08/07/2020
miércoles 08 de julio del 2020 - T
08 julio 2020 - T
viernes, 26 de abril, 2019 - 10:28 hs.
Precios inflados

El manejo de la macroeconomía ha generado que los argentinos no sepamos el verdadero valor de los productos que producimos y consumimos a diario, llevando a que la microeconomía se transforme en una pesadilla.


Los grandes formadores de precios con posiciòn dominante en el mercado han distorsionado la naturaleza de los costos y antepusieron su apetito voraz a las necesidades básicas de los consumidores.


De esta manera, cualquier movimiento imperceptible del dólar o algún signo de inquietud con respecto a la moneda norteamericana, termina impactando en las góndolas y engrosando los índices de inflación.


Por las dudas, como siempre aconteció en Argentina, las variaciones en la política monetaria han sido utilizadas por estos grupos económicos para hacer grandes diferencias de dinero a su favor.


Forman parte de los que nunca pierden, pase lo que pase en el país.


Ante esta nueva situación planteada con los precios congelados de 64 productos de la canasta básica, la responsabilidad del Estado pasa por asegurar que el acuerdo se cumpla según lo establecido, pero también debe revisar la trazabilidad del resto de lo expuesto en la góndolas para determinar si se cometen atropellos.


Las diversas metodologías utilizadas por supermercados e hipermercados, proponiendo descuentos sustanciales y ofertas antojadizas, desnudan la verdadera trama utilizada para enmarañar mucho más la economía del consumidor y aportan en grado sustantivo a la volatilidad de los precios.


En esa nube de imprecisiones, entonces, navega diariamente el argentino que gana en pesos y debe comprar defendiendo su dinero.


También enfrenta esa misma situación el pequeño y mediano empresario, el productor agropecuario, el comerciante y todos aquellos hacedores de actividad económica genuina que aportan a la generación de empleo en el país.


Estos son los renglones de la sociedad que soportan los vaivenes de la macroeconomía y sienten en carne propia los efectos devastadores de cada ciclo inflacionario, por lo cual cualquier política económica que pretenda cambiar este plafón de crisis, inexorablemente tendrá que pensar en incluir a estos motores sociales.


Por ahora, sólo ensayan defensa ante un escenario donde la confusión entre precio y valor no es inocente.-


@danieltemperoni


 

   


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Columnas anteriores
viernes, 3 de julio, 2020 - 13:18 hs.

En estos tiempos de crisis sanitaria, excepcionales y desconcertantes para todos, aparecieron los agoreros de siempre.


Salieron de la oscuridad de sus silencios y comenzaron a sembrar un mar de dudas sobre el propio esfuerzo de millones de argentinos.


Estuvieron poco más de tres meses desaparecidos de la escena nacional y regresaron con sus mensajes negativos y desmoralizadores.


No conciben que se plantee la necesidad de continuar con la ayuda del Estado a los sectores más comprometidos por el freno epidemiológico que sufre la actividad económica.


La simplista ecuación numérica sobre la cantidad de contagiados por coronavirus y los que han fallecido producto de esta enfermedad, sencillamente los pone a comparar qué pasa con el resto de los países de la región y, si no alcanza, buscan esos parámetros en naciones del primer mundo.


Todo pareciera fluir por el camino de las matemáticas y casi nada por el sendero de la empatía, la solidaridad y la entrega que han elegido las argentinas y los argentinos que vienen poniendo toda su energía para enfrentar a esta pandemia que nadie esperaba y para la que el mundo no estaba preparado.


En su mirada no entran los esfuerzos sanitarios, ayudas alimentarias y soportes sociales.


Claramente han marcado su territorio y su filosofía, rodeados de un halo individualista que preocupa profundamente por sus alcances futuros.


Sobre todo porque ya pasada la emergencia sanitaria, vastos sectores de la sociedad que ya se encontraban en situación comprometida necesitarán del acompañamiento para finalmente ser parte del todo.


No obstante estas posturas ya conocidas y reactualizadas según las  circunstancias, la apuesta por la salud sigue siendo lo más inteligente como parte de ese pensamiento que no entiende a la economía si no está al servicio de la gente.


Cada sacudón de los agoreros deja en evidencia sus intereses y destaca el esfuerzo de aquellos que entienden que de las crisis se sale entre todos.


Siempre se necesitará del empuje de los imprescindibles, porque sin ellos no habría historia, no existirían los cambios, no tendríamos esperanza.


Los otros, son los de siempre.-


@danieltemperoni


 

viernes, 26 de junio, 2020 - 13:17 hs.

La pandemia nos encontró intentando remontar una crisis profunda y todavía se busca la mejor manera de afrontar la pesada deuda externa que siempre persigue como una sombra negra a cualquier proyecto de crecimiento nacional.


