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miércoles 26 de abril del 2017 - T
26 abril 2017 - T

Gabriel Viñals Conductor de Antes y Después

sábado, 15 de abril, 2017 - 15:45 hs.
Defender la democracia aceptando la queja

Pasaron ya treinta años cuando militares sediciosos intentaron dar un Golpe de Estado al gobierno de Raúl Alfonsín, luego de recuperar la democracia. Desde aquel entonces, el pueblo supo acompañar al gobierno elegido en las urnas, sin importar su bandera política, al punto como se vio en aquellas Pascuas de 1987, cuando ciudadanos se pusieron delante de cañones y tanques.


El pueblo defiende cada dos años esta renovada democracia, que desde 1983 supimos ganarnos, pero los gobernantes tratan de buscar medidas para sacar al país del endeudamiento, del agobio económico, de la pobreza imponiendo recetas extranjeras, estrategias que no se condicen con la realidad de nuestra patria y mecanismos grandilocuentes que nunca llegan a buen término.


Los votantes prueban cada dos años en legislativas y cada cuatro a presidenciales, para ver si el próximo político es el que de una vez por todas nos salvará y nos pondrá en la competencia de los países con una tranquilidad monetaria y capaz de mostrarse al mundo con productos propios para sostener su economía.


Pero cuando esas soluciones no llegan y la paciencia de los ciudadanos supera cualquier decisión mágica de los gobernantes, es cuando aparecen las protestas. Algunas desde la intimidad, otras que se relacionan con los medios y las redes sociales, pero las que más se observan y se sienten es cuando la turba corta calles, se enfrenta a efectivos de seguridad y hasta perjudican a otros vecinos en su trayecto al trabajo o en el desarrollo de su vida cotidiana.


Pero la queja no es espontánea o aparece de la nada, se gesta por el malestar, por la falta de solución, por no cubrir las necesidades elementales de un pueblo, por la preocupación misma que no es de ahora, sino que viene de arrastre.


Pero hay que detenerse y observar porqué se produce esa queja. Buscar una solución en el corto, mediano y hasta largo plazo, pero buscar la solución definitiva. Pero muchos gobernantes dan la orden equivocada y utilizan la fuerza contra los quejosos y así suprimen las voces de protestas. Pero esa no es la solución.


También es cierto que la queja molesta al de al lado, y entonces se buscan excusas tildándola de política o que proviene de otras ideas.


Pero qué pasaría si nadie se quejara, si solo se observara lo que hacen los que gobiernan sin participar. Porque la queja o el reclamo es participar democráticamente.


Y entonces volvemos al principio, si defendemos la democracia, al punto de enfrentar cañones y tanques, bien podemos aceptar la protesta, sin llegar a dar palos y castigos a quienes reclaman. Pero lo más lógico sería actuar como gobierno aplicando medidas que lleven a un punto de bienestar o al menos que las preocupaciones sean mínimas, que no lleguen a ser quejas .


@gabrielvinals

   


Columnas anteriores
sábado, 22 de abril, 2017 - 10:06 hs.

¿Cuánto puede ser parte de política la preocupación de los ciudadanos cuando la plata no les alcanza? ¿Puede que sea el factor movilizante para llevarlos a situaciones extremas para provocar actos masivos contra gobiernos o contra funcionarios?


Si observamos la realidad de nuestro país y la de Latinoamérica en general, aunque también se puede ver en algunos países europeos, las economías no llegan a conformar a las mayorías, y es donde se sumergen en la preocupación y así cometen actos masivos de declamación ante las autoridades.


Pero no significa que siempre esas declamaciones tengan su pata política, aunque muchos políticos hacen mella de la angustia para imponer sus ideas. El ejemplo es Luis D Elía, quien esta semana debió sentarse en el banquillo de los acusados por la toma de la comisaría de la Boca y donde aprovechó para defender al ex gobierno kirchnerista en desmedro del actual macrismo. D Elía movilizó a muchos desocupados y necesitados de viviendas para realizar cortes de rutas y tomas de terrenos.


Pero mirando a los países de América del sur se pueden observar que en Brasil, Bolivia, Perú y Venezuela las movilizaciones de los ciudadanos llevados por la crisis a las calles hicieron cambiar el eje político de esos países, aunque en algunos casos los actuales gobernantes resisten ante el clamor que es aprovechado por la oposición a esos gobiernos. Venezuela es uno de los más críticos por estos días, donde se cuenta una docena los muertos en esas protestas.


Pero la crisis económica y empobrecimiento de la ciudadanía lleva, aunque los funcionarios quieran negarlo, a que algunos opten por el camino de la delincuencia agravando el malestar de otros ciudadanos, que además ahora deben sufrir las consecuencias del delito.


Por eso se trata de imponer nuevas reglas para endurecer la política represiva de las fuerzas de seguridad con el argumento de bajar los índices de la delincuencia, cuando en realidad las medidas más claras deberían venir del legislativo, donde los diputados y senadores deben votar las leyes que clarifiquen los códigos penales y no permitir que los jueces tomen determinaciones muchas veces equivocadas.


Así son las víctimas que buscan por mayor seguridad, y una de las leyes más buscadas esta semana es el tratamiento de la reforma de las salidas transitorias de presos con condenas, aunque para muchos de los legisladores no es conveniente.


