30/05/2020
sábado 30 de mayo del 2020 - T
30 mayo 2020 - T
lunes, 20 de mayo, 2019 - 11:20 hs.
Alerta en el Golfo Pérsico

Cuando el país de la dinastía saudí equivocó el pronóstico al creerse vencedores entrando en guerra con Yemen en marzo de 2015 en una campaña contra los hutíes con la creencia de enfrentarse a un estado pequeño y débil viene inmediatamente a la memoria algunas reflexiones del escritor John G. Stoessinger (Director interino de la División de Asuntos Políticos de Naciones Unidas) en su obra Porque las naciones van a la guerra aclarando que “Hay una constante de la perspectiva que tienen todos los dirigentes cuando van a entrar en guerra: todos esperan la victoria tras una campaña breve y triunfante” y así lo entendió en ese momento príncipe heredero Mohamed Bin Salmán Al Saud, creyendo en una guerra rápida y letal para los hutíes.


A sabiendas que la custodia iraní podría ser un gran impedimento para lograr el objetivo del hijo de Salmán bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudí y jefe de la casa Saudí, puso en marcha una coalición de varios países que con el financiamiento de los saudíes era imposible pensar en el fracaso. Tanto Egipto; Los EAU; Jordania; Kuwait; Bahréin; Qatar sumando a los Estados Unidos y el Reino Unido, la Operación “Tormenta definitiva” era sólo un trámite.


El apoyo logístico de armamentos de los Estados Unidos y la contratación de mercenarios provenientes de Sudán y otros estados pobres africanos armados con Kalashnikov AK-47 y M-16 calibre 5.56 como sicarios de guerras, garantizaba definitivamente que Arabia Saudita aplastaría a los rebeldes en Yemen. Pero, ni la coalición, ni el financiamiento ni tampoco el ingreso de mercenarios bastaron para –que el único estado que lleva el nombre de una dinastía- asegurase que la operación sea exitosa aun sumando otras maniobras saudíes como los bloqueos navales que aislaron totalmente a la población yemení. La excusa perfecta era neutralizar a los “terroristas hutíes” sin importar la catástrofe humanitaria que conllevaría a Yemen, un estado pequeño y grande a la vez por su posición geo-estratégica en la península arábiga.


Cuando se lanza una guerra a “tientas y tontas” con la arrogancia del poder absoluto, repasar la historia de la guerra civil de Yemen del Norte entre 1962 y 1970 aunque sea por estrategia les hubiese recordado a los saudíes que dicho país tiene una historias de combatientes aguerridos. En los tiempos de Gamal Abdel Nasser (presidente egipcio) que lideraba la lucha en el Golfo Pérsico en los 60s a favor de los republicanos norteamericanos tuvo la peor equivocación de enviar un numeroso contingente de tropas a Yemen, un error que lo conduciría a posteriori a la fatal derrota en la guerra de los seis días contra Israel y libros escritos sobre los peores errores estratégicos del líder tercermundista. El actual presidente norteamericano Donald Trump parecería ir en ese rumbo con sus movimientos ajedrecísticos en el Golfo Pérsico, claro… Ninguna guerra de envergadura tuvo lugar en su territorio y esto lo despoja de empatías en relación a otros estados que viven en guerras continuas.


“Besa la mano que no puedes cortar”


El conde Alexander de Marenches oficial militar francés, asesor especial de los Estados Unidos durante la presidencia de Ronald Reagan y miembro del SDECE (Servicio de documentación externa de contra-espionaje) en sus glosas del libro “Secretos de Estado” parafraseaba el sub-título citado consideraba que la cuestión en Oriente tenía que ver con no subestimar al enemigo por más pequeño que éste fuese, porque esa asimetría en combate puede dejar en evidencia las debilidades del más grande.


D. Trump movió piezas fuertes sobre el mar enviando los portaviones Al USS Lincoln, bombarderos B-52 y el buque USS Arlington con sistemas antiaéreos Patriot, los cuáles se encuentran en Qatar mientras tanto el líder supremo de Irán, Alí Jameneí manifiesta que “Nadie debe temer la aparente grandeza de Estados Unidos, ni su despliegue en el Golfo Pérsico, porque su verdadero poder es mucho menor” (EFE) y que sólo se trata de una “guerra de voluntades”. Trump demuestra fibra militar pero deja entrever que hay algo de temor hacia La República Islámica de Irán y no es sólo el Estrecho de Ormuz. El presidente norteamericano tiene obsesión por derrocar al régimen que en febrero de 1979 propuso una nueva configuración regional con el derrocamiento del útlimo Shá de persia Mohamed Reza Pahlevi y el triunfo de la Revolución islámica en Irán con el nombramiento del líder supremo: el Ayatolá R. Jomeini. El difícil anclaje entre Irán y Occidente persiste hasta la actualidad aunque la tensión más cruenta es entre Irán y la República de Israel. Donald Trump se ha erigido como tutor de Israel con las concesiones tales como el cambio de la embajada de los Estados Unidos de Telaviv a Jerusalén; el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el reconocimiento que los Altos de Golán sirio como parte del territorio israelí.


Washington pretende hundir a Teherán en el caos social ya que Irán está cada vez más ahogada económicamente por las sanciones impuesta por los EEUU luego de la salida del Plan Nuclear (PAIC). La economía persa tiene números que pronostican vientos de guerra en la política interna iraní: El PBI prevé que caerá en 2019 un 6 %, Inflación mayor al 40 % y su Moneda devaluado al 30% panorama desalentador no sólo para Irán sino para sus socios europeos en Brusela-Berlín-Londres y Paris.


El temor de los Estados Unidos es compartido con la República de Israel y con los saudíes ya que el fortalecimiento de la rama musulmana shií en la región activa las alertas que suenan en Iraq. La gigante petrolera estadounidense Exxon Mobil en la República de Iraq ha evacuado a todo su personal extranjero del yacimiento West Quma 1 en la provincia meridional de Basora, alegando motivos de seguridad.


