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lunes 23 de octubre del 2017 - T
23 octubre 2017 - T

Daniel Coluccio Analista de mercados

lunes, 19 de junio, 2017 - 20:10 hs.
¿Qué más le pedimos al Estado?

En la constitución de las primeras tribus originarias, se fueron conformando reglas que identificaron, a posteriori, el bien común de lo que se iniciaba como sociedad. La unión de grupos de personas destino la idea de un “paquete” de reglas que fueron las bases en la constitución del Estado. Es así como pasaron los años, y según la visión de cada pensador, se fue construyendo la forma administrativa del Estado Nacional.


Para Karl Marx, padre de la idea de que "El Estado todo lo puede", el concepto era que además de mantener el orden, se debía ir hacia una sociedad igualitaria, en la que los bienes producidos se distribuyan equitativamente entre las personas. ¡Eso es injusto!, pues cada ser humano tiene deseos, sacrificios, esfuerzos, méritos y conductas diferentes; por ende premios distintos. Y ahí apareció la idea de lo individual y en consecuencia la construcción de un Estado que solamente controle a través de ciertas reglas, los grandes delineamientos y los objetivos de una Nación. Apareció entonces quizá la posibilidad de construir políticas de Estado, es decir, un conjunto de reglas y objetivos por encima de intereses partidarios, sea cual fuera quien dirija los destinos de la sociedad, trazando un camino hacia el desarrollo y el bienestar común.


Los argentinos algo no hemos entendido como sociedad en los últimos 70 años, porque se generaron caudillos que interpretaron velozmente el requerimiento de un pueblo vago, que busca(mos) lo fácil en vez de lo necesario; lo que deseamos en vez de lo que podemos, y lo que se debe hacer por debajo de lo que nos gusta hacer.


Así transitamos por un mundo que entendió que ese no era el camino. Ellos transitaron líneas rectas hacia el desarrollo y bienestar, nosotros dimos vuelta como el perro mordiéndose la cola en discutir hacia dónde vamos. En el mientras tanto, nos han sacado varias vueltas de distancia.


Llegó la idea del Cambio, y efectivamente, hasta el más defensor del modelo Nacional y Popular sabía que no era sustentable en el tiempo. Se buscó un cambio y se lo transita, pero después de casi un año y medio, seguimos estando en el mismo lugar. El gasto público no se achicó, los ingresos no crecieron por encima de la inflación, el desempleo continúa, la caída en la actividad productiva, industrial, comercial y exportadora no justifican semejante modificación y cambio de sentido en la administración del gasto público, etc, etc.


Lo que nunca se modificó en Argentina, es la base de malos políticos, pésimos sindicalistas, empresarios prebendarios y una sociedad que vota el cambio pero no admite los costos, que por otro lado, siempre lo pagan los mismos. Es así, como el Estado Nacional, en su afán de permanecer con el status quo, intenta más cómo financiar el déficit que como eliminarlo.


Mientras el Estado Nacional siga siendo deficitario, olvidemos de desarrollarnos como sociedad. Toda suba en indicadores, será tomar distancia para una nueva y más profunda caída. El esquema de financiar con endeudamiento es la opción menos mala. Si utilizárímos esos fondos para producir más y mejor a precios competitivos, enfocándonos a crecer a tasas chinas, licuaríamos con crecimiento esa enorme montaña de deuda, pero acá se utiliza para financiar déficit y generar obra pública, hipotecando nuestro futuro.


Vamos a los números:


Este año estamos en elecciones, por ende, nunca se hace lo que se debe hacer. La reforma laboral y la reforma tributaria no pueden esperar, pero la obligación de ganar las elecciones está por encima de lo importante. Mientras el ministro de Energía, Juan José Aranguren, no decida una suba en combustibles y electricidad, las variables tienden a calmarse, pero el último aumento del 15 de enero comprometió el primer cuatrimestre llegando a 9.1% la inflación, o sea más del 52% de la inflación presupuestada. Por consecuencia, estos meses serán recesivos pero difícilmente se alcance el 17% estipulado por el presupuesto: es probable se llegue al 20% como piso y 22% como techo. No es malo con un crecimiento del PBI del 3%, pero cuidado, el presupuesto fija por ley el nivel de gasto público, no el déficit. Por consiguiente, el gasto sube el 38% anual en cambio del 22%. Esto condiciona y gatilla otras variables que indirectamente generan preocupación.


La crisis política de Brasil y acentuada por los casos de corrupción que involucran el vértice del gobierno, propinaron una recompensa al titular del BCRA que no necesitó emitir pesos para comprar y sostener el dólar, por el contrario, se movió solo. Hoy el verde es piso en 16.20 y lo tendremos cerca de 17 para las elecciones. Lo destacado es que esa suba al momento no se trasladó a precios.

