismos para prevenir este tipo de pandemia, sólo después, de anunciada la catástrofe.


Hasta que el gobierno de Beijing activó las alarmas, millones de personas modificaron su ubicación y generaron contactos con otros, la cuarentena o el aislamiento en países altamente poblado como China, no eliminó la emigración del virus generando caos que se magnificó a través del miedo y el pavor al contagio.

La psicosis social se pone de manifiesto y reordena la agenda mundial del terror, aunque algunos intentan minimizar las consecuencias, otros alientan a mantener y profundizar el estado de shock que genera el por diversos intereses. Sin embargo otros virus letales como el Ébola; Zika o la fiebre amarilla (algunos ejemplos) no causan en la actualidad tanto temor como el coronavirus a nivel global.


La psicosis global como efecto colateral

El exacerbado miedo arengado por la psiquis en proceso de aislamiento propone nuevos escenarios de fobias globales. El estigma de la soledad producto de las cuarentenas promueve sociedades más cerradas y muros más altos por la intolerancia.


Cuando transcurra el temblor, en el memorándum de algunos estados se acentuarán las políticas que arremetan contra los flujos migratorios comulgando frenéticos postulados nacionalistas. En este contexto, los contratos sociales, políticos y económicos a nivel mundial seguramente serán otros y algunos estados han comenzado a implementar una sucesión de transformaciones.


En los Estados Unidos, en pleno proceso electoral, el presidente Donald Trump evalúa las tácticas disuasorias contra los demócratas temiendo que la pandemia afecte la zona de “confort” electoral en el entorno de la grieta republicana y el abanico de candidatos que promueve la oposición. A su vez, el Comité Monetario de la FED decidió bajar las tasas de interés con el objetivo de resistir no sólo los embates de la tensión comercial con China sino también los efectos recesivos que han comenzado a manifestarse en este primer trimestre en la economía global.

En el caso específico de China la vigilancia se centrará en torno a las consecuencias económicas que el coronavirus ha suscitado teniendo en cuenta que ciudades - capitales se han transformado en “ciudades fantasmas”. El gran desafío para Xi – Jinping será mantener la confianza social en el régimen político por el grave precedente que dejó el SARS.


Otros estados como la República Islámica de Irán probablemente advertirá la necesidad de generar nuevos acuerdos comerciales con los Estados Unidos y la Unión Europea, intentando promover mecanismos de reactivación económica por los efectos devastadores del aislamiento generado por el coronavirus que sepultó la economía iraní.


El Brexit, consolidado, ha otorgado indirectamente entidad al factor “inmigración” que fue uno de principios que derivó en la salida efectiva del Reino Unido de la Unión Europea, por lo tanto Gran Bretaña ha capitalizado los efectos de la pandemia como reaseguro que “la tradición británica no comete errores”.


Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) los efectos económicos serán: abruptos en Italia, menores en Francia, leves en Alemania y ligeros en los Estados Unidos, aunque estimula las alertas sobre el cóctel explosivo para el mercado bursátil: exceso de deuda financiera, sobre valoración de las acciones y economías en recesión. La red del sistema financiero transmite a gran velocidad “la desconfianza” en los mercados impactando directamente en los ciclos cortos de la economía.


Sin embargo el escepticismo trasciende los números macro-económicos instalando otro factor: el brote psicosocial, producto de las construcciones que el hombre hace a partir del miedo promoviendo sociedades más hostiles en un mundo cada vez más adverso, más individualista y menos empático.


El coronavirus es el enemigo oculto que puede transportar cualquier persona y por lo tanto no es apocalíptico señalar que estamos inmersos en una de las peores guerras: la fobia social.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

miércoles, 19 de febrero, 2020 - 09:34 hs.

El Estado de Libia está inmerso en una guerra civil donde co-gobierna por un lado el GAN (Gobierno Libio de Acuerdo Nacional) liderado por Fayez Serraj en Trípoli al oeste de Libia, respaldado por la ONU con reconocimiento internacional de los Estados Unidos, Qatar, Turquía y la Unión Europea, aunque con escasa legitimidad y por el otro el ENL (Ejército Nacional Libio) liderado por Jalifa Haftar en Tobruk cuya sede se asienta en Bengasi, al este de Libia, ex coronel de Muammar Gaddafi y respaldado por Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania y Rusia.


El legado de la cuestionada primavera árabe del 2011 y luego de nueve años de la intervención de los EEUU y la OTAN y el posterior derrocamiento de Gaddafi, ofrece en la actualidad un nuevo escenario que provoca tensión internacional debido a la fuerte injerencia de Turquía que apoya a Fayez Serraj, con el cual ha firmado acuerdos de cooperación, y Rusia que respalda a Jalifa Haftar.


