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miércoles 18 de octubre del 2017 - T
18 octubre 2017 - T

Nicolás González. ABC de tu dinero.

viernes, 21 de julio, 2017 - 07:32 hs.
Los cambios en el mundo del Trabajo y tus Finanzas

Hubo un tiempo donde el trabajo pensamos era para siempre. Me refiero que de manera consciente o inconsciente, ingresabas a trabajar a una organización pública o privada y establecías un vínculo que podía extenderse durante toda tu vida laboral.


¿Te resulta extraño, verdad? Era un mundo donde el empleo era formal, registrado, regido por normas estables que protegían los derechos del trabajador y altamente previsible. No es la idea debatir que lugar debe ocupar el trabajo dentro de tu vida, pero en esos tiempos no tan lejanos, quizás el slogan que mejor reflejaba el vínculo con tu empleo era “tener la camiseta puesta”. Y acreditar años de servicio dentro de una misma empresa era meritorio. Te daba “chapa”.


¿Qué tiene que ver este recuerdo nostálgico con tus finanzas te preguntarás? Y te contesto: ingresos previsibles, bajo riesgo de pérdida del empleo, mayor certidumbre para encarar los proyectos futuros.


En la Argentina los cambios en el mercado del trabajo comenzaron a hacerse evidentes en la era de la Convertibilidad con dos aspectos claves: más desempleo (y mayores dificultades de reinserción), precariedad laboral y sustitución de puestos de trabajo del sector industrial hacia los servicios.


El nuevo siglo trajo a nuestro país una crisis económica y social de proporciones históricas y luego la recuperación en la creación de empleo pareció llevarnos nuevamente a un mundo más seguro, si así lo querés llamar. Durante el período 2003-06 se crearon 400.000 empleos netos anuales solamente en el sector privado, en tanto que en el período 2011-16 no superamos los 40.000.


La Argentina, con una PEA (población en edad de trabajar y que lo busca activamente) de 20 millones, debería generar al menos al año, empleo para 200.000 personas. Con eso no mejoras ni empeoras la situación.


Hoy estamos inmersos en un escenario a donde concurren estas variables:


Ø Globalización e integración mundial (por las buenas o por las malas)


Ø Robotización de procesos industriales


Ø Desarrollo de Inteligencia Artificial


Ø Economía Colaborativa


Cambios que trascienden fronteras y gobiernos. Es casi imposible evitar los efectos que los mismos van generando.


Trabajo que busca nuevos lugares donde los costos y las regulaciones son menores. Basta para ello revisar las etiquetas del “made in” de tu indumentaria. A esto se agrega la pérdida de puestos de trabajo a manos de un proceso de sustitución por tecnología nunca visto, por su carácter disruptivo. El cambio no es gradual ni previsible. ¿Atemorizador?


Para ciertos tareas ya no se emplean personas, sino bots. O sea, robots. Sistemas de atención telefónica de diversos servicios te introducen en las delicias de “marque 1 o 2 o n” cuando a vos te gustaría una respuesta humana. Así los sistemas funcionan todo el tiempo, no se resfrían ni se quejan. Son más baratos para las empresas, aunque algunos ya empezaron a entender que si no hay trabajadores pagos, tampoco habrá consumo de bienes y servicios. ¿La solución?


Y está la Economía Colaborativa. El fin de la intermediación y las regulaciones. La economía del usar más que del tener. Uber, Airbn y plataformas financieras que resuelven tus problemas YA. Desde tu teléfono inteligente, saciando tu ansiedad por resultados instántaneos.


¿Y qué tiene que ver esto con mi trabajo y mis finanzas?


Que estamos en presencia de un mundo del trabajo donde parecen desaparecer pilares como el empleo registrado y formal. Donde florecen modalidades de contratación flexibles y “a término” contra lo que conocíamos como “indefinidos”. Los invito a ver la reforma laboral que han aprobado, a pesar de la crisis política que atraviesan, en Brasil. Dos palabras Tercerización y Flexibilidad.(1)


Hay mensajes apocalípticos sobre los puestos de trabajo que serán sustituidos en los próximos 30 años, y gurúes que pronostican cuáles serán los trabajos de futuro.


¿Qué es lo que debo esperar de mis finanzas?


