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Mar del Plata - 
jueves 23 de febrero del 2017 - T
23 febrero 2017 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 17 de febrero, 2017 - 13:19 hs.
La odisea de viajar

A más de 20 años de sancionada la Ley de Defensa del Consumidor y de haberse incorporado estos derechos en la Constitución Nacional, los argentinos seguimos estando desamparados.


Merced a un conflicto de la UTA con El Rápido Argentino, la terminal ferroautomotora de Mar del Plata, como ocurrió en otros puntos del país, fue el epicentro de personas desesperadas intentando encontrar una respuesta para poder viajar de acuerdo a los pasajes que habían comprado con anterioridad.


En las primeras horas se observó cierto accionar de la oficina de la CNRT y del área correspondiente a la provincia, lo que permitió que algunos pasajeros pudieran ser integrados a las listas de otras empresas que corrían hacia destinos similares.


Luego todo fue desasosiego, indignación y frustración en muchos casos.


Los que tenían dinero y lograron ubicar servicios disponibles salvaron de alguna forma el mal momento.


Aquellos que no disponían de ese respaldo económico sufrieron las lógicas consecuencias.


Durante una semana se registraron casos de alto impacto social como aquellos que no llegaron a tiempo a sus trabajos, los que se quedaron sin medicación y quienes debieron dormir en la terminal junto a sus pequeños hijos porque no tenían otro lugar dónde pasar la noche.


Sin líneas testigo que hubiesen ocupado rápidamente los tramos que no se sirvieron por el conflicto, el Estado poco aportó a la solución y se limitó a informar que sancionará fuertemente a la empresa por no cumplir con sus servicios previstos.


No hubo cronograma de emergencia, nadie abrió la ventanilla de la firma en cuestión para informar en persona y todo corrió por cuenta de los afectados que debieron encontrar una salida sin ayuda estatal.


Ejemplos que se repiten en el tiempo y parecen no encontrar el camino del sentido común ni de un protocolo acordado previamente para salvar estas situaciones conflictivas que tanto perjuicio le provocan al usuario.


El que alimenta al sistema y sostiene a toda la estructura del transporte público de pasajeros, es quien debe pagar también por los errores de los demás.


En esta pirámide invertida, el pasajero lleva siempre las de perder.-


@danieltemperoni


 


 


 

   


Columnas anteriores
viernes, 10 de febrero, 2017 - 13:27 hs.

“No crear muros, sino puentes, no responder al mal con el mal, vencer al mal con el bien” (Papa Francisco)


Cuando el hombre necesita cada vez más de la ayuda y la comprensión del prójimo, algunos líderes mundiales se aferran de forma obcecada a la idea de levantar muros.


No les alcanza con generar odio y discriminación a partir de sus palabras.


Parecen requerir la confirmación visual y táctil de los ladrillos encastrados elevándose varios metros por encima de sus propias conciencias.


En la antigüedad se construían fortificaciones para defenderse del ataque de los pueblos enemigos y ahora la filosofía de ciertos personajes apunta a separar las fronteras para que del otro lado se queden los que ellos creen de menor importancia o crecimiento.


Durante años se han servido de otras naciones y han usado hasta el hartazgo los recursos naturales que provienen del lado opuesto de la pared, pero eso hoy es parte del pasado y se muestran como los portadores de verdades únicas.


Manejan la maquinaria bélica y las transacciones comerciales, con lo que podría decirse que también hacen mover el tablero mundial a su gusto.


Pero su posición irreductible les está valiendo tener que aceptar que no todos sus conciudadanos aceptan esta postura tan vertical y absoluta.


Y seguramente esos grises sociales van a ser los que se antepongan con mayor fuerza a estas ideas aislacionistas y discriminadoras.


Porque uno de los más destacados promotores de esta corriente ha surgido precisamente de las entrañas de una Nación que se vanagloria de ser la más grande y fuerte democracia.


Algo va a tener que decir la otra parte del mundo que no comulga con estos razonamientos a contra pelo de la sensatez y el sentido común, porque de otra forma pasarán a integrar la lista de críticos que callan por temor a reproches y sanciones.


