Menu
Mar del Plata - 
miércoles 13 de diciembre del 2017 - T
13 diciembre 2017 - T

Celia Leranoz Licenciada en Psicología MP 45733

miércoles, 20 de septiembre, 2017 - 12:26 hs.
El amor en la pendiente

Muchos de nosotros sabemos cuánta dificultad existe en estos tiempos de “tanta libertad” para el encuentro de un hombre y una mujer. Pese a las diversas formas para comunicarse, tanta red de no-sostén, tanto mensaje con meta-mensaje, lo cierto es que es un hecho que son más cuantiosos los encuentros frustrados que las citas acontecidas.


Una chica de casi de treinta años dice “los seres (así los nombra ella) que tengo, se cuelgan, es como si les gustara quedar en un pendiente eterno, y cuando creo que ya los olvidé, aparecen como si nada”.


La condiciones culturales del siglo pasado, el difícil y rebuscado acceso al encuentro íntimo con una mujer, hizo que muchas veces haya sido el mismo contexto el que ponía el freno al impulso de hacer algo para acercarse.


Con un papel mas activo y al separar la maternidad del placer femenino, la mujer de estos tiempos no solo amplió su posibilidad de elegir en el ámbito laboral, sino también a nivel del goce corporal. Esto trajo por otra parte una suerte de pasividad masculina. Un “no saber qué hacer” frente a ella.


Sin obstáculos externos que sortear, el varón queda a la espera que la mujer active, o como otra opción, la tiene en espera como recurso de poder salvador donde “si te tengo ahí, ahí te quedás, quieta hasta que yo te llame”.


Este comportamiento, por cierto frecuente, hoy también puede verse en algunas mujeres, que poco a poco se han hecho cargo no solo de la conquista sino que también presentan la queja por el rechazo: “Lo invite a tomar un café y me dijo que tal vez otro día”.


Es que lo inconcluso, lo pendiente como forma solapada de frustración, está casi de moda o de onda (léase según la edad) para todos. Ante mi pregunta a un paciente que no conseguía pareja “¿Y por qué no la llamaste, si me dijiste que te gustaba?, me respondió: “Y, no sé, me colgué. Pienso en hacerlo y se me pasa el momento. Es que ando con muchas cosas”.


Lo pendiente para algunas personas acontece en un espacio de fantasía de tener y se justifica y se adormece en los caminos de la excusa.


Desde la clínica hemos conocido varios casos, donde ante el tormento del deseo, la obsesión elige su resguardo mas seguro.


Como dijo un paciente “Si, era ella…pero sabes qué, quiero que me deje tranquilo”. Para que haya encuentro deberá haber un espacio y un tiempo que lo haga posible.


No hay lugar para un otro. El amor soñado queda en los sueños. Todo en las relaciones es fugaz.


Se puede leer en Facebook : “Nos quedamos en pendiente, lo que no me explicaste es de que lado de la tangente estamos. Si en la cima a punto de caer, o en lo bajo después de haber estrellado la esperanza”.


Nada más perfecto que lo que no ha sucedido, y a falta de Dioses que nos traigan buenaventura, tenemos la desilusión amorosa y pendiente como motivo de quien transita la vida a medias.


Licenciada Celia Leranoz. Matrícula 45733.


Mail: celialeranoz@gmail.com

   


Columnas anteriores
sábado, 19 de agosto, 2017 - 10:58 hs.

Dar es una palabra pequeñita, pero que a la vez guarda en sus tres letras un sentido amplio y variado. De hecho, resultaría fácil encontrar distintas definiciones respecto a los diversos significados que posee.


Dentro de este amplio universo de formas de entender a esta palabra, en esta oportunidad elegimos nombrar tres. Tres maneras de DAR, que se diferencian una de las otras y que de algún modo nos identifican en nuestra conducta individual o social.


Existe un DAR al que lo llamamos omnipotente, un dar que está vinculado a la necesidad de invalidar al otro. Ofrecer algo a alguien implica saber que ese otro tiene una carencia, está necesitando algo. El padre que cede una parte de su lote para que el hijo se haga la casa, pero cuyo dominio sigue siendo suyo. El hijo que trabaja sin un sueldo para una empresa familiar y recibe algún dinero, pero de forma irregular y de acuerdo a como surja. Muchas formas de préstamos donde el favor se convierte en un largo camino de explicaciones para justificar tal o cual decisión. El que recibe se siente preso de una deuda infinita… ser como su captor quiere que sea. Precio alto pagar con libertad una necesidad.


También existe otro modo que es mas amigable con el crecimiento de quien recibe la ayuda. Este DAR de la tierra: la Pachamama que ayuda con su cosecha al hijo que siembra y éste a su vez le agradece ese favor. Esa madre o ese padre que proveen no solo el amor en forma de ternura sino de modo simbólico para hacer de ese hijo un ser pensante. Lo ayuda en el camino, teniendo en cuenta que él puede decidir en cada etapa de su vida. Un dar en parte, porque hay un espacio propio para quien recibe. Las gracias vendrán con la cosecha.


