13/12/2019
viernes 13 de diciembre del 2019 - T
13 diciembre 2019 - T
martes, 2 de abril, 2019 - 12:18 hs.
El desafío de pensar en un pos Brexit

La primera ministra británica recurre a rápidas soluciones en medio de turbulencias políticas. Es tal la descapitalización de su caudal político, que Theresa May no tuvo reparos en ofrecer su renuncia a cambio de una solución. Después del tercer round que pierden en la disputa parlamentaria británica contra los Tories, el Brexit ha sido rechazado por tercera vez en la cámara baja.


Los límites temporales impuestos para resolver el caos se acortan. El 12 de abril suena como el ultimátum para presentar un nuevo plan y salir decorosamente de la UE. El Brexit "sin acuerdo" sería la catástrofe para Gran Bretaña, pero es la moción mayoritaria dentro del parlamento europeo. La carta que pretenden jugar Gran Bretaña es ganar tiempo con el aplazamiento de la salida de la UE para poder intervenir en las elecciones del Parlamento Europeo a fines del mes de mayo, pero es casi una utopía en un contexto de tensos ánimos.


El cuarto round sería quizás la última oportunidad luego de las tres derrotas anteriores pero con condiciones impuestas por la primera ministra que pueden hacer fracasar esta cuarta consulta, Theresa May no aprobaría la opción de mantener al Reino Unido en una unión aduanera con el bloque porque significaría perder soberanía económica. Por otro lado, los ministros ya pronunciaron sus posturas, algunos en contra de la salida abrupta y otros en contra de la unión aduanera, la opción que puede acercar las partes es la de un nuevo Referéndum.


Los Tories cuentan los días para tener un nuevo líder que reemplace a May, pero la misma se aferra a su cargo aún contra las presiones de sus pares por no haber aceptado en la práctica el “Brexit blando”. En Westminster ya se han votado las ocho propuestas alternativas y han sido rechazadas y aunque las más votadas hayan sido: a) La negociación de una Unión aduanera con la UE b) El Noruega plus, que incluiría a Reino Unido en el mercado único con régimen aduanero negociado con Bruselas c) La convocatoria a un nuevo Referéndum, lo cierto es que tanto los Laboristas como los conservadores tienen sus preferencias, una especie de grieta política al estilo latinoamericana en el parlamento británico. El presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow en las últimas horas ha seleccionada cuatro de las mociones anteriormente expuesta para no llegar a la “Chaotic Brexit” (Ruptura caótica), la cual se pondría en marcha si el Reino Unido no ha ratificado un Acuerdo de Retirada a dos días de que se produzca el Brexit (fecha actual estipulada 12 de abril) el gobierno debería solicitar una nueva prórroga y si esta segunda extensión no se consiguiese un día antes del mismo el gobierno debería cancelar el Brexit es decir: Ruptura caótica.


Brexit sin acuerdo: Ruptura caótica


La paciencia de la Comisión Europea está en su fase terminal y la permanencia de Theresa May en Downing Street también, intentando por todos los medios un Brexit ordenado aunque su carta más esperada es el aplazamiento para que el Reino Unido pueda participar en las elecciones de mayo. Las voces en la UE se alzan para no complicar el clima económico, algunos vaticinan la desaceleración de la eurozona y otros consideran que no tendrá incidencia directa.


Lo cierto es que cada uno de los actores y sobre todo el Banco Central Europeo considera la posibilidad de un Brexit sin acuerdo, el cual significaría la toma de precauciones para evitar la ralentización de la economía por parte de la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento europeo. El hartazgo de la indecisión en Westminster se observa en la emisión de mensajes del presidente y vice-presidente del BCE quienes no tildan de irrelevante la situación pero tampoco le otorgan entidad catastrófica. La intención es minimizar los efectos amplificadores de impactos negativos y lograr encuadrar al mercado en una disminución de la desaceleración económica europea. Constantemente aclaran que la baja rentabilidad de las entidades bancarias en la euro zona responde más a problemas estructurales como por ejemplo la alta competitividad y no a cuestiones específicas, en clara alusión que el Brexit es una de ellas.


