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Mar del Plata - 
martes 27 de junio del 2017 - T
27 junio 2017 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 17 de febrero, 2017 - 13:19 hs.
La odisea de viajar

A más de 20 años de sancionada la Ley de Defensa del Consumidor y de haberse incorporado estos derechos en la Constitución Nacional, los argentinos seguimos estando desamparados.


Merced a un conflicto de la UTA con El Rápido Argentino, la terminal ferroautomotora de Mar del Plata, como ocurrió en otros puntos del país, fue el epicentro de personas desesperadas intentando encontrar una respuesta para poder viajar de acuerdo a los pasajes que habían comprado con anterioridad.


En las primeras horas se observó cierto accionar de la oficina de la CNRT y del área correspondiente a la provincia, lo que permitió que algunos pasajeros pudieran ser integrados a las listas de otras empresas que corrían hacia destinos similares.


Luego todo fue desasosiego, indignación y frustración en muchos casos.


Los que tenían dinero y lograron ubicar servicios disponibles salvaron de alguna forma el mal momento.


Aquellos que no disponían de ese respaldo económico sufrieron las lógicas consecuencias.


Durante una semana se registraron casos de alto impacto social como aquellos que no llegaron a tiempo a sus trabajos, los que se quedaron sin medicación y quienes debieron dormir en la terminal junto a sus pequeños hijos porque no tenían otro lugar dónde pasar la noche.


Sin líneas testigo que hubiesen ocupado rápidamente los tramos que no se sirvieron por el conflicto, el Estado poco aportó a la solución y se limitó a informar que sancionará fuertemente a la empresa por no cumplir con sus servicios previstos.


No hubo cronograma de emergencia, nadie abrió la ventanilla de la firma en cuestión para informar en persona y todo corrió por cuenta de los afectados que debieron encontrar una salida sin ayuda estatal.


Ejemplos que se repiten en el tiempo y parecen no encontrar el camino del sentido común ni de un protocolo acordado previamente para salvar estas situaciones conflictivas que tanto perjuicio le provocan al usuario.


El que alimenta al sistema y sostiene a toda la estructura del transporte público de pasajeros, es quien debe pagar también por los errores de los demás.


En esta pirámide invertida, el pasajero lleva siempre las de perder.-


@danieltemperoni


 


 


 

   


Columnas anteriores
viernes, 23 de junio, 2017 - 13:59 hs.
El proyecto para reestructurar la enseñanza secundaria en el país está siendo discutido y debatido por los ministros de todas las provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La intención pasa por mejorar los contenidos y bajar la cantidad de materias tradicionales, generando proyectos anuales por establecimiento para hacer frente de mejor manera a las pruebas de rendimiento escolar.

Algunas escuelas ya lo adoptarían el año próximo y el resto lo haría en 2019.

La mirada sobre esta cuestión se hace inevitable al igual que la necesidad de recuperar las bases del nivel primario.

Son el punto de partida y el manojo de herramientas que los futuros ciudadanos tendrán a la hora de encontrar empleo, continuar con su carrera terciaria o universitaria, tener juicio crítico y nivel de información adecuado para resolver sus cuestiones cotidianas.

Desde hace décadas nos repetimos que de esta forma es imposible obtener buenos resultados, pero en ese tiempo transcurrido también fuimos testigos del resquebrajamiento de la educación pública y cómo ha sido ninguneada por gran parte de la dirigencia política que dice defenderla.

Reconocer la labor de los docentes y maestros, poner en condiciones los establecimientos educativos, asegurar que niños y jóvenes accedan al material pedagógico, sin duda son algunos puntos ineludibles en esta enorme tarea que tenemos todos por delante.

Numerosas problemáticas encuentran solución en una formación sólida, pero seguramente se profundizarán si seguimos elaborando diagnósticos y no aplicamos la terapia necesaria.

Si bien el tiempo perdido no se recupera, las sociedades que apostaron a la educación demuestran que su factor aglutinante logra altos niveles de cohesión social, respeto y desarrollo.-

@danieltemperoni

 

 
viernes, 16 de junio, 2017 - 13:42 hs.

La dirigencia política insiste en incorporar a sus discursos la necesidad de fortalecer las economías regionales y dotar de recursos a actividades primarias para que puedan generar productos con valor agregado.


Tanto es así que la mención casi siempre termina destacando la potencialidad del país que genera alimentos para más de 400 millones de personas en todo el mundo.


A principios de la década del ‘90 se aplicaron políticas nefastas para estos renglones productivos y para los miles de puestos de trabajo que dependían de esa inmensa red de actividades.


El resultado es por todos conocido.


Actualmente se registran importaciones que vienen impactando en muchos rubros de la producción de base e incluso resienten a los propios productores que tratan de sostener el cultivo de frutas y verduras en sus respectivas provincias.


A modo de ejemplo, el ministerio de la Producción de Santa Fe informó que en mayo último ingresaron 7254 toneladas de tomate en conserva provenientes de Italia y Turquía, cuando en igual mes del año pasado lo habían hecho sólo 615.


Aunque ese total ni se acerca a las 420.000 toneladas producidas a nivel nacional en 2016, se manifiesta como un fuerte precedente que no puede ser descuidado a la hora de elaborar acciones de fomento para las economías regionales.


Cuando los precios internacionales o la naturaleza no ayudan a los productores agrícolas, en países del primer mundo los defienden y protegen desde el Estado porque saben que de ellos dependen comunidades enteras.


