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Fernando Rosso: “Alberto Fernández hace un kirchnerismo de bajas calorías”

Por Leonardo Casas

En el actual mapa de medios, tan caótico como la realidad argentina misma, desde hace un tiempo, una de las voces más reconocibles es la de La Izquierda Diario que a fuerza de coherencia y constancia se hizo un lugar propio, creando una agenda definida y sentando posición frente a los diversos temas de la siempre frenética actualidad.

Fernando Rosso es uno de los fundadores, editor y columnista político del diario y dialogamos con él acerca de las vicisitudes que enfrenta el gobierno de Alberto Fernández, con la pandemia, la economía, el enfrentamiento (o no) con los poderes fácticos, así como algunas cuestiones que atañen específicamente al espacio político en el que milita.

¿Cómo se para la izquierda ante la actual crisis generada por la pandemia?

En principio, está junto a aquellos que son los más afectados por la crisis económica, la crisis social y la crisis sanitaria. Pasado el momento en que se decía que era un “virus democrático”, ahora está afectando más a los barrios populares, a las mayorías de trabajadores y trabajadoras.

Además, estamos acompañando las peleas de aquellos que son suspendidos o despedidos directamente, porque una parte importante de las empresas no tuvieron en cuenta para nada el decreto antidespidos y siguieron desvinculando personas o suspendiendo gracias al acuerdo entre la CGT y la UIA que permite rebajar salarios. En muchos lugares de trabajo, no se cumplen las condiciones sanitarias y también hay empresas que siguieron trabajando – cuando era muy cuestionable si era esencial o no su actividad –. También estamos acompañando a los precarizados y precarizadas que trabajan para las apps y para los call centers, que han aumentado mucho la demanda y son quienes están más privados de sus derechos.

La izquierda se para en la defensa de quienes hoy son agraviados o más afectados por la crisis. Los que son reprimidos por los abusos policiales, que es otra constante que vimos durante esta cuarentena en Tucumán, Chaco y en otras provincias del país con distintos tipos de abuso.

Por otro lado, estamos tratando de sacar conclusiones de la crisis más en general, intentando analizar cómo esta crisis y la pandemia – que es discutible si se la puede catalogar como un “fenómeno natural” a esta altura del desarrollo del capitalismo – dejó al desnudo o develó una situación estructural en término de las condiciones de vida generales. Condiciones que tienen que ver con la salud, el trabajo precario, las condiciones laborales, la desigualdad, es decir, con todo lo que dejó el legado neoliberal que en última instancia no es más que una forma extrema del capitalismo.

En un momento, me preguntaron si podía decir algo positivo que deje la pandemia, dado que todo lo negativo está a la vista, y la reflexión que me surgía es que quizá se está dando una “revolución” en las consciencias – que no es lineal, ni mecánica – y muestra que el sistema no va, no da para más. El sistema capitalista quedó al desnudo en sus aspectos más brutales y salvajes.

¿Cómo ves el rol de Alberto Fernández en el actual contexto? ¿Creés que se dará nomás ese enfrentamiento tan preanunciado desde los medios dentro del peronismo?

Partiendo de que la pandemia es un problema grave de salud en Argentina y el mundo, desde el punto de vista estricto del análisis político, Alberto Fernández tuvo dos ventajas: por un lado, la vara muy baja que dejó Macri, en términos de aspiraciones de las mayorías y sectores populares, porque fue un gobierno de ajuste infinito y permanente -que fue hecho con la colaboración de una parte muy importante del peronismo, con el massismo, los gobernadores y el grueso de la CGT-. Sin toda esa gobernabilidad prestada, visto desde ahora y en ese momento, hubiese sido muy difícil para Macri gobernar con todo lo que estaba haciendo. La baja de aspiraciones generales fue una ventaja para Alberto Fernández, al punto tal que se aceptó sin mucho ruido o repercusión un recorte de hecho a los jubilados, en el marco de que estamos a un nivel de jubilaciones que es paupérrimo. La otra vara baja fue en términos de gobernabilidad: fue tan desastroso lo de Macri, que todo lo que pueda venir, el promedio lo puede percibir como un mal menor o como un poco mejor, en un principio, al menos. Entonces, esa baja de aspiraciones en los dos sentidos jugó a favor del Frente de Todos.