¡Mayday! de Theresa May y las posibilidades de un sucesor


Mientras la primera ministra Theresa May, en señal de socorro, acude nuevamente al Parlamento para resolver el divorcio con la UE, cada uno apuesta su juego en la búsqueda del sucesor dentro del Partido Conservador.


Los favoritos varían de acuerdo a los intereses internos y geopolíticos, lobbies de empresas y de aliados estratégicos del Reino Unido. Entre los favoritos se encuentran: Michael Gove, con alta aprobación de sus pares aunque condicionado por su postura xenófoba en la publicación del libro “Celsius 7/7” sobre Terrorismo islámico; Alexander Boris de Pfeffel Johnson, periodista y político quien ha demostrado una postura pendular con respecto a las políticas de TheresaMay y el Brexit, algunos lo consideran como el favorito de Donald Trump; Amber Rudd, conservadora pero con ciertas posturas de izquierda y adepta a un segundo referéndum con respecto al Brexit; Dominic Raab que cuenta con un grupo de ciudadanos que alzan las voces “ReadyforRaab” –Preparados para Raab- es el candidato de las redes sociales y considera como mejor decisión el “Brexit sin acuerdo”; entre los posibles sucesores de la primera ministro hay una extensa lista. Lo cierto es que el Parlamento británico vota por cuarta vez una alternativa al Brexit.


La moción favorita es el “divorcio suave” de UE, la más rechazada es la Unión Aduanera con la UE y la que puede generar alivio es el modelo Noruega + o Mercado común 2.0. Lo concreto es que el Reino Unido depende de la UE en cuanto a sus exportaciones en aproximadamente un 48% mientras que la UE exporta al Reino Unido un 15 % de bienes de algunos de los países integrantes, lo que implica que para la UE la relación comercial con el Reino Unido es relevante en cambio para el Reino Unido la UE es vital.


El pos-Brexit se convertirá en un gran desafío sobre todo para el control de la soberanía económica en un contexto geo-político dónde los gigantes Estados Unidos y China han abierto un lugar importante para la Unión Europea, la pregunta que subyace es si el Reino Unido podrá sostenerse fuera de la voraz geo-economía sin tener que acudir a los brazos lacerantes de su Gran Hermano, los Estaods Unidos de D. Trump. El pedido de socorro de Theresa May trasciende a su figura política, el Reino Unido solapadamente reclama ¡Mayday! ¡Mayday!, intentando generar ese silencio radiofónico para que el centro del salvamento coordine el rescate a un Brexit sin salida.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

   


Columnas anteriores
lunes, 25 de noviembre, 2019 - 10:24 hs.

De norte a sur la región atraviesa una crisis profunda y preocupante. El desquicio social se enfrenta no sólo al poder del estado sino también a los agentes paraestatales que controlan tanto la sociedad civil como también la política. Los agentes a los cuáles hago referencia tienen que ver con todo tipo de crimen organizado con bajo nivel de formalidad que subyacen en la clandestinidad y suelen gobernar desde la ilegalidad, muchas veces con el guiño gubernamental.


En América Central, sobre todo en el triángulo norte: Guatemala, El Salvador y Honduras + México la guerra por el territorio del narcotráfico; trata de personas; venta de armas y otros, ha permeado de manera transversal a toda la sociedad, es casi imposible pensar en la libertad y mucho menos en la paz; dos conceptos devaluados en los actuales tiempos turbulentos. Hasta ahora el poder político actúa como un tentáculo de la violencia en Centroamérica, si bien es compleja y multidimensional no obstante, la corrupción, la incompetencia, la brutalidad y la impunidad actúan como agentes canalizadores de la institucionalización del crimen organizado. El desplazamiento poblacional por efecto del accionar del terrorismo de las pandillas y las maras, es un factor no menos importante. Cuesta creer que las democracias representativas con Repúblicas por defecto en algunos países centroamericanos puedan resolver el flagelo que anida en el núcleo social y estatal.


Trazando un mapa imaginario hacia el sur del continente, la pregunta es ¿qué está sucediendo en la región? Las argumentaciones si bien son variadas, no conforman un abanico tan extenso. Por un lado plantean la crisis sistémica y el hastío social como fundamento principal de las rebeliones que echaron a correr la sangre al río. Este fundamento ha generado innumerables columnas y debates. Quisiera detenerme en otra argumentación, interesante para desglosar y tener en cuenta: “El plan para transformar a América Latina en Medio Oriente”. Más allá de las interpretaciones que pueda surgir en la lectura de la siguiente columna, es necesario detenerse sobre las variables que voy a enfatizar.

