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Mariana Gené: "La lógica de armado político del PRO es similar a la del peronismo y la UCR"

Por Leonardo Casas

La política argentina sigue teniendo una dinámica vertiginosa. Cuando aún parece cercano el momento de la elección de Alberto Fernández como presidente, de hecho esta semana se cumplió un año de las PASO, ya en ciertos espacios se discute lo que que vendrá y algunos dirigentes empiezan a posicionarse de cara a las elecciones del año que viene, tal como ocurrió con Emilio Monzó, quien no descartó encabezar una lista en una charla con dirigentes de su espacio.

Utilizando la exposición de Monzó como excusa, entrevistamos a Mariana Gené, doctora en Ciencias Sociales por la UBA y en Sociología Política por la École des Hautes Études en Ciences Sociales de Paris e investigadora asistente del CONICET, quien escribió el libro “La rosca política” y nos dio su mirada sobre la jugada del ex armador político de Juntos por el Cambio, así como las claves de la construcción política hoy tanto en el oficialismo como en la oposición.

“Si tengo que ser candidato, seré candidato”, dijo hace pocas horas el ex presidente de la Cámara Baja Emilio Monzó en un encuentro con dirigentes que se referencian con él. ¿Creés que con la llegada a la presidencia de otro armador político, como Alberto Fernández, Monzó entiende que hay un espacio para una candidatura suya en 2021?, ¿pensás que se pueden parangonar ambos casos?

Emilio Monzó no fue armador político toda la vida, si no que antes también fue candidato a otras cosas. Fue intendente de Carlos Tejedor y tiene distintos cargos electivos en su haber, con lo cual podría ser el candidato. De todos modos, falta mucho para eso y probablemente lo que está haciendo es mover un poco el avispero para cerrar adentro de Juntos por el Cambio. Me parece que quizás eso sea más probable, sobre todo por su relación con Horacio Rodríguez Larreta y con distintos miembros del ala más dialoguista del PRO, que es el ala que actualmente gobierna.

Sus diferencias con el modo de conducir el gobierno de Cambiemos estuvieron puestas en blanco sobre negro, en parte mientras eran gobierno y mucho más cuando dejaron de serlo, pero eso no significa que no tenga todavía lazos muy importantes con gran parte de sus dirigentes y que tenga apuestas políticas para jugar ahí adentro.

Parangonar el caso de Monzó con el de Alberto Fernández sería muy difícil, si bien hay algo de sus estilos, de su capacidad de diálogo con distintos sectores de la política, de su astucia para el armado, para las negociaciones, con las relaciones tanto con los políticos como con el mundo empresario, que los acerca. Pero después, la jugada que llevó a Alberto Fernández a ser el candidato presidencial en 2019 no podría ser pensable con Monzó, porque no podría él ser como la carta de reconciliación de distintos sectores políticos como lo fue Alberto Fernández o la carta para volver a juntarse con el Círculo Rojo, porque nada de eso tiene el nivel de dramatismo, o es tan problemático en Juntos por el Cambio como lo fue en un algún momento en el peronismo. 

Es completamente contrafáctico desde ya, pero son coyunturas muy disímiles la actual y la de entonces.

Parece estar establecido que Alberto Fernández necesita su propio Alberto Fernández. De hecho, puntualizaste, antes de su llegada a la presidencia, que “ahora será el tiempo de conducir a que otros rosqueen por él”: ¿Pudo delegar ese rol? ¿A quiénes ves dentro del espacio oficialista que estén actuando como armadores?

Ese rol se va repartiendo de a poco. Esos roles muchas veces no están escritos desde el vamos, en los organigramas de gobierno, si no que le pertenecen más bien a quienes los ocupan, pero es verdad que hay lugares privilegiados para ello, y el Ministerio del Interior y la presidencia de la Cámara de Diputados son dos lugares por antonomasia de ese rol de armado político, de negociación con distintos sectores, y en la actualidad, el ministro de Interior Wado de Pedro lo cumple, negociando con los veinticuatro gobernadores, yendo a visitar a cada uno cuando se podía, o haciéndolos ir a la Casa Rosada, y ahora reuniéndose con ellos también por Zoom.

