22/02/2018
jueves 22 de febrero del 2018 - T
22 febrero 2018 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 14 de julio, 2017 - 13:41 hs.
Dólar

Tempranamente aprendemos que el dólar, como Dios, siempre está presente aunque no lo veamos.


La economía se rige por esta moneda y también las distintas variables que se analizan para saber cómo estamos y por dónde vamos.


A pesar de los intentos de algunos gobiernos democráticos que demostraron su preocupación por torcer esta realidad, los actores internos y externos que lo alentaron ganaron en cada batalla disputada.


Los salarios están en pesos, los precios se expresan en la misma moneda y los impuestos siguen esa lógica, pero la realidad argenta se regula inexorablemente por el valor del monstruo verde.


Siempre los costos del país superan a los del resto, los alimentos están caros y la presión impositiva es la más pesada de la región.


Entonces aparece la tabla comparativa en dólares, mientras los gurúes de ocasión advierten por enésima vez que la moneda norteamericana está en su piso más bajo, por lo que piden a gritos que suba cuanto antes.


También se apuran a aconsejar para que esa decisión macroeconómica llegue hasta el último de los peldaños de la microeconomía.


De esta forma, millones de trabajadores argentinos sufren la inclemencia cíclica de los tomadores de ganancias.


Son los bancos, las empresas de gas y petróleo, los grandes formadores de precios, los liquidadores de divisas y todos aquellos que reciben jugosos subsidios salidos de las arcas públicas.


Nunca pierden y por tal razón siempre están de acuerdo con todas las acciones gatopardistas; cambiar algo para que nada cambie.


La historia enseña que este camino sólo generó ganancias para esos grupos.-


@danieltemperoni


 

   


Columnas anteriores
viernes, 16 de febrero, 2018 - 13:45 hs.

Desde el fondo de la historia hasta este presente ecléctico, las naciones que apostaron a la educación siempre ganaron la apuesta de su tiempo.


No hay fórmula más poderosa contra la ignorancia estructural, el desamparo consuetudinario y la desesperanza acumulada.


Quienes asisten al mundo de la enseñanza, reciben conocimientos e internalizan la enorme satisfacción que produce sentir que nadie podrá imponer límites al que sabe.


La deducción, el cálculo, la oración, el dibujo, la música, la expresión, la investigación, son todas partes intervinientes de un proceso de crecimiento exponencial de cada ser humano que abre ese libro de la sabiduría universal.


Para que esto sea lineal, abarcativo e inclusivo están los Estados, porque son ellos quienes tienen la enorme responsabilidad de que cada futuro ciudadano acceda al mismo nivel que el resto de sus pares.


Y la democracia debe velar y revisar permanentemente estos objetivos.


Si las políticas no alcanzan estos niveles o se olvidan de aplicar las leyes que establecen estos estándares, ahí siempre deben estar los representantes del pueblo para hacer recordar a los distraídos de turno.


Cuando transcurren varios años sin que estos preceptos constitucionales se cumplan, las sociedades se ven afectadas enormemente por procesos de desculturización que acarrean otras problemáticas no menos profundas.


Todos los actores pierden; los que no recibieron educación apropiada y aquellos que tuvieron mejor suerte en ciclos anteriores.


El conjunto social sufre retrasos que lo pueden llevar a elevar las estadísticas de desocupación, pobreza, desarraigo y todas aquellas penurias que suelen enumerar los políticos en sus discursos cuando se exponen al tamiz del público en épocas electorales.


No son pocos los antecedentes de este tenor que exhibe la historia argentina, razón más que suficiente para pensar y actuar en consecuencia mirando el presente y con proyección de futuro.


Debería ser la base de discusión permanente y el punto de partida de cualquier programa de gobierno.


Sin embargo, se empeñan en recordarnos el diagnóstico.-


@danieltemperoni

viernes, 9 de febrero, 2018 - 13:53 hs.

La naturaleza, una vez más, afecta a miles de argentinos en el norte del país que se ven desplazados de sus hogares por fuertes crecidas del río Pilcomayo y por importantes niveles de agua caída en cortos períodos.