Recursos y hegemonía


Hay hechos concretos que desvían nuestra atención en el tablero internacional. El repliegue de los Estados Unidos de la región que siempre le incomodó, Oriente Medio, abre espacios para considerar que la guerra por el petróleo se trasladó a Latinoamérica. El petróleo latinoamericano es el “litio” y el triángulo del litio lo constituyen los países tales como Bolivia-Argentina-Chile y más de la mitad de este elemento químico en el mundo proviene de América Latina. Así como la crisis del petróleo en 1973 gestionó en favor de la consolidación de los gobiernos neo-conservadores de EEUU –Ronald Reagan- y del Reino Unido – Margaret Tatcher – el sistema capitalista liberal mutó en torno a un nuevo liberalismo o neoliberalismo, en la línea del Club de Roma –organización internacional no gubernamental de ideología globalista y de derecha- y la Comisión Trilateral impulsada por David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank con soporte ideológico de Zbigniew Brzezinski –Consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter- cuyos objetivos conformaban un puzzle letal para Latinoamérica: forjar un frente común para cooptar al Tercer Mundo. El frente común hacía referencia exclusivamente a la hegemonía norteamericana con un plan perfectamente diseñado para América Latina que tenía que ver con la desmovilización política, acceso franco a los recursos naturales, gobiernos de las élites, mercados abiertos y Fuerzas Armas emponderadas.


Actualmente estamos frente a una de las grandes crisis del capitalismo contemporáneo con un agravante para los Estados Undiso, ya que no dispone del confort de la hegemonía mundial. La República Popular de China con el mega – proyecto “La ruta de la seda II” lo obliga a replegarse. Oriente Medio queda con la custodia del Estado de Israel, lo cual explica los innumerables anuncios de Donald Trump a favor del país hebreo y en la misma línea transita Jair Bolsonaro, presidente de Brasil.


Religión y diversidad cultural


Las iglesias evangélicas versus iglesias católicas proponen un lado interesante de la grieta latinoamericana. Cuando observamos el gesto iconoclasta de líderes políticos en los balcones levantando la biblia, remite instantáneamente a pensar en ciertos “fundamentalismos” neo-conservadores que representan la idea utilitaria de la fe en tiempos violentos. ¿Cuál fue nuestra reacción cuando observamos a un Mullah presentándose como el Salvador teniendo en su mano el sagrado Corán? Permítanse reflexionar al respecto. La política en sentido estricto ha dejado vacíos reprochables que han sido ocupados por la idea de la salvación en el sentido más fundamentalista y esta categoría conceptual tiene el mismo contenido violento en todo el mundo. La idea de homogeneizar culturalmente a América Latina también es uno de los tantos errores que se sigue cometiendo con Oriente Medio cuando confundimos árabes con musulmanes, y de alguna forma el estado plurinacional de Bolivia conforma ese espacio incómodo de aquellos que profesan la “negación del otro”.


Petróleo por litio, Hegemonía norteamericana, Evangelismo y la Negación a la diversidad cultural son algunas de las directrices que nos ayudan a entender la otra argumentación que existe sobre el porqué de las rebeliones en Latinoamérica. Así como la primavera árabe se constituyó en un proceso desestabilizador de las gerontocracias en el Magreb árabe, la primavera latinoamericana conformará un capítulo interesante en la rebelión de los pueblos contra un supuesto plan diseñado entre las sombras pero con señales perfectamente visibles.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

martes, 12 de noviembre, 2019 - 12:26 hs.

Desde Quito a Santiago de Chile se evidencia el desgaste y el hartazgo de los ciudadanos contra las decisiones e indecisiones de los responsables de la política en sentido estricto. El ahogo económico que se cierne sobre el esfuerzo que han llevado adelante sectores sociales para mantener la confianza y por ende la legitimidad en las promesas gestionadas desde el establishment político, ha encontrado un cauce peligroso por donde ríos de indignación desbordan.