Debemos tener en cuenta que la zona sur de Irak constituye casi el 90% de la producción total del crudo del país, dato no menor para comprender la importancia de Iraq como pieza clave en este atolladero.


La conclusión es clara: A sabiendas que un enfrentamiento convencional directo entre Estados Unidos e Irán sería una catástrofe, Trump vuelve a rememorar viejos esquemas a través de la “construcción del enemigo” repitiendo la historia otra vez Iraq.

"Lo más grande es lo más ínfimo" (Victor Hugo)


Todo parece indicar que a los árabes saudíes -con mayoritaria población musulmana sunní- más allá de los odios históricos, le preocupa sobremanera los aliados que posee Teherán -con mayoritaria población chií- en Irak, Líbano y Siria. La sola mención del líder de la milicia shiita anti-estadounidense Kata´Ib Hezbollah (KH) en Iraq se transformó en el temor generalizado no sólo para Donald Trump sino para los estados de la región que ven la expansión de chiísmo como una amenaza regional. Si bien es cierto que la milicia shií y su líder Gamal Ibrahimi se encuentra en la lista de presuntos autores-intelectuales de atentados a las embajadas de Estados Unidos y Francia en Kuwait (1983); el asesinato del Emir de Kuwait en 1985; la persecución y ejecución sistemática de civiles sunnitas como también fue el apoyo logístico de Basar Al Assad en Siria, este identikit alienta en el mundo posturas anti-iraníes.


Pero si de ventilar se trata, los saudíes han realizado una propaganda de victimización al revelar el ataque con drones a infraestructuras petroleras (Oleoductos Este-Oeste) por los rebeldes hutíes de Yemen, siendo la noticia más globalizada porque era funcional al imaginario mundial la guerra entre los Estados Unidos y aliados contra Irán.


El escenario perfecto para el sensacionalismo, la estrategia del Shock de Noemí Klein una técnica genuinamente disciplinaria, paralizante que aniquila cualquier intento de razonamiento, la verdadera psico-política neoliberal que propone magistralmente el filósofo coreano Byung-Chul Han. La optimización de la violencia de la negatividad (negación de la realidad) es tan destructiva como la violencia de la positividad (la guerra como solución del enemigo creado). Mientras consideremos necesaria la guerra para neutralizar al enemigo estamos negando otras guerras que ya han destruido enemigos creados, me refiero exclusivamente a la guerra en Yemen, uno de los genocidios modernos velados y olvidados. La creación del título catastrófico “Golfo Pérsico camino al desastre” actúa como violencia negativa, quizás sólo así consideremos más importante la matanza sistemática de los yemeníes por las bombas árabes que la destrucción de los gasoductos saudíes por drones hutíes .


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

   


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Columnas anteriores
lunes, 13 de abril, 2020 - 18:02 hs.

La ley del mercado regulado por la oferta y la demanda no logra equilibrar el precio del petróleo en tiempos excepcionales con la expansión de la pandemia. El mercado mundial del petróleo se ha derrumbado precipitadamente, algunos analistas consideran la probabilidad de tratarse de la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.


La disminución del consumo mundial en el mes de abril 2020 al 30 % supera ampliamente la merma en la demanda y en el precio por b/d (barril diario) de petróleo al año 2008, en plena crisis financiera. Números comparativos en cuanto a la variación cíclica de los precios por barril p/d en el término de 12 meses nos permite analizar los porcentajes: Previo a la crisis financiera del 2008 el b/d según precio Brent europeo cotizaba en diciembre del 2007 a 90,93 U$S y en diciembre del 2008 a 39,95 U$S lo que implicó una baja aproximada del 56,25%; Previo a la pandemia COVID -19 en abril del 2019 el precio por b/d rondaba en los 71,23 U$S y en abril del abril 2020 cotiza a 21,38 U$S observando una tendencia de caída del precio por barril de petróleo diario en 70,08%.


Si bien el porcentaje 238% en la caída del precio del petróleo entre abril 2019 y abril 2020 activa las alarmas en el mercado internacional, el dato relevante comparado con la crisis del 2008 es que el “boom del fracking” se enmarca temporalmente recién a partir del 2010 dónde la producción aumenta notablemente por la viabilidad técnica de empresas privadas norteamericanas en la capacidad de perforar el subsuelo para alcanzar betas de gas natural y petróleo (antes descartable) mostrando su máximo apogeo en el término de cuatro años 2010 – 2014 en los Estados Unidos.


Regiones de Nueva México, la cuenca Pérmica del oeste de Texas y Dakota del Norte transformaron su fisonomía con el fenómeno de las petroleras independientes del ‘shale’ – técnica de extracción del petróleo y gas de las capas profundas de bituminoso de esquisto a través de perforación lateral e inyección de agua a presión – como Chesapeake Energy; Whitting Petroleum y empresas pioneras como ExxonMobil; Chevron Corporation y ConocoPhillips Petroleum. Este fenómeno de las petroleras independientes que colocaron a los EEUU como gran exportador y primer productor mundial también gestionó en favor de la caída de los precios del petróleo a nivel global por las nuevas incorporaciones de empresas dedicadas a la producción. El petróleo crudo; el condensado de arrendamiento –hidrocarburo líquido de baja intensidad- y los líquidos de las plantas de gas –NGPL- conforman los componentes de combustible líquido siendo el parámetro para medir las producciones de petróleo en sus diversas formas: crudo, condensado y gas. En la etapa de apogeo de “American first” en la administración del presidente Donald Trump durante el año 2018 la producción alcanzó records de casi 11.0 millones de b/d y en lo que respecta al gas –NGPL- duplicó en producción a los valores del año 2008.