Tanto Ankara como Moscú comparten intereses en cuestiones de cooperación militar, de inteligencia y seguridad en Libia y el Mar Mediterráneo se ha convertido en el espacio común que genera ruptura en el equilibrio geo -político de la región. Grecia, Chipre, Egipto e Israel son piezas fundamentales en el juego de ajedrez que lideran los dos bloques libios, para minar y controlar los intereses turcos y facilitar a la Unión Europea la ruptura del fuerte lazo dependiente que tiene con Moscú en materia energética, específicamente en la construcción de gasoductos.


Las mesas de diálogos gestionadas por Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan y Angela Merkel en Moscú y Berlín por el cese al fuego, fueron fallidas. La tregua fue rebatida por ambos bandos, por un lado Haftar con las misiones militares dirigidas sobre Misurata para presionar a Trípoli y por otro lado en Trípoli le llegaban combatientes de estados aliados a Serraj en el aeropuerto de Mitiga.


La mediación internacional a través de la Conferencia Internacional en Berlín celebrada el 19 de enero del presente año, preveía el alto al fuego entre el ENL y el GAN como también el embargo a la importación de armas a Libia. El borrador con las medidas delineadas en dicha Conferencia fue elevado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para emitir una resolución que estableciera formalmente el Alto al fuego, sin embargo, de los cinco miembros permanentes sólo Rusia se abstuvo aduciendo que no estaba claro si las dos partes en Libia acataron las decisiones de la Conferencia en Berlín, ya que entre el 19 de Enero (Berlín) y el 12 de Febrero (ONU) la situación en Libia empeoraba.


Otro actor imprescindible para comprender la complejidad de la guerra, es la incursión de la Hermandad Musulmana ya que algunos integrantes son dirigentes del GAN que apoyan a Fayez Serraj. Los Hermanos musulmanes son resistidos por el bloque de países que apoyan J. Haftar como la República Árabe de Egipto, Rusia y los árabes saudíes quienes consideran “terrorista” a la organización islamista.


El escenario bélico en Libia refleja, al igual que Siria, la relevancia de la presencia de Turquía y Rusia disputándose lugares preferenciales en la lucha por diversos intereses en la región, no obstante persiste la confusión desde donde se está gestando la tempestad.


Nueve años de caos, una mirada retrospectiva


Dos gobiernos paralelos en un país petrolero exhiben el fracaso político en torno al derrocamiento y asesinado de Muammar Gaddafi después de 42 años de autocracia. La incursión de la alianza Estados Unidos; Reino Unido y Francia en apoyo a la insurrección contra Gadafi provocó la huida del mismo quien fue capturado y asesinado en Sirte (Surt, ciudad en el desierto libio). La noticia que consternó al mundo tenía su razón, se percibían vientos de desgobierno por las tensiones históricas entre las tribus que controlaba a sangre y muerte el coronel Gadafi.


La memoria histórica de la descolonización pos-segunda guerra mundial generó un déjà vu, la única columna institucional que provocaba confianza contra las guerras tribales eran las Fuerzas Armadas Nacionales entrenadas y supervisadas por las potencias colonizadoras.


Al factor militar y étnico se debe agregar la división territorial histórica en tres regiones importantes: Tripolitania; Cirenaica (Tobruk y Bengasi) y Fezán (zona desértica) reunidas todas en 1934 bajo el mandato italiano. La cohabitación entre tribus y clanes con diferentes dialectos árabes como también la heterogeneidad de etnias tales como: taregs, tubus, bereberes y árabes, fue sometida bajo las fuerzas de Gadafi, pero al desaparecer el líder, vuelven a resurgir los odios históricos para vengar las alianzas que algunas tribus realizaron con los poderosos de turno.


En ese contexto en el año 2014 aparece la figura del ex coronel J. Haftar quien consideró oportuno inclinarse hacia Occidente, específicamente EEUU siendo el instigador de la “Operación Dignidad” y gestionando elecciones en un órgano legislativo creado para la nueva causa: La Cámara de Representantes. Las Fajr Libia (amanecer libio) milicias islamistas que tienen fuerte presencia en Trípoli, expulsaron a Haftar y éste se trasladó a la ciudad de Tobruk, donde formó un gobierno paralelo gestando así un país con dos gobiernos y dos parlamentos.


La ventaja del oro negro y la desventaja de la migración


El yacimiento Al Shahara ubicado en el sur del país en la cuenca Murzuq, el mayor del país, a menudo sujeto a bloqueos y saqueos de las diferentes milicias, es administrado por el gobierno del Jalifa Haftar y rivaliza con la Compañía Nacional de Libia de Petróleo (NOC) controlado por el gobierno de Fayez al Serraj.