Ingresos: los mismos podrán estar afectados por mayor inestabilidad. Riesgo de pérdida de empleo. Pagos variables asociados a resultados o productividad. Esto puede acortar el horizonte de planeamiento de tu dinero. Se discutirá, como contrapartida, con mayor énfasis - ver el caso Finlandia (2) - el tema del Ingreso Universal garantizado, que opere como un amortiguador en caso de pérdida de puestos de trabajo.


Gastos: El cambio social y cultural lleva a una revisión permanente de tu canasta de servicios básicos. Moda y modernidad traccionan para llevarse parte de tu ingreso, y vos


responderás con moderación e inteligencia. Rompiendo esquemas de compra que te acompañaron hasta ahora, sin grandes dolores. Será central priorizar educación y nuestra capacidad de “aprender a desaprender” adaptarnos al cambio.


Deudas: En Argentina verificaremos mayores préstamos hipotecarios (involucrando para ello ya necesariamente el ingreso de más de un individuo) y el nivel de endeudamiento global deberá ser revisado. Esto se deberá asociar al nivel de estabilidad que puedas tener en tus ingresos. Habrá distintas realidades y aquellos que convivan con trabajos inestables e informales pueden ser las víctimas ideales de las plataformas de préstamos que te salvarán al instante. Y te condenarán por un tiempo más que prolongado. Mayor vulnerabilidad por ese lado.


Ahorro y Previsión: Se deberá revisar la estrategia que te permita reducir tu fragilidad financiera. Contar con un fondo de emergencia será más valioso y también comenzar a desarrollar el plan para reforzar la jubilación. Pensá en una sociedad que irá aumentando su expectativa de vida y demande mayores gastos de sustentación en salud. Podés esperar que la asistencia te la brinde el Estado o hacer tu propio esquema de protección del futuro. Esto se llama prevención de riesgos. Seguramente aparecerán productos financieros que te permitan canalizar tu dinero con esos fines.


Alguna escuchaste la frase “el futuro ya llegó”. Negar el cambio o resistirse sin recursos sólidos no parece ser la estrategia. Adaptarte y en ese proceso, entender cómo deberá ser el manejo de tu dinero.


(1) http://www.bolsamania.com/noticias/politica/brasil--el-senado-de-brasil-aprueba-la-reforma-laboral-de-temer--2765399.html


(2) http://www.lanacion.com.ar/1980605-un-ingreso-universal-que-compense-la-pobreza-y-el-desempleo


Nicolás González


Contador Público


Docente Universitario especialista en Finanzas


Titular del ABC de tu dinero

   


Columnas anteriores
lunes, 2 de octubre, 2017 - 09:22 hs.

Hace unas semanas en la radio, pusimos en circulación una idea: estamos viviendo la economía de la moderación. Sin resultados espectaculares en cuanto a crecimiento pero con tendencia positiva, de recuperación en general. Pronósticos de aumento del PBI para este año cercanos al 3% anual y para el 2018 del orden del 3-4% (de la mano de Brasil que empieza a despertar).


Este escenario de moderación, “aburrido” para algunos, que no nos permite resolver rápidamente los problemas estructurales, casi no apto para ansiosos, comienza a mostrar síntomas que parecen convalidar ese rumbo. Ciudadanos cansados de los movimientos pendulares que desean tomar decisiones que se puedan proyectar en el tiempo con cierto grado de previsibilidad.


En el Informe sobre Bancos publicado por el BCRA el 13/09/17 respecto al primer semestre de este año, hay algunos datos que me permito asociar con esta idea de la moderación:
- Crecimiento del crédito al sector privado en su conjunto, neto del inflación del 3.10% (Julio/17 respecto al mes anterior)
- Un aumento neto (este dato es impactante) de 200.000 nuevos deudores de préstamos personales, dato que es el más alto de los últimos 9 años.
- Datos también positivos en las líneas hipotecarias (la vedette) y prendarias
- La morosidad global del sistema estable, en el 2%
- Fortalecimiento de los préstamos en UVA. En este renglón debe destacarse la tracción que están ejerciendo los Bancos Nación, Provincia de Bs. As. y Ciudad(explican el 70% de las operaciones).