En menor proporción Rusia también experimentó alzas en la producción de gas al 7% incrementando las exportaciones a China y estados de Europa. En el caso de Arabia Saudita el aumento de la producción se ha concentrado en el petróleo crudo anticipándose al acuerdo realizado por la OPEP en diciembre del 2018 que definiría los recortes de producción.


La carrera de precios del petróleo y del gas se potencia entre los EEUU y Rusia, sin embargo Arabia Saudita se adelanta en las decisiones debido a las ventajas en información e inteligencia que Riad posee sobre los países que integran la OPEP, sobre todo la “Ruta del petróleo” en el Golfo Pérsico. La franja temporal entre el 2008 al 2020 nos permite observar el desarrollo de la producción energética tanto de los EEUU, Rusia y Arabia Saudita, tríada determinante en las políticas petroleras en un escenario global atípico con la pandemia y un mundo en cuarentena.


Los Estados Unidos: del “boom del fracking” al “boom de las quiebras”


La incidencia de los bancos como vector importante en el financiamiento crediticio para las petroleras independientes son actores fundamentales en pos por cubrir el desfasaje entre el capital de base y el rendimiento de las empresas con el objetivo de compensar precios y volúmenes productivos.


El comportamiento cíclico del mercado del petróleo obligó al endeudamiento quebrantando la confianza por los balances negativos de las empresas en el 2019 con la depresión del precio del crudo y la imposibilidad de cumplir con los compromisos de deudas.


El Cheasapeake Energy es una de las tantas empresas que suspendió la cadena de pagos disminuyendo su presencia en los fondos de inversión transformando los bonos activos en bonos sub-prime (bonos basura) al mejor estilo de la crisis en Wall Street en 1929. En este contexto numerosos bancos de inversión como Bank of América Merrill Lynch y Goldman Sachs presionan para que la administración de Trump proceda al alineamiento con el Acuerdo – borrador realizado por OPEP + Rusia en el compromiso de la reducción de la producción de b/d de petróleo y con el objetivo de estabilizar los precios internacionales. Algunos holdings como Barclays (fondo de inversión británico) y JP Morgan Chase Bank están inmersos en una burbuja virtual, con la pretensión que el valor del petróleo se posicione por encima de los 70 U$S. Realidades paralelas: la virtual y la real.


Estados en emergencia y la excepción mexicana


Varias son las razones de prioridad en la agenda económica mundial por el precio del petróleo. Tanto Rusia como Arabia Saudita conocen en profundidad la situación que atraviesan las petroleras independientes estadounidenses dedicadas al ‘shale’ que no logran cubrir los costos a precios por debajo de los U$S 30. Si bien es el momento oportuno para una “guerra de precios” y colonizar las reglas de juego con respecto a la producción del petróleo y el gas, peligran no sólo las empresas privadas sino algunos estados que integran la OPEP como los productores que están por fuera de la Organización.


Los estados socios de la OPEP: Argelia, Angola, República Democrática del Congo, Guinea Ecuatorial, Gabón, Venezuela, Libia, Nicaragua, Irak, Irán y otros capean la crisis económica global con la caída del consumo y los precios con políticas económicas de estados asistencialistas cuyas reservas están en cero afrontando en la mayoría de los casos deudas públicas y privadas, escenario catastrófico que no podrán sostener a largo plazo. El desacato del acuerdo sería el derrumbe tanto para la OPEP liderada por Arabia Saudita; para la Federación Rusia como también para los EEUU y toda la red comercial integrada por otros países que dependen de las decisiones del núcleo duro petrolero. Pero el efecto catastrófico es el fuerte impacto en el desorden global en términos de sanidad y en términos económicos.


El péndulo mexicano


Abordar este fenómeno como un “Cisne Negro” nos facilita los fundamentos para explicar las políticas de “buena vecindad” entre Donald Trump y el presidente de México A. M. López Obrador. La reacción inesperada del presidente Trump en favor de México al asumir el compromiso del recorte progresivo de producción (ante la imposibilidad del estado mexicano) conduce a indagar sobre el dilema oscurantista ¿Cuál es la razón para proteger los intereses petroleros mexicanos?


México es un estado que actualmente acusa crecimiento muy negativa con agónica capacidad para afrontar los efectos de la coyuntura internacional por la pandemia y con precios en baja del petróleo. La respuesta podría centrarse en la Banca, los fondos de inversión de las compañías petroleras en Wall Street y pólizas de seguros que reaseguran un colchón financiero que permita amortiguar la caída de los precios.


El presidente norteamericano en un juego de retórica justifica el acto bondadoso hacia el estado mexicano, con temas sensibles como el resguardo de la frontera y los inmigrantes, cuando en realidad es Wall Street y es la Banca quienes le estiran el brazo para que Andrés Manuel López Obrador y su ferviente fidelidad a las políticas progresistas –populistas- no estalle por los aires. PEMEX conforma una red incalculable de empresas petroleras privadas que han depositado sus rendimientos en Wall Street con la venia poderosa del poder político.


En ese contexto hay un discurso velado por la bipolaridad: Estado interventor en la micro – economía y estado neoliberal en la macro; de otra forma las promesas del presidente mexicano arrasarían con el proyecto socialista al cual adhiere. PEMEX es una compañía estatal con servicios tercerizados considerados de primordial importancia para López Obrador y para el presidente Trump, sin embargo el claro oscuro está en el presupuesto estatal mexicano que ha sostenido en estos últimos años el precio de petróleo aproximadamente alrededor de los U$S 50 por b/d para la “canasta mexicana de exportación de petróleo”.


