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jueves 29 de junio del 2017 - T
29 junio 2017 - T

Nicolás González. Titular del ABC de tu dinero.

lunes, 13 de febrero, 2017 - 10:36 hs.
Precios transparentes en el país de la ansiedad

Cuando un concepto o idea es repetido con alta frecuencia, cuando las palabras pierden su valor y el mensaje apunta a facilitar hasta el extremo la consecución de un deseo, todo puede suceder.


Durante años escuchamos hablar de cuotas sin interés. Podías comprar y pagar en cuotas (mensuales) no ya pocas, sino muchas. Al extremo que coincidiendo con el Mundial de Fútbol del 2010 muchos compramos televisores en 50 cuotas mensuales ¡sin interés! Así sucedió que llegó el Mundial del 2014 y todavía seguíamos pagando nuestro TV. ¿Vos te resististe a eso? En un país con inflación crónica, una oferta irresistible.


Ahora cuando se plantea un negocio así, pensá que tiene una contrapartida: si vos ganás mucho otro debe perder. Es de manual, no hay magia. Y si finalmente no es así quiere decir que lo que vos pensaste que pagabas barato, no era tal. Que el precio que te cobraron estaba lo suficientemente inflado como para cubrirse no solo de la inflación sino de algo inevitable: el interés o sea el precio de disponer del dinero.


Preguntale a un chico de 10 años si prefiere que le pagues $1.200 en un solo pago o prefiere cobrarlo en 12 cuotas mensuales de $100. Sin embargo, los adultos lo creímos posible. El tiempo no tenía precio, “sólo se consigue en Argentina”.


Que el programa de Precios Transparentes venga a separar precio de contado del financiado, eliminando la idea de “cuotas sin interés” es un avance. ¿Por qué? Básicamente se blanquean las dos operaciones que vos realizabas: comprar y simultáneamente tomar un préstamo que no podías negociar. Claro que le iba peor a aquel que pagaba en efectivo, débito o en un solo pago el mismo valor (recordemos que cerca del 35% del empleo es en negro sin bancarizar), ya que no podía eludir los costos financieros que estaban metidos en el “único precio”.


Así nos fuimos convirtiendo en tomadores de cuotas, cuantas más mejor. Sólo miramos el valor unitario de la cuota y las fuimos acumulando, con la ilusión de la licuación por la inflación y el paso del tiempo, ignorando los intereses que venían por dentro de las mismas.


Pero en entornos con inflación y falta de competencia, más la habitual picardía comercial, asistimos al siguiente escenario: nuevos precios de contado con poco o nulo descuento y valores financiados que son mayores a los anteriores a la entrada en vigencia de la resolución 51 E/2017, salvo honrosas excepciones.


Argentina ha perdido precios de referencia en casi todos los bienes y servicios. Ha contribuido para ello la inflación, promociones, descuentos, liquidaciones, 2x1 y todas las combinaciones posibles de las que te acuerdes. Y esto hace virtualmente imposible que el consumidor perciba una medida que puede tener buenas intenciones pero… choca con la realidad.


A esto sumale la ausencia de Educación Financiera de gran parte de la población. Si hasta ahora elegías en base al día de la promoción de tu tarjeta o del programa Ahora 12 o 18, por ejemplo y evaluabas si podías pagar la cuota, el eje de tu decisión deberá contemplar otro protagonista: El Costo Financiero Total (CFT), es decir, el verdadero esfuerzo que te demandará la financiación que estás tomando. Y si querés complicarlo un poco más, será el momento de analizar qué tarjeta o préstamo deberás tomar, de qué banco, con todos los costos asociados correspondientes. ¿Ya te cansaste? Puedo garantizarte que se puede comparar a empezar gimnasia. Doloroso y molesto al principio, pero si “entrenas” con frecuencia, tendrás una visión integral de los servicios financieros que usas, su costo y cuál de ellos más te conviene.