Tomar crédito refleja entre otros factores, confianza en el futuro. Esto es, quien se endeuda está configurando un escenario donde presume que contará con la capacidad para hacer frente a sus compromisos con regularidad.


Sin perjuicio del crecimiento de la línea de préstamos personales donde todavía reina el esquema de tasas nominales (elevadas a mi criterio) en muchos casos con el propósito de sustituir la refinanciación por la vía de las tarjetas de crédito, contraer crédito hipotecario a plazos de 20 a 30 años es una señal muy fuerte.


Estas líneas se están otorgando mayoritariamente en UVA(el 85% de los préstamos), facilitando el ingreso por el menor valor de la cuota inicial, pero con indexación por índice de precios minoristas. Una cuota que se mantendrá, si tus ingresos acompañan la inflación, constante como porcentaje de los mismos. No se licuará como sucedía con los préstamos a tasa nominal que en muchos casos, resultaban muy gravosos, a pesar de darte la sensación que cada vez tu esfuerzo por pagar era cada mes menor.


¿Qué tenemos entonces? Globalmente, las familias tenían comprometidos por su endeudamiento asociado al consumo, el equivalente a dos meses de sus ingresos, lo que representa cerca de un 17% del salario mensual (personales y tarjetas con sus cuotas básicamente). Ahora, para aquellos que contraigan crédito hipotecario, le debemos agregar al menos 25% más. Estamos hablando que los compromisos por deuda se llevarán casi un 45%. Un número importante básicamente por su rigidez, puesto que los compromisos tienen que ver con el pago de tu vivienda permanente por muchos años. Por eso es clave tomar decisiones claras y meditadas sobre cuánto y cómo endeudarnos.


Los detractores de las líneas UVA, agitan el fantasma de la inflación (una nueva versión de la tristemente célebre circular 1050), amenaza que podría tornar impagable las futuras cuotas. Por otro lado aquellos que alquilan saben lo que significa la actualización de los valores que pagan, en muchos casos, con aumentos que no responden a la realidad de sus ingresos. Tenemos para todos los gustos.


La tendencia que estamos observando es hacia un mayor endeudamiento; quizás se vea reducido el que se asocia al consumo (ha sido históricamente caro y en ocasiones poco transparente) y un traslado hacia el hipotecario y prendario con actualización UVA. No visualizo una sociedad a la americana, con sobreedeudamiento generalizado.


El total de deuda que cada individuo/familia puede gestionar dependerá fundamentalmente de la estabilidad de sus ingresos. En cantidad y evolución, pensando que gran parte de la misma estará asociada a la evolución de la inflación, si el esquema UVA termina imponiéndose.
Si la inflación continúa en un sendero descendente y se estabiliza en los valores pretendidos por el gobierno, podremos visualizar el verdadero costo de nuestras deudas. El real, sin ninguna influencia ni ilusión monetaria. Tu verdadero esfuerzo.


Puede sonar contradictorio hablar de economía de la moderación y explosión del crédito. Pero si lo pensás de otra forma, asociando tu decisión de contraer compromisos por largo tiempo, podrás ver que es condición necesaria (pero no suficiente) para que puedas planificar con mayor tranquilidad tu futuro.


¿Aburrido en la Argentina? Eso sí que parece misión imposible!


Nicolás González
Contador Público
Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero

lunes, 4 de septiembre, 2017 - 11:16 hs.

Precios máximos. Precios cuidados. Precios transparentes. Precios corajudos ahora. A esto sumale todas las promociones con que las empresas nos bombardean a diario, descuentos suculentos (algunos en apariencia, ya lo veremos) y para completar el combo las cuotas que harán posible lo que vos necesitas. O deseas.


