19/10/2019
sábado 19 de octubre del 2019 - T
19 octubre 2019 - T

Raquel Pozzi Analista en Poli­tica Internacional

martes, 17 de septiembre, 2019 - 11:08 hs.
Petróleo y guerra: Arde el Golfo Pérsico

El ataque con drones yemeníes a las instalaciones saudíes de ARAMCO en Abqaiq y Khurais, en el este del reino saudí, ha determinado una nueva fase de los conflictos no sólo en la península arábiga sino también en el Golfo Pérsico. Si bien la turbulencia en la región comenzó con la retirada de los Estados Unidos del Pacto Nuclear -PAIC- y las sanciones económicas contra la República Islámica de Irán, no obstante es necesario aclarar que los estados que componen tanto la península como el golfo tienen sus propias connotaciones políticas, económicas, sociales y culturales.


Tanto el Reino de Arabia Saudí; como el Reino de Bahréin; Estado de Qatar; Emiratos Árabes Unidos; Estado de Kuwait; el Sultanato de Omán; República de Irak y República Islámica de Irán son estados de regímenes políticos complejos y sería una tarea titánica proponer un análisis minucioso de cada uno de ellos en esta columna. La propuesta es analizar el escenario regional actual a partir del ataque o sabotaje realizado a las instalaciones petroleras saudíes.


El antecedente histórico contemporáneo del aumento estrepitoso del petróleo se produjo en el año 1973, como consecuencia de las guerras árabes-israelíes luego de Yom Kippur, cuando los estados árabes consideraron que las contiendas militares contra el Estado de Israel no les eran favorables, utilizaron su potencial con respecto al recurso más importante para generar la “guerra del petróleo” y como efecto dominó, la crisis económica global de los años 70, que a su vez propuso la configuración y consolidación sistemática del neo – conservadurismo en los Estados Unidos con Ronald Reagan y el Reino Unido de Gran Bretaña con Margaret Thatcher.


En la turbulenta región, que desde la visión europeísta se propone llamar “Oriente Medio”, el petróleo ha sido la moneda de cambio para resolver o profundizar conflictos. En este caso, el aumento del precio del oro negro responde al ataque de drones hutíes yemeníes sobre las instalaciones más importantes del corazón petrolífero saudí.


El Consejo de Shura en Arabia Saudita fue convocado para gestionar resoluciones con respecto al perjuicio económico y a las amenazas hutíes desde Sanna, alegando según el portavoz hutí que “sus manos largas pueden llegar a donde quieran sino detienen su agresión y asedio a Yemen”. Si bien no es una acción aislada sino reiterada, no deja de tensar los conflictos generados desde la salida de los Estados Unidos del PAIC y las reyertas militares en el Estrecho de Ormuz. Esta acción reiterada trata de concentrar mayor conflictividad en una región ecléctica en cuanto a formas de gobiernos y relaciones de vecindad. La situación con respecto a la ruta del petróleo podría derivar en varias interpretaciones.

El Golfo Pérsico no es una región monolítica


En el imaginario colectivo persiste la idea reduccionista de recostar los análisis sobre la variable religiosa, específicamente en el conflicto que sostienen los sunníes contra los chíies, pero la complejidad del mosaico “islam político” requiere otro capítulo. En este caso considero imperiosa la necesidad de aclarar que la guerra no es deseada en la región más allá de los intereses estratégicos entre los saudíes, yemeníes e iraníes.


El Reino de Bahréin y sobre todo el régimen de los Al Jalifa prefieren mantener la calma luego de un extenso proceso de manifestaciones contra la dinastía. El temor a las revueltas y la memoria activa que dejó el proceso de “La primavera árabe” neutraliza cualquier intento de alianza que se presuma “peligrosa” para los intereses propios. La preferencia de Bahréin es mantener lazos con los Estados Unidos y el Reino Unido para frenar las intenciones de derrocamiento y la presión ejercida por el partido de la oposición “La Sociedad Nacional islámica Al Wefaq”. Manama –ciudad capital- se convirtió en el centro operativo de los activistas desde el año 2011, donde las protestas, según el régimen, provienen del ala chiíta gestionados desde Irán. Está claro que tanto el rey como el primer ministro intentan preservar la calma aunque con ejecuciones y la actual situación no es el escenario ideal para la dinastía de los Al – Jalifa.


Con respecto al Estado de Qatar, la situación pendula entre el rencor por la expulsión por parte de Arabia Saudita del Consejo de Cooperación del Golfo y el gran proyecto del mundial de fútbol 2022. La familia Al – Zani y funcionarios emiratí han sido acusados de corrupción en torno a las inversiones millonarias realizadas para los Juegos Asiáticos del año 2006 y la próxima Copa Mundial de Fútbol 2022. El régimen absolutista qatarí no es del agrado de los saudíes y mucho menos de la República árabe de Egipto por las sospechas de los lazos cooperativos entre el régimen de Qatar y la Hermandad Musulmana. Entre bloqueos y sanciones la dinastía Al – Zani ha bajado los decibeles en los enfrentamientos, prefiriendo cooperar para mantener la paz en la región en vistas a los eventos de envergadura mundial. Asimismo el Estado de Kuwait condenó enérgicamente los ataques contra las instalaciones saudíes considerándola en los mismos términos que la dinastía Salman “un acto de sabotaje que atenta contra la seguridad y estabilidad de Arabia Saudí, proveedora de la energía global” La posición de los Al – Sabah no difiere del Sultanato de Oman, ya que persiste la idea de ser mediadores si se profundiza el conflicto entre los Estados Unidos e Irán.


