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Mar del Plata - 
jueves 24 de agosto del 2017 - T
24 agosto 2017 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 12 de mayo, 2017 - 14:10 hs.
Barbarie

(Actitud de la persona o grupo que actúan fuera de las normas de cultura, en especial de carácter ético, y son salvajes, crueles o faltos de compasión hacia la vida o la dignidad de los demás)


Recuerdo la felicidad de los rostros de quienes compartimos esa mesa de café en la peatonal San Martín aquel domingo en que volvió la democracia.


Había juventud, grandes expectativas y muchos sueños por cumplir.


Luego vino la vida con sus obligaciones, los triunfos y los fracasos, los hijos, las pérdidas inevitables, las lágrimas y las risas.


Esa noche vuelve a la memoria cada vez que la estantería se tambalea y advierte que en la sociedad actual están ocurriendo hechos que parecen arrancados de alguna mala película de terror.


Lo acontecido en el barrio El Martillo nos pone, una vez más, en el punto máximo de alerta acerca de cómo deberán actuar las autoridades para devolver la tranquilidad y la seguridad a los miles de vecinos que habitan el municipio de General Pueyrredon.


Hay situaciones que no pueden admitirse bajo ningún concepto y sin embargo se dan a diario con naturalidad manifiesta.


Personas contra personas, gente contra gente, batalla campal, muertos y heridos.


El límite parece no llegar jamás y las circunstancias terminan entorpeciendo cualquier intento de analizar con cierta sensatez los motivos de semejante locura.


Ya no alcanza con ponerse del lado del sentido común y ensayar una explicación de los condimentos sociológicos que rodean tales manifestaciones.


Allí viven niños, mujeres y hombres que piden ser tenidos en cuenta cuando los interesados de turno se sienten a hacer los próximos cálculos electorales.


Nadie puede desarrollarse normalmente en una sociedad que incluye entre sus miembros a algunos que eligen dirimir sus cuestiones mediante la muerte.


Es muy triste observar que las barriadas de trabajadores hoy se vean atrapadas por el miedo, en lugar de crecer con nuevas construcciones fruto del esfuerzo y mejores servicios proporcionados por el Estado.


Que nadie se confunda, porque lo que se vivió fue la barbarie.-


@danieltemperoni


 

   


Columnas anteriores
viernes, 11 de agosto, 2017 - 13:54 hs.

Con cada convocatoria a elecciones reaparece el tema de los circuitos electorales en General Pueyrredon, teniendo en cuenta que conformamos el segundo padrón más numeroso después de La Matanza, sumado a las distancias que debemos recorrer para poder emitir nuestro voto.


Un total de 556.088 ciudadanos en condiciones de sufragar nos repartimos en ocho cuadrículas que heredamos de un mapa habitacional que en nada representa al actual.


Hasta el presente, más de medio millón de vecinos estamos contenidos en los circuitos 364, 365, 366, 366A, 367, 368, 369 y 370.


Los intentos por modificar esta subdivisión han sido varios, pero hasta el momento todo sigue igual.


La Defensoría del Pueblo de General Pueyrredon encabezó el último de los reclamos, pero  ninguno ha tenido eco en las autoridades que deben rediseñar el mapa electoral del municipio.


La Plata, con 553.838 empadronados, cuenta con 49 circuitos electorales, lo que permite que quienes votan en la capital provincial lo hagan muy cerca de sus domicilios.


La realidad de los números es más que contundente y reveladora; el promedio de votantes por circuito es de 69.500 en General Pueyrredon, mientras que en La Plata es de 11.300 sufragantes.


Tampoco tuvieron respuesta los pedidos realizados oportunamente para segmentar el circuito 370 que abarca Batán y el eje costero sur, por lo que una vez más miles de vecinos deberán trasladarse largas distancias para poder cumplir con el ejercicio del voto.


La tarea es tan simple como sentarse frente al plano geográfico del distrito General Pueyrredon y dibujar circuitos electorales según la densidad de la población electoralmente activa y de las escuelas existentes.


El futuro irá marcando, luego, la necesidad de rediseñarlos de acuerdo al crecimiento de la masa de electores, lo que no se hace desde 1983.


En los artículos 39 al 41 del Código Electoral Nacional, se indica que el juzgado federal con competencia electoral en cada distrito, por solicitud de las autoridades provinciales, debe preparar un anteproyecto con la nueva demarcación y elevarlo a la Cámara Nacional Electoral para que lo remita luego a la dirección nacional Electoral del ministerio del Interior.


La provincia, por su parte, tiene plazo hasta 180 días antes de cada elección para enviar el pedido a la justicia federal con competencia electoral.


Quiere decir, sencillamente, que pasados los comicios generales del próximo 22 de octubre, empezarán a correr los seis meses disponibles para solucionar este problema con miras a los comicios de 2019.


De lo contrario, seguiremos peregrinando decenas de cuadras para poder votar.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 4 de agosto, 2017 - 13:53 hs.

Algunos hechos registrados en la ciudad en los últimos días encuadran en ese proceso decadente por el que perdimos conceptos arraigados en el respeto social.


Son situaciones que, como ciudadanos, no podemos permitir que se incorporen mansamente al consueto y seguir caminando por la calle como si nada hubiese ocurrido.


Un motociclista fue baleado mientras estaba detenido en el semáforo de Alberti y Córdoba.


Una joven mujer fue golpeada en el rostro por un sujeto en el interior de un resto bar porque se negó a entablar una conversación; alguien que la ayudó le robó sus pertenencias mientras se hallaba desmayada.


La pelea entre jóvenes a la salida de un local de diversión nocturna en Playa Grande terminó con la exhibición de arma de fuego y dos disparos.