Ha sido una constante en el recorrido de la humanidad.


Aquellos que se creen dueños de la verdad y no son advertidos de los errores que cometen montados en su ego, terminan cumpliendo sus planes nefastos y arrasan la tierra, y sólo después de varias décadas ese mismo suelo vuelve a ser albergue de vida.-


 @danieltemperoni


 


 


 


 

viernes, 3 de febrero, 2017 - 13:20 hs.

Semejante a una tierra prometida, Mar del Plata se abre cada verano a la presencia de los oportunistas de siempre.


 Estos, ni lerdos ni perezosos, apuran el paso cuando los primeros soles estivales iluminan nuestras playas.


 Para la llegada de los turistas ya acomodaron sus cuestiones y están listos para ofrecer una amplia gama de productos y servicios.


 No pagan impuestos y todo lo que recolectan es ganancia neta.


 Pueden aparecer ofreciendo chucherías en la arena, choripanes y cerveza cuando hay fútbol, estacionamiento en cualquier espacio “disponible y seguro”, lugar para acampar cerca de la playa y todo lo que el visitante pueda pagar o se vea obligado a convalidar.


 Es un clásico de cada temporada, no faltan a la cita y mueven una inimaginable cantidad de dinero que evade sistemáticamente al fisco.


 Todo lo recaudado pasa a engrosar los números de la columna invisible que seguramente supera los totales de otros tantos negocios registrados y en blanco.


 Muchas veces los veraneantes se ven coaccionados mediante maniobras callejeras que desmerecen toda la otra tarea constante y prolija que realizan cientos de personas en favor del crecimiento turístico.


 Su persistencia le ha permitido a este sistema ilegal quedarse con un sinnúmero de actividades e ir sumando aquellas que surgen de lo que la calle está demandando por sobre la oferta existente.


 Al final del camino, esta telaraña le hace mucho mal al trabajo registrado y erosiona la potencial capacidad laboral del distrito.


 Es entendible que no se pueda estar en cada rincón a la hora de combatir este flagelo, pero hay maniobras que se repiten año tras año y pueden ser neutralizadas con cierta facilidad.


 Llegan antes que los turistas y se van cuando el último visitante dejó la ciudad, no sin dejar de contar las divisas que acumularon durante la “temporada”.-


 @danieltemperoni


 


 


 


 

viernes, 27 de enero, 2017 - 13:28 hs.

Los cambios a la legislación generados en el Congreso Nacional aparecen como tibios cuando alguien conduciendo alcoholizado, drogado o corriendo una picada, hiere o mata a otra persona.


 Todos los días más de veinte argentinos pierden la vida en siniestros de tránsito.


 Después viene el largo camino de la justicia para determinar las responsabilidades y muchas veces esas muertes quedan impunes.


 Ya no extraña que en los controles de tránsito se detecten niveles de alcoholemia que superan varias veces el mínimo punible.


 En el inicio de un período de prueba por 120 días establecido por la municipalidad de Rosario para localizar infractores mediante exámenes de narcolemia, 4 de 16 conductores habían consumido marihuana o cocaína.


 Entre quienes se sientan al volante borrachos o drogados, los que corren picadas o escapan del lugar cuando atropellan a alguien, existe un común denominador que los define.


 Tienen un desprecio por la vida del prójimo que supera con creces el techo de pena impuesto por la ley vigente.


 Por esa razón volvemos a la tibieza de los cambios aprobados por diputados y senadores.


 Los legisladores nacionales se tardaron más de 12 años en profundizar las penalidades para aquellos que matan al volante, estableciendo un mínimo de 3 y un máximo de 6 años.


 No hay que temer a la aplicación de sanciones justas cuando se trata de cuidar y preservar a la población de todos aquellos que hacen caso omiso de las normas.


 La educación y la concientización, en estos casos, deben dejar paso a la condena de los jueces basada en legislación ejemplarizante.


 La idiosincracia de los pueblos también se revela a través de sus códigos penales.-


 @danieltemperoni


 

viernes, 20 de enero, 2017 - 13:33 hs.

De forma cíclica siempre vuelve el debate sobre la necesidad o no de bajar la edad de imputabilidad a los menores.