Un punto extra que puede afectar la percepción del consumidor, es que las billeteras están vacías. Se cargaron de cuotas que deben pagarse y será difícil ver una explosión de compras al contado. El temor pasa por las dificultades que se tengan para comprender el costo de la financiación y en el apuro, tomar la peor opción.
Algunos datos que es bueno conocer:


• La expectativa de descuento por contado (tomando como base el precio “único” anterior) rondaba el 20/25%. Viene lento, se habla de apenas el 8%.
• Para ello se tomó una base confiable: en el caso de electrodomésticos los comercios venden los créditos que te dan a vos (con tu tarjeta o personales) para hacerse de inmediato del efectivo a un costo del 25/30% anual. Por eso se pensó que te lo iban a trasladar a vos si pagabas en un pago.
• Así y todo, se observa tímidamente, una porción de compras al contado y esto sí, menores cuotas para financiar las compras.
• La Banca pública ha asumido el compromiso de liderar con tasas atractivas y plazos extensos (hasta 50 cuotas otra vez!), la nueva política de financiamiento al consumo. El CFT ofrecido está en el 26%. Alto para mi gusto, cuando se espera que en un par de años inflación anual sea del 5% y las tasas de interés cercanas a ese valor. Vas a contratar una tasa alta por varios años cuando la expectativa es que baje. Mal negocio.


Por eso, la ansiedad es mala consejera. Si podés esperar, mejor. El río está revuelto y ahí nunca ganas vos. Es una buena oportunidad para repensar tus estrategias de compra y financiación. O hasta de ahorro para juntar el dinero necesario para comprar lo que necesitas.
¿Mirá si nos damos cuenta del poder que tenemos como compradores?


Ahora, más que cuotas, paciencia e inteligencia para tus decisiones.


Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

   


Columnas anteriores
lunes, 29 de mayo, 2017 - 09:16 hs.

Nuestra historia como sociedad en la temática inflacionaria nos ha convertido (contra nuestra voluntad) en “expertos”. Muchas décadas conviviendo con este flagelo lo justifican. Junto con ello aparece una cuestión que está íntimamente vinculada a este fenómeno: los índices que mejor reflejan los aumentos de precios de nuestra vida cotidiana. Y aquí se cruzan aspectos técnicos y políticos que me interesa plantear en este artícul


Inflación e indexación fueron siempre de la mano. Esto funcionó así hasta que en el año 1991 en el nacimiento de la Convertibilidad se la prohibió esta última con el argumento que promovía más inflación. Parece que no ha sido así ya que luego tuvimos no solo aumentos, sino explosiones de precios y casi de nuestro país.


Los empresarios se quejan porque no hay ajuste por inflación que provoca que paguen Impuesto a las Ganancias sobre resultados ficticios (también le ha sucedido a los empleados cuando se “congelaron” mínimos no imponibles y deducciones y debieron pagar más y más) y si querés una cuestión más terrenal, los alquileres tienen pactados valores semestrales que implican una estimación de inflación. Si sos inquilino, sabes de qué estoy hablando.


Y tuvimos también nuestra etapa de destrucción de las estadísticas públicas (INDEC) en la última década que provocó descrédito y la aparición de múltiples índices de consultoras privadas, que trataron de mostrar como crecían los precios, con suerte y seriedad diversas.
Hoy el INDEC recupera credibilidad pero todavía seguimos empleando un índice de precios (IPC-GBA) que refleja lo que sucede en la ciudad Autónoma y 24 partidos del Gran Buenos Aires, donde se produjo el mayor congelamiento de tarifas de servicios públicos, peajes y transporte en el período 2003-2015. ? Y ahora que esos precios se reacomodan, causan dolor y cambios en los presupuestos de las familias. Lo concreto es que gastos como los servicios públicos empiezan a “pesar” fuerte en los gastos (entre el 5 y el 7%).


Hay una iniciativa de determinar un IPC Nacional a partir de Julio-17 que tratará de “promediar” las distintas realidades y reflejar mejor al menos dos cuestiones: ¿En qué gastamos los argentinos (todavía usamos una canasta de gastos del 2004)? y ¿Cuáles deben ser los canales de compra para relevar los precios de nuestros consumos?


Básicamente podemos hacer mención a que servicios que hoy consideramos “indispensables” -internet móvil y Netflix por citar dos ejemplos- no existían en la encuesta de gastos del 2004 y que los canales de compra de los productos más relevantes de nuestro presupuesto pasaban por autoservicios, supermercados y shoppings. Hoy le agregas con absoluta naturalidad el canal mayorista (se lleva el 30% de la torta de la canasta básica) e irrumpe el comercio electrónico con todas sus fechas fetiche (Hot Sale y Black Friday como emblemas).