Estas cuestiones no están limitadas solo a productos y servicios no esenciales, sino que abarcan todo. Literalmente. La pregunta que debemos hacernos es ¿entiendo que estoy pagando? Acá se conjugan varios factores para que tu decisión de compra sea la correcta, a saber:
- Cuáles son los precios de partida, es decir, estar seguro que el precio sobre el que se ofrece el descuento no fue previamente inflado. Difícil en un país con inflación. Misión casi imposible.
- Capacidad para comprender “matemáticamente” los descuentos. Esta cuestión se relaciona con la Educación Financiera, y nuestra dificultad para los cálculos básicos. Sumado esto a los estímulos visuales que potencian ciertos números y minimizan otros.
- 70% en la segunda unidad. ¿Te gusta, verdad? Inconscientemente, muchos pensamos estar ganando un descuento del 70% sobre TODO, cuando en realidad hay dos cuestiones: tenés que llevarte dos unidades (quizás necesitas solo una) y en consecuencia el descuento final sobre el precio final es … la mitad. Si no me crees, hacé la cuenta y fijate cuánto efectivamente terminás pagando cada unidad.
- Llevá 12 paga 10. O 4 y solo pagas 3. Es gracioso y a veces tragicómico observar las conversaciones de los consumidores delante de la góndola que se preguntan, mirando el precio unitario, cuánto es lo que efectivamente pagarán. Esto se corrige con más matemáticas aplicadas a la vida cotidiana.
- 50% en tu compra con ciertos plásticos, de algunos bancos, algunos días. Todo bien, concentro toda la artillería con esas coordenadas. ¿Algo más? Sí. Habitualmente las promociones tienen un tope en $. Por compra, por mes o por titular de la cuenta bancaria hacia donde viajará tu gasto. El % prometido dependerá en consecuencia del monto real de tu compra. Si por ejemplo, el tope es de $1.000, si comprás por ejemplo $4.000, el descuento efectivo final será exactamente el 25% de todo lo comprado. Letra chica que le dicen.


Esta verdadera “jungla” donde se desarrollan nuestras compras, ha sido parte de la explicación de los cambios en los hábitos y canales de consumo masivo.


La desconfianza que podían merecernos las segundas marcas, para un consumidor que basaba sus decisiones en las primeras marcas y poniendo el precio más caro como parámetro de mayor calidad, fue cediendo. Fuimos probando y comprobando que las potenciales diferencias podían no ser relevantes, o incluso inexistentes. Hay un traspaso evidente y “descontracturado” hacia este segmento, en diversas líneas de productos.


Los mayoristas también capitalizaron la confusión de precios, aportando accesibilidad a los clientes minoristas, claridad y ahorros reales en los presupuestos familiares. Compras que se programan con antelación, con criterios de asociación con amigos/familiares para potenciar las ventajas de mayores volúmenes. Hoy se estima que el 30% de los consumos masivos se los lleva este canal en forma directa.


Y la novedad que muestra una dinámica imparable: el comercio electrónico. Creciendo a una tasa anual del 30% en sus operaciones, abarcando en cada edición (nacional o local) más rubros, desde alimentos a pasajes y paquetes turísticos. Hay estimaciones que hablan del 92% de los usuarios de internet que han tenido una experiencia en este sentido.


Consumidor inteligente, o más desconfiado. Pragmático. “Casado” con su presupuesto familiar, consciente de su rigidez. Esta diversidad de canales y promociones para que sea realmente una oportunidad de hacer rendir más nuestro dinero exige reducir la compra no programada. Tener conocimiento de la estructura del gasto mensual, ordenarla, revisar en el seno de cada hogar cuáles los conceptos que se llevan nuestro esfuerzo. Convertir ansiedad en reflexión.


Paralelamente también llegará el turno de poner sobre la balanza los costos y beneficios de los distintos medios de pago, cantidad de bancos con los que operamos, sus programas de recompensas. Te garantizo que te vas a encontrar con algunas sorpresas en esta ecuación.


Todo suma, o resta según sea tu postura a la hora de analizar de manera integral, como es que debemos comprar y pagar. Control de emociones es una consigna.


Nicolás González
Contador Público
Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero

martes, 22 de agosto, 2017 - 10:03 hs.

El concepto de inclusión comenzó a cobrar fuerza en la primera década del presente siglo. La Argentina intentaba salir de una crisis económica y social sin precedentes y el número de excluidos era descomunal. Esto se reflejaba en los niveles de desempleo, pobreza, cobertura previsional, un cuadro complejo.


La inclusión financiera en particular, hace referencia a la accesibilidad por parte de la población a los servicios financieros. En una mirada muy básica, hablamos de bancarización por la vía de una caja de ahorros y una tarjeta de débito. En este terreno desde la década de los noventa se comenzó con el cobro de haberes de los trabajadores activos en cuentas bancarias, jubilados y pensionados y se abrió la puerta para poder llegar a otros servicios como inversiones, tarjetas de crédito, préstamos personales y seguros.