El golfo de Sirte representa la zona de la “Media luna del petróleo” por donde transita el 50 % de las exportaciones de crudo libio en los puertos: Zueitina, Al Sedra, Ras Lanuf y Akdaboua y Jalifa Haftar cuenta con el control territorial de los yacimientos petroleros de Al Shahara y Al Fil, quedando en posición inmejorable con respecto a Serraj.


No sólo dos gobiernos y dos parlamentos sino también dos compañías de petróleo se enfrentan en Libia y la consecuencia económica es la caída de la producción a más del 50 % (aprox. 800 mil barriles de crudo diarios) por los constantes bloqueos a los puertos, según la Corporación Nacional de Petróleo de Libia.


El estado de Libia es el noveno país de mayor reserva de petróleo del mundo miembro de la OPEP y los yacimientos de petróleo son considerados actualmente como objetivos militares, sin embargo subyace el interés internacional de cuidar los recursos libios: Petróleo, gas de petróleo y refinado de petróleo por Italia, Alemania, España, Francia, China, Turquía, Túnez y EEUU hacia dónde se dirigen las exportaciones de los productos libios mencionados.


Otro factor problemático de difícil resolución para la UE, lo constituye la emigración de personas hacia por el Mediterráneo y Libia es uno de los puntos fronterizos desde donde parten los emigrantes convirtiéndose en presas fáciles de mafias y grupos que se dedican al tráfico de personas, la operación aeronaval europea conocida como “Operación Sofía” para rescatar migrantes tuvo, en parte, una motivación humanitaria, sin embargo se transformó en el llamador de los traficantes de personas. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) advierte sobre la emigración económica de población subsahariana que pasan por Libia convirtiéndose en estado-trampolín hacia la UE en condición de refugiados y en la búsqueda de mejores condiciones de vida.


El Estado de Libia por su posición geopolítica suscita interés; por sus recursos genera atracción y por su complicada estratificación social y la heterogeneidad étnica es un estado atrápalo-todo de grupos delictivos que acuerdan con grupos facciosos cuyo único interés es el control del Estado hasta aquellas etnias que por fuerza dominan a las demás y pactan con el poder de turno sólo por el control de una porción de un estado que está inmerso en una “proxy war” lo cual transforma al país en complejo e impredecible.

Desde Trípoli en abril de 2019, se lanzó la operación militar denominada “Volcán de ira” contra las fuerzas de J. Haftar luego que el primer ministro libio Fayez Serraj reconocido por la ONU considerara las acciones militares del ex coronel como “una puñalada trapera” contra el proceso de paz. Serraj ha lanzado una caza de brujas contra sospechosos dentro del propio ejecutivo por apoyar al militar y ha dado la orden de avanzar por todos los frentes, destruyendo las esperanzas de los libios hacia un futuro democrático.


A nueve años de guerra, la Unión Europea ha mantenido un tibio apoyo al bloque liderado por los EEUU, y la problemática que más atañe a los intereses de los europeos es la masa migratoria que huye por el Mar Mediterráneo, siendo esta el factor más relevante que derivó en el Brexit.

Ante las maniobras de Turquía y Rusia, el alto representante de la política exterior Josep Borrell ha dado luz verde a una operación naval y aérea en Libia, para controlar la parte oriental de las costas libias y frenar el tráfico de armas sin embargo aunque los veintisiete estados acordaron, es resistido por algunos estados integrantes porque no todos están comprometidos en la re-ubicación de los inmigrantes.


Nuevamente el ala militar de un estado en el Magreb árabe capitaliza la atención internacional ya que otro volcán eruptivo de conflictos después de Siria consolida la idea que algunas potencias apoyan férreamente “el caos constructivo”.


La lista es extensa, pero Libia es visible por su potencial petrolífero y por el temor que genera en el continente Europeo las masas migratorias que intentan ingresar por Italia huyendo de la guerra. Una vez más el interés por el oro negro y el desinterés humanitario son factores detonantes de la guerra y atenuantes de la paz.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

martes, 11 de febrero, 2020 - 14:35 hs.

El ataque iraní sobre bases estadounidense en Iraq, entre ellas una de las más importantes como Al- Balad ubicada al norte de Bagdad, confirma la alta conflictividad en la cual se encuentran inmersos ambos estados. Si bien Estados Unidos ha iniciado la evacuación de 15 bases militares en Iraq, no obstante, el Secretario de Defensa de los  Estados Unido, Mark Esper, anunció la disposición del presidente Donald Trump para entablar diálogo con los altos mandatarios iraníes.