Es claro que no hay números mágicos. Esto dicho en el sentido de poder responder a todos los interrogantes solamente por la observación y seguimiento de un índice. Pero estos datos son de vital utilidad para la toma de decisiones. Tanto a nivel macro como en la economía doméstica.


En reiteradas ocasiones hablamos de la necesidad que cada familia determine cuál es “su inflación”. Parece ambicioso y extremo, pero esto te lleva a conocer la naturaleza de tus consumos, tus preferencias, los gastos que controlas y los que no.


Y te corre del tema tan frecuente (e improductivo) de discutir si la inflación que se mide públicamente se asemeja a la tuya o no. Vos cambias y lógicamente cambian tu canasta de gasto. Es una idea clave para poder empezar a administrar seriamente tu dinero. Te doy algunos ejemplos a considerar:


• Educación para tus hijos: ¿pública o privada? No hago referencia a calidad sino a los desembolsos.
• Vivienda: ¿propietario – con o sin hipotecario- o inquilino?
• Salud: ¿medicina prepaga ú obra social sindical?
Tres temas claves que tienen distinto comportamiento en cuanto a precios. A algunos le pegarán los aumentos más de lleno y otros los verán más amortiguados. Conocerán – y quizás hasta valorarán diferente- el esfuerzo que hacen para sostener sus gastos.


Hemos pasado gran parte de nuestra vida negociando salarios que en ocasiones le ganaron a la inflación y en otras (como en el último año) perdieron poder adquisitivo. Para ello consideramos cuánto crecían los precios y cuánto lo hacían los sueldos y jubilaciones. Casi por un momento quisimos creer que era más útil coincidir con los datos estadísticos que asumir nuestros propios números.


Hoy, como ciudadanos-consumidores tomamos conciencia de cuáles son nuestros deberes: armar nuestros gastos, ordenarlos, y someterlos a una evaluación inteligente. Sabremos cómo se comportan y evolucionan sus precios por sobre las discusiones técnicas de muchos gurúes económicos que en ocasiones, contribuyen más a la confusión que a la claridad de tus decisiones cotidianas.


Nicolás González
Contador Público
Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero

martes, 11 de abril, 2017 - 11:15 hs.

Inversiones. Brotes verdes. Inflación. Caída del consumo. Lebac. Dólar atrasado. Tasas positivas. Ahorro. Deuda “barata”. Precios Transparentes pero no tanto. ¿Sigo?


Seguramente muchas de estas cuestiones necesitan para vos una traducción, una mirada más integral. Un entorno que cambia, más rápido de lo que alcanzamos a comprender. Y ante este panorama se plantea si tus decisiones financieras deben adaptarse a los cambios o es mejor perseverar en un camino y no modificar el rumbo.


Las cuestiones que afectarán tu situación personal y familiar están vinculadas a qué decisiones tomes respecto a tus gastos, deudas, ahorros, ingresos. Es cierto que la economía no nos afecta a todos de igual forma (hemos hablado siempre de personalizar nuestra estrategia financiera), pero los ciclos económicos deben darte una referencia general para dirigir tus acciones.


Pensemos en dos escenarios opuestos:


Recesión / estancamiento con inflación:
Los argentinos tenemos una sobrada experiencia en este terreno. Cuando tu empleo está en riesgo, los salarios se ven mermados por la inflación, prima la cautela. Pisar el freno. Es momento de revisar más serenamente tus gastos, eliminar los prescindibles y no aumentar la exposición al riesgo que significa mantener un nivel de consumo que en la mayoría de los casos va acompañado de más deuda. El crédito al consumo facilitado a veces de manera irresponsable es por lo general caro y de compleja resolución cuando la situación se complica. Tarjetas y préstamos personales encabezan la lista de deudas que generan dolores de cabeza a la hora de encarar una reestructuración. Se adquieren con naturalidad y parecen “inocuas” pero generan vulnerabilidad. Esto se agrava en un contexto de riesgo donde tus ingresos pueden verse mermados en todo o en parte. La inflación juega su partido dándote una sensación de mayor disponibilidad, pero es sólo una ilusión. Muy peligrosa. No sólo para los asalariados, sino también para emprendedores y pequeños empresarios.
¿No endeudarse puede ser también una oportunidad para ahorrar? Difícil el tema. Es más probable que trates de no aumentar tu nivel de fragilidad financiera (perdona que insista en este punto), y si tuviste la inteligencia y capacidad de generar una reserva te posicione mejor para atender situaciones imprevistas. Son tiempos de ajustar el cinturón.