Entre la guerra y la paz


Dentro del Consejo de Cooperación del Golfo reina la división con respecto a la guerra, pero sobre vuela con mayor potencia los resabios de “La primavera árabe”. Los príncipes herederos más importantes del Golfo, Mohamed Bin Salman y Mohamed Bin Zayed tienen posiciones encontradas pero intereses que los aúna. La confrontación contra Irán se ha focalizado hace más de un lustro en Yemen, pero la intromisión de los Estados Unidos en la contienda obligó a recalcular los movimientos de los regímenes de la región. Aunque la inteligencia artificial aporta un capítulo diferente con respecto a los ciber-ataques, el petróleo sigue siendo el recurso que domina los ánimos en el mundo.
El alza del precio del oro negro puede ser visto como un problema pero también como la gran solución para las economías de algunos estados que integran la OPEP; para atosigar a la República de China que requiere del recurso iraní como también para los estados de la Unión Europea que bregan por resolver el conflicto con Irán. Estados Unidos se involucra indirectamente con la nueva versión de la guerra del petróleo en el Golfo Pérsico, una táctica repetida: desde lejos y acercando la chispa detonante.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

   


Columnas anteriores
sábado, 7 de septiembre, 2019 - 10:34 hs.

Los príncipes herederos más relevantes que generan actualmente notoriedad en el Golfo Pérsico son el príncipe Mohamed Bin Salman de Arabia Saudí y Mohamed Bin Zayed de la Federación de Emiratos Árabes Unidos, se trata de monarquías dinásticas a diferencia de monarquías individuales como Marruecos y Jordania, éstas últimas pivotean su poder conjuntamente con los parlamentos pero sin perder la centralidad.


En las monarquías dinásticas el gobernante es el jefe de familia, su poder se extiende a todo el país a través de una minuciosa red política y social como también un servicio de inteligencia que los mantiene informado de manera eficaz. Lo que permea el tejido sólido de alguna de estas monarquías individuales o dinásticas en el presente siglo, es el ingreso de las tecnologías vía redes sociales, convirtiendo a los jóvenes en vectores importantes de las revueltas enmarcadas en procesos tales como “La Primavera Árabe”.


No es el caso de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, si bien ambos sostienen matizada aversión contra el islamista, los Emiratos Árabes Unidos tienen dedicación exclusiva en la lucha contra los talibanes en Afganistán; los Hutíes y Daesh en Yemen; Al – Shabaab en Somalía; la hermandad musulmana en Libia de M. Morsi en al año 2013 (e/otros) colaborando con los Estados Unidos. En el caso de Arabia Saudí la situación es diferente sobre todo en el apoyo solapado en la guerra en Siria a las fuerzas islamistas.


Retomando el hilo, los príncipes herederos en el Golfo registraron la secuencia negativa de los efectos de las revueltas árabes prestando especial atención en el hastío social de las prácticas arcaicas de los reyes octogenarios, sobre todo en el carácter temporal extenso de sus gobierno en un tejido permeable por pseudo-fidelidades en torno a príncipes menores que se corrompen y ansían mayor autonomía.


Tanto Mohamed Bin Salman como Mohamed Bin Zayed gobiernan entre la legalidad y un manto oscurantista respecto a las formas del arribo al poder político. Si bien existen diferencias notables entre ambos, el hilo conductor que sostiene la lógica de alianza en estas petro-monarquías es el enemigo común: La República Islámica de Irán.


Una versión de la “Guerra fría” en esta región propone a Arabia Saudí de un lado y a Irán del otro, por lo tanto es imprescindible generar un mapa mental de los bloques de estados que se han conformado en torno al conflicto actual en el Golfo Pérsico. Los jeques árabes tienen abultado poder económico y gobiernan con un “yacimiento en cada bolsillo”.


El mando político sólo requiere de formalidades endebles ya que la rigidez está marcada por fuertes tradiciones inapelables. En el caso de los persas, su pasado imperial es la más preciada riqueza, aunque también posean recursos naturales que los hacen potentes en la región, no obstante en medio de la crisis actual, los iraníes están conminados a ser leales a su pasado “entre la guerra y la paz”. En la era global de las comunicaciones, los señores de turbantes blancos representan la antítesis de los líderes de barbas blancas.


El debate quizás es más claro: ¿Petro-monarquías o Líderes nucleares en el Golfo? En la era Trump, es irrefutable, sus aliados del oro negro árabe no constituyen para los norteamericanos el peligro real actual, pero la capacidad nuclear de Teherán como también otros factores persas conforman el puzzle difícil de domeñar para los Estados Unidos.

Arabia Saudita no está sola en el Golfo Pérsico


El príncipe heredero Mohamed Bin Salman en Arabia Saudí y el poder que ostenta en la región se ha convertido no sólo en nombre propio, sino en la referencia de un significante puro a una existencia singular pero con gran sentido de “modernidad” en la geo-política del Golfo Pérsico.


Para Teherán, la cadena no se corta en Riad, existe un eslabón emiratí, refiriéndose a Mohamed Bin Zayed, fortalecido por la mediatización. Las petro-monarquías emprenden una etapa renovadora de herederos aggiornados a la nueva era global pero cuya genética anti-persa los aúna y los fortalece con la anuencia de Donald Trump y bajo la supervisión del mandatario israelí Benjamin Netanyahu.


Ponderar la figura de Mohamed Bin Zayed, comandante supremo adjunto de las Fuerzas Armadas de los Emiratos Árabes Unidos, es una tarea ardua, teniendo en cuenta que su posición como heredero y a la vez jefe de Estado –de facto- surge entre las sombras. Sobre la costa oriental de la península arábiga: Kuwait; Arabia Saudí; Bahrein; Qatar; Emiratos Árabes Unidos y el sultanato de Omán, custodian el ritmo comercial en las aguas del Golfo Pérsico con fuerte presencia del holding emiratí Dubais Port World y de la poderosa fuerza naval estratégica de los iraníes.