Las protestas comenzaron en la región, lentamente a enardecer los ánimos de quienes se manifiestan, propagándose con virulencia hasta llegar a los extremos de un tipo de sordera fetichista arengada por la propia desconfianza y la inoperancia institucional. La violencia desde arriba, desde el poder en todas sus formas gestiona dudas sobre los tipos de democracias: ¿representativas o participativas? o ¿representativas y participativas?


Para poner en contexto y apelando a la síntesis forzada, el modelo de democracia representativa surge a partir de la Revolución francesa dónde el pueblo delega poder en cada elección a los representantes, transformando la participación de los ciudadanos en una acción indirecta en favor de líderes y élites políticas, en definitiva, un método sin contenidos ni fines. Este paradigma deja expuesta sus debilidades sobre todo cuando las élites políticas no canalizan las necesidades urgentes de nuevos tiempos económicos.


Los politólogos Giovanni Sartori y Robert Dahl irrumpen en la ciencia política contra la idea de la existencia de una única Teoría clásica de la democracia y de manera arquitectónica construyen otros paradigmas que pretenden quebrar la idea binaria de: elites gobernantes y pueblo gobernado. El lugar cedido por los escuetos fundamentos morales de la praxis política actual activa la idea de mayor participación de los “gobernados” en los espacios políticos a través de la deliberación. La tensión entre democracias representativas y participativas puede rastrearse con claridad en las oleadas de descontento que atraviesa la región, destacando específicamente aunque con profundas diferencias a Ecuador; Chile y Bolivia.


Sociedad civil movilizada


Se percibe en la atmosfera una conjunción de desencanto y oportunismo. El desencanto fluye rápido como la lentitud de las decisiones en las esferas gubernamentales. Es allí donde los sistemas colapsan y la admiración atónita de quienes gobiernan los condena a perder la capacidad de reacción. La zona de “confort” es el lugar más placentero pero a la vez peligroso.


La mayoría se pregunta ¿Por qué en Chile? ¿Por qué en Bolivia? Los dos estados de alguna u otra forma son el prototipo del confort y el elixir del poder. Ambos proponen sistemas democráticos representativos aunque uno más participativo que otro. La alternancia de los partidos políticos en el gobierno de la República de Chile es venerada como modelo a seguir, sin embargo, no alcanza ni el ejemplo de convivencia política ni tampoco la prolijidad a la hora de exponer los números macro-económicos. Subyace en la sociedad chilena el hastío por la polarización social y el esquema social dónde la dinámica parece detenida en el tiempo, representando el ideal comteano tan criticado de una sociedad que responde a la estática y dinámica social dentro de un esquema sin posibilidades de cambio.


Los vestigios de leyes pinochetistas han sido funcionales para sostener esa alternancia pacífica y ejemplar de los dos partidos políticos y de dos líderes diferentes pero no tanto como son Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. Los estudiantes marcaron el compás de las protestas para echar a andar la deliberación y sobre todo zamarrear a sus ascendentes para salir a las calles a manifestarse contra la confiscación del futuro. Ya no es suficiente la división horizontal de los poderes ni el control verticalista de los ciudadanos cuando eligen sus candidatos. No alcanza. La zona de confort de los actuales mandatarios en conjunción con la apatía política de una parte de la ciudadanía originaron una especie de muerte súbita de la representatividad –gobierno- y de la participación –ciudadanía-; de dicho letargo las masas reaccionaron con mayor rapidez y efectividad ya que el espacio temporal del distanciamiento y la indiferencia depende del sector social al que pertenezca. Quienes pueden, esperan y quienes no, reaccionan.


La ciencia política y la sociología proponen herramientas para analizar estos fenómenos regionales alejándose de las circunstancias específicas que llevaron tanto a la República de Chile; al Estado plurinacional de Bolivia como a la República del Ecuador a atravesar procesos de movilizaciones sociales violentas. La idea del complot por comandos organizativos para crear un nuevo esquema político y económico en la región, también sobrevuela en el mundillo del análisis político. Quizás se le esté dando mayor trascendencia a los grupos oportunistas que a las fallas de fondo del sistema político.