El gobierno mexicano irrumpe contra el acuerdo de la OPEP + Rusia porque no soportaría en términos financieros la disminución de la producción de b/d porque ya pactó un precio de amortiguación y reducir la producción implicaría la necesidad de inyectar más dinero al presupuesto paralelo que compone la canasta de exportación cuyo fin es resistir los embates del comportamiento cíclico del precio del petróleo. México alzó la voz en protesta ya que PEMEX no soportaría la caída de la producción como tampoco podrían sostener el complejo de yacimientos de Cantarell (la mina del oro negro mexicano) y el yacimiento de Sonda de Campeche de México sostén petrolero y gasífero de PEMEX ya que sólo seis de los 20 campos prioritarios están en plena actividad productiva y el presidente A. M. López Obrador fijó metas presupuestarias muy pretensiosas para el 2020.


Alinearse con Arabia Saudita significaría la hecatombe con efecto cascada para PEMEX y para todas la empresas tercerizadas que tienen sus acciones en Wall Street, poderosa razón por la cual el presidente Trump en un año atípico por la pandemia y las elecciones apuesta a derribar las dudas sobre otro Crack de Wall Street evitando plagar el mercado de futuras acciones sub-prime. Para algunos se trata de una “cuestión progresista”, para otros “maniobras de líderes populistas”.


El acuerdo en estado de permanente de revisión


El acuerdo de la OPEP + Rusia (plus) ambiciona disminuir la producción en 10 millones de b/d de manera progresiva, lo que equivale a casi el 10 % de la producción mundial. Riad y Moscú se comprometen reducir 5 millones de b/d, el resto de los estados que integran la OPEP conjuntamente con EEUU, Canadá, Brasil, Noruega y otros reducirán los restantes 5 millones restantes.


El escenario planteado es el siguiente: Arabia Saudita asume liderazgo en la región dónde su principal rival, la República Islámica de Irán no tiene poder de reacción por razones económicas, sociales, políticas y militares, por lo tanto el príncipe M. Bin Salman ejecuta decisiones que son trascendentales al conformar una alianza estratégica con el presidente ruso Vladimir Putin evitando la “guerra por el precio del petróleo” aunque ponderando la idea de futuros controles sobre la ruta de comercialización del mercado de hidrocarburos ruso en la región asiática y monitoreando de manera subyacente las relaciones entre Rusia y la Unión Europea con el gasoducto Nord Stream 2.


La íntima relación entre la política climática y la energética fue planteada nuevamente en la reunión virtual del G 20 donde los ministros de energía insisten en respetar la disminución al 0,50 % de azufre en Fuel-Oil establecido por la OMI “Organización Marítima Internacional” convocando a los “estados rectores” de puertos y ribereños a establecer políticas que profundicen mayor control en la regulación de la circulación de buques cuya combustión no exceda los límites impuestos de cantidad de azufre por cuestiones de carácter ambiental.


Por otro lado, los EEUU con gestos alejados de la realpolitik propone un Nuevo Contrato en las Relaciones Internacionales acuciado por los efectos de la pandemia y de la estrepitosa caída del precio del petróleo del 70,08% en un año. El presidente Donald Trump sostuvo de manera positiva las decisiones de la OPEP plus al considerar la disminución de la producción del petróleo y considerando que el acuerdo deberá superar los 10 millones de b/d, no obstante la preocupación del mandatario norteamericano está enfocada en el desplome bursátil, si el precio del barril sigue en baja ya que será imposible sostener las carteras de valores de las empresas petroleras independientes, muchas de ellas operando en suelo mexicano.


La centralidad de la preocupación es el boom de quiebras que incidirá directamente en Wall Street. La actividad especulativa está sellada por la historia económica de los Estados Unidos en el fatídico “jueves negro” con la caída de la bolsa en Wall Street en 1929, considerado el mayor apocalípsis financiero de la economía mundial. La burbuja estalló al sostener dos tipos de economías paralelas: la real y la virtual, esta última configuraba el boom especulativo bursátil sostenido en mayor medida con financiación crediticia bancaria, dejando a la vista la vulnerabilidad de la economía norteamericana.


El boom del ‘shale’ propone un escenario similar, esta vez con acciones que provienen del recurso petrolero cuya red tiene atascada a la mayoría de las empresas independientes petroleras, cárteles, holdings, trust, bancos, entidades financieras y sobre todo, numerosos Estados Políticos cuyas economías estaban desestabilizadas y actualmente devastadas con la pandemia del COVID – 19.

lunes, 23 de marzo, 2020 - 10:23 hs.

Estamos en guerra. Realismo puro que describe de manera alegórica la situación de gravedad en la que está inmersa la población mundial. Inicialmente una desconocida enfermedad que se expandía rápidamente fue bautizada como Gripe de Wuhan, luego la Organización Mundial de la Salud le otorgó el nombre de COVID -19 evitando la propagación de nombres que refieran a lugar específico; animal; individuo o grupos de personas. Sin embargo ciertos tecnicismos no logran la rápida concientización del peligro al que nos enfrentamos como la enfermedad misma.


No se trata de un episodio más de la serie de suspenso The Twilight Zone “La dimensión desconocida” es tan real como la cantidad de infectados y muertos en tan breve tiempo.


La alteración en la percepción de la realidad de los individuos configura el desorden mundial por cierta perturbación global en la desorganización de los “yoes” construyendo mundos propios y conglomerado de narcisistas que actúan en función provocando cataclismos. En palabras de la psicología y apelando a reduccionismos, la psicosis perturba y re formula la percepción de la realidad.


Miedos, fobias y oportunismos conviven en un mundo en pánico ante el avance de la peste, mientras tanto, y desde la política, los estados ejercen el poder disciplinando generando orden y homogeneizando las conductas que en palabras del filósofo Michael Foucault en su obra “Vigilar y castigar” se propone la configuración de un tipo de sociedad disciplinaria cuyo objetivo es “trazar el límite exterior de lo anormal, es decir, normalizar”


El mundo se ha convertido en un panóptico dónde los movimientos son controlados, un aparato arquitectónico dónde se sostienen las relaciones de poder. La Pandemia requiere ser analizada desde un abanico multidimensional, sin embargo el miedo paraliza.


