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lunes 21 de agosto del 2017 - T
21 agosto 2017 - T

Nicolás González. ABC de tu dinero.

lunes, 13 de febrero, 2017 - 10:36 hs.
Precios transparentes en el país de la ansiedad

Cuando un concepto o idea es repetido con alta frecuencia, cuando las palabras pierden su valor y el mensaje apunta a facilitar hasta el extremo la consecución de un deseo, todo puede suceder.


Durante años escuchamos hablar de cuotas sin interés. Podías comprar y pagar en cuotas (mensuales) no ya pocas, sino muchas. Al extremo que coincidiendo con el Mundial de Fútbol del 2010 muchos compramos televisores en 50 cuotas mensuales ¡sin interés! Así sucedió que llegó el Mundial del 2014 y todavía seguíamos pagando nuestro TV. ¿Vos te resististe a eso? En un país con inflación crónica, una oferta irresistible.


Ahora cuando se plantea un negocio así, pensá que tiene una contrapartida: si vos ganás mucho otro debe perder. Es de manual, no hay magia. Y si finalmente no es así quiere decir que lo que vos pensaste que pagabas barato, no era tal. Que el precio que te cobraron estaba lo suficientemente inflado como para cubrirse no solo de la inflación sino de algo inevitable: el interés o sea el precio de disponer del dinero.


Preguntale a un chico de 10 años si prefiere que le pagues $1.200 en un solo pago o prefiere cobrarlo en 12 cuotas mensuales de $100. Sin embargo, los adultos lo creímos posible. El tiempo no tenía precio, “sólo se consigue en Argentina”.


Que el programa de Precios Transparentes venga a separar precio de contado del financiado, eliminando la idea de “cuotas sin interés” es un avance. ¿Por qué? Básicamente se blanquean las dos operaciones que vos realizabas: comprar y simultáneamente tomar un préstamo que no podías negociar. Claro que le iba peor a aquel que pagaba en efectivo, débito o en un solo pago el mismo valor (recordemos que cerca del 35% del empleo es en negro sin bancarizar), ya que no podía eludir los costos financieros que estaban metidos en el “único precio”.


Así nos fuimos convirtiendo en tomadores de cuotas, cuantas más mejor. Sólo miramos el valor unitario de la cuota y las fuimos acumulando, con la ilusión de la licuación por la inflación y el paso del tiempo, ignorando los intereses que venían por dentro de las mismas.


Pero en entornos con inflación y falta de competencia, más la habitual picardía comercial, asistimos al siguiente escenario: nuevos precios de contado con poco o nulo descuento y valores financiados que son mayores a los anteriores a la entrada en vigencia de la resolución 51 E/2017, salvo honrosas excepciones.


Argentina ha perdido precios de referencia en casi todos los bienes y servicios. Ha contribuido para ello la inflación, promociones, descuentos, liquidaciones, 2x1 y todas las combinaciones posibles de las que te acuerdes. Y esto hace virtualmente imposible que el consumidor perciba una medida que puede tener buenas intenciones pero… choca con la realidad.


A esto sumale la ausencia de Educación Financiera de gran parte de la población. Si hasta ahora elegías en base al día de la promoción de tu tarjeta o del programa Ahora 12 o 18, por ejemplo y evaluabas si podías pagar la cuota, el eje de tu decisión deberá contemplar otro protagonista: El Costo Financiero Total (CFT), es decir, el verdadero esfuerzo que te demandará la financiación que estás tomando. Y si querés complicarlo un poco más, será el momento de analizar qué tarjeta o préstamo deberás tomar, de qué banco, con todos los costos asociados correspondientes. ¿Ya te cansaste? Puedo garantizarte que se puede comparar a empezar gimnasia. Doloroso y molesto al principio, pero si “entrenas” con frecuencia, tendrás una visión integral de los servicios financieros que usas, su costo y cuál de ellos más te conviene.