Hasta no hace muchos años, el nivel de sofisticación de las operaciones con los bancos se reflejaba en una vía (doy por superada – no para todos- el uso del cajero automático): la banca electrónica o homebanking. La idea consistía en poder efectuar transacciones a distancia, sin tener que concurrir a las sucursales. Ya no era necesario siquiera operar por el cajero automático: podías pagar servicios, hacer plazos fijos, transferir dinero a terceros sin moverte de tu casa. Literalmente. Digo esto porque el equipo con el que operabas era seguramente una PC de escritorio.


Pero si esto te resultaba familiar, y pensabas que “todos” tenían acceso tanto a los servicios como a los canales, te informo que existe todavía un gran trecho como para conseguir una cobertura realmente masiva. Esto se asocia a cuestiones territoriales, lejanas a centros urbanos con una densidad poblacional relevante y a niveles de informalidad elevados (básicamente en lo relativo a los ingresos que obtienen por su trabajo). Trabajo en negro, changas, estacionalidad de las tareas conspiran de manera frontal con este propósito.


Desde el Banco Central se han llevado adelante muchas acciones para abrir caminos que faciliten la bancarización más primaria: gratuidad de la apertura de cajas de ahorro con su tarjeta de débito respectiva, que constituye la plataforma básica donde pueden depositarse los ingresos que se obtienen y luego “moverlos” con tu tarjeta o si te animás con la banca electrónica.
Pero el fenómeno de la inclusión financiera encuentra de la mano de la tecnología una nueva herramienta: las llamadas fintech o finanzas digitales. El cambio llega a una velocidad inusual, impactando sobre los usuarios plenos o parciales de los servicios de manera diversa. Cambia la base sobre la que vas a operar y sobre todo, la herramienta tecnológica que vas a emplear, cobrando protagonismo los teléfonos inteligentes, los “depredadores digitales”. Te lo explico mejor:


- Aparecen plataformas o sitios web, que operan exclusivamente por ese canal. Algunas basadas en la llamada economía colaborativa, caso Afluenta, donde se elimina la figura de intermediación bancaria: Se juntan los que tienen excedentes de dinero y aquellos que necesitan tomar crédito. Y con la guía de esa web, vos vas colocando/tomando el dinero (colaborativa no es sinónimo de gratuito, obvio). El que invierte gana más y el que toma prestado paga menos que si recurren a los canales (bancos) tradicionales. Suena bien, verdad?
- Proliferan las plataformas que ofrecen crédito. Y aquí surge un peligro altísimo. Con el argumento irresistible de la respuesta casi inmediata (podés encontrar sitios que operan las 24 hs los 365 días del año y te prometen poner en tu cuenta el dinero que vos pedís en minutos) el costo financiero que vas a terminar pagando puede ser sideral. 1500% o 5.500% anual. No es un error de tipeo.
- Aquí funciona a la perfección nuestra recomendación: cuánto más chico sea el monto pedido (por ejemplo $3.000 para cubrir una urgencia) y más corto el plazo para devolverlo, más caro será su costo. Como nuestra “cabeza financiera” no piensa en términos de tasa o costo financiero, solo vemos cuanto pedimos y lo que vamos a devolver. Montos y cuotas. Estás entrando en un terreno muy gravoso para vos.
- Hace falta usar una PC? Error, no es indispensable. Al contrario, el medio está cerca tuyo, en tu mano: ese Smartphone tiene una aplicación que vas a usar para pedir lo que necesitas. Todo es fácil. Y rápido. Sin papeles. Ya. Imbatible.
- Bancos que sólo existirán en la web. 100% digitales. Y no es ciencia ficción. En Argentina están arrancando. No habrá que hacer colas, ni tratar con oficiales de cuenta, ni cajeros malhumorados ni nada físico. Tu dinero y toda tu operatoria será finalmente “digital”.
- Se suma una plataforma muy potente que probablemente usaste para comprar o vender: Mercado Libre. Ahora será Mercado Crédito y te dará préstamos. Te conoce muy bien.
Dejando de lado la ironía, el problema es el mismo de siempre, pero agravado por la accesibilidad: La falta de educación financiera.