Por otro lado, la pandemia operó como terror sanitario de hecho y la crisis que generó actúa como terror económico. Hay un miedo a perder el trabajo y la aspiración primaria hoy es a sobrevivir. Entonces, contradictoriamente, creo que eso hizo que Alberto Fernández, basándose en la experiencia internacional, el desastre que fue la gestión de la pandemia en Italia, España o en los países europeos,en Estados Unidos y luego lo de Brasil, en términos de lo que fue la gestión de la pandemia, con poco -la gran política fue “quedate en casa”- logró administrar la situación, hasta ahora, siempre en términos relativos, mejor que ellos. Aunque ahora estamos entrando en el pico y desde el Gobierno reconocen que no hicieron los suficientes test, lo que implicaba una falta de GPS. Siempre sobre la base de una estructura de salud destrozada, que se demostró tanto en Argentina como en el plano internacional.

Creo que todo esto le dio ciertas ventajas, por ahora,desde el punto de vista político. En ese contexto, no veo ahora una ruptura de esas “dos almas” del Frente de Todos. El kirchnerismo, que podía considerarse más progresista o más a la izquierda de Alberto Fernández, giró hacia Alberto Fernández, hacia su sensibilidad política y Alberto Fernández giró un poco hacia la sensibilidad política del kirchnerismo.Está haciendo un peronismo del siglo XXI, para decirlo de alguna manera. Es decir, los peronismos de las últimas décadas siempre fueron versiones degradadas de lo que fue el original, con la excepción del menemismo: intentan un poco de dirigismo estatal, intervenir con el Estado aquí y allá, más para contener que para transformar, pero con esas características.

Hoy todos esos peronismos convergen y ese Alberto Fernández al que aspiraban los editorialistas, sobre todo de Clarín y que querían que termine con el kirchnerismo inmediatamente, no está apareciendo, no es lo que sucede. Hasta ahora hay una confluencia. La aspiración de cierto poder mediático era que Alberto Fernández vaya a un gobierno más de de centro – lo que se llama de centro es de derecha – y que liquide políticamente a la fracción kirchnerista o a Cristina particularmente y haga un gobierno más “independiente”, con los gobernadores, con todo lo que es más conservador del peronismo. No una “menemización” que hoy es medio imposible, pero sí un centro “conservador popular”, como algunos lo llaman.

Me parece que eso no está sucediendo y que con el intento, primero de expropiación, luego de intervención por vía judicial y con todas las limitaciones que tiene lo de Vicentin, muestra un peronismo relativamente clásico, pero aggiornado – no clásico en lo profundo que fue el peronismo históricamente -. Intentar cierto dirigismo estatal para mantener las cosas en orden y para recuperar cierto poder del Estado que le permita una supervivencia que creo que es una de las claves del peronismo.

Martín Rodríguez dijo alguna vez que el macrismo llegó a la Presidencia y encontró mucho poder, según su visión, y se puso a devolverlo. Le devolvió poder al “campo”, le devolvió poder a Clarín y eso mismo se lo llevó puesto. Los poderes fácticos y los mercados se devoraron a uno de sus hijos y eso es lo que quiere evitar el peronismo. Es la diferencia específica que tiene el peronismo con las otras experiencias, radicales o liberales que tuvimos en este tiempo.Igualmente, hace una especie de kirchnerismo de bajas calorías, porque se agita “expropiación” en el caso Vicentin y se desliza a un plan que no deja de ser una intervención estatal, pero con la impronta de Omar Perotti; se habló de un “impuesto a los ricos” que tiene los tiempos del General Alais. Leí por ahí algo que me parecía interesante para definir el (no) lugar de Alberto Fernández: demasiado moderado para los intensos y demasiado intenso para los moderados.

Ahora, ¿en términos de la realidad de los sectores populares eso qué significa? Por ahí significa una contención en principio, pero vamos a salir de esta pandemia con una crisis económica fenomenal, no vista desde 2001-2002, y eso abre un escenario para el que no se sabe si esto alcanza para mantener una gobernabilidad.