Un punto extra que puede afectar la percepción del consumidor, es que las billeteras están vacías. Se cargaron de cuotas que deben pagarse y será difícil ver una explosión de compras al contado. El temor pasa por las dificultades que se tengan para comprender el costo de la financiación y en el apuro, tomar la peor opción.
Algunos datos que es bueno conocer:


• La expectativa de descuento por contado (tomando como base el precio “único” anterior) rondaba el 20/25%. Viene lento, se habla de apenas el 8%.
• Para ello se tomó una base confiable: en el caso de electrodomésticos los comercios venden los créditos que te dan a vos (con tu tarjeta o personales) para hacerse de inmediato del efectivo a un costo del 25/30% anual. Por eso se pensó que te lo iban a trasladar a vos si pagabas en un pago.
• Así y todo, se observa tímidamente, una porción de compras al contado y esto sí, menores cuotas para financiar las compras.
• La Banca pública ha asumido el compromiso de liderar con tasas atractivas y plazos extensos (hasta 50 cuotas otra vez!), la nueva política de financiamiento al consumo. El CFT ofrecido está en el 26%. Alto para mi gusto, cuando se espera que en un par de años inflación anual sea del 5% y las tasas de interés cercanas a ese valor. Vas a contratar una tasa alta por varios años cuando la expectativa es que baje. Mal negocio.


Por eso, la ansiedad es mala consejera. Si podés esperar, mejor. El río está revuelto y ahí nunca ganas vos. Es una buena oportunidad para repensar tus estrategias de compra y financiación. O hasta de ahorro para juntar el dinero necesario para comprar lo que necesitas.
¿Mirá si nos damos cuenta del poder que tenemos como compradores?


Ahora, más que cuotas, paciencia e inteligencia para tus decisiones.


Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

   


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viernes, 21 de julio, 2017 - 07:32 hs.

Hubo un tiempo donde el trabajo pensamos era para siempre. Me refiero que de manera consciente o inconsciente, ingresabas a trabajar a una organización pública o privada y establecías un vínculo que podía extenderse durante toda tu vida laboral.


¿Te resulta extraño, verdad? Era un mundo donde el empleo era formal, registrado, regido por normas estables que protegían los derechos del trabajador y altamente previsible. No es la idea debatir que lugar debe ocupar el trabajo dentro de tu vida, pero en esos tiempos no tan lejanos, quizás el slogan que mejor reflejaba el vínculo con tu empleo era “tener la camiseta puesta”. Y acreditar años de servicio dentro de una misma empresa era meritorio. Te daba “chapa”.


¿Qué tiene que ver este recuerdo nostálgico con tus finanzas te preguntarás? Y te contesto: ingresos previsibles, bajo riesgo de pérdida del empleo, mayor certidumbre para encarar los proyectos futuros.


En la Argentina los cambios en el mercado del trabajo comenzaron a hacerse evidentes en la era de la Convertibilidad con dos aspectos claves: más desempleo (y mayores dificultades de reinserción), precariedad laboral y sustitución de puestos de trabajo del sector industrial hacia los servicios.


El nuevo siglo trajo a nuestro país una crisis económica y social de proporciones históricas y luego la recuperación en la creación de empleo pareció llevarnos nuevamente a un mundo más seguro, si así lo querés llamar. Durante el período 2003-06 se crearon 400.000 empleos netos anuales solamente en el sector privado, en tanto que en el período 2011-16 no superamos los 40.000.


La Argentina, con una PEA (población en edad de trabajar y que lo busca activamente) de 20 millones, debería generar al menos al año, empleo para 200.000 personas. Con eso no mejoras ni empeoras la situación.


Hoy estamos inmersos en un escenario a donde concurren estas variables:


Ø Globalización e integración mundial (por las buenas o por las malas)


Ø Robotización de procesos industriales


Ø Desarrollo de Inteligencia Artificial


Ø Economía Colaborativa


Cambios que trascienden fronteras y gobiernos. Es casi imposible evitar los efectos que los mismos van generando.