Suponer que la inclusión financiera se verá facilitada por la existencia de plataformas digitales, por el acceso vía teléfonos inteligentes, puede convertirse en un arma de doble filo. Que ahora puedas tomar un préstamo de manera instantánea sin entender, casi literalmente, las verdaderas características de la operación que estas haciendo, no es una ventaja. O mejor dicho, no es sana inclusión financiera. Al contrario.


Sin tener las competencias o condiciones para comprender la naturaleza, costos y riesgos en los que estás incurriendo, puede terminar siendo un búmeran.
Si tratamos como un par inclusión financiera + finanzas digitales, sin diferenciar, sin capacitar a los usuarios para que tomen decisiones sanas para la administración de su dinero, nos estamos equivocando.


Mientras se define si esto estará sujeto a niveles mínimos de regulación para evitar abusos, te recuerdo el consejo del artículo: montos chicos, en plazos de devolución cortos (a veces, no llegan ni a 30 días) son veneno para tus finanzas. No digas que no te avisé.


http://www.bancomundial.org/es/topic/financialinclusion/overview


Nicolás González


Contador Público


Docente Universitario especialista en Finanzas


Titular del ABC de tu dinero

miércoles, 19 de julio, 2017 - 07:32 hs.

Hubo un tiempo donde el trabajo pensamos era para siempre. Me refiero que de manera consciente o inconsciente, ingresabas a trabajar a una organización pública o privada y establecías un vínculo que podía extenderse durante toda tu vida laboral.


¿Te resulta extraño, verdad? Era un mundo donde el empleo era formal, registrado, regido por normas estables que protegían los derechos del trabajador y altamente previsible. No es la idea debatir que lugar debe ocupar el trabajo dentro de tu vida, pero en esos tiempos no tan lejanos, quizás el slogan que mejor reflejaba el vínculo con tu empleo era “tener la camiseta puesta”. Y acreditar años de servicio dentro de una misma empresa era meritorio. Te daba “chapa”.


¿Qué tiene que ver este recuerdo nostálgico con tus finanzas te preguntarás? Y te contesto: ingresos previsibles, bajo riesgo de pérdida del empleo, mayor certidumbre para encarar los proyectos futuros.


En la Argentina los cambios en el mercado del trabajo comenzaron a hacerse evidentes en la era de la Convertibilidad con dos aspectos claves: más desempleo (y mayores dificultades de reinserción), precariedad laboral y sustitución de puestos de trabajo del sector industrial hacia los servicios.


El nuevo siglo trajo a nuestro país una crisis económica y social de proporciones históricas y luego la recuperación en la creación de empleo pareció llevarnos nuevamente a un mundo más seguro, si así lo querés llamar. Durante el período 2003-06 se crearon 400.000 empleos netos anuales solamente en el sector privado, en tanto que en el período 2011-16 no superamos los 40.000.


La Argentina, con una PEA (población en edad de trabajar y que lo busca activamente) de 20 millones, debería generar al menos al año, empleo para 200.000 personas. Con eso no mejoras ni empeoras la situación.


Hoy estamos inmersos en un escenario a donde concurren estas variables:


Ø Globalización e integración mundial (por las buenas o por las malas)
Ø Robotización de procesos industriales
Ø Desarrollo de Inteligencia Artificial

lunes, 29 de mayo, 2017 - 09:16 hs.

Nuestra historia como sociedad en la temática inflacionaria nos ha convertido (contra nuestra voluntad) en “expertos”. Muchas décadas conviviendo con este flagelo lo justifican. Junto con ello aparece una cuestión que está íntimamente vinculada a este fenómeno: los índices que mejor reflejan los aumentos de precios de nuestra vida cotidiana. Y aquí se cruzan aspectos técnicos y políticos que me interesa plantear en este artícul


Inflación e indexación fueron siempre de la mano. Esto funcionó así hasta que en el año 1991 en el nacimiento de la Convertibilidad se la prohibió esta última con el argumento que promovía más inflación. Parece que no ha sido así ya que luego tuvimos no solo aumentos, sino explosiones de precios y casi de nuestro país.