Expansión y crecimiento:
Si la economía toma un rumbo positivo y básicamente sostenido en el tiempo, las conductas financieras debieran tomar nota de esto.
Aquí van a aumentar las oportunidades en general y esto se traducirá en mayores chances de empleo y por qué no, mejores remuneraciones. Los emprendimientos también pueden verse favorecidos. Mejora el clima y el optimismo es un valor a considerar.
Entonces empieza a ser factible incrementar los niveles de endeudamiento en monto y plazo (hipotecarios por ejemplo). Tomar crédito es un compromiso cierto a futuro y esto mejora si las expectativas asociadas a tus ingresos son de mejor calidad. No es ningún secreto.
Estas deudas de mayor plazo van a competir con tus deudas de corto asociadas a tu nivel de gasto y consumo. Si decidis sostenerlo, verás crecer cuánto vas a destinar de tus salarios a pagar deudas. Hoy los argentinos estamos en niveles cercanos al 20/25%, pero con mayor presencia de hipotecarios y un poco de “euforia consumista” podemos tranquilamente duplicar. Miralo con serenidad.
Cuando la situación general mejora, como algunos se endeudan para cumplir el sueño de la casa propia, otros encuentran un margen mayor para el ahorro.
Estoy diciendo de establecer objetivos, no de rescatar el dinero que sobra de tus gastos. Porque un riesgo que puede traer la prosperidad es la de creer que todo es posible. Error que puede pagarse caro. Estamos hablando de salarios previsibles y mejor aún, precios en la misma línea. Se ve así facilitada la planificación financiera. Es más fácil concebir y sostener esas decisiones. Sea para reducir tu fragilidad financiera como para ir diseñando, junto a un paquete adecuado de inversiones, un esquema para reforzar tus ingresos para la jubilación.


Argentina intenta salir de un proceso de estancamiento e inflación e iniciar un proceso de crecimiento (3/5% anual) con una evolución de los precios moderada (5% anual).
Seguir una conducta de “piloto automático” o sea, seguir haciendo lo mismo cuando el entorno se modifica puede ser tanto de alto riesgo o de desaprovechamiento de oportunidades.


No saber o no querer tomar nota de los cambios es una actitud negadora de la realidad. La decisión es ser inteligente, no ser tozudo. Algunos dirán que ciertos hábitos conservadores les permitieron sobrevivir en un país volátil, por llamarlo de algún modo. Otros dirán que siempre aparece un salvavidas cuando la crisis afecta a la mayoría. Me permito no compartirlo. Comprender en qué medio te estás moviendo, tu perfil como individuo ante el riesgo, tus fortalezas y debilidades te van a permitir diseñar tu estrategia que sabrá sacar el mejor provecho a cada momento o etapa de tu vida.
Es más difícil, pero no imposible.



Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

lunes, 13 de marzo, 2017 - 11:08 hs.

Creo que nadie duda hoy sobre el rol del Consumo como factor económico, político y social. Y sería bueno que también no separemos esta variable de los estímulos financieros que resultaron indispensables para colocarlo en el sitial que ocupa.


¿Por qué afirmo esto? Porque si observamos la evolución de la deudas que han contraído las familias argentinas podremos corroborar cuál fue su crecimiento, que tipos son los más relevantes y cuáles todavía no representan todo su potencial.


No me voy a detener a plantear si hay deuda “buena o mala” por el destino en sí, confrontando por ejemplo cuotas por un viaje vs. cuotas por un hipotecario. Esta cuestión depende de decisiones individuales y familiares que exceden este artículo. Pero que en un esquema de decisiones financieras no podrá obviarse. Puede sonar contradictorio pero es así.