Estamos en guerra contra un virus letal, aislados detrás de las puertas y sin contacto con el exterior, pero ¿A qué nos enfrentamos? ¿A una guerra bacteriológica? ¿Bio-terrorismo? o ¿La manipulación de agentes biológicos preparados para vulnerar los servicios sanitarios? Infinitas preguntas con respuestas per se y no tanto.

Retomando a Foucault, es la “bio-política” en su máxima expresión que administra frente al siniestro la vida de las poblaciones y utiliza el “ana-tomopoder” educando y disciplinando para que sean más útiles esos cuerpos sociales.


Escenario previo

Los innumerables indicadores sociales desde la crisis del 2008 perturban pero reconstruyen un mundo dislocado por la inestabilidad social y la violencia política.


La actual fragmentación social global y la deficitaria salud de las finanzas ofrecieron durante los últimos años diferentes escenarios de movimientos sociales donde las masas contribuyeron a develar el caos en el cuál estábamos inmersos: La guerra comercial entre China y los EEUU; La rivalidad sistémica entre Hong Kong y China; El enfrentamiento Irán – EEUU; El BREXIT; La Unión Europea inmersa en una crisis financiera; Las rebeliones árabes; La nueva fase de la guerra en Siria; Las variaciones cíclicas del precio del petróleo; Los levantamientos en América Latina; La crisis de los refugiados; Mares como cementerios de inmigrantes y tantos otros.


No obstante la agenda de conflictos del presente año 2020 es significativo para reflexionar y analizar hacia dónde nos dirigimos: El asesinato de Qasem Soleimani por parte de EEUU; el acuerdo del Siglo entre EEUU e Israel; Los Talibanes y el acuerdo con Washington; el co – gobierno en Libia y la incursión de Turquía y Rusia; la rivalidad entre Ankara y Moscú por Idib en Siria; La rivalidad entre Pakistán e India; la guerra de precio por el petróleo entre saudíes y rusos; las presiones económicas ejercida por la Casa Blanca a todo aquel que incumpla las directivas de comercialización y más.


Un mundo cada vez más retorcido por las luchas de poder y hegemonías regionales; las masas en las calles embanderadas detrás de diferentes causas; líderes que se devalúan al compás de los acontecimientos sin poder, en algunos casos, con dificultades para formar gobiernos o alianzas sólidas; modelos desgastados entre extremas derechas que avanzan marchando acercándose a las esferas del poder político de la mano de sus electores y los líderes progresistas que no pueden cumplir sus promesas.


Es pertinente entonces, volver a preguntarnos ¿En qué mundo vivíamos antes del COVID – 19?


¡Quedate en tu casa!


No sabemos con certeza a qué enemigo nos enfrentamos, si podemos intuir que no se trata de un descuido o de ciertas prácticas culturales.


¿Hay un plan para reorganizar el Sistema imperante? Puede ser, el devenir de la historia ha demostrado la mutación de los sistemas y las formas de generar sus propios anticuerpos. Hasta ahora hemos sido testigos de crisis económicas (comerciales y financieras), políticas o sociales, sin embargo esta vez hay un diagnóstico catastrófico, se trata de un poderoso agente biológico que daña la salud de la población.


Las sociedades que se relajan se mueren y las precavidas pueden enfrentar esta pandemia. A estas alturas no importa la procedencia de la peste, ya tendremos tiempo para desglosar las diferentes aristas.


Estamos en guerra y no hay franjas etarias, ideológicas, étnicas ni religiosas. Este agente biológico que bien podría ser caracterizado como arma biológica –para debatir- hace uso de organismos vivos, es un vector que proyecta, disemina, se dispersa y es resistente a ciertos medicamentos –otra discusión- no hay antídoto, sólo la conciencia y la solidaridad ciudadana. Si no conoces dónde se esconde el enemigo ¡quedate en tu casa! es el lugar más seguro para enfrentar esta guerra, sin miedos y dominando la psicosis, sólo así saldremos del encierro y volveremos a ser libres de todo tipo de dominación.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

domingo, 15 de marzo, 2020 - 22:05 hs.

Ante la evidencia de Estados que han incurrido en errores de cálculo adoptando tardíamente decisiones fundamentales para la sanidad nacional, la pregunta que subyace es ¿qué esperamos?


Quienes juegan a la lotería sobrestiman las probabilidades que tienen de ganar debido a la ceguera frente a las posibilidades y al tratar del mismo modo entre miles que la de entre un millón. La miopía y de miras cortas considera ignorar los sucesos que son “no repetibles” y por lo tanto se sobrestima.


China; Italia; Irán; Corea del Sur; España; Francia; Alemania; EEUU y una lista interminable de países que están en emergencia por esta Pandemia nos conducen a diagramar un mapa de la evolución del brote como también las formas tardías en anticiparse a las fases evolutivas del virus. No son tiempos platónicos ni de agobiantes superficialidades ni tampoco tiempos para utilizar la narrativa imponiendo un mapa equivocado de probabilidad de los sucesos, la observación día a día no garantiza que estemos visualizando el Cisne Negro, quizás una observación desapasionada de nuestras experiencias pueda incluirnos dentro del grupo de los equivocados.


Considerar la equivocación como aprendizaje como también la anticipación a la rareza y a ponderar lo que no sabemos por lo que sabemos.


En la antecámara de la esperanza con sociedades cuyo mecanismo de recompensa necesita resultados tangibles y sistemáticos, el COVID – 19 encuentra cuerpos portadores y globalizantes aunque también deja entrever algunos líderes mundiales que encuentran en la paranoia global el momento oportuno para gestionar en beneficio propio.


