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Mar del Plata - 
viernes 24 de noviembre del 2017 - T
24 noviembre 2017 - T

Daniel Coluccio Analista de mercados

lunes, 30 de octubre, 2017 - 14:17 hs.
No se puede gastar más de lo que ingresa. ¡No lo diga, hágalo!

Esta es la clave que venimos pregonando desde 1989, cuando comencé a escribir para un medio, y será sin dudas la clave de la verdadera revolución argentina. Todos los demás conceptos están supeditados a esta estructura primordial de la economía. Ni siquiera desde la biología un cuerpo podrá ser sustentable en el tiempo si gasta más energía de la que ingresa para vivir. Esta premisa es la única clave de todo proceso político económico que verdaderamente tenga validez. La pobreza, desigualdad, desempleo, planificación, obra pública, infraestructura, calidad de vida, crédito, inversión, crecimiento, desarrollo y control de inflación no es viable si no existe esta primera premisa en un país.


Para eso hace falta decisión política, consenso y audacia, pero por sobre todo que la sociedad evolucione para entender que todo crecimiento y desarrollo necesita de un costo. Los costos para esto son gigantescos y no sé si esta generación está dispuesta a soportarlo, pero ése es otro tema.


Inflación


La lucha para frenar el avance de precios no es sacar dinero del bolsillo del consumidor. Por el contrario, es sobreofertar más bienes y servicios. Y para lograr esto hace falta rentabilidad e inversión. La rentabilidad la dan los costos más bajos, y la inversión la da el capital. El mismo capital que no necesita un gobierno fomentarlo desde la emisión espuria de billetes, ni del endeudamiento ni de mayor presión tributaria, si no del cambio de modelo, del cambio de paradigma que es "gastar menos que lo que ingresa". Si así fuera, sin dudas la Argentina será un gran país próspero y con crecimientos sustentables a tasas verdaderamente chinas.


El día que el Estado nacional, producto de la restricción de no gastar más de lo que ingresa, no demande dinero, ese mismo dinero será volcado del sector privado al sector privado, de manera que la tasa caería a valores irrisorios, pues el Estado Nacional no demandaría más dinero que el que genera y recauda a través de impuestos que cada día serían más bajos.


Imagino un país donde los bancos en cambio de prestarle al Estado le presten al privado. Ese día, los bancos tendrán riesgos, pero la actividad privada por primera vez en la historia tendrá dinero genuino de quienes generan riquezas. Así funciona un país y un mercado de capitales.


Al sobrar dinero dentro del sistema, no hace falta estampar billetes y mucho menos tomarlos en el exterior. Parece una utopía, lo es quizá ya que pongo en duda que la sociedad, los sindicatos, y los empresarios prebendarios que se cansaron de hacer dinero a costilla del Estado deseen bajarse al llano y "laburar" con riesgos, algo que muchos no conocen en nuestro país desde hace muchísimo tiempo.

   


Columnas anteriores
jueves, 9 de noviembre, 2017 - 16:17 hs.

Cuando uno lee a diario la remontada de la tasa de interés por parte de las actuales autoridades económicas del BCRA, Federico Sturzenegger y distintos directores, funcionarios y técnicos, es evidente que algo refleja, pero por sobre todo, que algo no anda bien.


Nuestro país, que desea buscar una tasa de inflación cercana a un digito, está experimentando en el transitar, aguas turbulentas. Tan ambiguo será emitir al 30% anual y pretender una inflación de un digito como esconder, como una mucama, la basura debajo de una alfombra llamada Lebac.


Actualmente, se habla de reformas previsionales, impositivas/tributarias, laborales y un menester de artimañas de difícil cumplimiento y elaboración.


Economía, Banco Central, Finanzas y en definitiva, el Poder Ejecutivo, equivocan el camino. Con un mal diagnóstico, el tratamiento será el inadecuado. Están diseñando un esquema que no nos llevará a buen puerto mientras no se ataquen dos problemas graves, que a futuro inmediato llevaran a las arcas del país al caos y, consecuentemene, al desconcierto político.


Hay dos causas verdaderas que enlutaron a la política argentina, que es el déficit de balanza comercial y el déficit fiscal, por déficit primario y de cuenta corriente. Las dos no son sustentables en el tiempo y llevarán nuevamente a los ciudadanos al caos que muchas veces hemos vivido.


Los ciclos económicos expansivos y fructíferos del país se dieron siempre cuando hubo control con esas dos variables. Todo modelo político social perduró en el tiempo mientras era sustentable lo que lo financiaba.