Si bien el país ya registra actividad superior al 85%, el área metropolitana concentra casi el 90% de los contagios por Covid-19 y es allí donde precisamente está la mayor porción de pymes que aún no pudieron empezar a producir.


Ya se trabaja en legislar el teletrabajo como una manera de empezar a entender por dónde irá la cuestión laboral después de que dejemos atrás la pesadilla generada por el coronavirus.


No obstante, la rueda económica y social tardará algún tiempo para estar al ritmo deseable en cualquier economía que intente producir, vender y renovar stock merced a la demanda del mercado interno.


Otra historia muy distinta será el renglón de las exportaciones, más allá de los commodities, porque el mundo se está encontrando ya con China y Estados Unidos metidos de lleno en una guerra comercial global como nunca antes se imaginó, aún con efectos mucho más negativos que aquella sequía de combustibles de mediados de los ‘70.


Por todas estas razones, el Estado, los empresarios, los sindicatos, más todas las formas de asociativismo, deberán sentarse a una mesa y buscar los caminos del entendimiento.


Se habló mucho durante la última campaña electoral de la necesidad de enhebrar un consejo económico y social, y el presidente Alberto Fernández ha mencionado reiteradamente que se necesita un nuevo contrato social en la Argentina.


Entonces habrá que reconocer que la crisis anterior y la que se sumó por la pandemia, nos puso a los argentinos en la enorme necesidad de llegar a objetivos comunes por la vía del debate ordenado y fructífero, donde todos pongan lo mejor de sí y nadie se haga el distraído a la hora de empujar.


Para esto se necesitarán interlocutores que estén convencidos de que esta es la manera de encontrar la salida a las tremendas dificultades que deberemos afrontar entre todos.


Miles de micro, pequeños y medianos empresarios van a requerir de líneas crediticias blandas que tendrán que salir de los jugosos dividendos que se han llevado los bancos durante tantos años.


Generar trabajo genuino e incorporar a quienes hoy están fuera del sistema, aparecen como ejes necesarios de este acuerdo nacional.-


@danieltemperoni


 

viernes, 19 de junio, 2020 - 13:23 hs.

Antes de que llegara el coronavirus al país, la realidad social mostraba claramente que las necesidades de millones de argentinos se hallaban en un punto crítico y creciendo a una velocidad exponencial.


Como base estadística, los trabajos del Observatorio de la Universidad Católica Argentina fueron contundentes con respecto a esta problemática de base y estructural que sufre gran parte de la población.


Una mirada actualizada a partir del informe sobre “Condiciones de vida de las infancias Pre-pandemia Covid-19”, señaló que en 2019 el 59,5% de los niños que viven en zonas urbanas pertenecen a un hogar en situación de pobreza con relación a los ingresos.


Esa misma proyección encontró que el 14,8% de las familias son indigentes.


El reporte en cuestión detalló que “a lo largo de estos años, la indigencia siguió una tendencia estable, pero en el último período interanual experimentó un incremento de casi 4 puntos porcentuales”.


También subrayó que “la pobreza monetaria tuvo más fluctuaciones, pero en los últimos cuatro años experimentó un incremento de 13 puntos porcentuales a nivel de la población infantil de entre 0 y 17 años”.


Siguiendo con los resultados del dossier, la pobreza pasó de 49,9%  en 2010 a 59,5% en 2019, mientras que la indigencia trepó de 9,5% a 14,8% en igual período.


Con todo, los niños con necesidades básicas insatisfechas disminuyeron de 33,9% a 27,6%.


En el Gran Buenos Aires la situación de pobreza infantil alcanzó 69,8% y en las áreas metropolitanas 54,1%.


Definitivamente, los niños bonaerense son los más afectados en cuanto a la incidencia monetaria, ya que la indigencia llegó a 19%.


La fotografía de finales de 2019 sintetizó el proceso evolutivo de la última década y fue tremendamente claro respecto de la situación con la que se enfrentó socialmente la aparición de la pandemia de Covid-19.


Justamente donde hoy se encuentra el 88% de los contagios de la enfermedad, es decir el AMBA, es donde la imagen de pobreza e indigencia es mucho más cruda.


Cuando esté ganada la pulseada epidemiológica, la otra batalla por dar será la inclusión social de millones de niños y jóvenes, si realmente queremos tener futuro como Nación.-


@danieltemperoni


 

viernes, 12 de junio, 2020 - 13:14 hs.

Las necesidades derivadas de la pandemia de coronavirus, han generado un efecto altamente positivo surgido de las diversas organizaciones ciudadanas.