Un escenario de especulaciones


El enfrentamiento entre Arabia Saudita y Rusia por el precio del petróleo deja en evidencia las pretensiones hegemónicas de ambos estados dentro de la OPEP - Plus. La dramática coyuntura económica global asociada a la pandemia del COVID - 19 expone la subestimación del impacto por error de cálculo que puede generar el enfrentamiento entre príncipe saudí Mohamed Bin Salman y el presidente ruso Vladimir Putin.


El fracaso en la ronda de negociaciones en el recorte de la producción de petróleo implica serias amenazas a la estabilidad de la economía global que depende en parte de ese recurso y de la pulseada entre Riad y Moscú ya que pueden asfixiar la producción de shale oil de los EEUU. Los argumentos para considerar esta crisis del petróleo como una guerra de precios por demolición parecen desconcertantes pero validan la idea de ruptura de la OPEP con Rusia en un contexto de “Crac” global con el COVID - 19 y el pánico financiero.


La ola de temor se expande y deja en evidencia la incapacidad de algunos líderes de resolver los efectos de este cóctel explosivo entre el petróleo, finanzas y salud. El impacto del coronavirus en la demanda y la oferta del petróleo activan las alarmas por la caída del crecimiento global de la economía. Las tasas de interés siguen siendo un gran problema para Europa (negativas) y para D. Trump que presiona a la FED para seguir en baja.


El desconcierto de esta crisis global es el origen, en este caso es una combinación de factores que no dependen de lo estrictamente bancario, única justificación para tratar de comprender la falta de reacción rápida para atenuar los efectos. Abordar diferentes variables para explicar la lógica de este “Cisne Negro” es el desafío ya que se trata de un proceso caracterizado por su “rareza”, gran impacto e invención de argumentaciones para explicar la existencia del mismo.


Cuando lo relevante es lo sensacional


Nuestras emociones están diseñadas para la causalidad lineal.


Mientras los grandes títulos de las noticias se posan sobre la expansión del Coronavirus, hay pequeños apartados desproporcionados en tamaño con efectos proporcionales al COVID -19, pero a largo plazo.


En Rusia, Vladimir Putin firmó la ley que modifica la Constitución rusa permitiendo al premier postularse dos veces más a la reelección con la posibilidad de perpetuarse hasta el año 2036, en Arabia Saudita el príncipe Mohamed Bin Salman encarceló a varios miembros en la línea sucesoria directa de la familia real por estar sospechados de “traición” en un contexto político cerrado y viciado de irregularidades. Sin alejarnos tanto geográficamente, en EEUU el año electoral marca el pulso de la contienda entre demócratas y republicanos ¿Podrá Donald Trump capear la tormenta que se gestó en Asia impactando en el corazón de la Casa Blanca?


El boomerang de la crisis multi-causal no exceptúa al contrario, condiciona.


La confianza del electorado es más potente que el dinero, es por eso que las inversiones en confianza no son menos importantes que las inversiones en capital humano o maquinaria. ¿Será la pandemia global destructora de la confianza?


La batalla es compleja y polifacética y en el caso específico del presidente norteamericano enfrenta un Cisne Negro. ¿Cuántos son los líderes mundiales que reconocen la rareza? Y ¿Cuántos se posan en la incapacidad de predecir el curso de la historia ante la dinámica de los acontecimientos?


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

sábado, 7 de marzo, 2020 - 09:37 hs.

De la epidemia en China a la Pandemia global, el Coronavirus o COVID – 19, nombre abreviado CO (corona) VI (virus) D (disease – enfermedad) según CDC (Centro para el control y prevención de enfermedades) ha dejado expuesta la vulnerabilidad global por la expansión de un nuevo tipo de coronavirus.


La Organización Mundial de la Salud identificó el origen del foco en Wuhan (China) no obstante el país asiático tiene experiencia en cuestión de distintas tipologías de coronavirus, como ejemplo, el SARS (Síndrome respiratorio agudo y grave) que provocó un brote en el año 2003 en la provincia de Guangdong, causando numerosas víctimas en China.


Esta nueva versión viral demuestra la fragilidad del mundo ante nuevos desafíos. El aumento del flujo poblacional en constante movimiento sea por turismo, trabajo, migraciones forzadas u otros, determina la alta vulnerabilidad en términos de salud y prevención de enfermedades en los diferentes puertos de entrada y salida de los países.


No hay mecanismos para prevenir este tipo de pandemia, sólo después, de anunciada la catástrofe.


Hasta que el gobierno de Beijing activó las alarmas, millones de personas modificaron su ubicación y generaron contactos con otros, la cuarentena o el aislamiento en países altamente poblado como China, no eliminó la emigración del virus generando caos que se magnificó a través del miedo y el pavor al contagio.

La psicosis social se pone de manifiesto y reordena la agenda mundial del terror, aunque algunos intentan minimizar las consecuencias, otros alientan a mantener y profundizar el estado de shock que genera el por diversos intereses. Sin embargo otros virus letales como el Ébola; Zika o la fiebre amarilla (algunos ejemplos) no causan en la actualidad tanto temor como el coronavirus a nivel global.


La psicosis global como efecto colateral

El exacerbado miedo arengado por la psiquis en proceso de aislamiento propone nuevos escenarios de fobias globales. El estigma de la soledad producto de las cuarentenas promueve sociedades más cerradas y muros más altos por la intolerancia.


Cuando transcurra el temblor, en el memorándum de algunos estados se acentuarán las políticas que arremetan contra los flujos migratorios comulgando frenéticos postulados nacionalistas. En este contexto, los contratos sociales, políticos y económicos a nivel mundial seguramente serán otros y algunos estados han comenzado a implementar una sucesión de transformaciones.


En los Estados Unidos, en pleno proceso electoral, el presidente Donald Trump evalúa las tácticas disuasorias contra los demócratas temiendo que la pandemia afecte la zona de “confort” electoral en el entorno de la grieta republicana y el abanico de candidatos que promueve la oposición. A su vez, el Comité Monetario de la FED decidió bajar las tasas de interés con el objetivo de resistir no sólo los embates de la tensión comercial con China sino también los efectos recesivos que han comenzado a manifestarse en este primer trimestre en la economía global.

