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"A Alberto Fernández, ser jefe del peronismo le está costando mucho"

Por Leonardo Casas

Diego Genoud es uno de los periodistas más lúcidos del actual momento. Alejado de los grandes medios de comunicación mainstream, forma parte de una nueva generación que mixtura rigurosidad con menos acartonamiento. Columnista destacado en el portal Letra P, reconocido por sus entrevistas en La Política On Line y por su newsletter diario en El Canciller, tuvo y tiene a los grandes protagonistas de la política y de la economía en su ciclo “Fuera de Tiempo” en Radio Milenium.

En su programa radial, entrevistó a Alberto Fernández el 18 de Mayo de 2018, exactamente un año antes de que Cristina Kirchner anunciara que sería el candidato a presidente, y esa noche, Alberto se autocatalogaba como un “un anarquista dentro del peronismo”. “Lo veo como alguien que toma decisiones, no como un anarquista”, recuerda Genoud, quien también analiza las relaciones del Presidente con Cristina, el “círculo rojo” y Clarín.

Hablás siempre de los dos problemas acuciantes: la “peste” y la deuda. ¿Creés que se terminará resolviendo la deuda? ¿Cambia la ecuación significativamente si se arregla con los bonistas?

En cuanto a la deuda, por supuesto que cambia estar o no estar en default. Por un lado es probable que se llegue a un acuerdo, en algún momento, quizás por partes, pero todo indica que ese acuerdo va a estar lejos del objetivo inicial, que se planteaba (Martín) Guzmán. Si es posible que haya un reordenamiento de los pagos, porque obviamente (Mauricio) Macri había dejado una bomba de tiempo con los vencimientos de cortísimo plazo, y eso se va a ordenar, pero la quita no va a ser tan grande como se esperaba, sobre todo si se tiene en cuenta que los bonos están a un precio muy bajo y Argentina – todo indica – los va a pagar más. Arreglar el tema deuda cambia, pero no tiene que ver con el plan original de Guzmán, que además tiene un libro que se llama “Demasiado poco, demasiado tarde”, donde plantea que la quita tiene que ser significativa, y hoy parece que va a ser mucho menor de lo que se esperaba.

De ahí a que venga la lluvia de inversiones, obviamente hay un trecho larguísimo. Hoy las grandes empresas, la mayoría, están sin crédito, o sea que es como si estuvieran en default. Los gobernadores están sin crédito internacional, como si estuvieran en default, al igual que el Estado nacional. Eso no va a cambiar, por más que Argentina pague de un día para el otro. Es probable que tarden bastante, Argentina, las provincias, las empresas, en volver a tener crédito. Eso según el propio gobierno, así que va a cambiar (la eventual reestructuración exitosa de la deuda) pero no de un momento a otro, en todo caso, será un proceso de saneamiento, que se inicia.

Ahí pesa la voluntad de Alberto Fernández y de Cristina, de los dos, de evitar el default y cambiar un poco la lógica de Guzmán. Si Néstor Kirchner decidió, en el caso de la deuda cuando se discutía con Roberto Lavagna, y fue el que impuso una quita más agresiva, en este caso son el presidente y también su vice son los que inducen a una quita menos agresiva.

¿Cómo ves la relación entre Alberto Fernández y el llamado “círculo rojo”? ¿Hasta ahora es más retórica que firme su postura frente a los grandes empresarios?

La relación con el círculo rojo la veo complicada, porque Alberto Fernández no termina de definir con claridad como se quiere parar frente a esos sectores del establishment, del poder, de los grupos concentrados. No lo veo claro en cuanto a lo que pretende, y cuando intenta avanzar con algo, finalmente pareciera que tiene que retroceder. En este caso es lo de Vicentin, pero uno puede mencionar también cuando también salió a hablar en contra de los “miserables”, y los despidos de Techint finalmente se concretaron, se firmaron en el Ministerio de Trabajo, o cuando Alberto quiso que los bancos hagan un aporte con créditos más importantes para paliar la pandemia, destinados a las pymes, y finalmente los bancos no hicieron esos préstamos a la velocidad que quería el Gobierno ni en la cantidad que quería, y terminó directamente el Estado pagando los sueldos del sector privado. Se perdió mucho tiempo en eso.