Hoy argentina no se financia por su producción o por sus exportaciones, se financia por el endeudamiento externo. En el tiempo, esto no es sustentable.


Déficit comercial. Déficit de cuenta corriente.


El déficit comercial, sin dudas esta aparejado a la competitividad de las empresas y al grado de inserción en el mundo. Argentina, por el valor que le imprime a su moneda, no es competitiva, y mucho menos las empresas. Con este valor del peso, se está incentivando a la importación y castigando la exportación. Esto queda demostrando cuando en este año la balanza, comercial es deficitaria por u$s7000 millones. Si a eso le sumamos el turismo, nuestro país perderá cerca de u$s 9000 millones.


En resumen, nuestro país pierde 2.8 puntos de PBI solamente en estos dos sectores por la fantasía de un dólar controlado. Recordemos que casi 3 puntos de PBI es el 25% del déficit que tiene el país.


Déficit Fiscal


El país pierde 12 puntos porcentuales de PBI simplemente porque se gasta más de lo que ingresa a las arcas nacionales y provinciales. Y además, necesita más de u$s40.000 millones anuales para sustentar los gastos gigantescos que se pretenden financiar y no reestructurar.


Por otro lado, para el hombre de a pie, es muy común imponer un impuesto de un día para el otro, mientras que el Estado Nacional tardarañaaños y tiempo que no tiene para bajarlos.


Conclusión


Argentina así, es inviable, y el certificado del caos tendrá la fecha que el mercado internacional quiera. Esto no se arregla con confianza, sino con determinaciones antipopulares y ajustes durísimos en materia de gastos y valor de la moneda. O lo elegimos y transitamos de golpe o en cuotas, pero los ajustes se deben hacer.


Y para ello, como primera medida hay que hacer un verdadero censo nacional y saber en qué situación están los individuos y las empresas. En función de ello, se sabrá quien debe recibir del Estado Nacional y quien vive del mismo sin necesitarlo.


La época de lo gratis finalizará en el mismo momento que se sepa la verdadera situación, como fiel reflejo del censo. Desde allí en adelante, solamente la decisión política del Congreso Nacional habilitará la posibilidad de asumir los costos y ser parte de un país pujante.


De otro modo, nos condenaremos en el intento.

lunes, 16 de octubre, 2017 - 14:12 hs.

Pasó el 53º Coloquio de IDEA por la ciudad de Mar del Plata y fue dejando una serie de ideas fuerza interesantes. En principio pocas veces se vio la cantidad de directivos de la CGT, dirigentes sindicales y demás representantes de trabajadores; así como funcionarios y representantes de las principales 300 empresas más importantes del país.


Se unen pensando en lo que viene después de las próximas elecciones, que sin dudas serán la bisagra de un antes y después, incluso reflejado en el congreso. Suenan vientos de cambios, reforma tributaria impositiva y flexibilización laboral, además de cambios en la interpretación de la justicia.


Inflación y déficit.


Sonó como una turbulencia que desacomodo los aires del Coloquio más importante del país. El 1.90% de inflación para el periodo septiembre, no es poca cosa, si se lo compara al esfuerzo que está haciendo toda la cadena, desde los productores e industriales hasta los consumidores. El esfuerzo es en vano, porque se está intentando erróneamente atacar el termómetro y no la causa que genera la alta temperatura. Y que, sin dudas, cuando los indicadores de crecimiento se potencien, la causa seguramente será el crecimiento (lo que viene, echar la culpa de la inflación al crecimiento)


Hace un año atrás, en esta misma columna hablamos del problema que ocasiona toda la distorsión en los precios de nuestro país. El problema es el déficit fiscal y como lo financia un país desde hace muchos años. Algunos gobiernos vendiendo joyas de la abuela -privatizaciones-, otro emitiendo y éstos endeudando.


Cualquiera de sus formas, son paliativos momentáneos. Solo se trata que no se puede vivir de lo prestado. Argentina, por diferentes causas, gasta más de lo que produce, y esto sí, es grave. No es sustentable en el tiempo ningún modelo político si no se sustenta en lo económico. Mientras se gaste más de lo que ingresa, el final es una película ya vista.


Controlar la inflación sin asumir el costo político del gasto público es un imposible. No puede convivir el déficit con el control inflacionario. La única salida es de una vez por toda asumir los costos, del desempleo y de indicadores adversos. Mientras eso no se haga, todo tiene un final conocido. Un día la sociedad deberá ponerse los pantalones largos.


Inflación y tasas, lo que viene.