La táctica política de los herederos árabes es poner el foco mundial en estos nuevos líderes políticos, con la salvedad que no todos los jeques árabes son adeptos a la exposición, así dicen de Mohamed Bin Zayed. De todas formas no pasa desapercibido, la carrera armamentística de los Emiratos Árabes Unidos aumentó sustancialmente entre los años 2007 al 2018 según SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) dato que plasmó la inclinación bélica de Zayed por el volumen de importación - exportación de armas y municiones otorgándole independencia y relevancia en la región.


Antiguas discordias y nuevos herederos


No siempre fue cordial la relación entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en tiempos del jeque Zayed Bin Nahyan y del rey Fáisal Bin Abdulaziz, el punto de fricción se centraba en la frontera con Qatar –Al Wakrah- en el asentamiento de Khawr al Udayd, zona estratégica de ingreso al Golfo Pérsico como también refugio de piratas. La disputa tuvo punto final en el año 2005 cuando conjuntamente decidieron la política de cooperación en torno a la lucha contra la República Islámica de Irán.


Los Estados Unidos han denominado a los Emiratos Árabes Unidos como “la pequeña Esparta” por la formación militar convirtiéndose en la 2da. Fuerza más importante en “Oriente Próximo”. Las conexiones directas entre Trump y Bin Zayed se robustecieron por las políticas en torno al: Pacto Nuclear; los vetos a las resoluciones del congreso norteamericano que detenían la venta de armas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos; al reporte Robert Mueller sobre la conexión Rusia-Estados Unidos y las luchas contra islamistas ya mencionadas. En el mundo de la política las diferencias quedan veladas cuando el enemigo común acecha.


La tríada Arabia Saudí-Emiratos Árabes Unidos-Estados Unidos tienen un objetivo en común, debilitar el tejido económico iraní. Sin embargo Mohamed Bin Zayed es aliado de la realpolitik y a pesar de tratarse de un conjunto de emiratos de pequeñas dimensiones se ha convertido en un factor regional influyente demostrando su potencial en Yemen en la capacidad de planear y ejecutar la re-captura de Adén.


Con “un yacimiento en cada bolsillo”, los nuevos herederos replican la trama de alianzas y contradicciones del mundo democrático: Donald Trump, adepto a vetar las resoluciones del Congreso, se recuesta en el Reino Unido donde Boris Johnson cierra el Parlamento en medio de turbulencias; en el mundo de las monarquías dinásticas: Mohamed Bin Salman apuesta a la “diplomacia” y a las purgas internas mientras Mohamed Bin Zayed ostenta capacidades militares con altas preferencias a las guerras convencionales dejando entrever la mano que mece la cuna de un posible conflicto bélico directo contra Irán espoleado por los Estados Unidos. Peligro inminente.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

lunes, 19 de agosto, 2019 - 08:18 hs.

Tras la revocación del estatus especial de Cachemira por parte de la República de la India, que reclama todas estas tierras bajo el nombre de Jammu y Cachemira, la zona más militarizada del mundo vuelve a tornarse en una amenaza global por la incorporación de un tercer actor: la República Popular de China.


La titánica guerra comercial emprendida por Donald Trump y Xi Jinping, abre diferentes escenarios que vigorizan conflictos históricos. Entre ambas repúblicas -India y Pakistán- la tensión no es sólo por Cachemira,


Pakistán cedió en 1963 a China la región de Gilgit-Baltistán, convirtiéndose en una ruta central de conectividad en la nueva Ruta de la Seda en el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC).


La administración de Narendra Modi efectivizó una de las promesas en campaña con las que ganó holgadamente las elecciones 2019: eliminar los privilegios constitucionales de Jammu y Cachemira, único Estado indio con mayoría musulmana en la frontera con Pakistán.


Según mapas coloniales británicos, Aksai Chin fueron ocupados por China a finales de la década de 1950, el mapa que muestra la región cedida por China a Pakistán la cual fue reintegrada nuevamente por China en un insólito y secreto acuerdo con Pakistán.


La delgada línea de control


En la “Línea de Control” en Jammu y Cachemira, frontera militar entre la India y Pakistán de más de 700 km de largo y legado de la guerra de 1971 indo-pakistaní, crece la tensión. En los distintos puntos de LoC (Line of Control) se llevan a cabo enfrentamientos militares entre los dos estados aún cuando se presume que el mismo atenuaría la intensidad con la mediación internacional. El histórico conflicto entre la República de la India y la República Islámica de Pakistán en el mes de Mayo fue el epicentro de los ataques realizados por militantes pertenecientes al “Ejército de Mahoma” Jalish e Mohammad en Pulwana (territorio indio); en respuesta a los referidos ataques, la IAF (Fuerzas Aéreas Indias) embiste el campamento Balakot en la LoC.


A pesar de los intentos de Nueva Delhi de aislar diplomáticamente a Islamabad, la situación reavivó los rencores históricos entre indios y pakistaníes por el control de Jammu y Cachemira. Es importante tener en cuenta que no sólo se trata de los dos estados mencionados con importante potencial nuclear, si no también la presencia en la escena de la República Popular de China como otro actor subliminal que desanima la idea de una resolución vertiginosa. Es preciso destacar que el actual conflicto estalla por escaramuzas del JeM (Ejército de Mahoma), pero la región es eruptiva por la presencia de los talibanes en la frontera Afganistán - Pakistán como también por minorías separatistas musulmanas que habitan en la región autónoma Uigur (Xijiang) en el Noreste de China.