En el caso específico de China la vigilancia se centrará en torno a las consecuencias económicas que el coronavirus ha suscitado teniendo en cuenta que ciudades - capitales se han transformado en “ciudades fantasmas”. El gran desafío para Xi – Jinping será mantener la confianza social en el régimen político por el grave precedente que dejó el SARS.


Otros estados como la República Islámica de Irán probablemente advertirá la necesidad de generar nuevos acuerdos comerciales con los Estados Unidos y la Unión Europea, intentando promover mecanismos de reactivación económica por los efectos devastadores del aislamiento generado por el coronavirus que sepultó la economía iraní.


El Brexit, consolidado, ha otorgado indirectamente entidad al factor “inmigración” que fue uno de principios que derivó en la salida efectiva del Reino Unido de la Unión Europea, por lo tanto Gran Bretaña ha capitalizado los efectos de la pandemia como reaseguro que “la tradición británica no comete errores”.


Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) los efectos económicos serán: abruptos en Italia, menores en Francia, leves en Alemania y ligeros en los Estados Unidos, aunque estimula las alertas sobre el cóctel explosivo para el mercado bursátil: exceso de deuda financiera, sobre valoración de las acciones y economías en recesión. La red del sistema financiero transmite a gran velocidad “la desconfianza” en los mercados impactando directamente en los ciclos cortos de la economía.


Sin embargo el escepticismo trasciende los números macro-económicos instalando otro factor: el brote psicosocial, producto de las construcciones que el hombre hace a partir del miedo promoviendo sociedades más hostiles en un mundo cada vez más adverso, más individualista y menos empático.


El coronavirus es el enemigo oculto que puede transportar cualquier persona y por lo tanto no es apocalíptico señalar que estamos inmersos en una de las peores guerras: la fobia social.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

miércoles, 19 de febrero, 2020 - 09:34 hs.

El Estado de Libia está inmerso en una guerra civil donde co-gobierna por un lado el GAN (Gobierno Libio de Acuerdo Nacional) liderado por Fayez Serraj en Trípoli al oeste de Libia, respaldado por la ONU con reconocimiento internacional de los Estados Unidos, Qatar, Turquía y la Unión Europea, aunque con escasa legitimidad y por el otro el ENL (Ejército Nacional Libio) liderado por Jalifa Haftar en Tobruk cuya sede se asienta en Bengasi, al este de Libia, ex coronel de Muammar Gaddafi y respaldado por Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania y Rusia.


El legado de la cuestionada primavera árabe del 2011 y luego de nueve años de la intervención de los EEUU y la OTAN y el posterior derrocamiento de Gaddafi, ofrece en la actualidad un nuevo escenario que provoca tensión internacional debido a la fuerte injerencia de Turquía que apoya a Fayez Serraj, con el cual ha firmado acuerdos de cooperación, y Rusia que respalda a Jalifa Haftar.


Tanto Ankara como Moscú comparten intereses en cuestiones de cooperación militar, de inteligencia y seguridad en Libia y el Mar Mediterráneo se ha convertido en el espacio común que genera ruptura en el equilibrio geo -político de la región. Grecia, Chipre, Egipto e Israel son piezas fundamentales en el juego de ajedrez que lideran los dos bloques libios, para minar y controlar los intereses turcos y facilitar a la Unión Europea la ruptura del fuerte lazo dependiente que tiene con Moscú en materia energética, específicamente en la construcción de gasoductos.


Las mesas de diálogos gestionadas por Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan y Angela Merkel en Moscú y Berlín por el cese al fuego, fueron fallidas. La tregua fue rebatida por ambos bandos, por un lado Haftar con las misiones militares dirigidas sobre Misurata para presionar a Trípoli y por otro lado en Trípoli le llegaban combatientes de estados aliados a Serraj en el aeropuerto de Mitiga.


La mediación internacional a través de la Conferencia Internacional en Berlín celebrada el 19 de enero del presente año, preveía el alto al fuego entre el ENL y el GAN como también el embargo a la importación de armas a Libia. El borrador con las medidas delineadas en dicha Conferencia fue elevado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para emitir una resolución que estableciera formalmente el Alto al fuego, sin embargo, de los cinco miembros permanentes sólo Rusia se abstuvo aduciendo que no estaba claro si las dos partes en Libia acataron las decisiones de la Conferencia en Berlín, ya que entre el 19 de Enero (Berlín) y el 12 de Febrero (ONU) la situación en Libia empeoraba.


Otro actor imprescindible para comprender la complejidad de la guerra, es la incursión de la Hermandad Musulmana ya que algunos integrantes son dirigentes del GAN que apoyan a Fayez Serraj. Los Hermanos musulmanes son resistidos por el bloque de países que apoyan J. Haftar como la República Árabe de Egipto, Rusia y los árabes saudíes quienes consideran “terrorista” a la organización islamista.


El escenario bélico en Libia refleja, al igual que Siria, la relevancia de la presencia de Turquía y Rusia disputándose lugares preferenciales en la lucha por diversos intereses en la región, no obstante persiste la confusión desde donde se está gestando la tempestad.


Nueve años de caos, una mirada retrospectiva


Dos gobiernos paralelos en un país petrolero exhiben el fracaso político en torno al derrocamiento y asesinado de Muammar Gaddafi después de 42 años de autocracia. La incursión de la alianza Estados Unidos; Reino Unido y Francia en apoyo a la insurrección contra Gadafi provocó la huida del mismo quien fue capturado y asesinado en Sirte (Surt, ciudad en el desierto libio). La noticia que consternó al mundo tenía su razón, se percibían vientos de desgobierno por las tensiones históricas entre las tribus que controlaba a sangre y muerte el coronel Gadafi.