El Banco Central de la República Argentina (BCRA) publica indicadores que nos muestran cómo se ha ido comportado la deuda de las familias. En este punto me interesa marcar los puntos que debemos considerar de esta información agregada (no necesariamente coincidirá con tu propia “radiografía”) pero marca cierta tendencia, a saber:
1. Una relación clave: ¿Cuánto representan las deudas de tus ingresos anuales?
2. A quien le debés; cuáles son las líneas de crédito que estás empleando.
3. El nivel de cumplimiento y puntualidad de tus pagos.
4. Y como colofón, la pregunta del millón: ¿Cabe más deuda y de qué tipo?
Vamos a mostrarte dos gráficos que a mi criterio son muy interesantes e ilustrativos de la evolución del endeudamiento familiar y su potencial.

Te ayudo a interpretar estos porcentajes:
a. Las familias tienen, en promedio, comprometido por deudas en torno al 20% de sus ingresos. Fijate que habitualmente cuando te califican crediticiamente te ponen un tope del orden del 25%. Primer dato, habría entonces espacio para más deuda.
b. Dentro de las líneas de crédito, más del 80% de lo que debemos se corresponde con tarjetas de crédito y préstamos personales. Consumo puro y duro. Luego algo de prendario y el hipotecario como testimonial, apenas el 1%.
c. Te va a sonar lógico: los sectores de menores ingresos deben más y si pensamos que el financiamiento al consumo es el más caro, podríamos decir que están peor.
d. Al contrario, yendo hacia la punta de la pirámide de ingresos, hay menos deuda y con mayor presencia de lo que hasta ahora podemos llamar objeto de deseo: crédito para la vivienda a largo plazo.
e. Los datos esconden una realidad que no todos conocen: hay deudas fuera del sistema financiero convencional, regulado por el BCRA. Préstamos para aquellos que no tienen un scoring crediticio que supere el Veraz. En sectores de bajos ingresos, o incluso con ingresos irregulares, puede ser la puerta de entrada al sobreendeudamiento.
f. La reaparición, todavía tenue del hipotecario nos lleva a preguntar ¿Cuánta deuda se puede sumar todavía? Las estimaciones pueden llevarlo al orden del 30% del ingreso total familiar. Si hablamos de vivienda única, en los egresos se observará una sustitución: cuota por alquiler. Un cambio patrimonial significativo. Hay margen en general según se observa.


Los argentinos estamos transitando un cambio de modelo económico que se traducirá indefectiblemente en cambio de hábitos, preferencias y decisiones de consumo que darán como resultado una nueva estructura de endeudamiento familiar.


El punto clave será si el crédito hipotecario llegó para convertirse en quien arrastre las decisiones de compra y financiamiento familiar.


Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

lunes, 23 de enero, 2017 - 11:22 hs.

Tanto en la Facultad a mis alumnos, como en reuniones con empresarios y profesionales, me gusta enfatizar la necesidad de pensar el futuro. Esto se traduce en la construcción de escenarios y para ello es fundamental conocer las variables (básicamente las no controlables por uno) que serán relevantes en el resultado de dichas situaciones proyectadas.


Mayoritariamente pensamos en la inflación, la tasa de interés, la evolución del PBI… si ya lo sé. Omití citar al gran fetiche de nuestra economía: la cotización del dólar. Según la estabilidad de su precio, ocupa el primer o segundo lugar. Sin demasiadas justificaciones técnicas, se ubica en la “pole position”. Y si pensamos en la lógica del ciudadano común, particularmente aquel que cuenta con capacidad de ahorro, sabemos que el argentino privilegia dos activos: dólares y ladrillos. Más o menos lo mismo.


Los invito a pensar juntos que podemos esperar de su evolución durante el 2017, y así mejorar la calidad de nuestras decisiones financieras, abandonando la repetición de conductas pseudo exitosas del pasado.