Es significativo destacar que la región de Cachemira limita con India, Pakistán y China, poseyendo una población aproximada de 13 millones de habitantes cuya mayoría profesa la religión musulmana. Actualmente la zona está dividida entre los tres estados mencionados: Pakistán controla los territorios del Norte y Azad Kashmir (región noroccidental), India ocupa las zonas centrales y meridionales (Jammu y Cachemira) y China controla la región nororiental (Aksai Chin y el Valle de Shaksgam). En términos porcentuales India controla casi el 50% del territorio, 37% Pakistán y el resto es supervisado por la República Popular de China.


Más allá de las tres guerras libradas por India y Pakistán en 1947, 1965 y 1999 también es preciso señalar la guerra entre China e India en 1962 por diferencias en la demarcación de fronteras. El conflicto que nace de las entrañas de la guerra fría y el proceso de descolonización británica en Asia parte de arcaicos resentimientos entre el Reino de Dogra o Maharajá, la colonización británica en Asia y el proceso independentista luego de la Segunda Guerra mundial. Además de la variable política es ineludible destacar el aspecto geográfico de la región en cuestión, ya que la región de Jammu y Cachemira es una de las más escarpadas del mundo por las cadenas montañosas de Pamir e Indu Kush, que conectan directamente con el Himalaya; como también la de Karakoram y Jir Panjal, donde las alturas rondan en los 28 mil pies (8.400 metros), lo que explica el aislamiento, incomunicación y diferencias culturales. Debido a ser un territorio tan escarpado el recurso hídrico torna a la región importante por el control de los ríos: Indo, Jhelum, Chenab, Rabi,Sutlej y Beas. La dependencia económica agrícola de Pakistán genera la necesidad de contar con el recurso hídrico, indispensable para el desarrollo de su economía a pesar de los numerosos tratados firmados que garantizan el equilibrio del dominio hídrico en la región.


Pasado y presente ¿Qué representa territorialmente Cachemira?


Generalmente cuando referenciamos a Cachemira se tiene en cuenta sólo el Valle de Cachemira, pero el conflicto incluye otras regiones no menos importantes, como la región del Poonch y el estado autónomo de Azhad Kashmir; las áreas del norte en Gilgit y Baltistán y la región budista de Ladakh. Estas áreas estuvieron controladas por el imperio Mongol en el S. XVI, luego invadida por los afganos entre 1726-1819 cuyo jefe fue el Sij Ranjit Singh para convertirse en territorio cedido por los británicos a principios del siglo XIX a la dinastía de los Marajá o Maharajá (rey) Singh.


El primer Marajá de Cachemira fue Gulab Singh, quien “recibió” de los británicos la región de Jammu y Cachemira en 1857. El Imperio Británico concede el control de esta región a la dinastía Singh basándose en intereses estratégicos que tenían que ver con el temor de la infiltración comunista de rusos y chinos en plena guerra fría, aunque muy seguros la lealtad de los Singh para proseguir con la dominación británica en el resto de Asia. Es conveniente analizar también que el verdadero potencial geo-económico lo constituían las dos rutas comerciales más importantes ubicadas en la cadena montañosa de Karakoram; esas rutas eran Ladakh y Gilgit que fueron repartidas entre India y Pakistán después de 1947, quedando Ladakh para India y Gilgit para Pakistán. Eestas rutas comerciales eran muy importantes por el acceso a la región autónoma del Tibet y a la República Federal Democrática de Nepal. Finalizado el dominio británico en 1947, sobrevolaba la Teoría de las Dos Naciones: “Unión de la India y Dominio de Pakistán”, pero la separación religiosa entre musulmanes e hindúes demostrarían la imposibilidad de coexistencia de las dos naciones.


La región de Cachemira era gobernada por el Marajá Hari Singh en 1947 quien en el contexto de una revuelta pakistaní prefirió la ayuda militar de la India firmando a cambio un instrumento de adhesión de Cachemira a la India, estallando la guerra automáticamente. Dejaremos de lado en esta columna el conflicto limítrofe entre India y China en 1962, pero sí consideremos como relevante, que por consecuencia de la misma el año 1971 determinó la creación del Estado Independiente de Bangladesh y la firma del Acuerdo de Simla.

Fuera de control y el temor nuclear


Tanto India como Pakistán cuentan con un arsenal de ojivas nucleares importantes que los ubica entre el 6to y 7mo lugar con 130 a 140 ojivas nucleares (variando según fuentes) entre los diez países más importantes del mundo. Ambos estados ejercen estrategia de disuasión; por un lado Pakistán considera indispensable invertir en armamento nuclear debido a la asimetría en número de militares con respecto a la República de la India, y por otro lado India evalúa el peligro que significaría si los grupos radicalizados Jalish e Mohammad; Tehrik e Taliban Pakistán (TTP) y Al-Qaeda se apoderasen del armamento nuclear de Pakistán.


Entre las armas nucleares de Islamabad y Nueva Delhi también debe considerarse el potencial nuclear de Beijing. Sin embargo el verdadero problema radica en la comunidad internacional, que si bien acuerdan en acercar la partes, en general las relaciones internacionales de las potencias más importantes se encuentran enredadas en sus propios conflictos, por lo tanto como sucedió en otras oportunidades la resolución de esta disputa tiene su propio límite y es el temor a la escalada nuclear en la Línea de control donde Pakistán e India se hallan fuera de control.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

viernes, 26 de julio, 2019 - 13:38 hs.

La elección del nuevo primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, es la noticia que circula ampulosamente por los medios globales, no por sus aptitudes políticas (por cierto muy cuestionadas por algunos sectores) sino por las implicancias que generan su elección con respecto a la ruptura abrupta del débil cordón umbilical que sostiene al Reino Unido con laUnión Europea hasta el 31 de Octubre respecto del Brexit. Si bien varios analistas vaticinaron el resultado electoral por diversos factores, no obstante la realidad política genera sobresaltos.


