24/01/2020
viernes 24 de enero del 2020 - T
24 enero 2020 - T
viernes, 20 de diciembre, 2019 - 10:24 hs.
El planeta no se puso de acuerdo

Después de transitar la Cumbre del Clima más extensa de la historia, la presidenta del encuentro y ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, se mostró insatisfecha con los resultados y afirmó que “es triste no haber podido llegar al acuerdo final”.


Representantes de más de 200 países sólo pudieron arribar a un documento titulado “Chile-Madrid. Tiempo de actuar”.


Schmidt dijo que “no estamos satisfechos” y detalló que “queríamos cerrar el artículo 6 para implementar un mercado de carbono robusto con integridad ambiental, enfocado en generar recursos para transitar hacia un desarrollo sustentable, basado en bajas emisiones y resiliente al clima”.


La ministra chilena señaló que “es triste no haber podido llegar al acuerdo final, estuvimos tan cerca”.


“Dejamos con legado un texto ambicioso y ambientalmente sólido que permite generar las bases para un mercado de carbono sin doble contabilidad y entregando recursos para su adaptación”, agregó la titular de la cumbre.


Dijo también que “los ciudadanos del mundo nos están pidiendo avanzar más rápido y mejor en materia de finanzas, en adaptación, en mitigación y en generar mejores condiciones de vida para enfrentar el cambio climático”.


Resaltó el acuerdo en materia de género y lo definió como “un plan de acción para fortalecer el rol y empoderar a las mujeres en sus respectivas comunidades locales, y darles herramientas para enfrentar los efectos del cambio climático a las que son las más vulnerables”.


Los océanos fueron destacados como “sistemas esenciales de mitigación de efectos del cambio climático y que afectan a la vida de millones de personas”, por lo que se impulsó a los países a que “incluyan a los océanos en sus compromisos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero”.


“El mundo nos está mirando y los acuerdos alcanzados por las partes no son suficientes para abordar con sentido de urgencia la crisis del cambio climático”, sentenció la funcionaria.


No haber podido llegar a un entendimiento definitivo abre un signo de pregunta acerca de la disposición que las grandes potencias mundiales tienen en este sentido.


Los países centrales saben que en sus manos está la llave maestra para encaminar la solución a esta problemática global.-


@danieltemperoni

   


Columnas anteriores
viernes, 24 de enero, 2020 - 10:23 hs.

Los hechos de violencia manifiesta que acontecen a diario en el país, llevan a reflexionar sobre el contexto social en el que se desarrollan y también acerca de las reacciones de sus protagonistas.


Como sociedad tenemos la obligación de revisar estos actos que están muy lejos de las reglas básicas sobre las que debe regirse una comunidad.


Estos márgenes gruesos de anomia se enfrentan cotidianamente con los esfuerzos mayúsculos de la mayoría de los argentinos; esos que todos los días cumplen el ritual de la supervivencia, educan y protegen a sus hijos, les dan marco convivencial y los preparan para el futuro.


Pero mientras la mayoría laboriosa se empeña en mejorar a base de trabajo y convicción, aparecen estos sujetos extrapolados del concepto general y rompen la fisonomía colectiva con actitudes violentas que terminan sacudiendo a todos.


Es ahí cuando se revisan las políticas de Estado y se analizan bajo la lupa las responsabilidades del gobierno de turno, poniendo el acento en los protocolos de prevención que siempre se muestran insuficientes.


Cada momento de crisis es acompañado por una andanada de lamentos, críticas y advertencias provenientes de los distintos sectores de la sociedad, aunque se concluya que la gestión política tiene mucho que ver con el crecimiento de los actores violentos, vía del escaso compromiso de quienes deben velar por la seguridad del conjunto y de aquellos que están obligados a legislar para que otros administren la mejor justicia.


Y así nos desayunamos con imágenes captadas por más de un celular donde aparecen patovicas golpeando hasta el desmayo a un grupo de jóvenes o un manojo de exacerbados pateando la cabeza de un ocasional contrincante, un conductor irascible que descarga su furia con una llave cruz en el parabrisas de otro vehículo o alguien que cae pesadamente al suelo tras ser empujado por motochorros.


La violencia se manifiesta en todas las formas posibles y acaba por teñir el horizonte del ciudadano hasta desmoralizarlo e infectarlo de bronca.


El individuo se vuelve desconfiado, siempre en guardia, atento a cualquier evento que pueda surgir del contacto con sus pares, quienes también terminan por adherir a esa línea de pensamiento.