Empiezan a verse algunas decisiones polémicas sobre el recorte de salarios a actividades suspendidas y el pago en cuotas del aguinaldo en algunos sectores hasta del propio Estado ¿Cuál debería ser la decisión del Gobierno en este tema, y su rol frente a conflictos de esta índole en el sector privado?

Hay que partir de la base de que lo que viene haciendo el Gobierno tiene poca efectividad en términos de ponerle límites a las empresas, así fue en el caso del decreto de prohibición de los despidos que no se respetó. El primero en no respetarla fue Paolo Rocca (CEO de Techint), que apenas se declaró que se iban a prohibir los despidos, echó a 1.400 trabajadores de la construcción que tenían contrato con Techint y eso después se repitió en múltiples empresas.

A la vez, se avaló un acuerdo indiscriminado de la UIA con la CGT para recortar salarios por las suspensiones en aquellos lugares en donde no había actividad esencial.Eso implicaba una rebaja salarial, descargando el costo sobre los trabajadores y no sobre las empresas que podrían, muchas de ellas, costear una cuarentena de uno, dos, tres o más meses, incluso una como Techint, un año. Claro, eso pondría en crisis la relación entre trabajo y tiempo libre, que es lo que ha reflexionado mucha gente con los efectos de la pandemia. Si pueden bancar tanto tiempo en una situación excepcional, quiere decir que nunca tienen tanta necesidad vital de producir y producir sin parar, excepto por la propia dinámica del capital de aumentar la productividad y hacer trabajar más tiempo y más aceleradamente a la gente.

Por un lado, se descarga mucho de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y el Gobierno fue al rescate de empresas inclusive pagando parte de los salarios generalizadamente a dos o tres millones de empleados en blanco.Alas empresas les quedaba pagar tan solo un 25% del salario, porque si redondeamos que 25% lo podían descontar, 50% se lo pagaba el Estado, entonces les quedaba un 25% y muchos no cumplieron ni siquiera con eso.

Otro aspecto es el de la presión empresarial por volver al trabajo que se impuso de alguna u otra manera y eso está afectando justo en el pico de contagios.Empresas que no necesariamente eran esenciales, pero lograron el permiso para producir y hoy se pagan consecuencias.

No sé en este momento qué debería o puede hacer el Estado; lo que sé es qué es lo que deberían reclamar los trabajadores: que no se les reduzcan los salarios, que no paguen las consecuencia de la crisis, que tengan todas las condiciones sanitarias y que esos costos caigan sobre las empresas.Y que, ante la desocupación que está aumentando, que se generalice un ingreso universal para todos los que están desocupados o en el camino de serlo, como una medida de emergencia. Pero, debería pensarse en el reparto de horas de trabajo entre ocupados y desocupados.

Éste es un problema mundial, para que no quede dividida la clase trabajadora entre un sector “en blanco” y otro sector informal permanente, de pobres estructurales porque eso lleva a la descomposición de la clase trabajadora. Esas son demandas que se ponen a la orden del día y que se están discutiendo, como la alternativa de renta universal, aunque yo soy más partidario de repartir las horas de trabajo para mantener la fuerza vital de la clase trabajadora. Esas son demandas mínimas que hay que discutir en un momento en el cual se viene una crisis catastrófica.

Siguen las negociaciones entre el Gobierno y los bonistas ¿Convalidaría la izquierda un acuerdo, si es que finalmente se llega a buen término?

Si el acuerdo es en los términos de la información que se está filtrando a la prensa, no me parece para nada un acuerdo favorable a la Argentina. Es una “deuda odiosa” -tal como se ha calificado en cierta jurisprudencia internacional bastante consistente-, que se tomó con plena consciencia deque iba a perjudicar al país. Financió la fuga de capitales, financió la campaña electoral de Macri en el último período, para no hablar de la deuda que viene desde la dictadura.