Revisar los códigos penales e imponer nuevas leyes de seguridad deben estar acompañadas por políticas de cambio en el sistema económico, donde generar trabajo y salarios dignos puedan lograr detener la inflación y que la ciudadanía tenga una mayor tranquilidad y no pensar en que la desesperación se haga costumbre, y eso sea aprovechado por algunos para llevarlos por el camino del mal, de la mala política o de la delincuencia.

sábado, 8 de abril, 2017 - 08:52 hs.

Los gremios realizaron su paro nacional el pasado jueves, donde se observó la casi nula actividad en las oficinas públicas y una moderada actividad en los comercios, pero si bien el reclamo puede ser justificable desde el punto de vista en la necesidad "del bolsillo" del trabajador", también existe un tufillo político muy presente detrás de la medida de fuerza. Cuando el gobierno no es peronista, para los sindicatos hay que insistir mucho más en la protesta.


Las razones de la medida de fuerza según la CGT: "Este Gobierno golpea muy fuertemente a los sectores del trabajo, a los más humildes, a los que más necesitan, y también a la industria nacional y a la pequeña y mediana empresa que sufren esta política llevada adelante. La CGT tuvo la responsabilidad de ir marcando todos estos errores que se venían cometiendo y, teniendo la prudencia necesaria y tratando de contener la paz social, de hacerlo con responsabilidad mas allá incluso de la mesa de diálogo, que la mayoría de las cosas no se cumplieron. Quedamos en este momento con la necesidad de darles una respuesta los sectores que representamos".


Y el paro del 6 de abril llegó y para Daer "ha sido un paro contundente al que adhirieron todos los sectores que vienen siendo vulnerados por la política social y económica de este gobierno".


El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, dijo que "en buena medida, este paro responde a una interna gremial, a la gimnasia pre-electoral de cara a las elecciones de este año y en donde gran parte del sindicalismo está siendo arrastrado por el kirchnerismo". Agregó que "le cuesta muchísimo al país en un momento en que estamos tratando de ponerlo en marcha".


Pero si se analizan las causas económicas por la cual muestran la preocupación de los trabajadores y los argentinos pueden ser varias: la más preocupante la inflación que trepó en el último semestre a más del 30 por ciento, aunque desde el gobierno sostienen que para el 2017 será no más del 17 por ciento.


El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, sostuvo que el Gobierno "decidió parar con la improvisación" para frenar la inflación, y aseguró que, en esa materia, "no queremos inventar nada", por eso señaló que "la eficiencia del Gobierno creo que tiene que demostrarse en tres principios: que los impuestos sean lo más bajos posible, lo más sencillos y que deben ser pagados".


Pero la política mete la cola y así el el jefe de Gabinete, Marcos Peña, volvió a apuntar a la "pesada herencia". Dijo que el incremento de la pobreza representa un "sinceramiento de un costo (social) que ya estaba", aclarando que durante el gobierno anterior se "destruyó la verdad" mientras que hoy hay "estadísticas públicas que no son rebatidas".


Mientras se siguen realizando análisis, es real que las medidas tomadas por el gobierno siguen sin conformar y ponen en duda a los ciudadanos, incluso a los votantes que le dieron el triunfo al gobierno. Las medidas se van corrigiendo según la demanda del pueblo y eso demuestra que se está gobernando a prueba y error, aunque lo bueno es que los funcionarios dan la cara y lo reconocen, pero eso no basta.

sábado, 1 de abril, 2017 - 09:58 hs.

Las calles y avenidas de las principales ciudades del país fueron copadas por trabajadores que reclaman por un mejor salario y el cambio de la economía del país, pero mientras en sus marchas se van adueñando de las esquinas, otros que pretenden circular para ir a su trabajo no lo pueden hacer y pierden el presentismo.


Las realidades se cruzan, porque muchos dueños del poder durante años vivieron del pueblo para obtener grandes ganancias y se olvidaron que el pueblo además de aportar, también debe ganar para seguir aportando, y así lograron la crispación, el enojo y la incertIdumbre de no saber cómo será el futuro.


Mientras los gobernantes acuerdan con sus amigos del poder, los que los sostuvieron con sus votos se ven desalineados, engañados y malhumorados y hasta prometen cambiarse de bando. Aunque los que pensaron alguna vez en esos votantes y les dieron planes, ayudas, asignaciones lo hicieron con dinero que era para reparar escuelas, pagar a los proveedores de los comedores, mejorar la salud y la seguridad.


Pero muchos que se creyeron dueños y que pensaron en una impunidad eterna se encontraron con que alguna vez las políticas cambian. Y aparecen otros dueños que se ven beneficiados con caricias gubernanmentales que agrandan sus bolsillos eliminando retenciones impositivas que deberían ser destinadas a la producción o a los servicios en beneficio de los ciudadanos.


Entonces aparecen los representantes de los sectores que, con el argumento de defender a sus trabajadores también buscan posicionarse y ser dueños de políticas que benefician a algún político, aunque sea necesaria la pelea para recomponer los magros sueldos del pueblo.


Pero la gran pregunta es cómo lograr que los dueños y los pueblos puedan unirse en comunión para mejorar su comunidad, su aldea. Quizá es momento de pensar en que la pelea por el poder y querer ser dueño deben detenerse para pensar en el pueblo, porque sino la bronca, la decepción, el enojo se les puede venir en contra.


Entonces, los dueños no van a ser mas dueños y los pueblos van a buscar otra vez nuevas alternativas. Y así hasta que alguna vez se los tenga en cuenta de verdad.

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