Ahí se nota una relación decisiva, en la cual está claro cómo se plantan los grupos empresarios, tratando de frenarlo e de impedirle que avance hacia un sentido de mayor protagonismo estatal, y lo que no está claro es como Alberto se desenvuelve frente a eso. Y aparece siempre el kirchnerismo como el sector que lo está castrando, y ese es un juego ambiguo que plantea Alberto, aunque él diga que la expropiación es una idea de él, después sale y dice que el Estado tenga participación en las empresas es una idea loca.

Es muy contradictorio y muy errático el discurso del Presidente, las acciones del Presidente, frente a un bloque muy homogéneo que le fija condiciones, que lo condiciona, que lo determina y que le responde con mucha agresividad. Frente a eso, Alberto aparece dudando. Siempre él había sido en tiempos de Kirchner un vehículo con los grupos empresarios y ahora es el que tiene que tomar las decisiones. Lo veo en una dificultad para una relación que es decisiva.

Hablás seguido con los principales líderes políticos, empresariales y sociales. ¿Hay posibilidades de una mirada común de país, o siempre estamos condenados a una especie de péndulo de acuerdo a quien detente el poder?

En cuanto a la posibilidad de una mirada común sobre el país, yo creo que sí, que existe esa posibilidad y hace falta claridad para salir del estancamiento. Hace falta obviamente una mesa, hace falta consenso y escuchar a todos los sectores, pero llega un momento en que hay que tomar decisiones, y eso lo ligo con la pregunta anterior.

Hay un momento en donde el Estado tiene que avanzar en el sentido que considere, después de escuchar a todos los sectores. Hay cuestiones que son urgentes y necesitan una resolución urgente, probablemente, y hay otras que se pueden discutir. Un mandato de cuatro años es más que suficiente para discutir y arrancar a poner en marcha esas reformas estructurales.

Hay consensos, incluso en sectores empresarios, de que hace falta una reforma tributaria, por ejemplo. Después, obviamente, nadie quiere poner, los sectores empresarios dicen que ya ponen demasiado, etc. Luego hay varias discusiones sobre qué papel va a tener la industria en ese futuro, qué papel van a tener otros sectores, más dinámicos. También se debería discutir qué sectores tienen que hacer un aporte y que vienen ganando. Yo siempre menciono a los concesionarios de peajes, gasíferas, eléctricas, bancos, por hablar de los claros ganadores de los años de Macri.

En “Fuera de Tiempo”, entrevistaste a Alberto Fernández el viernes 18 de Mayo de 2018; un año después, era elegido candidato por Cristina. ¿Hay diferencias entre el Alberto Fernández que entrevistaste y el que ves hoy?

Comparando a este Alberto con aquel de hace dos años, por supuesto que hay diferencias (risas). En esa época era un operador que estaba recuperando el gustito de la política y el poder, volvía a tener incidencia en el poder después de 10 años de marginalidad política. En ese momento estaba tendiendo puentes y hoy es el Presidente y está encima de todo.

Por un lado, creo que está mucho más condicionado, y por otro lado tiene muchísimas más posibilidades. Está en un lugar que jamás hubiera soñado y está ahí gracias a su relación con Cristina. Después me parece que queda expuesto que mencionaba antes: su dificultad para convertirse en jefe, su dificultad para trabajar sobre una línea clara.

Ser jefe del peronismo le está costando mucho. Puede serlo, pero primero se lo tiene que proponer, y ahí está cómo él se vincula con Cristina. En eso coincido con los análisis que se hacen, que Cristina, la Cámpora, los sectores que la acompañan, tienen un proyecto bastante más sólido a largo plazo, además tienen más historia, y Alberto recién está empezando a construir un liderazgo, y en relación con Cristina.

No veo que se esté proponiendo eso, si no que se concentra en la gestión y como ya lo escribí, él desactiva la idea de un albertismo, se plantea por encima de las contradicciones, aunque no siempre lo logra, y trabaja el tema de la complamentariedad entre distintos sectores.

“Dentro del peronismo soy un anarquista, porque siempre hice lo que creo”, te dijo en ese programa: pensás que terminará convirtiéndose en jefe del peronismo, y la consecuente conformación del “albertismo”?