Numerosos grupos de pueblos originarios también se han visto golpeados por esta catástrofe.


Pero cuando pase la contingencia, deberán regresar a lo que quedó de sus viviendas o al lugar donde tenían algunas paredes con un techo que fueron arrasados por las aguas.


Lo mismo que ha venido ocurriendo por décadas.


Esto requiere mucho más que actuar en el momento crítico y está urgiendo que el Estado en todos sus niveles comience a coordinar ya la vuelta a casa de los cientos de relegados históricos.


A la vez, la responsabilidad gubernamental pasa por estudiar y diseñar las mejores soluciones para cada una de las provincias afectadas, comenzando por un detallado análisis del comportamiento de las fronteras móviles del río Pilcomayo y del impacto o no que puedan tener sobre su cauce norte las represas de países limítrofes.


Gran parte de esas respuestas estructurales seguramente ya fueron trabajadas en sucesivas gestiones, pero evidentemente poco de esa tarea se ha visto volcada al terreno de los hechos.


Teniendo en cuenta que muchas poblaciones se han vuelto a reconstruir sobre las mismas márgenes de ríos o arroyos que desbordaron repetidamente, el sentido común está invitando a la planificación seria y precisa.


Obras de infraestructura que quizás se pensaron hace décadas, están siendo reclamadas por este presente superado por la emergencia y la necesidad de poner a salvo la vida de comunidades enteras.


Existe una enorme deuda histórica con provincias que carecen de recursos propios para encarar las réplicas a tantos años de abandono centralista.


La manera de acortar esa distancia es pensar, finalmente, un país federal en el que estas situaciones regionales estén contempladas como políticas de Estado y siempre cuenten con recursos presupuestarios.


Lo otro, es quedarse en la urgencia.-


@danieltemperoni

viernes, 2 de febrero, 2018 - 13:48 hs.

“Nosotros con el presupuesto municipal algunas cosas vamos a realizar, adquiriendo algunos vehìculos como ya podrán ver más adelante, pero la verdad de la milanesa es que con un solo presupuesto no se puede, no podremos resolver el millón de problemas que tenemos por los costos que hay en la obra pública y ahí es cuando aparece la mano de la presidencia y de la gobernación”.


Con esta frase, el intendente Carlos Arroyo resumió ante la prensa su urgencia para que el HCD finalmente aprobara la adhesión a la ley provincial de Pacto Fiscal.


El ejemplo sintetiza la necesidad histórica que tiene la provincia de Buenos Aires de abordar el debate legislativo sobre autonomía municipal en aquellas comunas que contienen a una población numerosa y que, a la vez, generan un producto bruto interno muy superior a lo que finalmente reciben de coparticipación.


Por otra parte, actualiza crudamente la urgencia de grandes obras de infraestructura a medida que crece exponencialmente la cantidad de residentes.


La ecuación no cierra a la hora de echar mano a abultados presupuestos, por caso los $8500 millones de General Pueyrredon para este año que prácticamente están ya absorbidos por sueldos de personal, más la recolección y la disposición final de residuos.


En el caso de nuestro municipio debe agregarse el condimento nada despreciable de recibir anualmente a más de tres millones de personas en un corto período, lo que hace inevitable reforzar servicios básicos para que nada colapse.


Así se viene haciendo desde la fundación de Mar del Plata en 1874 y desde el reconocimiento como partido de General Pueyrredon en 1879.


Comisionados e intendentes han recorrido una y otra vez la Autovía 2, buscando apoyo financiero en La Plata y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Otras provincias argentinas debatieron e incorporaron el concepto de autonomía municipal, resolviendo profundas diferencias con intendencias que hoy gozan de ese grado de manejo institucional.


Debemos preguntarnos, entonces, cuál es el motivo principal que clausuró hasta hoy la discusión en Buenos Aires, sin olvidar los más de 70 proyectos presentados en 1994 durante la Reforma Constitucional provincial.


Otra realidad es posible, pero demanda decisión política y convencimiento.-


@danieltemperoni


 

viernes, 26 de enero, 2018 - 13:49 hs.