Y por último el DAR de aquellos a quienes les compete un lugar de poder o de lugar especial en lo que constituye nuestra tarea como servidores del bien común. Los comunicadores, los que tienen llegada a la audiencia, o los profesionales de la salud que día a día reciben el dolor o la angustia de quienes no encuentran como salir. Es aquí donde se pone a prueba este privilegio y a la vez este compromiso de dar y que cada cual vera como atiende su juego.


En la historia de la medicina el médico era visto en sus comienzos como un adivinador, alguien que sabía lo que vendría. Ese carácter poderoso de la consulta sigue aún en vigencia, ya que sabemos muy bien cuando alguien regresa de la consulta dice “me quede tranquilo con lo que me dijo”. Qué sencillo sería si cada uno de quienes estamos en estos lugares de poder fuésemos consientes de la importancia de nuestros dichos. Arengar la intranquilidad, recortar solo una parte, ser funcionales al conocido morbo que tenemos los humanos, no puede tomarse como una actitud de desconocimiento.


Y es que la frase “Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre” no es solo una simple máxima para el quehacer de la medicina. Detentar ciertos espacios en donde se es escuchado, implica más de una responsabilidad. La realidad muchas veces no tiene remedio pero aun así, nadie tiene derecho a sacarnos el consuelo.


Y cuando decimos consuelo, hablamos de la esperanza. Esa esperanza que como dice el mito quedo en la caja de Pandora cuando ya todos los bienes o todos los males humanos se habían ido. Dar esperanza tal vez sea el modo de dar sentido.

viernes, 28 de abril, 2017 - 09:23 hs.

Roma es un amor desordenado, loco, bello y sucio a la vez: cuando uno llega se encuentra casi al punto de arrepentirse de haber arribado a esas tierras. Las calles están llenas de papeles y desechos tirados por todas partes. Las veredas y las fachadas están sin mantenimiento. Los sonidos de la ciudad muestran un caos ordenado pero en ebullición constante. Como si ese movimiento pudiese de repente transformarse en un desastre. Pero de a poco, y casi sin darnos cuenta, empezamos a palpitar el latido de mas de dos mil años, puestos allí y en un mismo momento.


Y esto es porque las ruinas, los foros, las fuentes y estatuas de diferentes momentos de la historia de la humanidad recuerdan a cada paso que nacemos y morimos como civilización y el curso del suceder dice que no pasa nada. Dioses magnánimos, emperadores heroicos dejaron en la arquitectura romana su huella, pero pasaron, murieron y siguieron otros. El devenir es un río sin paradas y Roma nos lo muestra.


Observando el modo de vida de sus habitantes notamos a simple vista el parecido con nuestro ser argentino. Creo que guardamos una genética italiana irrenunciable. La chicana, el gusto por la buena comida, el ruido del tránsito, el amor por el terruño, la creatividad refinada y el "lo dejo así porque total no importa” son algunos de las formas que toma en esta bella ciudad el modo de vida y me hacen pensar que somos hijos dilectos de esta Patria.


En la plaza de la República me encontré con un grupo de gente dándole comida a los que se acercaban al lugar. Una señora voluntariosa y solidaria me ofreció una vianda, creo que tanta pinta de indigente no tengo. Pero como hacemos en Argentina, armamos una patriada solidaria sin más planeamiento que el entusiasmo inmediato del "lo hacemos".


Vi mozos bailar en la puerta del café donde trabajaban, vi padres pedir un “besico” a su hijo y a la vez retarlo con esa queja de ya "no te soporto y te amo "al mismo tiempo. Como nosotros ellos si saben de esta ambivalencia. Saben que pueden ser mucho mejores, pero que sin embargo muchas cosas siguen allí sin poder modificarse.


La pasión por el disfrute y el sufrimiento forman una dupla inseparable: en la iglesia del Popolo hay una imagen del pintor Caravaggio, que representa la conversión de Pablo. En este cuadro hay un caballo que como dicen los relatos bíblicos lo tira a Pablo y es ahí cuando Dios le habla y lo invita a ser su discípulo. En realidad el pintor tuvo que hacer dos obras porque la primera no se adecuaba al Concilio de Trento, Pablo iba a la izquierda y Dios a la derecha. En su rebeldía el pintor sacó la imagen de Dios puso sólo una luz y dejó al caballo en primer plano y a Pablo abajo caído. Ante el cuestionamiento de quienes le habían solicitado el cuadro y la pregunta "¿es que acaso es el caballo Dios?", el pintor de las cosas cotidianas contestó: "no, no es Dios, pero refleja la luz de Dios".