Durante el 2016, luego de la salida del cepo cambiario, la cotización aumentó un 20,58%. Tuvo por supuesto un comportamiento de meseta (estable) y algunos picos. Nada relevante. Digo esto frente a la evolución de otros activos que pueden ser destino de nuestros ahorros, como Lebacs u otros títulos públicos con renta fija en pesos. O participaciones en fideicomisos financieros, compra de cheques de pago diferido también. El rendimiento de estas inversiones fue superior a la que provino de la mera tenencia de los billetes verdes. Algunos atenuaron esto comprando Letes en dólares que fueron remuneradas con un 3% anual, claramente una mejor decisión al dólar inmóvil.
Pero… durante todo el año, salieron del sistema unos 10.000 millones de dólares. Sólo en Diciembre pasado cerca de un millón de personas compraron por montos menores a 10.000 USD cada uno. Memoria episódica. “Comprar que está barato” podría ser el slogan.
Para el presente año, donde algunos siguen batiendo dramáticamente el atraso del precio del dólar, se espera un crecimiento del mismo en que no superará la inflación y que nuevamente habrá inversiones en pesos que le ganarán. Y algunos se atreven a pronosticar que esto se mantendrá durante dos años más. ¿Por qué? Sin estar totalmente convencido que los precios en general son el resultado de la oferta y la demanda, está claro que son factores claves a la hora de determinar cuánto vale un bien.


Si el programa económico del gobierno funciona en lo relativo a la inflación, la misma irá descendiendo y se espera que la misma sea del 5% para el 2019. Para ello, se buscará fortalecer el peso y una de las herramientas es la tasa de interés que deberá ser positiva en términos reales. Será la señal, el estímulo para desalentar la compra especulativa de dólares. Obvio que para que esto suceda, la economía tiene que mostrar solidez y crecimiento. Y cambios de expectativas.
Volviendo al punto de la oferta y la demanda, tenemos que:


- El ingreso (oferta) de dólares se apoya en tres pilares básicos: exportaciones (muy condicionados a los precios de cereales y oleaginosas), colocación de deuda (para “pagar” lo que vence, financiar obra pública y también los gastos corrientes…) y las ansiadas inversiones extranjeras que no terminan de madurar. Pero se espera se materialicen.
- A esto le debemos agregar lo declarado e ingresado como consecuencia del Blanqueo. Extraordinario e irrepetible. Desafío enorme respecto a cómo estimular su destino eficiente y no meramente especulativo.
- Del lado de la salida (demanda), las importaciones están fuertemente vinculadas al nivel de actividad económica. Los dólares que se deben pagar por deudas son pagados con más deuda, en general. Argentina ofrece tasas de interés mundialmente incomparables. No hay acreedor que se las quiera perder. No hay fuga por ahí.
- ¿Turismo? Si somos caros como país, vendrán menos extranjeros y saldrán más argentinos. Así estamos hoy y seguiremos por unos años.
- Y quedan los ahorristas que contra toda opinión, atesoran. Algunos luego lo vuelcan en propiedades. Son el gran sector a convencer. Básicamente porque toman sus decisiones sobre la base de información incompleta. De escenarios futuros que serán meras repeticiones del pasado. Aún cuando se haya ido Obama y triunfado Trump por ejemplo. ¿Todo será igual? La vida está plagada de ejemplos que demuestran el error de pensar el mañana sin comprender lo que está ocurriendo hoy.


Con una inflación en torno al 20/25% anual, la evolución del dólar durante 2017 no superará el 20% (esto implicaría una cotización durante el año en torno a $18 y cierre de $19). Los rendimientos reales en pesos serán positivos, pero menores. La oferta será suficiente para atender la demanda. Para atender la economía real, productiva. Y la especulativa, que obviamente se mezclan y se nutren mutuamente. Salvo cataclismos. En eso pensamos.


¿Te imaginás un país (en realidad ciudadanos) que no piense en verde?



Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
nicolas.gonzalez@elabcdetudinero.com

lunes, 9 de enero, 2017 - 10:23 hs.

Y finalmente un día sucedió. Lo que había nacido como una opción para endulzar los bolsillos de los argentinos en el año 2001 (Decreto 1387/01) que veían dificultado la disponibilidad de sus ahorros en vísperas al Corralito, llegó a su fin. Chau a la devolución parcial del 5% del IVA por tus compras con Tarjeta de Débito (TD).