   


Columnas anteriores
lunes, 16 de octubre, 2017 - 14:12 hs.

Pasó el 53º Coloquio de IDEA por la ciudad de Mar del Plata y fue dejando una serie de ideas fuerza interesantes. En principio pocas veces se vio la cantidad de directivos de la CGT, dirigentes sindicales y demás representantes de trabajadores; así como funcionarios y representantes de las principales 300 empresas más importantes del país.


Se unen pensando en lo que viene después de las próximas elecciones, que sin dudas serán la bisagra de un antes y después, incluso reflejado en el congreso. Suenan vientos de cambios, reforma tributaria impositiva y flexibilización laboral, además de cambios en la interpretación de la justicia.


Inflación y déficit.


Sonó como una turbulencia que desacomodo los aires del Coloquio más importante del país. El 1.90% de inflación para el periodo septiembre, no es poca cosa, si se lo compara al esfuerzo que está haciendo toda la cadena, desde los productores e industriales hasta los consumidores. El esfuerzo es en vano, porque se está intentando erróneamente atacar el termómetro y no la causa que genera la alta temperatura. Y que, sin dudas, cuando los indicadores de crecimiento se potencien, la causa seguramente será el crecimiento (lo que viene, echar la culpa de la inflación al crecimiento)


Hace un año atrás, en esta misma columna hablamos del problema que ocasiona toda la distorsión en los precios de nuestro país. El problema es el déficit fiscal y como lo financia un país desde hace muchos años. Algunos gobiernos vendiendo joyas de la abuela -privatizaciones-, otro emitiendo y éstos endeudando.


Cualquiera de sus formas, son paliativos momentáneos. Solo se trata que no se puede vivir de lo prestado. Argentina, por diferentes causas, gasta más de lo que produce, y esto sí, es grave. No es sustentable en el tiempo ningún modelo político si no se sustenta en lo económico. Mientras se gaste más de lo que ingresa, el final es una película ya vista.


Controlar la inflación sin asumir el costo político del gasto público es un imposible. No puede convivir el déficit con el control inflacionario. La única salida es de una vez por toda asumir los costos, del desempleo y de indicadores adversos. Mientras eso no se haga, todo tiene un final conocido. Un día la sociedad deberá ponerse los pantalones largos.


Inflación y tasas, lo que viene.


El actual presidente del BCRA Federico Sturzenegger, cree estar sobre la ruta adecuada; los resultados están a la vista y aún hay 3 meses por delante. Por más tasa que aumente como contrapelo en indicadores adversos, la inflación no se detiene y ojo, noviembre y diciembre seguro estarán por encima del 2% como consecuencia de subas de energía eléctrica, gas, prepagas y cláusulas gatillo del mes de octubre.


Párrafo aparte la desregulación de los combustibles. Ahora los combustibles líquidos ajustarán a precio internacional por barril de petróleo y, además, por precio dólar. Los combustibles para fin de octubre al menos ajustarán un 14% como consecuencia de llevar el precio de referencia dólar de fin de junio de 16.46 a los actuales 17.60. Más el ajuste en el barril del petróleo como consecuencia de varios cimbronazos en materia económica internacional, como es la mayor demanda de USA y Centro América como consecuencia del paso de la temporada de huracanes, el terremoto en México y la preocupación internacional por el sudeste asiático junto a una convulsionada Venezuela que no termina de definir hacia adónde va. Cualquier coincidencia en materia inflacionaria en alza con una tormenta perfecta es pura casualidad.


Los indicadores de este año serán pésimos en materia de control inflacionario y por ende, si bien el coloquio de IDEA aplaude las formas, la respuesta a la gobernadora de la provincia, al presidente de la Nación y al mismísimo periodista Jorge Lanata, acerca de por qué no invierten los empresarios, sin dudas tiene que ver con que la lucha para destruir la inflación, en nuestro país, aún no se dio.

lunes, 13 de marzo, 2017 - 12:09 hs.

Medir la economía en un país tan extenso y heterogéneo productiva y económicamente hablando, es muy difícil. Lo ideal sería la independencia de cada estado municipal y provincial para verdaderamente saber lo que pasa en el vecindario, en la aldea de la que somos parte.


No obstante, hoy podemos, al menos, tener un índice que mide la actividad en el comportamiento de precios, como es el IPC, del cual, como se expuso, difiero porque no es representativo del lugar en que vivimos, en un país tan disímil y extenso.