Vaya uno a saber si es cierta esta historia, pero refleja sin duda la ingeniosa rebeldía del artista ante los pedidos a los que debía someter su arte.


Qué bien nos vendría que ese ser rebelde que poseemos los argentinos (y quizá heredamos) se hermanara con la creatividad para que en un pequeño acto heroico podamos sentirnos un poco mas dignos.


Ocurre que no estamos en ni cerca en el lugar que soñamos. Pero tal vez saber quiénes somos y tener claro que buscamos, nos dé un poco de respiro en estos tiempos.


Qué intensa es la vida con sangre en las venas.


Por todo esto y mucho más, volver a Roma es encontrarse con ese amor desordenado que marca a fuego, aun sin querer, nuestro destino.

jueves, 13 de abril, 2017 - 14:22 hs.

Nacemos desvalidos los humanos. Sin alguien que nos ayude, podríamos morir en pocas horas. Esta necesidad de abrigo y alimento nos hace seres dependientes de dos cuestiones: por una parte del alimento del cual se enlaza nuestra subsistencia; y a la vez, de un otro que lo provea.


Una relación apoyada en la necesidad, en el hambre y en el irremediable impulso de comer y crecer hace que nazca el psiquismo humano. Y esto gracias a que nuestra especie posee cualidades neurofisiologías que nos distinguen del resto.


Es en la espera por esa leche que no llega, ese abrigo que no aparece o ese dolor que no calma, donde se instala la semilla del deseo. El niño espera y alucina, espera e imagina eso que ya llegará, eso que necesita y aun no está ahí.


Y mientras se sucede este tiempo el amor y el cuidado le prodigan la red que lo sostendrá y que atenuará el dolor, el hambre o el frío a partir de la formación de un sistema complejo que lo hará pensante y humano.


Tenemos en nuestro tiempo una sociedad vertiginosa, en donde la inmediatez, el “ahora mismo”, el “lo quiero ya” están al orden del día. La demanda es imparable e imborrable. La conexión con las redes sociales viraliza el vértigo, el pedido o la insensatez.


Es más claro ver esto en un ejemplo: La crianza de nuestros hijos. En la mayoría de las veces se recita en una frase “quiero que sea feliz”. Y esto se liga de algún modo a este funcionamiento social y nos convertimos así en maquinas expendedoras, al pedido inmediato de los reclamos. Te lo doy ya, para que no te frustres, para que te calles, para que estés contento y feliz.


Y es así como el deseo no se instala, no aparece, porque ante la sola idea de algo, la urgencia lo invita a desaparecer. Recuerdo el relato de una paciente que tenía un desgano profundo en su vida, una tristeza distante y casi intocable que me decía de su madre “Mamá es la cuchara que aparece mucho antes de que abras la boca; es imposible darte cuenta si tenes ganas de comer, o ganas de algo”.


La inmediatez es muerte del deseo, la espera razonable la tierra fértil para que aparezca y se sucedan muchas cosas, un plan, un proyecto una expectativa para concretarlo.


Sujetos insatisfechos, sin posibilidades de saber qué quieren o qué pueden elegir; y otros que por no tener los cuidados básicos no pueden ni siquiera construirse adecuadamente con un psiquismo saludable.


Así estamos, perdimos el rumbo presos de un presente inmediato y urgente, esperar es caduco, insensato casi inmoral.


Y si como solemos decir los psicólogos que el deseo es “el motor de todas las cosas”, pues bien, el motor hace ruido, pero cuesta entender que es eso puro ruido. Se detuvo hace tiempo y aun no nos hemos dado cuenta.

sábado, 1 de abril, 2017 - 15:24 hs.

Muchas veces hemos hablado de la necesidad de la diferencia en la pareja. Aún a pesar de saber que la convivencia se hace difícil. Al que le gusta madrugar con el que le gusta trasnochar. El mudo y la parlanchina, el sociable y la antisociable. Así transitan los deseos cruzados y las apetencias disímiles en una constante negociación que a veces se convierte en pelea y cuando no en guerra campal.


Pero poco se dice de aquel beneficio que nos trae el partenaire cuando bien claro conocemos el ruedo. Un ejemplo común aparece cuando de compras uno le dice al otro ¿lo llevamos? Es un jarrón horrible que el vendedor nos lo muestra con mucho entusiasmo. Ambos en la pareja saben que no se lo van a comprar, que el asunto está terminado, ¿pero quién le pone el cascabel al gato?
-Yo no sé, decime vos que te parece - dice él, a lo cual su compañera responde:
-No, no me gusta. Sigamos viendo.
Ese es el preciso instante donde el bienhechor mira al vendedor con cara de "¿vio usted que antipática que es?". Después va saliendo del negocio con cara de "qué bueno que soy, por Dios!"
Ocurre casi como una ley en la pareja lo de saber qué papel va a jugar el otro y cual es en definitiva el que vamos a jugar nosotros. Esto no hace más que cumplir con determinados funcionamientos de los cuales pocas veces nos hacemos cargo.