Un viejo y conocido síndrome argentino se reconoce en aquella actitud casi obsesiva de cambiar absolutamente todo lo que se hizo antes, porque lo nuevo es mejor.


Como si se tratase de una ecuación exacta, todos los campos de acción caen bajo esta nefasta tesitura argenta.


No importa el color político ni las circunstancias, ya que se sabe que esto va a ocurrir de forma inexorable.


La pregunta a responder es por qué una ambulancia arribó 45 minutos después del primer llamado, mientras el cuerpo de guardavidas intentó mantener respirando a una persona que, lamentablemente, llegó fallecida al hospital.


No hace muchos años atrás, a lo largo de la costa marplatense, se habían instalado en temporada varios puestos de atención que contaban con móviles sanitarios que tenían su propio rango de cobertura.


Probada su eficiencia al complementarse con el sistema tradicional de asistencia en la vía pública, como era de esperar, ya no se volvió a implementar.


Un municipio que contiene a un millón de habitantes y que durante la temporada alta triplica esa cantidad con los turistas, no puede adolecer de una estructura que alcance para cubrir esas necesidades.


Deberá hacerse con provincia y nación, o con cualquier otra integración que permita absorber el enorme flujo de personas que se llegan a concentrar en casi 40 kilómetros de costa.


La Ley Orgánica de Municipalidades permite a los gobiernos comunales organizarse a partir de la figura de los consorcios para encarar proyectos que generen soluciones integrales a problemáticas similares.


Nada impide, entonces, que intendentes del frente costero bonaerense puedan sentarse a discutir la mejor forma de poner a cubierto a los miles de visitantes que vacacionan en sus playas cada año.


Sólo una idea de cómo se puede avanzar en este sentido y para que el Estado esté en el lugar y en el momento en donde se lo precisa.


Ni más, ni menos.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 19 de enero, 2018 - 13:48 hs.

Ninguna de las previsiones inflacionarias se cumplieron al terminar los dos últimos ejercicios económicos y no son pocos los especialistas que se adelantan a señalar que la mitad de lo pautado para 2018 estará contenido en los primeros cuatro meses del año.


El modelo está sostenido en la actualización de las tarifas sin subsidios para los usuarios, en el encolumnamiento de los precios a valor dólar de los combustibles y en tasas de referencia que seguirán beneficiando a la suba de la moneda norteamericana.


Cualquiera que intentase usar estos elementos en la ecuación del consumo de los argentinos, acostumbrados a los incrementos que manipulan los grandes grupos formadores de precios, terminará cerrando los corchetes con el resultado de siempre.


Pierden todos, pero mucho más los que menos tienen.


Tan histórico como la deuda externa, recurso actualmente usado como engrosador de las reservas del Banco Central, que al final del recorrido nos dejará con mayores obligaciones por cumplir y con menos valor en la moneda que tenemos en el bolsillo los argentinos de a pie.


¿Por qué habría de ser distinto en esta oportunidad cuando en las anteriores sufrimos grandes colapsos en nuestra economía?


Bien podría anteponerse en el debate esta globalización avasalladora que modificó los mercados y también las formas del trabajo en el mundo entero.


Pero si no terminamos de ser competitivos haciendo los grandes esfuerzos que venimos cumpliendo, mucho menos lo seremos intentando confrontar con países que ya controlaron la inflación y tienen balanzas comerciales favorables o al menos equilibradas.


Las inversiones foráneas aún están por llegar y las que se deberían apoyar en la mayor recaudación por el incremento en las tarifas no alcanzan a tibias.


Quedó claro que el alineamiento y la pertenencia a determinados círculos internacionales no asegura el flujo inversionista, a pesar de que nuestro país sigue generando alimentos para 400 millones de personas por año.


El ejemplo más contundente de cómo se manejan los proteccionismos está representado en el 72% de impuestos al biodiesel argentino en Estados Unidos.


Tal vez entendamos algún día que todo empieza por cuidarnos entre nosotros y que la inflación es producto de nuestra propia torpeza.-


@danieltemperoni


 

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