La memoria histórica de la descolonización pos-segunda guerra mundial generó un déjà vu, la única columna institucional que provocaba confianza contra las guerras tribales eran las Fuerzas Armadas Nacionales entrenadas y supervisadas por las potencias colonizadoras.


Al factor militar y étnico se debe agregar la división territorial histórica en tres regiones importantes: Tripolitania; Cirenaica (Tobruk y Bengasi) y Fezán (zona desértica) reunidas todas en 1934 bajo el mandato italiano. La cohabitación entre tribus y clanes con diferentes dialectos árabes como también la heterogeneidad de etnias tales como: taregs, tubus, bereberes y árabes, fue sometida bajo las fuerzas de Gadafi, pero al desaparecer el líder, vuelven a resurgir los odios históricos para vengar las alianzas que algunas tribus realizaron con los poderosos de turno.


En ese contexto en el año 2014 aparece la figura del ex coronel J. Haftar quien consideró oportuno inclinarse hacia Occidente, específicamente EEUU siendo el instigador de la “Operación Dignidad” y gestionando elecciones en un órgano legislativo creado para la nueva causa: La Cámara de Representantes. Las Fajr Libia (amanecer libio) milicias islamistas que tienen fuerte presencia en Trípoli, expulsaron a Haftar y éste se trasladó a la ciudad de Tobruk, donde formó un gobierno paralelo gestando así un país con dos gobiernos y dos parlamentos.


La ventaja del oro negro y la desventaja de la migración


El yacimiento Al Shahara ubicado en el sur del país en la cuenca Murzuq, el mayor del país, a menudo sujeto a bloqueos y saqueos de las diferentes milicias, es administrado por el gobierno del Jalifa Haftar y rivaliza con la Compañía Nacional de Libia de Petróleo (NOC) controlado por el gobierno de Fayez al Serraj.


El golfo de Sirte representa la zona de la “Media luna del petróleo” por donde transita el 50 % de las exportaciones de crudo libio en los puertos: Zueitina, Al Sedra, Ras Lanuf y Akdaboua y Jalifa Haftar cuenta con el control territorial de los yacimientos petroleros de Al Shahara y Al Fil, quedando en posición inmejorable con respecto a Serraj.


No sólo dos gobiernos y dos parlamentos sino también dos compañías de petróleo se enfrentan en Libia y la consecuencia económica es la caída de la producción a más del 50 % (aprox. 800 mil barriles de crudo diarios) por los constantes bloqueos a los puertos, según la Corporación Nacional de Petróleo de Libia.


El estado de Libia es el noveno país de mayor reserva de petróleo del mundo miembro de la OPEP y los yacimientos de petróleo son considerados actualmente como objetivos militares, sin embargo subyace el interés internacional de cuidar los recursos libios: Petróleo, gas de petróleo y refinado de petróleo por Italia, Alemania, España, Francia, China, Turquía, Túnez y EEUU hacia dónde se dirigen las exportaciones de los productos libios mencionados.


Otro factor problemático de difícil resolución para la UE, lo constituye la emigración de personas hacia por el Mediterráneo y Libia es uno de los puntos fronterizos desde donde parten los emigrantes convirtiéndose en presas fáciles de mafias y grupos que se dedican al tráfico de personas, la operación aeronaval europea conocida como “Operación Sofía” para rescatar migrantes tuvo, en parte, una motivación humanitaria, sin embargo se transformó en el llamador de los traficantes de personas. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) advierte sobre la emigración económica de población subsahariana que pasan por Libia convirtiéndose en estado-trampolín hacia la UE en condición de refugiados y en la búsqueda de mejores condiciones de vida.


El Estado de Libia por su posición geopolítica suscita interés; por sus recursos genera atracción y por su complicada estratificación social y la heterogeneidad étnica es un estado atrápalo-todo de grupos delictivos que acuerdan con grupos facciosos cuyo único interés es el control del Estado hasta aquellas etnias que por fuerza dominan a las demás y pactan con el poder de turno sólo por el control de una porción de un estado que está inmerso en una “proxy war” lo cual transforma al país en complejo e impredecible.

Desde Trípoli en abril de 2019, se lanzó la operación militar denominada “Volcán de ira” contra las fuerzas de J. Haftar luego que el primer ministro libio Fayez Serraj reconocido por la ONU considerara las acciones militares del ex coronel como “una puñalada trapera” contra el proceso de paz. Serraj ha lanzado una caza de brujas contra sospechosos dentro del propio ejecutivo por apoyar al militar y ha dado la orden de avanzar por todos los frentes, destruyendo las esperanzas de los libios hacia un futuro democrático.


A nueve años de guerra, la Unión Europea ha mantenido un tibio apoyo al bloque liderado por los EEUU, y la problemática que más atañe a los intereses de los europeos es la masa migratoria que huye por el Mar Mediterráneo, siendo esta el factor más relevante que derivó en el Brexit.

Ante las maniobras de Turquía y Rusia, el alto representante de la política exterior Josep Borrell ha dado luz verde a una operación naval y aérea en Libia, para controlar la parte oriental de las costas libias y frenar el tráfico de armas sin embargo aunque los veintisiete estados acordaron, es resistido por algunos estados integrantes porque no todos están comprometidos en la re-ubicación de los inmigrantes.


Nuevamente el ala militar de un estado en el Magreb árabe capitaliza la atención internacional ya que otro volcán eruptivo de conflictos después de Siria consolida la idea que algunas potencias apoyan férreamente “el caos constructivo”.


La lista es extensa, pero Libia es visible por su potencial petrolífero y por el temor que genera en el continente Europeo las masas migratorias que intentan ingresar por Italia huyendo de la guerra. Una vez más el interés por el oro negro y el desinterés humanitario son factores detonantes de la guerra y atenuantes de la paz.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

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