Lo peor que nos puede pasar como sociedad es que estos hechos cometidos por lobos solitarios o manadas enfurecidas, nos roben los sueños grupales de una realidad superadora de la actual.


El Estado tiene enorme tarea por delante, ya que no sólo debe revisar las políticas de prevención, sino generar proyectos educativos y reformas profundas en materia de contención social.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 17 de enero, 2020 - 10:21 hs.

Francisco advirtió ya en 2014 que “tras el segundo fracaso de una guerra mundial, quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida "por partes", con crímenes, masacres, destrucciones".


Aquella frase manifestada el 13 de septiembre de ese año después de visitar el cementerio militar de Fogliano Redipuglia para recordar a los caídos en la primera conflagración global, resonó fuerte en los pueblos pero poco o nada en los despachos de los líderes mundiales.


El planeta siguió mostrando heridas en todos los continentes y millones de personas sufrieron desde entonces el flagelo de los conflictos bélicos.


En muchos casos, los heridos y muertos pasaron a formar parte de los denominados daños colaterales con los que se tratan de disimular tremendas tragedias humanas que sólo delatan que el hombre es el lobo del hombre.


Mientras las tensiones volvieron a aparecer en el eje Estados Unidos-Irán, otros jugadores en el inmenso tablero internacional fueron reacomodando sus posturas para aparecer más fuertes y concentrados en sus objetivos geopolíticos.


Nadie dejó de recalcular sus fuerzas y no aparecieron voces claras pidiendo calma a los contendientes, salvo aquellos que siempre aportan cuotas de cordura y que se pueden contar con los dedos de una mano, incluido el gobierno argentino.


En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, manejado por cinco grandes potencias que se aseguran voz, voto y veto, sólo hacen cuentas de lo que otros pueden perder y de aquellas cosas que podrían generar mermas a sus propios países.


Un verdadero manojo de hipocresías sentadas a una mesa chica que nunca permitió que otras naciones intervinieran más allá de sus caprichos.


El peligro no sólo está expresado en el cruce potencial de arsenales bélicos, sino en la inagotable imaginación de afiebrados líderes mundiales que juegan sobre un mapa virtual la vida de millones de seres humanos.


“Cuando haya sangre en las calles, compra propiedades”, sentenció el Barón de Rothschild haciendo creer falsamente en la Bolsa de Londres que Napoleón estaba ganando en Waterloo.


Hoy el petróleo otra vez está en alza y ya casi nadie recuerda cómo se inició todo.-


@danieltemperoni

viernes, 10 de enero, 2020 - 10:52 hs.

El país se encuentra endeudado hasta las entrañas y esto significa que cualquier movimiento interno o coletazo internacional pueden generar indeseados resultados temporales.


Los mercados se muestran permanentemente monitoreando los escenarios del mundo y las acciones bélicas o de otra índole que puedan ayudarlos a ganar más dinero.


Por eso, seguramente las directrices de negociación de Argentina estarán muy atentas a los vaivenes de la política exterior y a aquellos eventos que deban analizarse como posibles contratiempos.


En el marco interno, la Comisión Episcopal de Pastoral Social dio a conocer un documento donde solicitó priorizar la atención de la deuda social antes que la deuda externa, advirtiendo que urge que “la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de una vida decorosa para todos”.


Con el título “La deuda externa y las deudas sociales”, Cepas manifestó que la Patria afronta hoy el desafío renovado de “atender la deuda pública, pero sobre todo las deudas sociales”.


“Hoy vuelve a plantearse en nuestro país el dilema de pagar sobre el hambre y la miseria de millones de compatriotas o buscar un camino que, sin dejar de honrar las deudas, anteponga el crecimiento de la economía, el equilibrio de las cuentas públicas y la atención de los más necesitados antes de hacer frente a los compromisos de la deuda”, agregó en el documento.


También sostuvo que “la deuda social es la gran deuda de los argentinos, no se trata solamente de un problema económico o estadístico. Detrás de las estadísticas hay rostros e historias de sufrimiento y lucha por sobrevivir. Es principalmente un problema ético que nos afecta en nuestra dignidad más esencial”, añadió.


Pidió poner en marcha “un modelo basado en la producción y en la economía social, como condiciones imprescindibles para una economía con rostro humano que, a partir de saldar la deuda social, pueda honrar sus compromisos con la deuda externa privilegiando la protección de los más vulnerables.


La necesidad de atender la prioridad de millones de argentinos que están fuera del sistema está contenida en el Plan Argentina Contra el Hambre que comenzó en Concordia con la entrega de tarjetas alimentarias y se lanzó formalmente en Chaco.