Trabajo que busca nuevos lugares donde los costos y las regulaciones son menores. Basta para ello revisar las etiquetas del “made in” de tu indumentaria. A esto se agrega la pérdida de puestos de trabajo a manos de un proceso de sustitución por tecnología nunca visto, por su carácter disruptivo. El cambio no es gradual ni previsible. ¿Atemorizador?


Para ciertos tareas ya no se emplean personas, sino bots. O sea, robots. Sistemas de atención telefónica de diversos servicios te introducen en las delicias de “marque 1 o 2 o n” cuando a vos te gustaría una respuesta humana. Así los sistemas funcionan todo el tiempo, no se resfrían ni se quejan. Son más baratos para las empresas, aunque algunos ya empezaron a entender que si no hay trabajadores pagos, tampoco habrá consumo de bienes y servicios. ¿La solución?


Y está la Economía Colaborativa. El fin de la intermediación y las regulaciones. La economía del usar más que del tener. Uber, Airbn y plataformas financieras que resuelven tus problemas YA. Desde tu teléfono inteligente, saciando tu ansiedad por resultados instántaneos.


¿Y qué tiene que ver esto con mi trabajo y mis finanzas?


Que estamos en presencia de un mundo del trabajo donde parecen desaparecer pilares como el empleo registrado y formal. Donde florecen modalidades de contratación flexibles y “a término” contra lo que conocíamos como “indefinidos”. Los invito a ver la reforma laboral que han aprobado, a pesar de la crisis política que atraviesan, en Brasil. Dos palabras Tercerización y Flexibilidad.(1)


Hay mensajes apocalípticos sobre los puestos de trabajo que serán sustituidos en los próximos 30 años, y gurúes que pronostican cuáles serán los trabajos de futuro.


¿Qué es lo que debo esperar de mis finanzas?


Ingresos: los mismos podrán estar afectados por mayor inestabilidad. Riesgo de pérdida de empleo. Pagos variables asociados a resultados o productividad. Esto puede acortar el horizonte de planeamiento de tu dinero. Se discutirá, como contrapartida, con mayor énfasis - ver el caso Finlandia (2) - el tema del Ingreso Universal garantizado, que opere como un amortiguador en caso de pérdida de puestos de trabajo.


Gastos: El cambio social y cultural lleva a una revisión permanente de tu canasta de servicios básicos. Moda y modernidad traccionan para llevarse parte de tu ingreso, y vos


responderás con moderación e inteligencia. Rompiendo esquemas de compra que te acompañaron hasta ahora, sin grandes dolores. Será central priorizar educación y nuestra capacidad de “aprender a desaprender” adaptarnos al cambio.


Deudas: En Argentina verificaremos mayores préstamos hipotecarios (involucrando para ello ya necesariamente el ingreso de más de un individuo) y el nivel de endeudamiento global deberá ser revisado. Esto se deberá asociar al nivel de estabilidad que puedas tener en tus ingresos. Habrá distintas realidades y aquellos que convivan con trabajos inestables e informales pueden ser las víctimas ideales de las plataformas de préstamos que te salvarán al instante. Y te condenarán por un tiempo más que prolongado. Mayor vulnerabilidad por ese lado.


Ahorro y Previsión: Se deberá revisar la estrategia que te permita reducir tu fragilidad financiera. Contar con un fondo de emergencia será más valioso y también comenzar a desarrollar el plan para reforzar la jubilación. Pensá en una sociedad que irá aumentando su expectativa de vida y demande mayores gastos de sustentación en salud. Podés esperar que la asistencia te la brinde el Estado o hacer tu propio esquema de protección del futuro. Esto se llama prevención de riesgos. Seguramente aparecerán productos financieros que te permitan canalizar tu dinero con esos fines.


Alguna escuchaste la frase “el futuro ya llegó”. Negar el cambio o resistirse sin recursos sólidos no parece ser la estrategia. Adaptarte y en ese proceso, entender cómo deberá ser el manejo de tu dinero.