A Evo Morales no le alcanzó y renunció


Al mandatario del Estado plurinacional no le alcanzó la estructura representativo del estado. Evo Morales prometió y cumplió, es cierto, pero la sobredosis de elixir del poder político y otras cuestiones alentaron al mandatario con mayor imagen de la región a tomar decisiones equívocas dentro de un esquema de democracia más participativas que sus vecinos. La confusión surge cuando se considera la apatía política como un síntoma del descontento y ahí radica el error. La apatía va dirigida a todos los asuntos políticos, el descontento es el sentimiento de valoración que los ciudadanos realizan sobre el desempeño económico de los gobernantes. El mandatario boliviano creyó más en la apatía y consideró el camino allanado para romper con el pacto social que lo llevó a gobernar por tres períodos consecutivos con crecimiento económico sostenido, pero no fue suficiente ni para Evo Morales, sus detractores ni tampoco para aquellos que en su primer gobierno habían sido reivindicados como los movimientos indígenas. El gobierno con democracia participativa se transformó en el modelo de democracia representativa, conformando una élite política narcisista en una zona de confort y creyendo en la apatía más que en la desesperanza. El resultado es un escenario que se complica con la renuncia del presidente por el vacío de poder, la desestructuración y la presión ejercida por las FFAA.


Aunque la altas esferas gubernamentales en Chile y Bolivia tomen nota del hastío social quizás también se repita el esquema y asistamos a otras formas de representación y participación, pero este momento de “Alerta Máxima” en la región con la renuncia de Evo Morales, no es un síntoma halagüeño ni para los pueblos que dejaron la apatía y prefieren el sentimiento de desconfianza ni para la élite política. Con máxima tensión la región se mece en un péndulo con dos matices democráticos: ¿representativa o participativa?


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

martes, 17 de septiembre, 2019 - 11:08 hs.

El ataque con drones yemeníes a las instalaciones saudíes de ARAMCO en Abqaiq y Khurais, en el este del reino saudí, ha determinado una nueva fase de los conflictos no sólo en la península arábiga sino también en el Golfo Pérsico. Si bien la turbulencia en la región comenzó con la retirada de los Estados Unidos del Pacto Nuclear -PAIC- y las sanciones económicas contra la República Islámica de Irán, no obstante es necesario aclarar que los estados que componen tanto la península como el golfo tienen sus propias connotaciones políticas, económicas, sociales y culturales.


Tanto el Reino de Arabia Saudí; como el Reino de Bahréin; Estado de Qatar; Emiratos Árabes Unidos; Estado de Kuwait; el Sultanato de Omán; República de Irak y República Islámica de Irán son estados de regímenes políticos complejos y sería una tarea titánica proponer un análisis minucioso de cada uno de ellos en esta columna. La propuesta es analizar el escenario regional actual a partir del ataque o sabotaje realizado a las instalaciones petroleras saudíes.


El antecedente histórico contemporáneo del aumento estrepitoso del petróleo se produjo en el año 1973, como consecuencia de las guerras árabes-israelíes luego de Yom Kippur, cuando los estados árabes consideraron que las contiendas militares contra el Estado de Israel no les eran favorables, utilizaron su potencial con respecto al recurso más importante para generar la “guerra del petróleo” y como efecto dominó, la crisis económica global de los años 70, que a su vez propuso la configuración y consolidación sistemática del neo – conservadurismo en los Estados Unidos con Ronald Reagan y el Reino Unido de Gran Bretaña con Margaret Thatcher.


En la turbulenta región, que desde la visión europeísta se propone llamar “Oriente Medio”, el petróleo ha sido la moneda de cambio para resolver o profundizar conflictos. En este caso, el aumento del precio del oro negro responde al ataque de drones hutíes yemeníes sobre las instalaciones más importantes del corazón petrolífero saudí.


El Consejo de Shura en Arabia Saudita fue convocado para gestionar resoluciones con respecto al perjuicio económico y a las amenazas hutíes desde Sanna, alegando según el portavoz hutí que “sus manos largas pueden llegar a donde quieran sino detienen su agresión y asedio a Yemen”. Si bien no es una acción aislada sino reiterada, no deja de tensar los conflictos generados desde la salida de los Estados Unidos del PAIC y las reyertas militares en el Estrecho de Ormuz. Esta acción reiterada trata de concentrar mayor conflictividad en una región ecléctica en cuanto a formas de gobiernos y relaciones de vecindad. La situación con respecto a la ruta del petróleo podría derivar en varias interpretaciones.