Los empresarios se quejan porque no hay ajuste por inflación que provoca que paguen Impuesto a las Ganancias sobre resultados ficticios (también le ha sucedido a los empleados cuando se “congelaron” mínimos no imponibles y deducciones y debieron pagar más y más) y si querés una cuestión más terrenal, los alquileres tienen pactados valores semestrales que implican una estimación de inflación. Si sos inquilino, sabes de qué estoy hablando.


Y tuvimos también nuestra etapa de destrucción de las estadísticas públicas (INDEC) en la última década que provocó descrédito y la aparición de múltiples índices de consultoras privadas, que trataron de mostrar como crecían los precios, con suerte y seriedad diversas.
Hoy el INDEC recupera credibilidad pero todavía seguimos empleando un índice de precios (IPC-GBA) que refleja lo que sucede en la ciudad Autónoma y 24 partidos del Gran Buenos Aires, donde se produjo el mayor congelamiento de tarifas de servicios públicos, peajes y transporte en el período 2003-2015. ? Y ahora que esos precios se reacomodan, causan dolor y cambios en los presupuestos de las familias. Lo concreto es que gastos como los servicios públicos empiezan a “pesar” fuerte en los gastos (entre el 5 y el 7%).


Hay una iniciativa de determinar un IPC Nacional a partir de Julio-17 que tratará de “promediar” las distintas realidades y reflejar mejor al menos dos cuestiones: ¿En qué gastamos los argentinos (todavía usamos una canasta de gastos del 2004)? y ¿Cuáles deben ser los canales de compra para relevar los precios de nuestros consumos?


Básicamente podemos hacer mención a que servicios que hoy consideramos “indispensables” -internet móvil y Netflix por citar dos ejemplos- no existían en la encuesta de gastos del 2004 y que los canales de compra de los productos más relevantes de nuestro presupuesto pasaban por autoservicios, supermercados y shoppings. Hoy le agregas con absoluta naturalidad el canal mayorista (se lleva el 30% de la torta de la canasta básica) e irrumpe el comercio electrónico con todas sus fechas fetiche (Hot Sale y Black Friday como emblemas).


Es claro que no hay números mágicos. Esto dicho en el sentido de poder responder a todos los interrogantes solamente por la observación y seguimiento de un índice. Pero estos datos son de vital utilidad para la toma de decisiones. Tanto a nivel macro como en la economía doméstica.


En reiteradas ocasiones hablamos de la necesidad que cada familia determine cuál es “su inflación”. Parece ambicioso y extremo, pero esto te lleva a conocer la naturaleza de tus consumos, tus preferencias, los gastos que controlas y los que no.


Y te corre del tema tan frecuente (e improductivo) de discutir si la inflación que se mide públicamente se asemeja a la tuya o no. Vos cambias y lógicamente cambian tu canasta de gasto. Es una idea clave para poder empezar a administrar seriamente tu dinero. Te doy algunos ejemplos a considerar:


• Educación para tus hijos: ¿pública o privada? No hago referencia a calidad sino a los desembolsos.
• Vivienda: ¿propietario – con o sin hipotecario- o inquilino?
• Salud: ¿medicina prepaga ú obra social sindical?
Tres temas claves que tienen distinto comportamiento en cuanto a precios. A algunos le pegarán los aumentos más de lleno y otros los verán más amortiguados. Conocerán – y quizás hasta valorarán diferente- el esfuerzo que hacen para sostener sus gastos.


Hemos pasado gran parte de nuestra vida negociando salarios que en ocasiones le ganaron a la inflación y en otras (como en el último año) perdieron poder adquisitivo. Para ello consideramos cuánto crecían los precios y cuánto lo hacían los sueldos y jubilaciones. Casi por un momento quisimos creer que era más útil coincidir con los datos estadísticos que asumir nuestros propios números.


Hoy, como ciudadanos-consumidores tomamos conciencia de cuáles son nuestros deberes: armar nuestros gastos, ordenarlos, y someterlos a una evaluación inteligente. Sabremos cómo se comportan y evolucionan sus precios por sobre las discusiones técnicas de muchos gurúes económicos que en ocasiones, contribuyen más a la confusión que a la claridad de tus decisiones cotidianas.


Nicolás González
Contador Público
Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero

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