Recuerdo con mucha risa la anécdota de un señor que alejándose de una esposa súper ordenada, se juntó con una cuyo relax era tal que si el mate estaba en la mesada o en el piso le resultaba indistinto.
“Hay días en los que extraño a mi anterior mujer, su pulcritud y su orden (me confesó café de por medio). De repente la imagino entrando en mi actual casa y con un reto poner las cosas en su lugar”.


¿Qué tan funcionales son quienes nos rodean para lograr lo que queremos?
¿Cuántas veces nos refugiamos en esta supuesta forma de quien nos acompaña, que en el fondo encubre nuestros propios deseos?
Si esto no es tomar al otro como objeto, que alguien lo desmienta. Es así, la humanidad se presenta y nadie queda exento.
Nuestro mundo interior no es un cofre cerrado sino por el contrario es un inter-mundo, lo que somos se plasma en cada vinculo y en cada acción cotidiana por mas pequeña que parezca.


Ese refugio donde se proyectan deseos esta mas allá de nosotros mismos, podemos ser malos, estrictos o a veces insoportables sin necesidad de aparecer. Si total, he allí nuestra pareja que jugará el juego aún sin saberlo.


Ser buenos, pero buenos de veras, con la maldad de otro. Total, ¿quién se va a dar cuenta?


Licenciada Celia Leranoz. Matrícula 45733.


Mail: celialeranoz@gmail.com

miércoles, 22 de marzo, 2017 - 09:59 hs.

Es frecuente en los diálogos callejeros y hasta en las soledades del consultorio escuchar esta frase, que retumba en nuestros oídos casi con la melodía del que escucha una película con final feliz: ¡QUIERO OTRA VIDA!


"¿Y sabés qué?", agregan algunos, "solo necesito una isla con playa, un chiringo y a vender licuados". Es que nuestra idiosincrasia marplatense le pone el toque de color a una imagen que al menos por un ratito tranquiliza.


Y esto también sirve de introducción, a quienes nos visitan en nuestro consultorio psicológico, que con ese dolor que les significan sus conflictos, apenas se atreven a pensar la razones de porque están en ese estado.


Es que ocurre que las personas se encuentran cada vez más inseguras en su mundo y esto no es producto de nuestra imaginación. Los continuos cambios que se presentan tanto en el mundo social, en el laboral, en el económico y en el de las relaciones humanas nos han lanzado a un futuro más lleno de preguntas que de certezas.


Cuando pensamos ¿cómo hago para salir de todo esto? Aparece la respuesta inmediata, casi intuitiva, sin pausa y sin aliento todos responden ¡QUIERO OTRA VIDA! Vendo todo y me voy, cambio de lugar, de ambiente, de gente….


Y por un instante aparece la calma. La solución mágica tiene su efecto, es breve pero efectiva. Nos aleja de tener que profundizar al menos un poco delpor qué estamos como estamos.


Pero quienes trabajamos con los psiquismos prestados de nuestros pacientes sabemos cuán difíciles son los cambios. Y esto que hoy en día algunos nombran "zona de confort" ( y que en realidad viene existiendo desde el comienzo de los tiempos) es en definitiva, esta resistencia que poseemos todos los humanos a modificar algunas de las cosas que nos rodean.


Cada movimiento que tenemos que realizar para cambiar nuestra realidad, requiere de sentarse a pensar y analizar. Pequeños desafíos traen luego grandes desafíos. Y es que la confianza se va afianzando, en cada una de aquellas promesas que nos hicimos y que luego cumplimos.


El café con un amigo, esa tarde que caminamos frente al mar, el domingo en familia, una noche en soledad con un libro, el abrazo del amor, la sonrisa de los más pequeños. Cada persona seguramente tendrá una pequeña isla en su mundo cotidiano y salvaje y es probablemente desde ahí donde podremos ver las posibles salidas al encierro.


Y los que se animen a dar un salto así, gigante y sin paracaídas, que sepan que en las historias de consultorio también existen. Y qué poco se les parecen a las películas; no hay música feliz ni solución mágica, sino nuevos vientos a enfrentar y nuevas olas que surfear. La vida se abre como un abanico de posibilidades pero ninguna por cierto, nos deja guarecidos de la incertidumbre.


Licenciada Celia Leranoz. Matrícula 45733.


Mail: celialeranoz@gmail.com

AUDIOS - RADIO BRISAS

Eugenio Semino en "Brisas Primera Edición"
Daniel Arroyo en "Brisas Primera Edición"
Claudio Zuchovicki en "Plan Luz"
Fernando Bornoroni en "Plan Luz"


VIDEO DESTACADO