El actual presidente del BCRA Federico Sturzenegger, cree estar sobre la ruta adecuada; los resultados están a la vista y aún hay 3 meses por delante. Por más tasa que aumente como contrapelo en indicadores adversos, la inflación no se detiene y ojo, noviembre y diciembre seguro estarán por encima del 2% como consecuencia de subas de energía eléctrica, gas, prepagas y cláusulas gatillo del mes de octubre.


Párrafo aparte la desregulación de los combustibles. Ahora los combustibles líquidos ajustarán a precio internacional por barril de petróleo y, además, por precio dólar. Los combustibles para fin de octubre al menos ajustarán un 14% como consecuencia de llevar el precio de referencia dólar de fin de junio de 16.46 a los actuales 17.60. Más el ajuste en el barril del petróleo como consecuencia de varios cimbronazos en materia económica internacional, como es la mayor demanda de USA y Centro América como consecuencia del paso de la temporada de huracanes, el terremoto en México y la preocupación internacional por el sudeste asiático junto a una convulsionada Venezuela que no termina de definir hacia adónde va. Cualquier coincidencia en materia inflacionaria en alza con una tormenta perfecta es pura casualidad.


Los indicadores de este año serán pésimos en materia de control inflacionario y por ende, si bien el coloquio de IDEA aplaude las formas, la respuesta a la gobernadora de la provincia, al presidente de la Nación y al mismísimo periodista Jorge Lanata, acerca de por qué no invierten los empresarios, sin dudas tiene que ver con que la lucha para destruir la inflación, en nuestro país, aún no se dio.

lunes, 19 de junio, 2017 - 20:10 hs.

En la constitución de las primeras tribus originarias, se fueron conformando reglas que identificaron, a posteriori, el bien común de lo que se iniciaba como sociedad. La unión de grupos de personas destino la idea de un “paquete” de reglas que fueron las bases en la constitución del Estado. Es así como pasaron los años, y según la visión de cada pensador, se fue construyendo la forma administrativa del Estado Nacional.


Para Karl Marx, padre de la idea de que "El Estado todo lo puede", el concepto era que además de mantener el orden, se debía ir hacia una sociedad igualitaria, en la que los bienes producidos se distribuyan equitativamente entre las personas. ¡Eso es injusto!, pues cada ser humano tiene deseos, sacrificios, esfuerzos, méritos y conductas diferentes; por ende premios distintos. Y ahí apareció la idea de lo individual y en consecuencia la construcción de un Estado que solamente controle a través de ciertas reglas, los grandes delineamientos y los objetivos de una Nación. Apareció entonces quizá la posibilidad de construir políticas de Estado, es decir, un conjunto de reglas y objetivos por encima de intereses partidarios, sea cual fuera quien dirija los destinos de la sociedad, trazando un camino hacia el desarrollo y el bienestar común.


Los argentinos algo no hemos entendido como sociedad en los últimos 70 años, porque se generaron caudillos que interpretaron velozmente el requerimiento de un pueblo vago, que busca(mos) lo fácil en vez de lo necesario; lo que deseamos en vez de lo que podemos, y lo que se debe hacer por debajo de lo que nos gusta hacer.


Así transitamos por un mundo que entendió que ese no era el camino. Ellos transitaron líneas rectas hacia el desarrollo y bienestar, nosotros dimos vuelta como el perro mordiéndose la cola en discutir hacia dónde vamos. En el mientras tanto, nos han sacado varias vueltas de distancia.


Llegó la idea del Cambio, y efectivamente, hasta el más defensor del modelo Nacional y Popular sabía que no era sustentable en el tiempo. Se buscó un cambio y se lo transita, pero después de casi un año y medio, seguimos estando en el mismo lugar. El gasto público no se achicó, los ingresos no crecieron por encima de la inflación, el desempleo continúa, la caída en la actividad productiva, industrial, comercial y exportadora no justifican semejante modificación y cambio de sentido en la administración del gasto público, etc, etc.


Lo que nunca se modificó en Argentina, es la base de malos políticos, pésimos sindicalistas, empresarios prebendarios y una sociedad que vota el cambio pero no admite los costos, que por otro lado, siempre lo pagan los mismos. Es así, como el Estado Nacional, en su afán de permanecer con el status quo, intenta más cómo financiar el déficit que como eliminarlo.