El Golfo Pérsico no es una región monolítica


En el imaginario colectivo persiste la idea reduccionista de recostar los análisis sobre la variable religiosa, específicamente en el conflicto que sostienen los sunníes contra los chíies, pero la complejidad del mosaico “islam político” requiere otro capítulo. En este caso considero imperiosa la necesidad de aclarar que la guerra no es deseada en la región más allá de los intereses estratégicos entre los saudíes, yemeníes e iraníes.


El Reino de Bahréin y sobre todo el régimen de los Al Jalifa prefieren mantener la calma luego de un extenso proceso de manifestaciones contra la dinastía. El temor a las revueltas y la memoria activa que dejó el proceso de “La primavera árabe” neutraliza cualquier intento de alianza que se presuma “peligrosa” para los intereses propios. La preferencia de Bahréin es mantener lazos con los Estados Unidos y el Reino Unido para frenar las intenciones de derrocamiento y la presión ejercida por el partido de la oposición “La Sociedad Nacional islámica Al Wefaq”. Manama –ciudad capital- se convirtió en el centro operativo de los activistas desde el año 2011, donde las protestas, según el régimen, provienen del ala chiíta gestionados desde Irán. Está claro que tanto el rey como el primer ministro intentan preservar la calma aunque con ejecuciones y la actual situación no es el escenario ideal para la dinastía de los Al – Jalifa.


Con respecto al Estado de Qatar, la situación pendula entre el rencor por la expulsión por parte de Arabia Saudita del Consejo de Cooperación del Golfo y el gran proyecto del mundial de fútbol 2022. La familia Al – Zani y funcionarios emiratí han sido acusados de corrupción en torno a las inversiones millonarias realizadas para los Juegos Asiáticos del año 2006 y la próxima Copa Mundial de Fútbol 2022. El régimen absolutista qatarí no es del agrado de los saudíes y mucho menos de la República árabe de Egipto por las sospechas de los lazos cooperativos entre el régimen de Qatar y la Hermandad Musulmana. Entre bloqueos y sanciones la dinastía Al – Zani ha bajado los decibeles en los enfrentamientos, prefiriendo cooperar para mantener la paz en la región en vistas a los eventos de envergadura mundial. Asimismo el Estado de Kuwait condenó enérgicamente los ataques contra las instalaciones saudíes considerándola en los mismos términos que la dinastía Salman “un acto de sabotaje que atenta contra la seguridad y estabilidad de Arabia Saudí, proveedora de la energía global” La posición de los Al – Sabah no difiere del Sultanato de Oman, ya que persiste la idea de ser mediadores si se profundiza el conflicto entre los Estados Unidos e Irán.


Entre la guerra y la paz


Dentro del Consejo de Cooperación del Golfo reina la división con respecto a la guerra, pero sobre vuela con mayor potencia los resabios de “La primavera árabe”. Los príncipes herederos más importantes del Golfo, Mohamed Bin Salman y Mohamed Bin Zayed tienen posiciones encontradas pero intereses que los aúna. La confrontación contra Irán se ha focalizado hace más de un lustro en Yemen, pero la intromisión de los Estados Unidos en la contienda obligó a recalcular los movimientos de los regímenes de la región. Aunque la inteligencia artificial aporta un capítulo diferente con respecto a los ciber-ataques, el petróleo sigue siendo el recurso que domina los ánimos en el mundo.
El alza del precio del oro negro puede ser visto como un problema pero también como la gran solución para las economías de algunos estados que integran la OPEP; para atosigar a la República de China que requiere del recurso iraní como también para los estados de la Unión Europea que bregan por resolver el conflicto con Irán. Estados Unidos se involucra indirectamente con la nueva versión de la guerra del petróleo en el Golfo Pérsico, una táctica repetida: desde lejos y acercando la chispa detonante.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

sábado, 7 de septiembre, 2019 - 10:34 hs.