Están todos los fundamentos para un desconocimiento soberano de la deuda externa, indiscutiblemente, dentro de un plan general que no puede reducirse solamente  a la negativa a pagar deuda,debe incluirla recuperación de sectores estratégicos de la economía, la nacionalización de la banca, el comercio exterior.Se está viendo ahora (con el caso Vicentin) quién maneja los puertos, lo que entra y sale de la Argentina y hay un monopolio privado y extranjero del comercio exterior.

Es una deuda que se ha pagado dos, tres, diez veces y no puede volver a pagarse con el trabajo de la generación actual y de futuras generaciones. En ese contexto, me parece que se está tratando de llegar a un acuerdo bastante promercado, como se dice periodísticamente: se empezó diciendo que se iba a pagar un 40%, 40 centavos por dólar y hoy se está en una negociación que pasa los 50 o hasta los 53 centavos, siendo que el valor de mercado de esos bonos por dólar es muchísimo menor a lo que valdría si los bonistas tuviesen que vender hoy esa parte de la deuda que se está negociando.

Es un acuerdo que va a ordenar la economía en un sentido para nada progresivo y va a determinar políticas necesariamente de ajuste. Después pueden negociar que no sea un ajuste todo junto ahora y que lleve al colapso, por una cuestión de supervivencia, pero implica que una renegociación de este tipo, en donde vas a tener que generar recursos para pagar esas porciones de la deuda que obligarán a un ajuste.

¿Cómo analizás la detención de Sebastián Romero? ¿Tendría que estar en libertad? ¿Es una detención política?

Desde ya que reclamamos por su libertad y considero que todo lo que se hizo este tiempo fue un acto persecutorio. Él estaba en una manifestación, como miles de personas, tratando de que no se consume un saqueo a los jubilados y jubiladas, en ese momento hubo una represión fuerte, ordenada por Patricia Bullrich, nada más ni nada menos y el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Después se hizo una demonización a partir de que mostraron su imagen con una presunto “mortero”, que en realidad es un artefacto de pirotecnia que he visto en un montón de movilizaciones, por ejemplo, los trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba u otros sectores sindicales que se movilizan, que son parte del folklore y no necesariamente implica que vayan a hacer daño a alguien, cuestión no está probado tampoco en el caso de Romero.

Sí me parece que hubo una campaña política, mediática e ideológica para demonizar a quienes se estaban manifestando ahí, para avalar el recorte que se estaba llevando a cabo. Todo fue un acto persecutorio, cuando los ladrones de guante blanco que le metieron la mano en el bolsillo a los jubilados estaban en otro lado.

Desde ya que cualquier demócrata mínimamente consecuente debe reclamar por la libertad de Sebastián Romero porque son operaciones clásicas para demonizar a los sectores populares que se movilizan y para tapar verdaderamente la discusión importante.

En estos días, volvió a tomar trascendencia el tema de la inteligencia. ¿Creés que el Gobierno meterá mano hasta el hueso en la cuestión? ¿Pensás que habrá cambios además en la Justicia, a veces tan imbricada con los servicios de inteligencia?

Todos los gobiernos que llegan dicen que van a terminar con lo que clásicamente es la SIDE y que ha tenido diferentes nombres, pero la misma esencia. Los resultados en promedio se redujeron a liquidar a una fracción, que fue la que operó en contra de ellos, y generalmente se da nacimiento a otra que no cambia mucho los métodos, a lo sumo cambian los objetivos.

Ahí hay un problema estructural también.Los servicios de inteligencia siempre fueron utilizados para dos cuestiones: la represión interna, que es ilegal pero siempre se hizo y está comprobado en un montón de casos, uno de los últimos casos más resonantes fue la infiltración de Américo Balbuena en la agencia de noticias Rodolfo Walsh y el mismo Proyecto X.

Y el segundo aspecto para el que se utiliza a los servicios es para arreglar cuentas entre fracciones políticas.Esto ocurrió en toda la historia después de la dictadura y me parece que eso tiene que ver con que hay muchos secretos en la política o en la Justicia.Tantos secretos como para hacer una industria y de ahí saca la materia prima la “industria del secreto” que son los servicios de inteligencia. También es verdad que a veces no tienen escrúpulos y utilizan cuestiones personales, pero muchas otras basan su poder en el comerciar con los secretos de la política.Lo que está saliendo a la luz ahora en la causa que se tramita en Lomas de Zamora (a cargo de Federico Villena) es un escandaloso y pensar que se decía que Cambiemos debía cumplir un mandato de “regeneración institucional”.