Esa relación con las provincias está comandada por Wado de Pedro, y yo diría que dos grandes armadores políticos en este contexto para el Frente de Todos están siendo Sergio Massa, desde la presidencia de la Cámara Baja, y Máximo Kirchner desde la presidencia del bloque, en su relación con los distintos miembros de la coalición, en su vínculo con otros actores políticos y también, sobre todo, en su vínculo con el Círculo Rojo, podríamos decir, con los grandes empresarios, con algunos referentes de movimientos sociales y también con dirigentes sindicales. Yo creo que ellos son en gran parte los que, por ahora, más sobresalen en este trabajo.

Dentro de Juntos por el Cambio, con lo que parece ser la conformación de un espacio propio de Monzó, ¿quiénes serían los encargados hoy de armar para Horacio Rodríguez Larreta y/o, eventualmente, Mauricio Macri? ¿La lógica de construcción política dentro del macrismo, es distinta a las clásicas del peronismo y el radicalismo?

En Juntos por el Cambio, este es un momento de mucha actividad interna, porque pareciera ser un momento propicio para redefinir ciertos liderazgos, o hay muchas de sus partes que tienen interés en hacerlo. Hasta qué punto eso pueda llevarse a cabo o no, lo veremos con el tiempo, pero siendo que es una coalición heterogénea, hay distintas movidas posibles para sus principales dirigentes del PRO, del radicalismo también y, en mucha menor medida, de la Coalición Cívica.

Yo diría que no hay estilos tan distintos (al peronismo y al radicalismo), quizás sean distintos en lo que se comunica para afuera, pero si pensamos en los armadores políticos de Rodríguez Larreta, podemos pensar sobre todo en los peronistas, en Santilli y en Ritondo, especialmente, y en algunas de las que fueron segundas líneas de Rogelio Frigerio, el ex ministro del Interior. Todos esos dirigentes que vienen del peronismo o son filoperonistas, son los que se están dedicando al armado para la estrategia de Rodríguez Larreta.

La estrategia de Macri está menos clara, y es verdad que en estos momentos los referentes más visibles cercanos a Macri están apostando todavía a la grieta y a la polarización, pero me parece que tiene que ver con darle a parte de su electorado lo que pide, a parte de la minoría más intensa y más fiel al macrismo, que no es poca cosa, responderle a esa sed de polarización que la cuarentena a esta altura está avivando. Pero después, en lo que refiere a la rosca, a la negociación, al armado entre políticos, diría que no es tan diferente. No están reescribiendo esas lógicas de acción, si no que las conocen muy bien, y lo que supone armar, lo que supone conseguir candidatos, alineamientos en todo el territorio nacional, por ahora sigue siendo muy similar a lo que hacen también el peronismo y el radicalismo.

¿Los tiempos de pandemia pueden llegar a dificultar la rosca política, ante la inconveniencia de llevar adelante encuentros interpersonales?

Sin dudas, el coronavirus y las restricciones a los encuentros que impone, supone una dificultad enorme para lo que llamamos la rosca política, para la negociación entre pares, para los códigos entre los propios políticos y la consecución de acuerdos entre ellos. Es cierto que hay otros dispositivos, como el WhatsApp, Telegram, Zoom o lo que fuera, que todos nosotros estamos usando en nuestra vida cotidiana y que por supuesto los políticos utilizan también, incluso en términos institucionales, se hacen reuniones de comisión de labor parlamentaria y sesiones en el Congreso por Zoom, se hacen reuniones entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires y los intendentes por Zoom, por ejemplo, pero para lo que supone la rosca política, que tiene más que ver más con el detrás de escena, con los encuentros y los acuerdos informales, sobreentendidos, con cierta simpatía, complicidad, secretos entre políticos, eso es mucho más realizable en el cara a cara, es mucho más realizable en las relaciones de copresencia, con lo cual claramente para los políticos que ya tienen vínculos aceitados, eso no es tan problemático; pero para los políticos que están construyendo vínculos, o intentando acercar posiciones que en algún momento se rompieron o entraron en cortocircuito, la pandemia representa un desafío importante.

Yo creo que una vez que pase, no es que se van a reconvertir las estrategias de rosca política y van a ejercerse en la virtualidad, si no que hay algo que necesita intrínsecamente de esa copresencia, que va a volver rápidamente, incluso hoy muchos de los políticos tienen muchísimas menos reuniones de las que tenían antes, se siguen reuniendo, se siguen encontrando para gran parte de sus discusiones y negociaciones.