Ciertas incongruencias se ven y sienten entre lo presupuestado, y lo proyectado. Recordemos que presupuesto es un cálculo anticipado de una variable, bien o servicio; y proyectado, es más complejo, viene de pro yectar o sea de tirar antes lo que va a pasar y eso depende desde donde estoy.


La realidad, para no entrar en filosofía, es que nos encontramos con un dilema, que aclararlo, nos podría colocar en una posición más favorable a la hora de la toma de decisiones.


Primera premisa: A) El presupuesto 2017 afirma una inflación del 17% para este año. B) El titular del BCRA, Federico Sturzenegger, anticipó - y con buen criterio - que el IPC de febrero y marzo iban a ser altos por el impacto de tarifas, prepagas y demás aumentos.


Por ende, el IPC de enero fue de 1.30% (núcleo más estacional) y febrero del 2.50%. Este promedio ponderado, nos daría una inflación anualizada en torno al 24% y acá empiezan los problemas con salarios, paritarias, cuotas, créditos ajustados por inflación, UVA, etc.


Cuál será la inflación real de nuestro país en el 2017? Por reductio ad absurdum, es decir, por reducción al absurdo, algo muy instrumentado en análisis matemático, digamos que si la premisa del presupuesto nacional (A) es verdadera y también es verdadera la premisa del titular del BCRA (B), nos quedarían meses del segundo y tercer trimestre extremadamente recesivos, ya que o se ajusta la demanda de bienes y servicios violentamente para evitar precios hacia arriba (lo que se hizo y hace desde diciembre de 2015), o habrá una sobreoferta de los mismos, que al no haber inversión externa, la única posibilidad es importar fuertemente.


El escenario preelectoral será complejo. O se gestiona para el busto de bronce y se hace lo que se debe hacer sin importar resultados partidarios, o se gestiona para las próximas elecciones.


No fue, sin dudas acertada la idea en el mes de enero de autorizar los incrementos con tan fuerte impacto en el IPC de febrero y marzo; porque lo que viene por delante es muy complejo. O la inflación presupuestada es un verdadero dibujo (y ahí se justifica la fuerte presión y oposición de sindicatos) o con lo comprometido este primer trimestre en materia de inflación, el consumo venidero se cae a pedazos y atenta con los incipientes brotes verdes.


En el mientras tanto, el dólar pisado producto de ingreso de divisas, sin dudas comprometerá las exportaciones crecientes, que podrían darle un sustento a la idea de pisar el consumo interno y expandir violentamente las exportaciones, pero con este tipo de cambio. Difícil.


Ahora bien, si la premisa (A) no es verdadera, habría que analizar si es justificado el fuerte reclamo que hubo y habrá; por ende el panorama de agitación en las calles podria ser el inicio, y no el final.

domingo, 5 de marzo, 2017 - 20:47 hs.

Desde tiempos ancestrales, cuando nacieron las primeras aldeas, y diferentes tribus comenzaron a intercambiar sus tenencias producto de la pesca, la caza y la manufactura de piedra y madera, nació la idea del trueque, el valor de cada bien o servicio. Por ahí, dos puntas de lanzas de piedra equivalía a una maza de madera, y así nació el “precio”, que más adelante impulso la idea de una moneda, como unidad de medida de cambio.


Fijar su valor, a lo largo del tiempo, y en civilidades más sofisticadas, fue una ardua tarea, ya que con ese nivel, se prevalecía la idea de “valor”. Cuanto “vale” un bien o servicio, era al menos el costo por poderlo producir o brindarlo, más una utilidad que estaba sujeta a la idea de remuneración por poder lograrlo y tener el acceso a otro bien o servicio. La diferencia entre el trueque y el negocio, fue precisamente esa, la “utilidad”, es decir, el plus sobre el valor del intercambio neto.


Ya desde aquellas épocas, era muy importante el precio, porque este, reflejaba el punto de equilibrio entre la oferta y la demanda para transar un bien o servicio. El precio fue lo que cambió la dirección del vector: a través de éste, decidía uno si vender o comprar.


Volcado estos conceptos al mundo actual y precisamente a la posición de referencia del precio y el valor de la moneda, fijada por el BCRA, en una de sus atribuciones, es precisamente fijar el tipo de cambio de referencia; y ahí está, a mi entender, el meollo de la cuestión.
Por distintas situaciones puntuales, y que pueden durar algo más en el tiempo, existe - producto del ingreso a los mercados internacionales de Nación y provincias -, una sobreoferta de dólares, que la entidad no tiene en claro cómo proceder.