Obviamente, hay que plantear la disolución de esos aparatos que no son necesarios, pero dudo muchísimo que pueda haber un cambio radical cuando está determinado por todas estas cuestiones. Además, hay un personal dando vueltas que va de ahí a agencias privadas, por ejemplo, ahora Silvia Madjalani, que fue la número 2 de la AFI e hizo todas las tropelías durante el macrismo. Ella ahora armó una agencia de seguridad o casi de espionaje privada.

Todo ese mundillo que va y viene con información y está implicado efectivamente con la Justicia, no creo que se liquide con una reforma por arriba, más allá del discurso que se tenga.

No sé si coincidís conmigo en cuanto a que se analiza mucho la política desde el aspecto psicológico de los líderes, y no tanto sobre el plano, diríamos de infraestructura de la política. ¿Cuáles son los márgenes de maniobra que tienen los gobernantes en el país, en su relación con la clase empresaria, dirigentes sindicales, Iglesia, etc.?

Coincido en que, en general, el análisis político es muy politológico, valga la redundancia y poco sociológico o estructural o una fusión de todas esas esferas.En última instancia, desde la tradición y la cultura política a la que pertenezco, es una falta de pensamiento marxista, que no divide política de economía ni lo social de lo político.

Ahí hay una discusión sobre qué puede hacer este proyecto político,cuál es el universo de sus posibles.Porque ellos tienden a identificarse con el kirchnerismo original,el de Néstor Kirchner en 2003. En ese momento, las condiciones estructurales mostraban que se había llevado a cabo un ajuste muy importante que venía desde 1998 y existía una impronta que dejó el 2001, que marcó la época y hubiese condicionado a cualquier gobierno que intentara administrar a ese país estallado.Fue un momento de emergencia de la sociedad, bajo formas de jornadas de lucha – qué tipo de jornadas fueron es una gran discusión que aún continúa – pero que dejaron una impronta de las calles que cualquier gobierno hubiese tenido que tomar nota. El gobierno de Néstor Kirchner tomó nota del hecho de que no se podía seguir gobernando como antes. Si hubiese venido otro que hubiera hecho lo mismo que De la Rúa, hubiese caído inmediatamente. Tuvo que haber un diálogo con esa Argentina levantisca.

Entonces, la primera condición “estructural” fue que existía una Argentina post-2001.Eso permitió arbitrar relativamente entre las mayorías populares y los con poderes fácticos. Esta fue una condición de posibilidad que habilitó a los gobiernos llamados posneoliberales, progresistas o populistas, junto con otra condición que fue el auge de las materias primas. Esos procesos no fueron sólo un producto del superciclo de precios alto de las materias primas, pero no se los puede explicar sinese“viento de cola”. Ninguna de esas condiciones existen en el presente.

En algún momento, había puesto en Twitter, un poco para ensayar o pensar en voz alta que el proyecto de Alberto Fernández era una especie de duhaldismo económico y progresismo cultural. Kirchner tenía la crisis y el 2001 por detrás y Alberto Fernández tiene la crisis por delante.Inclusive el gobierno de transición de Duhalde había sentado determinadas bases de este dirigismo estatal combinado con precios altos de las materias primas,ya habían permitido un inicio de crecimiento.

Desde ese punto de vista, veo condiciones muy complicadas, por eso quien se enamore de la foto de Alberto Fernández, del 70% de popularidad, después puede llegar a sorprenderse con la película. Fernández está muy condicionado como para que este consensualismo se sostenga en el tiempo y dé lugar a una gobernabilidad tranquila, cuando lo que se viene es una situación muy complicada desde el punto de vista social.De hecho, ya empezó un cierto retorno de la conflictividad por abajo, pese a la pandemia y cierta actividad de la derecha por arriba.