Mientras el Estado Nacional siga siendo deficitario, olvidemos de desarrollarnos como sociedad. Toda suba en indicadores, será tomar distancia para una nueva y más profunda caída. El esquema de financiar con endeudamiento es la opción menos mala. Si utilizárímos esos fondos para producir más y mejor a precios competitivos, enfocándonos a crecer a tasas chinas, licuaríamos con crecimiento esa enorme montaña de deuda, pero acá se utiliza para financiar déficit y generar obra pública, hipotecando nuestro futuro.


Vamos a los números:


Este año estamos en elecciones, por ende, nunca se hace lo que se debe hacer. La reforma laboral y la reforma tributaria no pueden esperar, pero la obligación de ganar las elecciones está por encima de lo importante. Mientras el ministro de Energía, Juan José Aranguren, no decida una suba en combustibles y electricidad, las variables tienden a calmarse, pero el último aumento del 15 de enero comprometió el primer cuatrimestre llegando a 9.1% la inflación, o sea más del 52% de la inflación presupuestada. Por consecuencia, estos meses serán recesivos pero difícilmente se alcance el 17% estipulado por el presupuesto: es probable se llegue al 20% como piso y 22% como techo. No es malo con un crecimiento del PBI del 3%, pero cuidado, el presupuesto fija por ley el nivel de gasto público, no el déficit. Por consiguiente, el gasto sube el 38% anual en cambio del 22%. Esto condiciona y gatilla otras variables que indirectamente generan preocupación.


La crisis política de Brasil y acentuada por los casos de corrupción que involucran el vértice del gobierno, propinaron una recompensa al titular del BCRA que no necesitó emitir pesos para comprar y sostener el dólar, por el contrario, se movió solo. Hoy el verde es piso en 16.20 y lo tendremos cerca de 17 para las elecciones. Lo destacado es que esa suba al momento no se trasladó a precios.

lunes, 13 de marzo, 2017 - 12:09 hs.

Medir la economía en un país tan extenso y heterogéneo productiva y económicamente hablando, es muy difícil. Lo ideal sería la independencia de cada estado municipal y provincial para verdaderamente saber lo que pasa en el vecindario, en la aldea de la que somos parte.


No obstante, hoy podemos, al menos, tener un índice que mide la actividad en el comportamiento de precios, como es el IPC, del cual, como se expuso, difiero porque no es representativo del lugar en que vivimos, en un país tan disímil y extenso.


Ciertas incongruencias se ven y sienten entre lo presupuestado, y lo proyectado. Recordemos que presupuesto es un cálculo anticipado de una variable, bien o servicio; y proyectado, es más complejo, viene de pro yectar o sea de tirar antes lo que va a pasar y eso depende desde donde estoy.


La realidad, para no entrar en filosofía, es que nos encontramos con un dilema, que aclararlo, nos podría colocar en una posición más favorable a la hora de la toma de decisiones.


Primera premisa: A) El presupuesto 2017 afirma una inflación del 17% para este año. B) El titular del BCRA, Federico Sturzenegger, anticipó - y con buen criterio - que el IPC de febrero y marzo iban a ser altos por el impacto de tarifas, prepagas y demás aumentos.


Por ende, el IPC de enero fue de 1.30% (núcleo más estacional) y febrero del 2.50%. Este promedio ponderado, nos daría una inflación anualizada en torno al 24% y acá empiezan los problemas con salarios, paritarias, cuotas, créditos ajustados por inflación, UVA, etc.


Cuál será la inflación real de nuestro país en el 2017? Por reductio ad absurdum, es decir, por reducción al absurdo, algo muy instrumentado en análisis matemático, digamos que si la premisa del presupuesto nacional (A) es verdadera y también es verdadera la premisa del titular del BCRA (B), nos quedarían meses del segundo y tercer trimestre extremadamente recesivos, ya que o se ajusta la demanda de bienes y servicios violentamente para evitar precios hacia arriba (lo que se hizo y hace desde diciembre de 2015), o habrá una sobreoferta de los mismos, que al no haber inversión externa, la única posibilidad es importar fuertemente.


El escenario preelectoral será complejo. O se gestiona para el busto de bronce y se hace lo que se debe hacer sin importar resultados partidarios, o se gestiona para las próximas elecciones.


No fue, sin dudas acertada la idea en el mes de enero de autorizar los incrementos con tan fuerte impacto en el IPC de febrero y marzo; porque lo que viene por delante es muy complejo. O la inflación presupuestada es un verdadero dibujo (y ahí se justifica la fuerte presión y oposición de sindicatos) o con lo comprometido este primer trimestre en materia de inflación, el consumo venidero se cae a pedazos y atenta con los incipientes brotes verdes.


