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"Hay mucho de Mauro Viale en la televisión actual"

Por Leonardo Casas

Creativo, polémico y provocador, Mauro Viale se transformó en una de las caras distintivas de la televisión argentina de los últimos 40 años. Empezó su carrera en el mundo del fútbol, se hizo conocido como relator, y cimentó una extensa carrera en los medios, en un camino en donde tuvo fervorosos adeptos y detractores enconados.

A poco más de una semana de su sorpresivo fallecimiento por Covid-19, entrevistamos al periodista Guido Laham, quien escribió un revelador perfil de Mauro Viale en la revista digital Anfibia, que incluye un repaso por su trayectoria, una entrevista con el propio Viale y con personas que estuvieron cerca del reconocido conductor.

La nota de Laham permite una aproximación más certera a un periodista que supo sumar su nombre a la galería de aquellos a quienes los argentinos conocemos sin necesidad de decir su apellido, como Mirtha, Marcelo y Susana. 

¿Qué viste en la figura de Mauro Viale que te llevó a hacer un perfil de su trayectoria?

Esa nota la escribí en 2017. en un contexto bastante distinto al de ahora. Yo recién en 2018 empecé a producir en la tele, y ese año yo producía un programa el fin de semana en Radio Mitre, daba clases de periodismo y un taller de radio, y mi vínculo con la televisión era muy lejano. Era de espectador, e incluso en mis clases daba hacía un análisis de lo que no debía hacer el periodismo, sacando ejemplos de la televisión

Mi visión de la tele era bastante externa y muy crítica, pero de todas formas, recuerdo que los domingos volvía de la radio, al mediodía, y siempre ponía a ver el programa de Mauro, que aparte era eterno. Eran muchas horas el domingo por la tarde, en el horario en que en general la gente no trabaja, y me llamaba mucho la atención su capacidad de constantemente estar al aire.

Me interesaba descubrir un poco quién era Mauro Viale, sabiendo en algún punto que no lo iba a lograr. De hecho siento que no lo logré y no me quedó la sensación de haber completado el trabajo; ni en 2017, cuando terminé la nota, ni ahora que está publicada, porque me parece como que uno explora solo algunas facetas de los personajes. Sí me alegra mucho haber enfocado o haberle puesto luz a una parte quizás no tan conocida del personaje, y con la que, sinceramente, me encontré muy rápido, porque fui sin prejuicios al personaje, y me fui adentrando a través de las entrevistas, y finalmente cuando pude hablar con él sabía que tenía pocos minutos y debía aprovechar y preguntarte directamente el objetivo de mi nota.

La nota la había querido publicar en más de una oportunidad desde que la terminé, siempre sin éxito.

¿Podría decirse que surfeó la grieta desatada en los úlitmos años, manteniéndose equidistante de ambos espacios?

Creo que surfear podría ser una buena palabra para definirlo. Mauro tenía su estilo previo a la grieta tal como la conocemos ahora y nunca dejó de aplicarlo: siempre quiso tener la nota del día, a toda costa, siempre quiso escuchar a todos y entrevistarlos a su forma. Él quería tener las historias del día y me parece que eso nunca lo perdió.

Mauro mantuvo un estilo y no lo cambió cuando la grieta se apoderó de la televisión. Siguió con su librito y quedó claro en los últimos años. Él siempre quiso escuchar a todos y en lo político, le interesaba escuchar al que no era escuchado y se le cerraban las puertas en todos lados. Eso le dio muy buenos resultados, porque se abrían mucho con él y quedó demostrado cuando murió, con la cantidad de saludos que recibió de gran parte del arco político.

Él entendía del periodismo de esa forma. No sé si de una manera amplia, pero sí pensando en el show, pensando en el rating, pensando en el mejor programa posible, para ofrecerle al espectador lo mejor posible, a toda costa. Creo que en la pata política fue explorando esos matices en esta última etapa de la grieta.

Por lo que cuenta Tomás Dente, había un personaje armado para polemizar y antagonizar. De otros periodistas, uno no termina de sacarle la ficha si es una máscara o no: ¿de Mauro Viale qué podríamos decir? ¿Era auténtico al aire, o más bien un rol buscado para generar rating?

Como decía antes, no había quedado tan satisfecho con la nota, en el sentido de creer si lo conocí o no, si supe responder a algunas preguntas que me había planteado.