(1) http://www.bolsamania.com/noticias/politica/brasil--el-senado-de-brasil-aprueba-la-reforma-laboral-de-temer--2765399.html


(2) http://www.lanacion.com.ar/1980605-un-ingreso-universal-que-compense-la-pobreza-y-el-desempleo


Nicolás González


Contador Público


Docente Universitario especialista en Finanzas


Titular del ABC de tu dinero

miércoles, 19 de julio, 2017 - 07:32 hs.

Hubo un tiempo donde el trabajo pensamos era para siempre. Me refiero que de manera consciente o inconsciente, ingresabas a trabajar a una organización pública o privada y establecías un vínculo que podía extenderse durante toda tu vida laboral.


¿Te resulta extraño, verdad? Era un mundo donde el empleo era formal, registrado, regido por normas estables que protegían los derechos del trabajador y altamente previsible. No es la idea debatir que lugar debe ocupar el trabajo dentro de tu vida, pero en esos tiempos no tan lejanos, quizás el slogan que mejor reflejaba el vínculo con tu empleo era “tener la camiseta puesta”. Y acreditar años de servicio dentro de una misma empresa era meritorio. Te daba “chapa”.


¿Qué tiene que ver este recuerdo nostálgico con tus finanzas te preguntarás? Y te contesto: ingresos previsibles, bajo riesgo de pérdida del empleo, mayor certidumbre para encarar los proyectos futuros.


En la Argentina los cambios en el mercado del trabajo comenzaron a hacerse evidentes en la era de la Convertibilidad con dos aspectos claves: más desempleo (y mayores dificultades de reinserción), precariedad laboral y sustitución de puestos de trabajo del sector industrial hacia los servicios.


El nuevo siglo trajo a nuestro país una crisis económica y social de proporciones históricas y luego la recuperación en la creación de empleo pareció llevarnos nuevamente a un mundo más seguro, si así lo querés llamar. Durante el período 2003-06 se crearon 400.000 empleos netos anuales solamente en el sector privado, en tanto que en el período 2011-16 no superamos los 40.000.


La Argentina, con una PEA (población en edad de trabajar y que lo busca activamente) de 20 millones, debería generar al menos al año, empleo para 200.000 personas. Con eso no mejoras ni empeoras la situación.


Hoy estamos inmersos en un escenario a donde concurren estas variables:


Ø Globalización e integración mundial (por las buenas o por las malas)
Ø Robotización de procesos industriales
Ø Desarrollo de Inteligencia Artificial

lunes, 29 de mayo, 2017 - 09:16 hs.

Nuestra historia como sociedad en la temática inflacionaria nos ha convertido (contra nuestra voluntad) en “expertos”. Muchas décadas conviviendo con este flagelo lo justifican. Junto con ello aparece una cuestión que está íntimamente vinculada a este fenómeno: los índices que mejor reflejan los aumentos de precios de nuestra vida cotidiana. Y aquí se cruzan aspectos técnicos y políticos que me interesa plantear en este artícul


Inflación e indexación fueron siempre de la mano. Esto funcionó así hasta que en el año 1991 en el nacimiento de la Convertibilidad se la prohibió esta última con el argumento que promovía más inflación. Parece que no ha sido así ya que luego tuvimos no solo aumentos, sino explosiones de precios y casi de nuestro país.


Los empresarios se quejan porque no hay ajuste por inflación que provoca que paguen Impuesto a las Ganancias sobre resultados ficticios (también le ha sucedido a los empleados cuando se “congelaron” mínimos no imponibles y deducciones y debieron pagar más y más) y si querés una cuestión más terrenal, los alquileres tienen pactados valores semestrales que implican una estimación de inflación. Si sos inquilino, sabes de qué estoy hablando.


Y tuvimos también nuestra etapa de destrucción de las estadísticas públicas (INDEC) en la última década que provocó descrédito y la aparición de múltiples índices de consultoras privadas, que trataron de mostrar como crecían los precios, con suerte y seriedad diversas.
Hoy el INDEC recupera credibilidad pero todavía seguimos empleando un índice de precios (IPC-GBA) que refleja lo que sucede en la ciudad Autónoma y 24 partidos del Gran Buenos Aires, donde se produjo el mayor congelamiento de tarifas de servicios públicos, peajes y transporte en el período 2003-2015. ? Y ahora que esos precios se reacomodan, causan dolor y cambios en los presupuestos de las familias. Lo concreto es que gastos como los servicios públicos empiezan a “pesar” fuerte en los gastos (entre el 5 y el 7%).