Una persona detuvo su moto frente a una pizzería y disparó cuatro veces contra el local comercial.


En un complejo de fútbol de salón, un delincuente asaltó a la cajera y le gatilló varias veces;  los proyectiles no detonaron.


No son eventos de menor envergadura o acciones que puedan generarse aisladas sin responder a patrones de violencia ya instalados en la sociedad.


Demuestran hábitos y costumbres de aquellos que se rigen por desvalores y cuya rutina es por fuera de las coordenadas sociales.


Cuando estas personas quedan expuestas públicamente, también se revela la peor cara de nuestras frustraciones masivas y se abre el gran interrogante de cómo llegamos a todo esto como colectivo humano.


La respuesta concreta sobre los violentos la tiene el Estado.


Y para que no se propague el rastro de esa violencia que ejercen, la responsabilidad estatal es llegar con cultura y educación a todos los rincones.-


@danieltemperoni


 


 


 

viernes, 28 de julio, 2017 - 13:51 hs.

Este rasgo distintivo de seres humanos viviendo en grupos carentes de leyes, se está volviendo repetitivo y hasta casi aceptado por las costumbres contemporáneas.


Un repaso a las noticias del día nos pone al tanto de hechos que creíamos desterrados de conglomerados sociales que lograron ponerse de acuerdo en mínimas normas de urbanidad y convivencia.


Ocurre que caída la barrera del respeto y superada la valla de la solidaridad, los niveles de consentimiento hacia miradas más permisivas fueron desgastando los conceptos de moral y ética socialmente acordados.


El Estado se fue alejando del cuidado y protección de la gente, generando grandes vacíos de respuesta hacia quienes la estaban necesitando.


Cada vez que se apuntó al crecimiento desmedido de la incidencia estatal, perdimos como ciudadanía enormes porciones de defensa constitucional.


En estas circunstancias, la gente se protegió como pudo y se aisló de manera preventiva.


El sujeto social se transformó en individuo.


Como reacción, otros congéneres repitieron la fórmula hasta conformar una comunidad de personas escépticas con la autoridad y desconfiadas de sus propios pares.


Entonces, pedir ayuda y no encontrar solidaridad o no recibir el trato adecuado siendo víctima, conforman parámetros que exhiben el alto grado de disfunción al que hemos arribado como sociedad, incluso institucionalmente.


La violencia de la calle debe ser enfrentada por los mecanismos que dependen del propio Estado, y éste tiene la obligación de tender redes educativas y culturales que ayuden a recomponer el entramado social.-


@danieltemperoni


 


 


 

viernes, 21 de julio, 2017 - 13:48 hs.

La definición de impuesto refiere a la “cantidad de dinero que hay que pagar para contribuir a la hacienda pública”.


Después es posible aludir al nivel de la presión impositiva y de cómo los distintos gobiernos administran lo recaudado.


El presidente Mauricio Macri ha dicho que “los impuestos nos están matando a los argentinos”.


Varias voces desde el oficialismo se sumaron al coro y aseguraron que el año próximo tendrá tratamiento legislativo una reforma integral que contemple la baja en estas cargas.


La oposición también afina sus cuerdas vocales y eleva reclamos para que se reduzcan drásticamente los niveles de imposición.


Mientras tanto, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa aseguró que el 42% de las ventas se destinan al pago de impuestos.


El licenciado Pedro Cascales, vocero de CAME, expresó en la radio que “sólo el 25% de los impuestos corresponden a los aportes previsionales y de salud de los trabajadores”.


También detalló que “el 70% de la producción nacional es generada por pymes”.


Estos números permiten deducir que el Estado en sus estamentos municipal, provincial y nacional, termina recaudando la tajada más suculenta de la base productiva del país.


Los servicios, que se encuentran hoy al tope de la preocupación de los usuarios, tampoco están exentos de pesados tributos que engrosan la cifra final de las facturas.


El IVA que se cobra en nuestro país es el más elevado de toda América Latina.


Queda claro que una reforma integral impositiva es imperiosa en Argentina, pero dependerá de la capacidad y decisión que demuestren quienes hoy gobiernan y aquellos que pujan por llegar al poder.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 14 de julio, 2017 - 13:41 hs.

Tempranamente aprendemos que el dólar, como Dios, siempre está presente aunque no lo veamos.


La economía se rige por esta moneda y también las distintas variables que se analizan para saber cómo estamos y por dónde vamos.


A pesar de los intentos de algunos gobiernos democráticos que demostraron su preocupación por torcer esta realidad, los actores internos y externos que lo alentaron ganaron en cada batalla disputada.


Los salarios están en pesos, los precios se expresan en la misma moneda y los impuestos siguen esa lógica, pero la realidad argenta se regula inexorablemente por el valor del monstruo verde.


Siempre los costos del país superan a los del resto, los alimentos están caros y la presión impositiva es la más pesada de la región.


Entonces aparece la tabla comparativa en dólares, mientras los gurúes de ocasión advierten por enésima vez que la moneda norteamericana está en su piso más bajo, por lo que piden a gritos que suba cuanto antes.


También se apuran a aconsejar para que esa decisión macroeconómica llegue hasta el último de los peldaños de la microeconomía.


De esta forma, millones de trabajadores argentinos sufren la inclemencia cíclica de los tomadores de ganancias.


Son los bancos, las empresas de gas y petróleo, los grandes formadores de precios, los liquidadores de divisas y todos aquellos que reciben jugosos subsidios salidos de las arcas públicas.


Nunca pierden y por tal razón siempre están de acuerdo con todas las acciones gatopardistas; cambiar algo para que nada cambie.


La historia enseña que este camino sólo generó ganancias para esos grupos.-


@danieltemperoni


 

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