Nunca llegue a saber cuánto había de personaje y cuánto había de auténtico: acá es interesante la decisión que toma Mauro, en general, desde que empezó su carrera, respecto de su intimidad. Él era muy cuidadoso de su intimidad, se sabían muy pocas cosas. Lo que se sabía era porque lo exponía directamente, como que su mujer tenía una columna en el programa de los domingos, como la primera vez que puso a Jony al aire, como su cuñado que era su productor y no era conocido por el gran público, su hija. Él tenía alrededor suyo gente de su intimidad, que después trascendía o no, pero él no exponía su vida privada.

Eso me parece clave, especialmente para no entender hasta qué punto Mauro era auténtico o no lo era, porque la gente conocía al Mauro de la tele. Si bien suele ser así, con respecto a periodistas, conductores, famosos, sobre todo de antes; ahora quizás con las redes sociales o con cierta intromisión en la vida íntima, uno puede conocer algunas otras cosas, otros gustos y demás.

La vida privada de Mauro me parece que estaba bajo llave, estaba escondida en el maletín que llevaba a todos lados. Como que ahí está la duda, el morbo y el no saber.

Después está la conclusión que puede sacar cada uno, pero viendo la televisión como cualquiera. No daba la sensación de que Mauro forzara demasiado su opinión personal. Después, todo lo que fuera sumarle al show, él estaba dispuesto a sumarlo. Pero en los últimos años, en los que él opinaba, no sé hasta qué punto forzaba una opinión por el rating. No me daba esa sensación.

Lo que sí estuvo en la charla, en la entrevista qué pude hacerle, es que el rating era algo que tenía incorporado en su forma de trabajo. No era algo menor. Entonces, cuando algo medía, se podía estirar un poco más; cuando no medía, se iba. Yo le pregunté por la estrategia para tener el rating, y me contestó que no existía, y que lo más efectivo era ir cambiando cada dos minutos e ir probando. Entonces, si algo no funcionaba, cambiaba; y si funcionaba, se lo dejaba un poco más.

Otro tema que ronda el periodismo que hacía, se vincula más al show que a informar (“Claramente nuestra función no era informar”, llega a decir Dente). ¿El periodismo televisivo existe como tal, o termina siendo más ligado al entretenimiento?

Creo que están íntimamente ligados. Mientras no sea en la competencia diaria real de la televisión abierta por el rating, por el minuto a minuto, se puede hacer “periodismo puro”. Ahora, mientras ese periodismo entre en esa competencia de los canales que están 24 horas al aire, y que compiten por el rating, y el rating determina cuánto se paga de publicidad, la noticia viene acompañada con el entretenimiento y hay todo un trabajo de productores, de conductores y de periodistas que disponen la noticia a través del entretenimiento.

Tiene que ser así, una noticia sin imagen en la tele no es posible, por lo que la idea del periodismo puro frente a la televisión, tiene que estar sí o sí filtrada por la realidad, y la realidad indica un montón de cosas. Incluso desde el punto de vista televisivo, tenés que presentar una noticia con espectáculo – no te digo hacer un show que corra el eje de la información, eso ya es otra cosa y es un problema, que puede funcionar, pero ahí podrías dejar de estar haciendo periodismo -, tenés que respetar ciertos puntos básicos del entretenimiento: un video tiene que haber, una foto, mínimo. Tiene que haber un criterio de exposición de noticias televisivas.

De ahí al caso Cóppola, hay millones de matices. El caso Cóppola queda tan marcado en la memoria popular porque fue el primero y además se rompieron todos los límites. Fue también un banco de pruebas y un experimento televisivo. En la nota queda claro cuando lo cuenta Jony, incluso lo que significó para él, cómo lo vivió en carne propia. Al final, fue criticado durante un montón de tiempo, pero a la vez se incorporó mucho de eso, y hoy está en la televisión actual, incluso sin ser en todos los casos algo horrible. En muchos casos sí, quedó lo malo de ese estilo, pero en otros casos se entendió que en la televisión no es sólo para pasar documentales de la BBC; sino para ir acompañando lo que sería una cobertura definitiva.

A diferencia de lo que pensaba cuando empecé la nota, considero que el periodismo televisivo existe, aún con todo el entretenimiento que pueda llegar a tener. Seguramente hay casos en donde se desinforma con el único objetivo de entretener, pero no estoy hablando de esos casos. Estoy hablando de cuando algo de entretenimiento ayuda a que se vehiculice la noticia, y ahí se perfila el periodismo televisivo.