Hay una iniciativa de determinar un IPC Nacional a partir de Julio-17 que tratará de “promediar” las distintas realidades y reflejar mejor al menos dos cuestiones: ¿En qué gastamos los argentinos (todavía usamos una canasta de gastos del 2004)? y ¿Cuáles deben ser los canales de compra para relevar los precios de nuestros consumos?


Básicamente podemos hacer mención a que servicios que hoy consideramos “indispensables” -internet móvil y Netflix por citar dos ejemplos- no existían en la encuesta de gastos del 2004 y que los canales de compra de los productos más relevantes de nuestro presupuesto pasaban por autoservicios, supermercados y shoppings. Hoy le agregas con absoluta naturalidad el canal mayorista (se lleva el 30% de la torta de la canasta básica) e irrumpe el comercio electrónico con todas sus fechas fetiche (Hot Sale y Black Friday como emblemas).


Es claro que no hay números mágicos. Esto dicho en el sentido de poder responder a todos los interrogantes solamente por la observación y seguimiento de un índice. Pero estos datos son de vital utilidad para la toma de decisiones. Tanto a nivel macro como en la economía doméstica.


En reiteradas ocasiones hablamos de la necesidad que cada familia determine cuál es “su inflación”. Parece ambicioso y extremo, pero esto te lleva a conocer la naturaleza de tus consumos, tus preferencias, los gastos que controlas y los que no.


Y te corre del tema tan frecuente (e improductivo) de discutir si la inflación que se mide públicamente se asemeja a la tuya o no. Vos cambias y lógicamente cambian tu canasta de gasto. Es una idea clave para poder empezar a administrar seriamente tu dinero. Te doy algunos ejemplos a considerar:


• Educación para tus hijos: ¿pública o privada? No hago referencia a calidad sino a los desembolsos.
• Vivienda: ¿propietario – con o sin hipotecario- o inquilino?
• Salud: ¿medicina prepaga ú obra social sindical?
Tres temas claves que tienen distinto comportamiento en cuanto a precios. A algunos le pegarán los aumentos más de lleno y otros los verán más amortiguados. Conocerán – y quizás hasta valorarán diferente- el esfuerzo que hacen para sostener sus gastos.


Hemos pasado gran parte de nuestra vida negociando salarios que en ocasiones le ganaron a la inflación y en otras (como en el último año) perdieron poder adquisitivo. Para ello consideramos cuánto crecían los precios y cuánto lo hacían los sueldos y jubilaciones. Casi por un momento quisimos creer que era más útil coincidir con los datos estadísticos que asumir nuestros propios números.


Hoy, como ciudadanos-consumidores tomamos conciencia de cuáles son nuestros deberes: armar nuestros gastos, ordenarlos, y someterlos a una evaluación inteligente. Sabremos cómo se comportan y evolucionan sus precios por sobre las discusiones técnicas de muchos gurúes económicos que en ocasiones, contribuyen más a la confusión que a la claridad de tus decisiones cotidianas.


Nicolás González
Contador Público
Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero

martes, 11 de abril, 2017 - 11:15 hs.

Inversiones. Brotes verdes. Inflación. Caída del consumo. Lebac. Dólar atrasado. Tasas positivas. Ahorro. Deuda “barata”. Precios Transparentes pero no tanto. ¿Sigo?


Seguramente muchas de estas cuestiones necesitan para vos una traducción, una mirada más integral. Un entorno que cambia, más rápido de lo que alcanzamos a comprender. Y ante este panorama se plantea si tus decisiones financieras deben adaptarse a los cambios o es mejor perseverar en un camino y no modificar el rumbo.