Escribiste, en referencia a los armadores, que son políticos que “suelen tener poca estima de la opinión pública” y que está claro que “no tienen votos propios”. ¿Un dirigente político decide un día ser armador o la misma dinámica lo va llevando a ocupar ese rol que conlleva que “muchas de sus prácticas sean informales o semi-secretas”?

Hay algunos que tienen más facilidad para ese rol que otros. Indudablemente el rol de armador no es un rol que pueda realizar cualquiera, no es que se decide así nomás, porque hay que tener ciertas destrezas que no todos los políticos tienen, cierta simpatía, cierto poder de seducción, de hacerle sentir al otro que tiene un lugar importante, que su opinión cuenta, que es valorado. Hay algo de un don de gente que tienen los armadores políticos.

Es decir, no solo ganarles (a otros dirigentes) con la billetera, “billetearlos”, no solo ganarles con el apriete y con el ejercicio de la autoridad – que también por supuesto tienen que saber hacerlo -, si no también ganárselos con la confianza, con ciertos sobreentendidos, cierta relación de afinidad o incluso, cuando no tienen afinidad ideológica, cierta relación personal, no de amistad, pero de algo que se le parece.

No todos los políticos pueden hacer eso. Hay políticos que son muy buenos gestionando, hay políticos que son muy buenos pensando proyectos, hay políticos que son muy buenos hablando ante la opinión pública pero son odiosos para sus pares. Hay políticos muy populares que sin embargo no son muy queridos entre los propios políticos, más allá de sus allegados.

En este sentido, yo creo que se elige y no se elige. Uno elige, a veces, las cosas para las que es mejor, para las que tiene más facilidad. Hay algo ahí bastante sociológico, como cuando (Pierre) Bourdieu dice elegimos aquello a lo que estamos destinados, y entonces pensamos que elegimos cuando esa elección quizás se juega en otro lado, y con los armadores políticos puede pasar algo parecido, van aprendiendo a lo largo del tiempo y a lo largo de ciertas pruebas y van puliéndose, van viendo que son buenos en eso y entonces se dedican a eso. Otros en cambio quieren ocupar ese rol, y les queda desajustado, unos dirán que les queda chico o grande, no importa, pero simplemente no es un traje que les quede bien.

Así como no todos pueden ser armadores políticos, no todos pueden ser candidatos, por supuesto. No todos pueden traccionar votos o ser agradables de cara a la opinión pública. Hay algo de eso que ocurre o no ocurre, por más que a veces se quiera ungir candidatos y darle ese lugar, si no tienen cierto magnetismo frente al electorado, no pueden ocupar ese lugar.

Se me ocurren los nombres de Teresa García y Silvia Lospenatto como ejemplos de armadoras, en base a notas periodísticas que destacaban su accionar en la Cámara de Diputados; ¿se las puede definir como armadoras o hay otros ejemplos mejores?, ¿el rol de armador político es ocupado en general por hombres, o es un preconcepto errado?

El de Teresa García es un caso de armadora política, con muchas redes de contactos, con mucha llegada a distintos dirigentes, con cierto arraigo en el territorio y con recursos propios para movilizar en ese sentido.

Sin dudas hay muchas menos mujeres armadores políticas que hombres. De hecho, esos lugares arquetípicos de armadores políticos que yo estudié en mi libro “La rosca política”, fueron invariablemente ocupados por hombres, el Ministerio del Interior, la Jefatura de Gabinete y algo similar pasa con la presidencia de la Cámara de Diputados.

Hasta ahora, ese mundo de armado, de la rosca política, ha sido abrumadoramente masculino. Hay distintas razones para que sea así, por un lado la larga historia en la cual la política era cosa de hombres, si bien hace rato que ese camino está desandándose y hay mujeres que ocupan los cargos más importantes, como la presidencia y las gobernaciones, y las cabezas de las listas y demás, también es cierto que todavía hay más hombres en políticas que mujeres.

También podemos decir que hay algo de la práctica de las funciones que cumplen los armadores políticos que hasta ahora está estereotipadamente más relacionado con la masculinidad que con la femineidad. Por supuesto, todas esas definiciones de género están siendo puestas en cuestión en el mundo social en general, y en el mundo de la política también.

Seguramente veremos más armadoras políticas en el futuro, pero por ahora son muy escasas.

Foto: Hugo Presman

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