Encastrando de manera aceitada con los servicios que el Estado bajó al terreno en los barrios, se fueron encolumnando en esta tarea las sociedades de fomento, ong´s, fuerzas políticas, movimientos sociales, la Fundación de la Universidad Nacional de Mar del Plata, entidades del asociativismo, trabajadoras y trabajadores de la economía popular, y vecinos.


Allí donde había una necesidad previa a la crisis sanitaria, se organizaron los comités barriales de emergencia en una treintena de puntos territoriales donde se imaginó que la solidaridad cotidiana no alcanzaría a cubrir los escenarios futuros.


Y de esta manera, desde esos vértices de acción coordinada se vienen abasteciendo a los comedores que hoy se ven altamente concurridos.


Muchos de los alimentos llegan por vía estatal, pero también los acercan aquellos grupos de pequeños productores que se diseminan por la geografía del distrito y que han logrado también incorporarse a los mercados barriales que recorren semanalmente las plazas y espacios abiertos marplatenses.


Esta coordinación de los CBE ha logrado descentralizar y a la vez focalizar las problemáticas, apurando las respuestas y agilizando la tramitación que depende de los organismos públicos.


Ha servido este trabajo, también, para llegar a cada vecino con la ayuda indispensable como salud, educación, seguridad social, prevención de violencia de género y otras problemáticas que muchas veces pasan desapercibidas o no se visualizan mediante las herramientas que se usan de forma generalizada.


Decenas de sanitaristas, educadores, agentes públicos, fomentistas, grupos vecinales que se ocupan de hacer funcionar comedores, voluntarios de los diversos credos, mueven la rueda desde hace casi tres meses y no decaen ni un minuto en su tarea.


Como tantas otras cosas positivas que hemos visto surgir en medio de la pandemia de Covid-19, esta funcionalidad barrial que se ha logrado en General Pueyrredon debe ser atendida y mirada con atención por todos aquellos que toman decisiones políticas.


Cuando el Estado bajó al territorio se encontró con muchas necesidades básicas insatisfechas, pero también con mujeres y hombres decididos a cambiar esa realidad.


Si efectivamente la apuesta apunta a sellar un nuevo contrato social, la experiencia de los comités barriales de emergencia no puede ni debe ser desaprovechada en el futuro.-


@danieltemperoni


 

viernes, 5 de junio, 2020 - 13:21 hs.

Un efecto claro y contundente de la pandemia de coronavirus en el mundo está dado en la aparición de actitudes nacionalistas muy fuertes, algunas más manifiestas que otras.


En principio, el enfrentamiento evidente entre Estados Unidos y China ya trajo aparejado los primeros coletazos a nivel mundial y no son pocos los países que se empiezan a encolumnar en una u otra fila, sólo por las dudas.


Esto seguramente generará un nuevo paradigma de abroquelamiento, a medida que los niveles de comercio internacional empiecen a normalizarse tras la crisis sanitaria.


No son muchos los gobernantes que se preocupan en equilibrar sus esfuerzos por mantener servicios hospitalarios sin desbordes y asegurar al menos un mínimo de ayuda para miles de personas que sufren el desempleo o los recortes económicos del aislamiento social.


El fondo de la Unión Europea por 750.000 millones de euros es la muestra tangible de que primero irán por la normalización productiva dentro del grupo de las 27 naciones integrantes, y sólo después de ese paso se irán abriendo a las expectativas de acuerdos con otros bloques similares.


La firma Nissan decidió en su sede de Yokohama que la planta de Barcelona, con 3.000 empleos, ya no funcionará ni siquiera para abastecer al mercado europeo y se concentrará todo en Japón.


El propio Donald Trump, que abrió otro frente de intervención en varios Estados a partir de las reacciones sociales por la muerte del ciudadano de color George Floyd en manos de la policía de Minessota, cortó relaciones con la OMS, sigue culpando a China por la pandemia y revisó contratos de exportación con varios países, incluído el nuestro.


Brasil no es la excepción y Jair Bolsonaro continúa con su campaña febril contra el gobierno argentino, mientras la muerte cruza su propia nación y la deuda externa ya trepa al 90% de su PBI.


No pasa desapercibido el reclamo del presidente Sebastián Piñera ante la Cancillería, reclamando por la proyección sobre nuestra Antártida, a partir de la presentación hecha por Argentina en 2009  y ratificada por Naciones Unidas en 2016.


Son hechos, actitudes y declaraciones que van formando un discurso nacionalista al acecho, peligroso y sin freno en un mundo que ya no será el mismo cuando hayamos combatido al Covid-19.


La democracia y la República tendrán, sin duda, nuevos desafíos por delante.-


@danieltemperoni


 

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