La gran mayoría de la opinión pública pone el foco en la caótica ruptura con la Unión Europea a través del “Brexit duro”. No obstantes las alarmas rojas que en su momento fueron subestimadas por el establishment político británico hoy Boris Johnson debe generar espacio de negociación con la Unión Europea a la cual no le apetece ningún atisbo de acuerdos o consensos, ya que el veredicto fue emitido en tiempos de Theresa May. Sin tiempos físicos Boris Johnson asume en el mismo momento que la Unión Europea entra en receso y recién en septiembre el premier británico podrá plantear alguna pauta resolutoria teniendo en cuenta que la fecha límite es el 31 de octubre.


Ordenando las piezas recordemos que las naciones constitutivas del Reino Unido son: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, que en bloques diferentes y por razones diferentes, aclamaron la frase popularizada del asesor de Bill Clinton, James Carville ¡Es la economía, estúpido!. Con la intención de posicionarse frente al fenómeno del Brexit. La división regional post-referéndum del Reino Unido en dos partes fue: por un lado, Inglaterra y Gales por “out” cuyos fundamentos se cernían sobre el desvío de aportes desde Gran Bretaña a la comunidad europea y por el otro lado, Escocia e Irlanda del Norte por el “Remain” beneficiados por sentar sus bonanzas económicas en la libre comercialización con la UE. Escocia crece en gran parte gracias al enorme volumen exportable de whisky e Irlanda del Norte aporta a la economía europea con servicios relacionados con el software.


Ahora bien, la pregunta es ¿Dónde se posicionó Boris Johnson? La respuesta: El primer ministro penduló entre el “out” y el “Remain” según los vientos insuflados en la indecisión dentro del Westminster y la mirada vidriosa del Palacio de Buckingham, pero la postura que lo llevó a ser nombrado como primer ministro fue la del Brexit duro, por lo tanto su candidatura dependió exclusivamente de su habilidad acomodaticia.


¿Amigo leal en el castillo real?


Es interesante detenerse a observar el panorama global y encontrar ciertos cabos “atados con alambre”. Boris Johnson se ha ganado el mote de populista pero su gran aliado el presidente de los Estados Unidos Donald Trump lejos está de tener intenciones claras en resolver los problemas estructurales económicos que podría dejarle el “Chaotic Brexit” (Ruptura caótica). Podríamos expresar que le otorga mayor funcionalidad al primer ministro ser catalogado como populista y nacionalista que los efectos positivos financieros que esa fórmula teórica pude dejarle al Reino Unido, ¿se entiende? La clase política va por un carril y el Estado conjuntamente con la sociedad civil por otro.


Construir un andamiaje económico divorciado de la Unión Europea, no es nada fácil y mucho menos para quien ha detentado en tiempos pasados la imagen de gran potencia y de Imperio.


La postura euro-escéptica del primer ministro, líder de los conservadores intentará emular actitudes de su leal amigo pero tendrá que lidiar con sus impulsivas expresiones tales como “vamos a trabajar en un nuevo acuerdo, un mejor acuerdo” lo que deja entrever que no será un camino plano el que deberá recorrer entre septiembre y octubre de este año, seguramente asistiremos a shows rimbombantes con argumentos bien diagramados del mejor actor del año y su aliado fiel el presidente Donald Trump. No habrá New Deal (Nuevo Trato) como en las épocas de Franklin D. Roosevelt quizás haya más posibilidades de un No Deal, y ese es el temor de las empresas a quien Boris Johnson ha dejado más preocupadas al manifestar que “no son las decisiones las que causan problemas sino la negativa a tomar decisiones” por eso habrá que tener en cuenta la disociación entre la palabra y la praxis porque la situación no es tan resolutiva como se cree. Sin embargo otros problemas son los que pueden generar alivio al Reino Unido al tener como amigo-aliado a Donald Trump y es la situación en el Golfo Pérsico, allí es donde ser aliadófilo norteamericano puede gestionar en favor de la economía británica. Los estrechos geográficos más importantes como Ormuz y Gibraltar se han transformado en la carta de presentación de cómo disciplinar en el continente azul.


Factores no menos importantes


Aunque The Royal Navy no esté en su etapa de esplendor, la afamada marina británica tiene otro prestigio que a los Estados Unidos de Donald Trump le interesa y son sus bases y apoyos en el planeta azul, más allá de los países que integran el Commonwealth –Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Canadá- Islas y otros espacios territoriales no menos importantes son custodiados por la marina británica y ese es el tesoro al que aspira Estados Unidos.


A Boris Johnson será fácil alimentar su egolatría y convencerlo que el estado que el gobierna todavía goza del status “Britania rules the waves” (Gran Bretaña domina los mares) una quimera desde el punto de vista pragmático pero certera para los rasgos narcisistas que comparten tanto Trump como Johnson.


De Trafalgar y la Segunda Guerra Mundial a la actualidad la realidad es que el Reino Unido se ha transformado en la potencia de segundo orden a nivel marítimo, pero con bases geo-estratégicas importantes. ¿Cuál es el plan pergeñado por Trump? Incierto, aunque la necesidad de separar al Reino Unido de la Unión Europea será gestionar un frente hegemónico a la antigua.


Nunca mejor la oportunidad actual que ostenta la pobreza de gestión de la clase política británica cuya única fortaleza es sostenida por la tradición de la corona en manos de la reina Isabel II. Del Gran Imperio a la Isla, el titiritero será el que haga bailar a la marioneta, sólo así se comprende el envío de buques de guerra al Golfo Pérsico por parte de Gran Bretaña y el Brexit duro que limitará todas las acciones del flamante primer ministro que lejos estará de poder constituirse como un líder conservador sino como el “doble de riesgo” del actual presidente norteamericano Donald Trump.

lunes, 22 de julio, 2019 - 14:05 hs.