 Tan pendular como la política, como las estadísticas y como nuestro humor social.


 El que las hace las paga, pregonan los unos; no judicialicen la infancia, vociferan los otros.


 En el medio de la historia sin resolver, una familia destrozada por el/los victimarios.


 Y otra, que cuando existe, casi nunca se hace cargo de su responsabilidad original.


 Aquí y ahora, miles de niños y jóvenes sin hogar reconocido o con un lugar de origen donde aprendieron todo lo que no debían.


 También una sociedad que viene observando cómo el Estado se fue desentendiendo por décadas de la cuestión social de estos pequeños.


 En algún momento llegaría la madre de las tormentas.


 ¿O alguien imaginó que con sólo rezar iba a quedar despejado semejante desatino?


 Si plantas limones tendrás muchas chances de poder hacer sólo limonada.


 La apuesta es focalizar el problema, discutir soluciones de fondo y avanzar con acciones contundentes que lleguen hasta los que necesitan ayuda ahora.


 En paralelo, se pueden debatir los alcances legales, pero no olviden diagramar programas que regeneren a aquellas voluntades que aún quieren formar parte de esta sociedad.


 El ser humano, al igual que una planta, requiere de un tutor que lo guíe en su crecimiento; si no está o no sirve como tal, los resultados muchas veces terminan en titulares noticiosos.


 Y en esas líneas podemos aparecer cualquiera de nosotros.


Camino harto difícil encaran aquellos pueblos que no protegen a sus niños y a sus ancianos, porque terminan encapsulados en controversias acerca de quién o quiénes tienen la culpa básica por lo que les sucede finalmente.


Los poderes republicanos se intercambian las obligaciones como si las problemáticas de las que hablamos tuvieran solución inmediata a través de una botonera, cuando todos estos actores saben que los derechos humanos comienzan con la identidad, siguen con abrigo y protección, comida, educación y salud como términos primordiales inexorables.


Hablamos de igualdad de oportunidades y de que la democracia garantice postulados de nuestra Constitución Nacional para el conjunto.


 Si el debate no arranca con todos, por todos y para todos, sólo estaríamos agregando algún ingrediente más a la acostumbrada limonada nacional.-


 @danieltemperoni


 


 

viernes, 13 de enero, 2017 - 13:22 hs.

La educación es superadora, nivela para arriba, genera ascenso social, acerca voluntades, mantiene vivos los sueños y nos hace libres.


 Es la mejor inversión que el hombre haya inventado hasta el momento.


 No hay forma de que falle como ecuación rentable para un país.


 Las naciones que apuestan sus recursos al mejoramiento educativo, muestran los más altos indicadores de calidad de vida de su población.


 Donde la vacuna educativa prende, bajan los índices delictivos, se acorta la brecha entre ricos y pobres, el Estado cuenta con el respaldo financiero de los impuestos que el pueblo paga convencido y el esfuerzo compartido mantiene firme el contrato social.


 No se advierten grietas en la relación individual y colectiva, porque todos reciben herramientas para razonar y usar el juicio crítico.


 Los ciudadanos llegan plenos al ejercicio de sus responsabilidades y actúan de acuerdo a sus derechos y obligaciones.


 Son sociedades que no necesitan ningún iluminado que les indique el camino, porque la luz reside en la propia sabiduría.


 Como padres pueden garantizar, como mínimo, el mismo nivel educativo para sus hijos.


 Viven con la tranquilidad implícita de saber que saben hacia dónde van.


 El futuro no los atormenta.


 Descansan en la condición de quien descubre el esfuerzo del conocimiento e invierten el tiempo en proponer mejores objetivos.


 Hacen lo que les corresponde hacer.


 No les pueden mentir, porque están plenamente formados.


 Hay sociedades que apostaron a la educación y lograron ponerse a miles de kilómetros de distancia del resto.


 En el otro grupo, aún discuten sobre la obligatoriedad de tal o cual nivel educativo.


 O se pierden en debates presupuestarios, priorizando el cierre de cuentas al nivel de alfabetismo de su gente.-


 @danieltemperoni


 

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