Lejos de tratarse exclusivamente de un premio que reducía la carga fiscal de los usuarios de TD, esta medida tendía a:
• Estimular la incipiente bancarización de los trabajadores formales, que comenzaron a cobrar sus sueldos a través de cajas de ahorro y disponían de estos medios de pago electrónicos.
• Aumentar la formalidad de las operaciones comerciales, reduciendo operaciones en negro que eran (lo son) más factibles cuando reina el efectivo.
• En función del punto anterior, mejorar la base de recaudación de impuestos no sólo nacionales, sino también provinciales y municipales.


La medida tuvo aceptación y fue percibida por la población como un beneficio. Y un reconocimiento a su rol como comprador “en regla”. Fue capaz de superar la salida de la convertibilidad, la inflación y se prorrogó hasta el 31 de Diciembre último.


Fue utilizada como herramienta de atracción comercial en diversas publicidades, donde no se aclaraba algo básico: había un monto máximo de compra de $1.000 que nunca se modificó en 15 años y que licuó su potencial. Si tu compra superaba ese límite, tu reembolso era cero. Lo divulgamos ampliamente y vimos que en general no era conocido este punto.


El IVA, el impuesto al gasto o consumo por excelencia, se lo cataloga como un impuesto regresivo. Esto significa que lo pagan por igual tanto ricos como pobres en sus compras.


Así el gobierno, promocionó y sancionó la ley 27.253 que entró en vigencia en Julio/16 donde dispuso el reintegro del 15% de las compras con TD para jubilados de ingresos mínimos y beneficiarios de planes sociales, con un tope de $300 por mes. Buscó así quitarle regresividad al IVA con esta devolución, que está atada a la utilización en las compras con este medio de pago.


El (ex) Ministro Alfonso Prat Gay estimó que el sacrificio fiscal anual rondaría los $25.000 millones. (Fijate más abajo cuánto se calcula devolver). Cuando se conoció que la devolución del 5% no iba a ser prorrogada, el nuevo Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne afirmó que "era un subsidio y no el más eficiente". Y el Director de la AFIP, Alberto Abad agregó “se suspendió para beneficiar a los que menos tienen”. Loable. Y que el nivel de utilización de la TD había crecido mostrando una mejora en la conducta de los usuarios. Chau estímulo.
Si te gustan los números te dejo esta infografía oficial sobre cuánto se incluye realmente en el Presupuesto Nacional sobre estas dos devoluciones (estimados)




Concluyo:
• ¿Si dejamos de usar la TD en nuestras compras (total o parcialmente) en un país donde el efectivo es aún el Rey, no afectará la registración de las operaciones comerciales?
• La estrategia de pedir la factura es loable, pero cansadora. Cuando pagás con la TD, el comercio no tiene otra opción que formalizar.
• Este “subsidio” que se elimina ¿no terminará perjudicando la recaudación global? Jamás lo sabremos a ciencia cierta. Pero me permito creer que caerán las operaciones registradas al no tener el estímulo de la devolución.


La tan mentada Inclusión Financiera (disponibilidad de servicios financieros) está estrechamente asociada a la Educación. Formar a los ciudadanos en el manejo de su dinero, instalando valores positivos (ahorro, previsión, sustentabilidad de sus gastos) y ello implica por qué no, utilizar también incentivos. Tengo la impresión que le sacamos un premio al que estaba utilizando medios de pago electrónicos con mayor frecuencia. Y por otro lado, no educamos a los que les otorgamos la devolución del 15% en sus compras. Contradictorio.
Como sociedad estamos iniciando el camino de tratar como corresponde la Educación Financiera. Un elemento vital en formación ciudadana. Requiere de una visión integral.
A modo de ejemplo es interesante conocer la experiencia de un país vecino, Uruguay.
Cuenta con la ley 19.210 de Inclusión Financiera y la devolución es del 4% (se acaba duplicar) y con tope actualizable. La alícuota general es del 22% y la reducida el 10%, empleando medios de pago electrónicos. Y proceden a la devolución de la totalidad del IVA a los beneficiarios de planes sociales.


http://inclusionfinanciera.mef.gub.uy/18825/15/areas/inclusion-financiera---uruguay.html


Nicolás González
Contador Público Docente Universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
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