Las cuestiones que afectarán tu situación personal y familiar están vinculadas a qué decisiones tomes respecto a tus gastos, deudas, ahorros, ingresos. Es cierto que la economía no nos afecta a todos de igual forma (hemos hablado siempre de personalizar nuestra estrategia financiera), pero los ciclos económicos deben darte una referencia general para dirigir tus acciones.


Pensemos en dos escenarios opuestos:


Recesión / estancamiento con inflación:
Los argentinos tenemos una sobrada experiencia en este terreno. Cuando tu empleo está en riesgo, los salarios se ven mermados por la inflación, prima la cautela. Pisar el freno. Es momento de revisar más serenamente tus gastos, eliminar los prescindibles y no aumentar la exposición al riesgo que significa mantener un nivel de consumo que en la mayoría de los casos va acompañado de más deuda. El crédito al consumo facilitado a veces de manera irresponsable es por lo general caro y de compleja resolución cuando la situación se complica. Tarjetas y préstamos personales encabezan la lista de deudas que generan dolores de cabeza a la hora de encarar una reestructuración. Se adquieren con naturalidad y parecen “inocuas” pero generan vulnerabilidad. Esto se agrava en un contexto de riesgo donde tus ingresos pueden verse mermados en todo o en parte. La inflación juega su partido dándote una sensación de mayor disponibilidad, pero es sólo una ilusión. Muy peligrosa. No sólo para los asalariados, sino también para emprendedores y pequeños empresarios.
¿No endeudarse puede ser también una oportunidad para ahorrar? Difícil el tema. Es más probable que trates de no aumentar tu nivel de fragilidad financiera (perdona que insista en este punto), y si tuviste la inteligencia y capacidad de generar una reserva te posicione mejor para atender situaciones imprevistas. Son tiempos de ajustar el cinturón.


Expansión y crecimiento:
Si la economía toma un rumbo positivo y básicamente sostenido en el tiempo, las conductas financieras debieran tomar nota de esto.
Aquí van a aumentar las oportunidades en general y esto se traducirá en mayores chances de empleo y por qué no, mejores remuneraciones. Los emprendimientos también pueden verse favorecidos. Mejora el clima y el optimismo es un valor a considerar.
Entonces empieza a ser factible incrementar los niveles de endeudamiento en monto y plazo (hipotecarios por ejemplo). Tomar crédito es un compromiso cierto a futuro y esto mejora si las expectativas asociadas a tus ingresos son de mejor calidad. No es ningún secreto.
Estas deudas de mayor plazo van a competir con tus deudas de corto asociadas a tu nivel de gasto y consumo. Si decidis sostenerlo, verás crecer cuánto vas a destinar de tus salarios a pagar deudas. Hoy los argentinos estamos en niveles cercanos al 20/25%, pero con mayor presencia de hipotecarios y un poco de “euforia consumista” podemos tranquilamente duplicar. Miralo con serenidad.
Cuando la situación general mejora, como algunos se endeudan para cumplir el sueño de la casa propia, otros encuentran un margen mayor para el ahorro.
Estoy diciendo de establecer objetivos, no de rescatar el dinero que sobra de tus gastos. Porque un riesgo que puede traer la prosperidad es la de creer que todo es posible. Error que puede pagarse caro. Estamos hablando de salarios previsibles y mejor aún, precios en la misma línea. Se ve así facilitada la planificación financiera. Es más fácil concebir y sostener esas decisiones. Sea para reducir tu fragilidad financiera como para ir diseñando, junto a un paquete adecuado de inversiones, un esquema para reforzar tus ingresos para la jubilación.


Argentina intenta salir de un proceso de estancamiento e inflación e iniciar un proceso de crecimiento (3/5% anual) con una evolución de los precios moderada (5% anual).
Seguir una conducta de “piloto automático” o sea, seguir haciendo lo mismo cuando el entorno se modifica puede ser tanto de alto riesgo o de desaprovechamiento de oportunidades.