En ese espejo deberían reflejarse las políticas nacionales, porque de esa forma también se ayudarían a sostener los puestos de trabajo y la cohesión social.


Hay que aprender del pasado y también de aquellos que hacen correctamente las cosas.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 9 de junio, 2017 - 13:58 hs.

Una vida perdida y varias familias destrozadas, como resultado de otro siniestro de tránsito en la costa marplatense.


Cuando estos golpes tremendos impactan en la sociedad, ciertas estructuras parecen salir del letargo y ensayan algunas respuestas ante tanta tragedia.


No son hechos fortuitos y mucho menos catalogables como accidentes, ya que pudieron ser prevenidos y evitados.


Razón más que suficiente para poner todas las herramientas del conocimiento al servicio de políticas de estado que nos lleven a superar semejantes resultados letales.


Hay que buscar soluciones operativas, funcionales, educativas y sobre todo culturales.


También reclamar lo que corresponda en los niveles provincial y nacional, para que municipios con alto grado de siniestralidad reciban apoyo logístico que no pueden obtener mediante sus propios presupuestos.


Cerca de un millón de habitantes que se movilizan diariamente en más de 400.000 vehículos y casi 150.000 motos, con ciertos recursos urbanísticos como las rotondas que dejaron de dar respuestas aceptables hace más de dos décadas.


La totalidad de las calles transversales a las avenidas de la ciudad deben contar con semáforos.


Con este universo vehicular, la necesidad de cámaras y sensores de velocidad tiene que dejar de ser una materia discutible.


La doble y triple fila frente a las escuelas es un condimento nefasto a la hora de definir cómo estamos en materia de tránsito y educación vial.


Una sumatoria de acciones equivocadas desde lo individual y lo colectivo nos pone en este punto de inflexión muy grave como comunidad.


Los cambios tienen que ser urgentes, pero deben llegar desde el Estado y también desde cada uno de nosotros.-


@danieltemperoni


 


 


 

viernes, 2 de junio, 2017 - 13:53 hs.

Transcurrieron 20 años desde la finalización de las obras que transformaron a la vieja ruta de mano y contramano en autovía.


En algunos tramos de su recorrido aún están en pie los puentes de hormigón y de hierro por los que transitaban, a su turno, los que querían llegar a Mar del Plata y los que iban hacia Buenos Aires.


Esas construcciones nos recuerdan las condiciones en que millones de personas viajaron durante décadas hasta que llegaron los peajes.


En los primeros anuncios estuvieron presentes los cruces peatonales en altura y los diversos recursos urbanísticos para que las poblaciones aledañas pudieran interactuar entre ambos lados de la cinta asfáltica.


Sólo en algunos puntos de su trayecto, la Autovía 2 llegó a contar con soluciones verdaderamente seguras para peatones y automovilistas.


El resto de la traza está igual que siempre, mal señalizada, con ingresos y egresos peligrosos, largos tramos de asfalto deteriorado y con poco control.


A modo de ejemplo, la rotonda ubicada en el acceso al aeropuerto Astor Piazzolla es una emboscada para aquellos automovilistas que no respetan velocidades máximas o desconocen su grado de giro.


La iluminación en sectores urbanos es deficiente o inexistente, mientras que el desnivel en la unión con los diversos puentes es un detalle no menor.


Por el intenso tránsito vehicular que se registra a diario, el patrullaje policial y los servicios de asistencia deberían tener una presencia destacada.


Más de 20 años de administración privada de los peajes no resolvieron la problemática de fondo, lo que deja a la provincia a cargo de las garitas de cobro y de la responsabilidad de poner en valor una de las rutas vitales del territorio bonaerense y también a nivel nacional.


A la Autovía 2 le sigue quedando grande su denominación.-


@danieltemperoni


 

viernes, 26 de mayo, 2017 - 13:50 hs.

Con creciente incidencia en el bolsillo de los consumidores, los precios de productos de primera necesidad y de servicios esenciales siguen su marcha ascendente.


Ya no se trata de ciertos alimentos o de marcas destacadas, sino que la manía remarcadora es abarcativa de todos los estamentos.


Muchos de los formadores de precios que elevan la vara lo más alto posible, son los mismos que recibieron y siguen recibiendo jugosos subsidios estatales.


Se escudan en que generan la mayor cantidad de puestos de trabajo y que el oxígeno gubernamental les permite sostenerlos.


Claro que el Estado casi nunca los molesta en su afán por obtener los mejores beneficios por sus ventas, ya que el cliente que acepta esta remarcación también termina pagando el IVA en la caja.


Es un mecanismo tan viejo como la rueda, pero a la vez tremendamente perverso.


Forma parte del cuento inflacionario que venimos sufriendo los argentinos por generaciones y que en la mayoría de los casos se actualiza caprichosamente.


Pierde el que vive de un sueldo porque deja de comprar hasta lo esencial, y en muchos casos prioriza el sostenimiento de la subsistencia al pago de tasas e impuestos.


Pero los gobiernos siempre encuentran una salida a sus vaivenes presupuestarios, en tanto van equilibrando las cuentas con aquellos contribuyentes que no dejan de hacerse cargo de las obligaciones fiscales.


Así se repite el ciclo hasta la próxima escalada inflacionaria, mientras un puñado de formadores de precios va calculando a cuánto debería posicionarse el dólar para que le cierre la futura lista actualizada.


Son, en definitiva, los que siempre ganan.-


@danieltemperoni


 


 

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