Que Mauro Viale hablara de que quería llamar a una revista suya “Capote” puede sorprender a cierto periodismo progresista, que tendía a denostarlo. ¿Creés que no tuvo reconocimiento en el medio de ese sector “progre” dentro del periodismo”?

Tengo uno de los ejemplares de la revista “Hablar” (revista creada en el año 2000 por Viale, que surgió para ser repartida en los aviones de la desaparecida Aerolínea LAPA, y terminó siendo vendida en los kioscos), y creo que sirve para mostrar el punto de partida y el punto final. Ahí está la fuerza de la nota y de esa parte de su vida, cuando él cuenta que lo que quiere hacer es un periodismo literario, con desarrollo, con información, con fuentes, que parezca más literatura que periodismo.

Me acuerdo que durante esa época en la que escribí la nota, discutía hasta qué punto el periodismo narrativo tiene un vínculo con el periodismo amarillista de la tele, por lo que busca generar en el consumidor. Se supone que el periodismo narrativo busca generar sensaciones en quien está leyendo, a diferencia de la nota de tapa de un diario, que simplemente busca informar y nada más. El objetivo del periodismo sensacionalista es el mismo, es generarte un llanto, una risa, un asco o lo que fuera. Creo que lo interesante está en marcar la distancia entre lo que él soñaba y en lo que se terminó convirtiendo.

Después, las críticas que él recibió durante su carrera, me parece que eran razonables, ya que tenían que ver con los límites que rompía o un montón de actitudes que tuvo, como la mirada transfóbica con Flor de la V y miles otras. Muchas críticas del progresismo le entraban bien, tenían sentido. Lo que sí es interesante es ver cómo cierto sector no puede ver nada valorable de una persona a la que se critica, por más que sea algo muy significativo. Por eso haber elegido a Mauro en 2017, y no ahora donde todo el mundo le otorga cierto reconocimiento, como haber sido pionero en algunas cosas, fue una buena elección, sobre todo haber podido ser desprejuiciado en el momento de elegirlo.

Pocas cosas han tenido tanta difusión como el episodio Samid. ¿Si hubiera podido hacerlo – hipotéticamente, desde ya – lo habría borrado? ¿O por ese mismo reconocimiento de la importancia del rating a toda costa lo hubiera dejado correr?

Es todo un tema la pelea con Samid. Originalmente, en el texto no iba a hacer ninguna referencia a ese episodio, porque con Mauro vivo, en 2017, y con una revelación tan fuerte como que él hubiese querido ser escritor, y teniendo un cuento publicado, yendo a talleres de Abelardo Castillo, hablar de la pelea con Samid, incluso cuando el meme estaba en su punto más alto, era como tocar un tema burdo, innecesario, obvio.

Entonces, teniendo tanta información, habíamos acordado con mi editor, excluir esta cuestión. Tengamos en cuenta que dejé un montón de entrevistas afuera de la nota, como ex productores, una nota con (Enrique) Macaya Márquez, así como otras notas complementarias.

Al final, cuando voy a publicar la nota en Anfibia, me piden que la actualice brevemente, que es cuando incorporo los párrafos finales de su muerte, y me dicen que le agregue un poco del morbo que había generado en la tele, y ahí es cuando agarro de mi borrador, en el que tenía casi más escrito cosas que quedaron afuera que la nota que salió publicada, lo que había reseñado de Samid.

Con respecto a si él hubiese podido borrar esa pelea, estimo que para nada. De hecho, recomiendo un texto que escribió Alejandro Seselovsky, también a propósito de la muerte de Mauro, que se llama “Impacto” y salió en La Agenda, en donde se pone a analizar esa escena de la pelea. Allí descubre que Mauro le repite seis veces si le puede hacer una pregunta, antes de decirle “usted avaló la bomba a la AMIA”, con lo cual queda demostrado que lo podría haber evitado. Incluso en el momento lo podría haber evitado, no lo hizo y lo buscó. Lo buscó y le sirvió a los dos. A Mauro le funcionó.

– ¿Se puede decir que creó un género nuevo? ¿A quiénes ves hoy parecidos a su manera de abordar el periodismo televisivo?

Sí, definitivamente creó una forma de hacer televisión y absolutamente todos los que hoy están y pasan por la tele, aún sin saberlo, incorporan cosas de Mauro. Además, fueron muchísimos años de él frente a la pantalla. Claramente dejó una marca.

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