En su momento, hiciste un ciclo de notas al inicio del gobierno de Macri, que trascendió por la ya mítica frase de Julio Blanck, “hicimos periodismo de guerra” ¿Cómo lo ves al actual escenario de medios y su relación con la política?

Una fracción importante o la comandancia de Clarín sigue en modo “periodismo de guerra” porque aspiraban a que Alberto Fernández termine lo más rápido posible con el kirchnerismo y con la figura de Cristina Kirchner particularmente. De esa entrevista a Julio Blanck se recuerda la frase sobre “periodismo de guerra”, pero no se recuerda tanto que había dicho que en toda su historia como periodista de ese diario, nunca había visto una alianza “tan empática” como la del kirchnerismo de los orígenes con Clarín, hasta el punto que previo a la asunción de Cristina en 2007, Kirchner le permite la fusión entre Cablevisión y Multicanal, que fue lo que más ganancias le dio durante los cuatro o cinco años siguientes al Grupo.

Hoy la dirección de Clarín o una parte de ella sigue en ese modo guerrero para tratar de presionar políticamente y porque son parte del conglomerado empresarial argentino, junto con Paolo Rocca y Techint conducen la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y tienen intereses materiales concretos. Es un periodismo empresarial, que pelea por sus intereses, al margen de muchos de los periodistas que están en Clarín y hacen lo que pueden porque eso pasa en todas las empresas.

La comandancia de Clarín al principio fue un poco más amable con Alberto Fernández para tratar de “persuadirlo”para que se enfrente al kirchnerismo. Y Alberto Fernández, quizá no quiere, pero sobre todo, no puede enfrentarse, en gran parte por su debilidad política porque gran parte de los votos del Frente de Todos vienen del kirchnerismo.

Lo que sí quedó fuera de toda discusión es todo cuestionamiento al poder de Clarín, al margen de lo que escriban los editorialistas. Clarín logró que casi nadie diga hoy que hay que cuestionar su poder monopólico, que efectivamente lo tiene, y por lo tanto la estructura de medios en Argentina sigue siendo una estructura completamente concentrada, que no habilita la pluralidad de voces, en términos verdaderamente democráticos.No sé si ganó la guerra, pero esa batalla importante la ganó Clarín.

Si hiciéramos un libro de Historia de la Izquierda en Argentina y para la tapa te digo que hay que poner la imagen de cuatro dirigentes, ¿a quiénes elegirías y por qué?

Tal como lo planteaba anteriormente, no me gustaría personalizar tampoco en este terreno.Si hacés una historia de la izquierda en el sentido amplio, no pueden no estar figuras como la de Agustín Tosco, el Che Guevara, los clasistas en Córdoba; hay muchos de los protagonistas de las distintas organizaciones de izquierda de los años 70.

Pero si yo tuviera que escribir un libro, haría una tapa con acontecimientos más que con figuras. Quizás pondría la Patagonia Rebelde o la Semana Trágica; la huelga general de Enero de 1936, que empezó con una huelga de la construcción en Diciembre de 1935; la Resistencia después de la caída del peronismo y la toma del frigorífico Lisandro de la Torre como uno de los grandes acontecimientos; obviamente el Cordobazo y, viniendo más en el tiempo, el 2001.

Creo que pondría más acontecimientos que llevaron al movimiento obrero a tender a fusionarse con la izquierda, antes que destacar personas, pero bueno, son gustos.

Por último, ¿cómo ves a la izquierda de cara a las elecciones de medio término?

Hoy no podría hacer un pronóstico porque también depende cómo evolucione toda la situación política del conjunto. Sí creo que la izquierda mantiene su peso y su voz en la escena política, con figuras como Nicolás del Caño, Myriam Bregman, Claudio Dellecarbonara que ahora es legislador en la Provincia de Buenos Aires y es una personalidad de la vanguardia obrera. También Romina Del Plá, que es diputada. En distintos ámbitos, la izquierda mantiene una voz importante y depende cómo se estructure el escenario para pensar qué perspectivas puede tener en términos estrictamente electorales. Partiendo de esa base, hoy con pandemia de por medio, lo más científico que se puede prever es la lucha.

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