No saber o no querer tomar nota de los cambios es una actitud negadora de la realidad. La decisión es ser inteligente, no ser tozudo. Algunos dirán que ciertos hábitos conservadores les permitieron sobrevivir en un país volátil, por llamarlo de algún modo. Otros dirán que siempre aparece un salvavidas cuando la crisis afecta a la mayoría. Me permito no compartirlo. Comprender en qué medio te estás moviendo, tu perfil como individuo ante el riesgo, tus fortalezas y debilidades te van a permitir diseñar tu estrategia que sabrá sacar el mejor provecho a cada momento o etapa de tu vida.
Es más difícil, pero no imposible.



Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

lunes, 13 de marzo, 2017 - 11:08 hs.

Creo que nadie duda hoy sobre el rol del Consumo como factor económico, político y social. Y sería bueno que también no separemos esta variable de los estímulos financieros que resultaron indispensables para colocarlo en el sitial que ocupa.


¿Por qué afirmo esto? Porque si observamos la evolución de la deudas que han contraído las familias argentinas podremos corroborar cuál fue su crecimiento, que tipos son los más relevantes y cuáles todavía no representan todo su potencial.


No me voy a detener a plantear si hay deuda “buena o mala” por el destino en sí, confrontando por ejemplo cuotas por un viaje vs. cuotas por un hipotecario. Esta cuestión depende de decisiones individuales y familiares que exceden este artículo. Pero que en un esquema de decisiones financieras no podrá obviarse. Puede sonar contradictorio pero es así.


El Banco Central de la República Argentina (BCRA) publica indicadores que nos muestran cómo se ha ido comportado la deuda de las familias. En este punto me interesa marcar los puntos que debemos considerar de esta información agregada (no necesariamente coincidirá con tu propia “radiografía”) pero marca cierta tendencia, a saber:
1. Una relación clave: ¿Cuánto representan las deudas de tus ingresos anuales?
2. A quien le debés; cuáles son las líneas de crédito que estás empleando.
3. El nivel de cumplimiento y puntualidad de tus pagos.
4. Y como colofón, la pregunta del millón: ¿Cabe más deuda y de qué tipo?
Vamos a mostrarte dos gráficos que a mi criterio son muy interesantes e ilustrativos de la evolución del endeudamiento familiar y su potencial.

Te ayudo a interpretar estos porcentajes:
a. Las familias tienen, en promedio, comprometido por deudas en torno al 20% de sus ingresos. Fijate que habitualmente cuando te califican crediticiamente te ponen un tope del orden del 25%. Primer dato, habría entonces espacio para más deuda.
b. Dentro de las líneas de crédito, más del 80% de lo que debemos se corresponde con tarjetas de crédito y préstamos personales. Consumo puro y duro. Luego algo de prendario y el hipotecario como testimonial, apenas el 1%.
c. Te va a sonar lógico: los sectores de menores ingresos deben más y si pensamos que el financiamiento al consumo es el más caro, podríamos decir que están peor.
d. Al contrario, yendo hacia la punta de la pirámide de ingresos, hay menos deuda y con mayor presencia de lo que hasta ahora podemos llamar objeto de deseo: crédito para la vivienda a largo plazo.
e. Los datos esconden una realidad que no todos conocen: hay deudas fuera del sistema financiero convencional, regulado por el BCRA. Préstamos para aquellos que no tienen un scoring crediticio que supere el Veraz. En sectores de bajos ingresos, o incluso con ingresos irregulares, puede ser la puerta de entrada al sobreendeudamiento.
f. La reaparición, todavía tenue del hipotecario nos lleva a preguntar ¿Cuánta deuda se puede sumar todavía? Las estimaciones pueden llevarlo al orden del 30% del ingreso total familiar. Si hablamos de vivienda única, en los egresos se observará una sustitución: cuota por alquiler. Un cambio patrimonial significativo. Hay margen en general según se observa.


Los argentinos estamos transitando un cambio de modelo económico que se traducirá indefectiblemente en cambio de hábitos, preferencias y decisiones de consumo que darán como resultado una nueva estructura de endeudamiento familiar.


El punto clave será si el crédito hipotecario llegó para convertirse en quien arrastre las decisiones de compra y financiamiento familiar.


Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

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