El asesinato del diplomático turco -vicecónsul general de Turquía- en la región autónoma del Kurdistán iraquí en la ciudad de Erbil –capital del Kurdistán iraquí- profundiza la histórica tensión entre turcos y kurdos. El centro de las acusaciones es el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) incluido en la lista de las organizaciones terroristas del mundo no sólo por Turquía sino también por EEUU y la UE. No obstante, la alta tecnología militar de la República de Turquía, el traslado de la lucha armada de los montes de Kandil hacia zonas urbanas y el bloqueo de las rutas utilizadas por los “rebeldes” kurdos han debilitado la capacidad operativa de los mismos.


La relación económica y política cordial que mantienen actualmente ambos gobiernos dificulta la hipótesis que los PKK sean los autores del atraco diplomático. Lo factible de afirmar es que el asesinato de un diplomático turco es letal para la persecución del pueblo kurdo por el régimen de Recep Tayyip Erdogan. Aunque los servicios de seguridad de Kurdistán iraquí hayan anunciado la detención del principal sospechoso del asesinato, la rígida política persecutoria contra los kurdos se acentuará.


El reparto del Kurdistán, una mirada retrospectiva


La debacle de los kurdos contemporáneos en la Primera guerra mundial tuvo directa relación con el reparto territorial de Oriente Medio que se realizó a través de la firma del Tratado de Sévres (1920) con el reconocimiento del Estado Kurdo iraquí que Turquía se encargaría de bloquear años posteriores conjuntamente con los deseos británicos de impedir que Mosul (por recursos petroleros) no sea incorporada por Ankara, reivindicada por Mustafá Kemal Atartürk como parte de Turquía. Sería el Tratado de Lausana (1923) el que eliminara la autonomía de los kurdos y El Kurdistán quedó repartida bajo el mandato francés y británico entre Siria e Iraq por un lado y por el otro repartida entre Turquía e Irán (Persia pro-occidental).


Los cuatro estados-nación donde habitan los kurdos en la actualidad se ubican en: El este y sureste de Turquía; El noreste en Siria; El noreste de Iraq y el noroeste en Irán. En el caso de Turquía, en los alrededores del Lago Van se localizan gran parte de la comunidad kurda; por el lado iraní dependió de la política de ubicación y recepción de las minorías kurdas en las cadenas montañosas de Kopet Dagh o Koppeh Dagh (en persa montón y montaña) –este del Mar Caspio- conocida como la cordillera turcomano, específicamente el Monte Quchan –pico más alto iraní- y el Dasht-e-Lut “desierto del vacío”, la cuenca desierta más grande del Estado persa.


La negación contemporánea del Kurdistán


La negación contemporánea del Kurdistán se contrapone a la lucha emprendida por la nación kurda en varios frentes. Los kurdos en Turquía atravesaron el proceso de laicización que prohibió todo tipo de cofradías religiosas como los sufíes, engendrando de esta forma brazos armados kurdos para repeler las represiones y asesinatos sistemáticos, pero las alianzas entre los estados que se repartieron Kurdistán –Iraq, Irán, Afganistán. Siria y Turquía- inauguraron una nueva ruta dentro de los múltiples procesos genocidas en el mundo. Al estado laico turco sobrevino la modernización y la occidentalización de Turquía. No obstante la europeización turca trajo la modernización de las estructuras militares y con ello mayor sofisticación en los ataques perpetrados contra el pueblo kurdo, los cuáles se aglutinaron en el partido PDK –Partido Demócrata del Kurdistán- formando luego un brazo militar en los años 60 con el nombre de Komando.


El Estado turco asolado por los continuos golpes de estado posibilitó que el grupo Komando y el partido PDK comenzaron aunar la lucha armada hasta 1991, que se crea de facto el Kurdistán iraquí. Comenzaría una nueva etapa con la creación del PKK –Partido de los Trabajadores de Kurdistán- y las milicias YPG – Unidades de Protección Popular- consideradas como terroristas por el actual presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan, quien se involucró directamente en la guerra en Siria en alianza con Rusia-Irán contra el Estado Islámico, aunque las intenciones bicéfalas del mandatario turco estaban centradas en cortar la raíz del Estado Islámico y los Kurdos.


El pueblo kurdo iraquí en la era de Saddam Hussein y Masoud Barzani –Presidente del Kurdistán iraquí 2005-2017- compartió la idea de co-habitación, lo que pronto se desmoronó por la intensificación de intentos de asesinatos contra Barzani. La política del doble juego -negociación y luchas armadas- persistió hasta que la traición contra los kurdos quedó develada en la cumbre de la OPEP en 1975. Sadam Hussein y el Shá de Persia, como también el abandono de los Estados Unidos en la colaboración con los peshmergas, fueron letales para el frente político-militar kurdo ya que se habían transformado en un problema geo-político.


La guerra del Golfo y la invasión estadounidense a Iraq cambiaron rotundamente el tablero de ajedrez y los peshmergas abandonados en tiempos de Sadam Hussein por los Estados Unidos, se transformaron en aliados con los norteamericanos en la lucha contra la dictadura de Sadam Hussein hasta la invasión de Iraq en marzo del 2003, sin embargo el abandono actual de los kurdos del Kurdistán, naturaliza la hipocresía de los principios en política exterior en pos de las hegemonías regionales.


El mayor pueblo del mundo sin estado, el Pueblo Kurdo, seguirá siendo considerado como una “Cuestión” o “Problema” mientras el juego del mal, el de la guerra, se pavonea destilando el peor veneno: La Negación del Otro, la Otredad, mientras fuerzas oscuras se preparan para dominar ese mundo del mal dónde pocos sobreviven y muchos mueren en el Kurdistán de los kurdos.

martes, 9 de julio, 2019 - 10:18 hs.