Los más acérrimos defensores del liberalismo, dicen que caiga hasta que el mercado ponga un justo valor e incentive la demanda por precio; y los más protectores, piden sostener el precio, porque los valores en dólares que está tomando nuestra economía dejan fuera de mercado a nuestro país en el marco internacional de negocios, porque estamos carísimos en dólares.


¿Qué hace hoy el BCRA? Emite pesos al Tesoro, para que éste pueda comprar y sostener el precio del dólar. ¡¡¡Error !!!, ya que un día esos dólares debemos restituirlos al mercado de origen de donde provinieron y no creo que el BCRA elimine o queme esos pesos, por ende, el futuro vuelve a ser el mismo. Más pesos sin respaldo en la calle.


Hoy hay una bola de nieve llamada Lebacs, que bien el BCRA debería desactivar para evitar siga siendo cada vez más grande. Y esto fácilmente puede hacerlo bajando drásticamente la tasa, pero el problema es lo que se vuelque al consumo y éste, por sobre demanda producto de pesos baratos en la calle, atentar contra el IPC generando inflación.


El precio del dólar es muy importante, tan importante como otrora el de la moneda. Era una referencia para pasar de comprador a vendedor. Era y es lo que rige el ingreso o egreso de divisas del Estado Nacional. Con un dólar rezagado, se incentiva la importación de bienes y servicios, y se exportan dólares (que tanto nos cuestan tomar producto de endeudamiento, y no como ingreso genuino de exportaciones). Mientras que con un dólar alto, (ver tipo de cambio cada vez que Argentina creció genuinamente), se incentiva el turismo interno, la producción, la industria, la generación de puestos de trabajo, la generación de riqueza, el ahorro y la importación de dólares a través de inversiones.


Argentina está cara en dólares, podría estar carísima, nadie lo discute, pero el costo es tan alto como las luchas sociales en las calles que veremos próximamente. Para que esto no quede en diagnostico solamente, no hay receta cuando hay gente dentro del escenario, pero lo que hay que hacer es secar fuertemente la plaza, colocar un precio de dólar varios peldaños por arriba del actual y más competitivo y ahí sí, abrir verdaderamente la economía, acercándonos a un esquema de libre comercio desarrollado al estilo Milton Friedman.


Mientras tanto, todo lo que se haga distinto, será alargar la agonía.

miércoles, 1 de febrero, 2017 - 19:44 hs.

El gobierno hablo con el corazón y el comerciante le respondió con el bolsillo.


A veces, y como me decía un viejo arzobispo en el duomo de Milano en el año 1997, "pensar mal es pecado, pero se adivina". Apenas se supo de esta idea de avanzar hacia el sinceramiento en los precios de lo que vale un bien o un servicio, por parte de las autoridades de la cartera de Producción y la Secretaria de Comercio, se sabía que el resultado sería cierto para quienes tenemos el ejercicio de adivinar.


En esa vieja y desgastada idea de controlar los precios por "decreto", sacando de juego a quienes verdaderamente debiesen controlar los precios, que es la ley de oferta y demanda, en una sociedad avanzada, inteligente y criteriosa. Sabía de antemano que no iba a andar o iba a tener efectos indeseados o inesperados. Pues la idea en principio es reordenar el valor de precios relativos e históricos para que el consumidor, el ciudadano medio pueda acceder teniendo bien diferenciada la idea de un precio de contado y el mismo, financiado o diferido a 6, 12 o 18 cuotas.


Como antecedente, sabíamos que partíamos de un error. En Argentina, y vaya a saber por qué artilugio comercial de los últimos años, nunca supimos cuál era el verdadero valor de un bien. A todos nos ha sucedido, al comprar un jean, el mismo, a la hora de pagar, era un acontecimiento azaroso, al menos.


Valía $1300 con tarjeta de débito, si la tarjeta era de tal entidad financiera, tenía un 10% de descuento, si era día jueves, se le descontaba otro 5%, si pagaba en 12 cuotas accedía a un plan que llevaba cada cuota a 108 y fracción, etc, etc, etc. Pero lo más irrisorio era que si pagaba de contado efectivo, seguramente le cobraban $1500 o $1200.


El ejemplo es exagerado para que se deduzcan varios conceptos, difíciles de explicar en manuales de comercio y economía. Varias veces los consumidores nos encontramos a pagar más de contado que en cuotas y que además dependía del día de compra. A decir verdad, cuanto vale un jean en Argentina?" era el pensamiento de todo comprador a la salida de un local.


Los cráneos del gobierno, desearon sincerar y formalizar un proceso desprolijo y por ende, pensaron, diseñaron y pusieron en práctica esta idea de fijar un precio de contado, por supuesto menor, que el financiado. Pero se toparon con la idiosincrasia del comerciante, que poco sabe de perder a la bolita y mucho menos en su comercio.