En el mientras tanto, el dólar pisado producto de ingreso de divisas, sin dudas comprometerá las exportaciones crecientes, que podrían darle un sustento a la idea de pisar el consumo interno y expandir violentamente las exportaciones, pero con este tipo de cambio. Difícil.


Ahora bien, si la premisa (A) no es verdadera, habría que analizar si es justificado el fuerte reclamo que hubo y habrá; por ende el panorama de agitación en las calles podria ser el inicio, y no el final.

domingo, 5 de marzo, 2017 - 20:47 hs.

Desde tiempos ancestrales, cuando nacieron las primeras aldeas, y diferentes tribus comenzaron a intercambiar sus tenencias producto de la pesca, la caza y la manufactura de piedra y madera, nació la idea del trueque, el valor de cada bien o servicio. Por ahí, dos puntas de lanzas de piedra equivalía a una maza de madera, y así nació el “precio”, que más adelante impulso la idea de una moneda, como unidad de medida de cambio.


Fijar su valor, a lo largo del tiempo, y en civilidades más sofisticadas, fue una ardua tarea, ya que con ese nivel, se prevalecía la idea de “valor”. Cuanto “vale” un bien o servicio, era al menos el costo por poderlo producir o brindarlo, más una utilidad que estaba sujeta a la idea de remuneración por poder lograrlo y tener el acceso a otro bien o servicio. La diferencia entre el trueque y el negocio, fue precisamente esa, la “utilidad”, es decir, el plus sobre el valor del intercambio neto.


Ya desde aquellas épocas, era muy importante el precio, porque este, reflejaba el punto de equilibrio entre la oferta y la demanda para transar un bien o servicio. El precio fue lo que cambió la dirección del vector: a través de éste, decidía uno si vender o comprar.


Volcado estos conceptos al mundo actual y precisamente a la posición de referencia del precio y el valor de la moneda, fijada por el BCRA, en una de sus atribuciones, es precisamente fijar el tipo de cambio de referencia; y ahí está, a mi entender, el meollo de la cuestión.
Por distintas situaciones puntuales, y que pueden durar algo más en el tiempo, existe - producto del ingreso a los mercados internacionales de Nación y provincias -, una sobreoferta de dólares, que la entidad no tiene en claro cómo proceder.


Los más acérrimos defensores del liberalismo, dicen que caiga hasta que el mercado ponga un justo valor e incentive la demanda por precio; y los más protectores, piden sostener el precio, porque los valores en dólares que está tomando nuestra economía dejan fuera de mercado a nuestro país en el marco internacional de negocios, porque estamos carísimos en dólares.


¿Qué hace hoy el BCRA? Emite pesos al Tesoro, para que éste pueda comprar y sostener el precio del dólar. ¡¡¡Error !!!, ya que un día esos dólares debemos restituirlos al mercado de origen de donde provinieron y no creo que el BCRA elimine o queme esos pesos, por ende, el futuro vuelve a ser el mismo. Más pesos sin respaldo en la calle.


Hoy hay una bola de nieve llamada Lebacs, que bien el BCRA debería desactivar para evitar siga siendo cada vez más grande. Y esto fácilmente puede hacerlo bajando drásticamente la tasa, pero el problema es lo que se vuelque al consumo y éste, por sobre demanda producto de pesos baratos en la calle, atentar contra el IPC generando inflación.


El precio del dólar es muy importante, tan importante como otrora el de la moneda. Era una referencia para pasar de comprador a vendedor. Era y es lo que rige el ingreso o egreso de divisas del Estado Nacional. Con un dólar rezagado, se incentiva la importación de bienes y servicios, y se exportan dólares (que tanto nos cuestan tomar producto de endeudamiento, y no como ingreso genuino de exportaciones). Mientras que con un dólar alto, (ver tipo de cambio cada vez que Argentina creció genuinamente), se incentiva el turismo interno, la producción, la industria, la generación de puestos de trabajo, la generación de riqueza, el ahorro y la importación de dólares a través de inversiones.


Argentina está cara en dólares, podría estar carísima, nadie lo discute, pero el costo es tan alto como las luchas sociales en las calles que veremos próximamente. Para que esto no quede en diagnostico solamente, no hay receta cuando hay gente dentro del escenario, pero lo que hay que hacer es secar fuertemente la plaza, colocar un precio de dólar varios peldaños por arriba del actual y más competitivo y ahí sí, abrir verdaderamente la economía, acercándonos a un esquema de libre comercio desarrollado al estilo Milton Friedman.


Mientras tanto, todo lo que se haga distinto, será alargar la agonía.

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