La República Federal de Somalía, antigua colonia italiana y británica, actualmente considerada como el ejemplo de “estado frágil” en el marco global, ubicada geo-estratégicamente en el “Cuerno de África” comparte frontera con Etiopía; Yibuti y Kenia - países limítrofes que no pueden regodearse de mejores condiciones sociales, económicas, políticas y DDHH-, y también limita con el Golfo de Adén y el Océano Índico.


Más de tres décadas de guerras civiles han generado en Somalia un estado cuya fragilidad institucional determina el dominio de los clanes los cuáles sustituyen las administraciones locales y de justicia por mecanismos de representación indirecta en los parlamentos. Los intentos de reconciliación nacional han sido infructuosos, el proceso de consolidación de un régimen democrático, republicano y constitucional es una utopía por los numerosos obstáculos que deben enfrentar y que requieren una mirada retrospectiva.


A partir del derrocamiento de Mohamed Siad Barre en enero de 1991, Somalía se ha transformado en estado endeble por varias razones: el enfrentamiento interno de clanes, sub-clanes (Hawiye; Daarood; Isaaq; Dir; Rahanwhayn; Digil/Mirifle) y antepasados relevantes para las familias-clanes somalíes tales como: Samaal (nobleza dedicada al pastoreo nómade, los Hawiye y los Dir) y Saab (nobleza sedentaria que trabajan de la agricultura son los antepasados de los Digil/Mirifle); el proceso independentista de Puntlandia y Somalilandia (autoproclamada República en 1991); las esperanzas fallidas con el presidente electo en febrero 2017 Mohamed Abdullahi Farmajo; la acción del grupo yihadista Al-Shabaab (ala radical del Consejo de Tribunales Islámicos); el tráfico de personas hacia el mar mediterráneo; la piratería en el golfo de Adén o Golfo de Somalia y la imposibilidad de obtener efectiva ayuda humanitaria para paliar los efectos de la peor sequía producida en el año 2017 (calificada de esa manera por ACNUR) conforman una estructura trágica con consecuencias nefastas hasta la actualidad.


Al – Shabbab y la piratería somalí en el Golfo de Adén


La República Federal de Somalía considerada como “estado fallido” -desde la concepción occidental- es arrasada por las tragedias mencionadas sumado a la pérdida de cultivos y animales de la población y la violencia radical de las milicias de Al – Shabaab que obturan el acceso de alimentos y medicamentos.


Al-Shabaab (Harakat al Shabaab al Mujahideen/Movimiento de jóvenes combatientes por el Islam) se consolida como rama islamista por desprendimiento de la Unión Africana –Al Itihaad, con cosmovisión religiosa del wahabismo- cuya radicalización violenta deviene de las guerras inter-estatales en el Cuerno de África, sobre todo con el desplazamiento de la población etíope.

La imposición de la Yihad (concepción occidental sobre la expansión del Islam a través de la denominada Guerra Santa) a principios del S. XXI potencia sus fuerzas a partir de la formación del Estado Islámico en Iraq y Siria ya que Al – Shabaab actuaría como una contra – fuerza yihadista y un tentáculo de Al – Qaeda en épocas de Osama Bin Laden y Aymann al Zawahiri consolidándose definitivamente como rama de Al – Qaeda a partir del año 2012 con fuerte pertenencia a la rama sunní salafista.

La inestabilidad política y la diversificación social generaron condiciones óptimas para engrosar las filas de sus ejércitos. En sus comienzos se trataba de una minúscula milicia que pronto capitalizó miles de muyahidines debido a la ausencia del Estado y la proliferación de niños huérfanos que fueron adoctrinados, extendiendo de esta forma las zonas de influencia de Al – Shabaab hacia el sur de Somalia como también el control de las aguas del Océano Índico donde se producen ataques continuos de piraterías sobre todo en el Golfo de Omán hacia el Golfo de Adén en el Estrecho de Al – Mandeb con circulación por el Mar Rojo. La zona de influencia de la piratería somalí comenzó a reducir a partir del año 2015, el área de riesgo debido a varios factores, entre ellos, el costo que significa generar estos asaltos a cientos de millas mar adentro, con la necesidad de un despliegue importante lejos de la costa y con buques que transitan la región dotados de seguridad privada como los guardias armados en la mayoría de los mercantes que navegan la zona.

Aniquilamiento de la esperanza


Los conflictos entre el GFS (Gobierno Federal de Somalía) y Al-Shabaab se intensificaron con la llegada de combatientes yihadistas rezagados del ISIS desplazados de Siria e Irak. La ayuda de AMISON si bien es sumamente importante no logra neutralizar el avance de las fuerzas islamista.


El control de las áreas rurales en las regiones de Bay, Gedo, Baja Shabelle y Juba Medio obliga a los pobladores a desplazarse por el embate de las milicias por los atentados suicidas, la utilización de explosivos improvisados y otras formas de destrucción en ataques selectivos para imponer presencia a través del terror y forzar a niños y jóvenes a unirse a sus filas. Los niños/niñas soldados conforman una buena parte del ejército forzados a realizar todo tipo de tropelía.


Las calles de Mogadiscio son el reflejo de una sociedad destruida por los constantes bombardeos y sometidos a la barbarie política de la corrupción inter-clanes sobornados a través de financiamiento externo cuyos intereses radican en la perpetuidad del conflicto en Somalía. Con una población de 14,5 millones de habitantes, Somalía está ubicada en el puesto 190 por volumen de PIB per cápita. El bajo nivel de vida responde a la fragilidad de sus instituciones, la corrupción y el centro operacional del grupo extremista Al-Shabaab. Ninguna de las carreteras están libradas del monitoreo constante de las fuerzas tribales que responden a los yihadistas o clanes que son opositores a Al-Shabaab y que aspiran al control de la zona. De un lado y del otro gravan con impuestos el transporte de alimentos, agua y medicamentos por lo que se transforma inviable la llegada de cualquier ayuda humanitaria.