El gobierno supuso que la medida traería tranquilidad y un precio menor de contado; y el comerciante le respondió colocando ese precio inflado de contado, más un diferido por cuotas con una tasa implícita al menos de un 28%, ya que según estudios privados, la inflación rondaría el 25% y un 3% más por las dudas. Dicho sea de paso, no sé para que en Argentina se autoriza un Presupuesto Nacional 2017, homologado por legisladores, cuya inflación esperada y estimada rondara el 17%, si cada uno pone el precio que quiere.


Conclusión


En resumen, cuando un funcionario regula lo que el mercado no convalida con la ley suprema universal, que en este caso, es la ley de oferta y demanda, el precio, el valor, y lo pagado por un bien o servicio es verdaderamente una perinola. Por eso el Gobierno, con esta medida, tuvo efectos colaterales peores que lo que quería. Buscó bajar el precio de contado, y el mercado le respondió subiendo el diferido.


Me extraña araña que siendo mosca, no me conozcas….

jueves, 26 de enero, 2017 - 09:50 hs.

Hace muy poco, el ministro del Interior, Obras Públicas y Viviendas, Rogelio Frigerio -nieto de un gran desarrollista de otrora- manifestó públicamente que la obra publica será la prioridad este año. Además, exagerando la principal premisa keynesiana - como si fuera poca- remarco: “Va a explotar la obra pública”.


Asusta saber que en un año electoral la obra pública sea un factor clave ya que, según su visión, la misma daría bienestar a la gente, con ciertos vicios de la vieja política, como es el autoengaño.


Creer que la obra publica es la condición sine qua non para reactivar la economía genuina de un país, es como la mascara de oxigeno en un enfermo. Es pasarla bien por un rato, pero no la solución puntual, precisa y directa a la verdadera resolución del problema. Si fuese tan sencillo, lideres del mundo direccionarian políticas de Estado con el 100% de obra publica, y esto es una hipótesis errónea, falsa, mentirosa y momentánea.


El verdadero problema reside en quien financia la obra publica? El déficit de cuentas, más impuestos, emisión monetaria espuria o endeudamiento externo? El problema con esta visión es que cada peso que se gasta en obra pública debe ser financiado, con mayores impuestos, con mayor deuda externa o con nueva emisión de bonos en el mercado local.


- Impuestos


Por esa loca idea de la justicia social, en donde el de arriba no paga porque es parte; el de abajo porque es pobre y no puede; y la clase media aportante paga por él y por los dos extremos anteriores. Lo que es agobiante, ya que además, el Estado absorbe dinero que en otros casos se utilizaría para mayor inversión genuina. Es asi como se pierden puestos de trabajo en aquellos sectores donde los individuos deseaban gastar su dinero (fruto de su labor) para ser gastado en donde ha decidido gastar el Gobierno, sin pedir permiso siquiera


- Deuda Externa


Por otro lado, si el gasto se financia con deuda externa, el ingreso de divisas a la economía produce una apreciación de la moneda local, por lo que el empleo creado por la obra pública destruye a la producción y el empleo, dado que la depreciacion que produce ésta, haría menos competitiva la economía, generando incluso mayor importación que exportación, de manera que se vería, entre otras cosas además, afectada la balanza comercial y falta de competitividad de empresas exportadoras con mano de obra en dólares por las nubes.


- Bonos en mercado local


Por otra parte, si se financia con bonos en el mercado interno, eso pondría presión en la tasa de interés, lo que destruiría también producción y empleo; generando la incapacidad de sobrevivir a pymes que ya no tienen mas capacidad de financiación y cuyas rentabilidades ya rozarían lo negativo.


Conclusión


Mientras desde los Ejecutivos se regocijan hablando de la obra publica en época de elecciones, la sociedad inteligente y cansada de viejas recetas, se agarra el bolsillo, con una pregunta entre su pesar: “Quién pagará esta vez la fiesta?”. En el mientras tanto, la sociedad deja de disfrutar todo lo que no hizo, porque en una economía que no exporte y genere divisas genuinas, trabajo genuino e impuestos genuinos por ampliación de la base contributiva y no genere verdadera riqueza, toda obra será financiada por lo prestado. Y vivir de lo prestado sabemos cómo termina.
Por eso, cuando habla el ministro Frigerio sobre la expansión de la obra publica en épocas electorales, como nunca antes vista, al común de los contribuyentes, actuales y venideros, les tiembla el bolsillo.


@DaniMColu

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