Creo que esta idea de un anarquista, era la idea de un marginal de la política, y Alberto es un hombre del poder. Lo fue durante el kirchnerismo y lo vuelve a ser ahora. Esos diez años son una ventana de tiempo bastante difícil de explicar, siendo lo que es Alberto, un tipo de poder. No lo veo como un anarquista, lo veo como operador, como alguien que toma decisiones, que se relaciona con el poder, desde el peronismo.

También te dijo que en su momento, dentro del kirchnerismo, el peleó para que no le dieran Telecom a Clarín y siempre pensó lo mismo respecto al grupo. ¿Cómo ves la relación Alberto – Clarín hoy?

La relación de Alberto con Clarín da para escribir un libro también (risas). Se han escrito varios. Él obviamente dice eso, de que estaba en contra de que le den Telecom y de que se vio poco con Magnetto, y la versión del kirchnerismo siempre por supuesto fue otra. Kirchner decía que él era Paladino Fernández. En un momento lo tuve como tuit fijado y lo escribí en el libro de Massa, por el delegado de Perón, que empezó como delegado de Perón ante Lanusse y terminó como delegado de Lanusse ante Perón. “Paladino”, le decía Kirchner en broma, quien también después bautizó a Massa como “Rendito” (en alusión a Jorge Rendo, otro de los hombres fuertes del multimedio), en ese gran juego que hacía Kirchner diciendo “tengo a los quintacolumnistas de Clarín en mi propio gobierno”. A Alberto Fernández siempre lo vieron así, incluso así lo ven grupos como Vila-Manzano.

Hoy, por supuesto, la relación es otra. Alberto hoy recibe y le pegan desde Clarín por haberse asociado con Cristina. Hay un deseo intenso de Clarín de convertir a Alberto en un – que por mucho tiempo lo fue – un enemino o detractor de Cristina.

Hoy obviamente es inviable ese deseo de Clarín y por eso lo castigan. Hoy es conflictiva esa relación, más allá de que él pueda tener relación con Rendo o con Magnetto, reuniones con AEA. La relación es conflictiva porque buscan un Alberto enfrentado con Cristina, que es un imposible para mí. Trabajan para eso, desde las usinas desde el grupo. Es una relación complicada, que fue muy cercana en un momento, que sigue hoy teniendo puentes, porque Alberto sigue teniendo relación con un montón de figuras del grupo, además de los dueños, pero que es difícil que llegue a buen puerto. Si uno mira hoy cómo está esa relación, es una relación tensa, porque en la medida que Alberto mantenga su sociedad con Cristina, va a sufrir la artillería de Clarín.

Como autor de “Massa: la biografía no autorizada”, ¿cómo ves hoy la figura del presidente de la Cámara Baja? ¿Su proyecto presidencial sigue firme? ¿Tiene más posibilidades de ello siguiendo en el bloque del panperonismo, con el kirchnerismo incluido, o creés posible otra vez una fractura?

La figura de Massa también es una figura que está sujetada dentro del Frente de Todos. El proyecto presidencial creo que anida todavía en su corazón, pero obviamente tiene que esperar. Hubo un error de cálculo grosero, la política es muy dinámica, pero si se lo mira desde hoy, Massa quiso ser candidato a presidente en el 2015, y ahora con suerte lo podrá ser en 2023, o sea que hubo un error de cálculo de ocho años como mínimo.

Yo creo que él sigue pensando en eso, pero hoy está mucho más difuso. Evidentemente, se estaba deteriorando mucho su capital político y por eso terminó en esta alianza del Frente de Todos, que es una alianza heterogénea, donde él tiene un lugar, quizás no el lugar de protagonismo que le gustaría. Tiene que reinventarse, pero lo veo adentro del espacio, salvo una tensión muy grande que hoy no la veo.

Lo veo siendo parte, en una sociedad con Máximo Kirchner, que lo ayuda mucho a él y también a Máximo Kirchner. Lo veo siendo parte del Frente de Todos hacia adelante, esperando su momento para ocupar un lugar de mayor preponderancia. Si hay una crisis en el Gobierno, la puede tener, y si no hay crisis, también en algún momento puede ocupar un lugar importante en alguna fórmula. Lo veo dentro del gobierno, salvo que estalle el Frente de Todos.

Foto: Bunker.net

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