El gobierno central sólo controla parte de las zonas urbanas como es el caso de Mogadiscio, la diáspora somalí ha requerido la necesidad de firmar planes tales como el Plan Nacional de Desarrollo para fomentar la re – construcción de infraestructuras con el fin de reducir la extrema pobreza que devienen no sólo de las guerras inter-clanes; el terrorismo; las sequías cíclicas sino también de los desastres naturales.


Otros factores para tener en cuenta son los diferentes tipos de financiamientos del terrorismo, en Somalía se financian no sólo de la piratería en el Golfo de Adén y venta de armamentos sino también de la comercialización del Khat -planta con propiedades psicotrópicas- que proviene de Etiopía y Kenia y que constituyen un ingreso económico importante. La Catha Eulis –Khat- denominada “cocaína africana” u “hojas del paraíso” es potente y adictiva -puede derivar desde brotes de euforia a delirium tremens- y se exporta hacia estados europeos.


Desplazamientos y diáspora


Con la llegada de combatientes somalíes desde Yemen el territorio se transforma en un panorama dantesco sobre todo entre Mogadiscio y Afgooye. Pobreza, analfabetismo y la imposibilidad de cualquier contención institucional transforman a los jóvenes en reclutas de los grupos extremistas que pululan en África, desde Boko Haram; Al-Mourabitoun; Mujao o Al-Qaeda; Daesh; Al-Shabaab y El Talibán utilizando la marginalidad para transformarlos en muyahidines.


La guerra es contra todos, el eclecticismo de los fundamentos dificulta la posibilidad de ordenar la multiplicidad de causas de la actual situación en Somalia que exporta la incuria hacia las fronteras. Desbordado el campo de refugiados Dadaab en el límite con Kenia agoniza luego de 27 años de funcionamiento. En el desierto al noreste de Kenia, Dadaab acoge a los desesperados somalíes que logran llegar con vida luego de travesías de asaltos, violaciones, ira de los soldados, hambre, sed y enfermedades. Los que superan todas las adversidades llegan en las peores condiciones humanitarias al campo de refugiados que no puede ni siquiera alimentarlos durante los primeros diez días por el colapso y la carencia de todo, sólo les pueden asegurar un poco de seguridad.


Los tres campos Dahagaley; Hagadera e Ifo están integrados territorialmente y forman Dadaab, el campo de refugiado más grande del mundo, el más sufrido en la tribulación constante de acotados sectores que dedican abúlicos espacios para concientizar que se siga fagocitando embriones dentro de otras células que ya tienen estructuras sólidas como Boko Haram; Al-Shabab y otros en África.


Más de 2,6 millones de personas conforman el conjunto de desplazados según los informes establecidos por The Humanitarian Country Team quienes conjuntamente con ONG; ONU y otros, planifican estrategias para dar respuestas a la crisis humanitaria que atraviesan los somalíes.


En Somalía la corrupción corroe todas las esferas institucionales, sin embargo se destaca a nivel internacional el papel de las tropas de la Unión Africana –Amisom- en los intensos esfuerzos por el restablecimiento de la paz, pero las intenciones del grupo islamista de establecer un califato basado en la ley islámica o Sharia agudiza la situación. Somalía padece además, inseguridad alimentaria, lo que podría desembocar en una grave crisis de hambruna generalizada. Agencias de Naciones Unidas han constatado datos asegurando que aproximadamente 4,6 millones de personas estarán en aguda situación de emergencia alimentaria y que podría ascender a fines del presente año.


El descenso de las precipitaciones en las temporadas de lluvia agrava la carencia de agua en amplias zonas de Somalía, transformándolo en un estado en guerra por el agua debido a las anomalías climáticas que produce el estrechamiento de cauces de ríos y con ello la disminución de zonas cultivables como también de cría de ganado. Los planes de ayuda humanitaria sin embargo no llegan a cubrir el 20 % de las necesidades lo que hace casi inviable generar inversiones para mitigar el hambre como también desarrollar las capacidades de resiliencia y desarrollo económico y social. Las denuncias de algunas ONG centran su atención en que el ofrecimiento de socorro financiero para Somalía generalmente queda tan sólo en promesas.


Los atentados más cruentos en la etapa de radicalización severa se llevaron a cabo en el año 2017, primero en el Hotel Sahari (octubre) y segundo en la cercanía conocida como intersección K5 -zona turística más importante- con más de 500 muertos. Sin embargo en el 2018 y el primer semestre del año 2019 se registraron atentados en el mismo hotel y cercanías –Hotel Hayat- la acción terrorista de los grupos radicalizados se centran en la capital Mogadiscio como también en el sur del país, según SITE (Intelligence Group) Las peor acciones del terrorismo islamista reflejan el sometimiento brutal a la cual están destinados los somalíes, despojos de un estado en progresiva putrefacción política aun cuando se haya renovado el espacio gubernamental, de hecho, nada funciona en Somalía.


A pesar de ensayos de fórmulas diplomáticas para resolver tamaño flagelo como la resolución 2387 (Nov/2017) del Consejo de Seguridad de la ONU reafirman, condenan, toman notan y expresan preocupación por los informes de supervisión, pero sólo son términos, vocablos o pulsiones de deseos formales.


La República Federal de Somalía en los términos de la teoría del antropólogo Marc Augé, se ha convertido en el “No-lugar” dónde recae la vesania del terror a sabiendas que nada queda ni quedará y que los retumbos de las explosiones más letales no llamarán la atención de la aldea global porque en todas partes del mundo asola algo peor que la desgracia, la ausencia de misericordia.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

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