La presencia militar norteamericana en Iraq se limitará a dos bases: Ain Al – Asad al oeste y Erbil al norte, según el miembro de la Comisión de la Seguridad y Defensa Nacional del Parlamento iraquí, Ali al-Qanimi. Tanto el ataque iraní como el repliegue de fuerzas y bases norteamericanas, habilitan a re-pensar el panorama de conflagración en Oriente Próximo, dónde Siria y Yemen siguen en guerra y los actores extra-regionales parecen confabular a favor de la continuidad del caos.


En el actual panorama internacional donde la incertidumbre desdibuja el futuro y amenaza desestabilizar el desordenado tablero de la paz regional en “Medio Oriente”, las futuras elecciones presidenciales en los Estados Unidos –3 de Noviembre 2020- orientan el cauce de la discusión hacia las relaciones internacionales.


En la política doméstica estadounidense, la imagen del fracaso de los demócratas en la Cámara Alta como también la incapacidad institucional para demostrar fehacientemente el sistema de auto-control de poderes, absolvieron al presidente Donald Trump en el juicio político por el escándalo de Ucrania acusado por abuso de poder y obstrucción al Congreso, lo que derivó en mayor poder de acción para el actual mandatario norteamericano por la propia incapacidad de la oposición.


En este marco de interna política dónde la imagen del presidente y los números macro y micro económicos generan certidumbre solidificando la figura de Trump, la situación de riesgo por un nuevo enfrentamiento con Irán define cual es el interés general del votante estadounidense.


La figura del buen gobernante


La tipología sobre la figura del buen gobernante según Pierre Rosanvallon remite en la distinción del modelo medieval con el “príncipe virtuoso”; el modelo del “puro elegido” durante la Revolución francesa; el “hombre pueblo” de origen cesarista y el “hombre político por vocación” de Max Weber.


Pierre Rosanvallon plantea que el Buen Gobierno en tiempos de sistemas presidencialistas inmersos en regímenes democráticos cuestionados considera que "La calidad de los actores del mundo político se convierte en una variable clave del juicio de los ciudadanos y también de la eficacia de la acción. Cuando las ideologías declinan, cuando la definición del interés general se revela más problemática y cuando el futuro parece incierto y amenazante, son en efecto los talentos y las virtudes de los gobernantes los que vuelven de manera significativa y sirven de puntos de referencia" (P. Rosanvallon, 2015)


En el caso específico de los Estados Unidos, la credulidad del electorado sobre Trump actúa como guía de la conducta futura del mismo, una poderosa carta de compromiso que representa el cordón umbilical donde los dispositivos formalizados de verificación de las promesas equivalen a un contrato en el orden político y a la autorización popular de mantener esa fina estructura representativa.


La confianza de los gobernados condiciona de manera pragmática las decisiones en política exterior de Trump, el diseño operativo para provocar al irascible régimen del ayatolá ha sido exitoso. En el imaginario occidental persiste la idea que la República Islámica de Irán oficia de régimen tirano y aunque también  es considerado como tal, la fe soberana juega un rol preponderante; el filósofo Georg Simmel propone que “La confianza es un intermediario entre el saber y el no saber acerca del otro” considerando que “Quien no sabe nada del otro, ni siquiera puede, razonablemente confiar”. En este marco teórico quienes mejores publicitan sus bondades “Estados Unidos asesinó al terrorista y segundo hombre más importante iraní” mayores votos de confianza obtendrán, sobre todo en el largo proceso electoral estadounidense.


Factores que preocupan


A pesar de las sanciones económicas, el régimen iraní sigue preocupando por diversos factores: posee mayor consenso político aún en el contexto de movilizaciones sociales; dispone de instituciones militares que están equipadas con modernos armamentos y con alta efectividad combativa; tiene importante cantidad de soldados profesionales, milicianos y reservistas con posibilidad de ser movilizados rápidamente y detenta avances científicos como los sistemas de misiles con gran poder disuasivo.

Sin embargo, el factor más preocupante para los Estados Unidos, es la posición geo-estratégica del estado persa y la clave del conflicto es el Estrecho de Ormuz puerta de entrada y salida al Golfo Pérsico y la ruta del petróleo más importante por la cual ejerce presión no sólo sobre los países que integran la región del Golfo sino también a todos los que componen la cadena de comercialización con esos países.

Aunque el enfrentamiento directo entre Teherán y Washington se ha desechado, cada acción y reacción genera preocupación a nivel mundial. Considerando la línea de esta editorial: “la confianza” es el prejuicio favorable que cuentan los altos mandatarios para emprender cualquier acción inmediata y la “desconfianza” se transforma en la institución invisible que puede perturbar el reconocimiento de la incondicionalidad otorgada para realizar las tareas confiadas sobre todo en el caso concreto de las decisiones en política exterior que lleve a cabo Donald Trump de cara a las futuras elecciones presidenciales del presente año.

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