Lo que plantea Cepas está orientado a sentar las bases productivas en economías regionales que puedan crear puestos de trabajo, abastecer el mercado interno y generar divisas para el país.


La deuda externa es un problema profundo que tendrá que ser tratado con inteligencia, pero primero deben atenderse las consecuencias sociales de tan grosero endeudamiento.-


@danieltemperoni


 

viernes, 3 de enero, 2020 - 10:32 hs.

El esfuerzo que hacen millones de argentinos todos los días, muchas veces parece desvanecerse cuando ciertos renglones de la actividad económica y financiera acomodan sus cargas sobre las espaldas de la producción.


Lo hacen los bancos, las financieras y los formadores de precios, estamentos que siempre sortearon con holgura las cíclicas crisis argentinas.


Por las dudas, generan movimientos a veces imperceptibles para la mayoría de la gente, cuyos cimbronazos se terminan sintiendo en los consumidores finales que eternamente soportan esos latigazos.


Las miradas casi nunca los enfocan a ellos porque tienen mucha destreza en borrar las huellas que los llevan a obtener mayores beneficios.


Tampoco se conocen sus rostros y difícilmente sus maniobras puedan anticiparse, aunque las utilidades se repitan casi como calcadas.


Mientras los trabajadores prodigan su esfuerzo cotidiano y constante, aportando históricamente en una economía que pocas veces los tuvo como protagonistas, y las pequeñas y medianas empresas aguantan con estoicismo y esperanza los embates de la cruda realidad, los inventores de la viveza criolla miran desde su nube intocable cómo se mueve la sociedad a la que le aplicarán la presión de sus tentáculos.


Existen numerosas formas de restringir ese poder y el Estado tiene las herramientas necesarias para regular acciones que muchas veces están al límite de lo permitido.


Casi todos esos movimientos pueden ser anticipados y merecen una mirada mucho más profunda de los organismos estatales que, seguramente, beneficiarán al resto de la población cuando esas presiones vayan desapareciendo.


El bendito mercado le viene marcando el paso a la realidad argentina desde hace décadas y pocos fueron los gobiernos que impusieron reglas al menos para aminorar sus efectos nocivos.


Los formadores de precios manejan el humor de las góndolas y sus decisiones pulverizan  los esfuerzos de las economías regionales para llegar con sus productos a los grandes centros urbanos.


Los gobernantes saben quiénes ponen y quiénes sacan en esta perinola social, por lo que las medidas para equilibrar el juego aparecen como urgentes y necesarias.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 27 de diciembre, 2019 - 10:38 hs.

Resulta difícil encontrar una ciudad como Mar del Plata que durante la temporada de verano pueda recibir el equivalente a su población multiplicada al menos por tres.


A pesar de los avatares de la macroeconomía, las últimas temporadas mostraron la intención permanente de presentar su potencialidad.


Significa contar con servicios de agua potable, energía eléctrica y gas que se sostengan de forma permanente.


También del abastecimiento de productos alimenticios que, en su mayoría, provienen del cordón frutihortícola y del puerto marplatense.


Todo se asienta en la batería de servicios hoteleros y gastronómicos que demuestra la capacidad de crecimiento y adaptación permanente de la ciudad.


La conexión con otros puntos del país a través de los distintos medios de transporte es vital para el soporte de un centro turístico de esta envergadura.


Esa globalidad de condiciones ha hecho posible que Mar del Plata se muestre como una palanca económica bastante indescifrable para otras economías regionales que también incluyen al turismo como variable.


Sin embargo, este conglomerado urbano ha venido sufriendo las consecuencias negativas de la economía y hasta hace un trimestre se ubicaba en el podio de la desocupación a nivel nacional.


Lo que explica que la realidad económica y el comportamiento del mercado interno afectó directamente sobre los resultados de las últimas temporadas.


Por esta razón hay una expectativa positiva depositada en los distintos actores sociales con relación a los próximos meses de verano y en función de las medidas aprobadas por el Congreso de la Nación.


Lo que traccione el movimiento a nivel país, seguramente se verá reflejado en los resultados que puedan exponerse cuando se hagan los números de la temporada estival.


Hace décadas que entendimos que el conjunto de actividades productivas y de servicios es determinante para sostener y hacer crecer al núcleo Mar del Plata-Batán, y que el lapso veraniego es la oportunidad de apalancar al resto de las acciones económicas.


@danieltemperoni


 

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