Los príncipes herederos más relevantes que generan actualmente notoriedad en el Golfo Pérsico son el príncipe Mohamed Bin Salman de Arabia Saudí y Mohamed Bin Zayed de la Federación de Emiratos Árabes Unidos, se trata de monarquías dinásticas a diferencia de monarquías individuales como Marruecos y Jordania, éstas últimas pivotean su poder conjuntamente con los parlamentos pero sin perder la centralidad.


En las monarquías dinásticas el gobernante es el jefe de familia, su poder se extiende a todo el país a través de una minuciosa red política y social como también un servicio de inteligencia que los mantiene informado de manera eficaz. Lo que permea el tejido sólido de alguna de estas monarquías individuales o dinásticas en el presente siglo, es el ingreso de las tecnologías vía redes sociales, convirtiendo a los jóvenes en vectores importantes de las revueltas enmarcadas en procesos tales como “La Primavera Árabe”.


No es el caso de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, si bien ambos sostienen matizada aversión contra el islamista, los Emiratos Árabes Unidos tienen dedicación exclusiva en la lucha contra los talibanes en Afganistán; los Hutíes y Daesh en Yemen; Al – Shabaab en Somalía; la hermandad musulmana en Libia de M. Morsi en al año 2013 (e/otros) colaborando con los Estados Unidos. En el caso de Arabia Saudí la situación es diferente sobre todo en el apoyo solapado en la guerra en Siria a las fuerzas islamistas.


Retomando el hilo, los príncipes herederos en el Golfo registraron la secuencia negativa de los efectos de las revueltas árabes prestando especial atención en el hastío social de las prácticas arcaicas de los reyes octogenarios, sobre todo en el carácter temporal extenso de sus gobierno en un tejido permeable por pseudo-fidelidades en torno a príncipes menores que se corrompen y ansían mayor autonomía.


Tanto Mohamed Bin Salman como Mohamed Bin Zayed gobiernan entre la legalidad y un manto oscurantista respecto a las formas del arribo al poder político. Si bien existen diferencias notables entre ambos, el hilo conductor que sostiene la lógica de alianza en estas petro-monarquías es el enemigo común: La República Islámica de Irán.


Una versión de la “Guerra fría” en esta región propone a Arabia Saudí de un lado y a Irán del otro, por lo tanto es imprescindible generar un mapa mental de los bloques de estados que se han conformado en torno al conflicto actual en el Golfo Pérsico. Los jeques árabes tienen abultado poder económico y gobiernan con un “yacimiento en cada bolsillo”.


El mando político sólo requiere de formalidades endebles ya que la rigidez está marcada por fuertes tradiciones inapelables. En el caso de los persas, su pasado imperial es la más preciada riqueza, aunque también posean recursos naturales que los hacen potentes en la región, no obstante en medio de la crisis actual, los iraníes están conminados a ser leales a su pasado “entre la guerra y la paz”. En la era global de las comunicaciones, los señores de turbantes blancos representan la antítesis de los líderes de barbas blancas.


El debate quizás es más claro: ¿Petro-monarquías o Líderes nucleares en el Golfo? En la era Trump, es irrefutable, sus aliados del oro negro árabe no constituyen para los norteamericanos el peligro real actual, pero la capacidad nuclear de Teherán como también otros factores persas conforman el puzzle difícil de domeñar para los Estados Unidos.

Arabia Saudita no está sola en el Golfo Pérsico


El príncipe heredero Mohamed Bin Salman en Arabia Saudí y el poder que ostenta en la región se ha convertido no sólo en nombre propio, sino en la referencia de un significante puro a una existencia singular pero con gran sentido de “modernidad” en la geo-política del Golfo Pérsico.


Para Teherán, la cadena no se corta en Riad, existe un eslabón emiratí, refiriéndose a Mohamed Bin Zayed, fortalecido por la mediatización. Las petro-monarquías emprenden una etapa renovadora de herederos aggiornados a la nueva era global pero cuya genética anti-persa los aúna y los fortalece con la anuencia de Donald Trump y bajo la supervisión del mandatario israelí Benjamin Netanyahu.


Ponderar la figura de Mohamed Bin Zayed, comandante supremo adjunto de las Fuerzas Armadas de los Emiratos Árabes Unidos, es una tarea ardua, teniendo en cuenta que su posición como heredero y a la vez jefe de Estado –de facto- surge entre las sombras. Sobre la costa oriental de la península arábiga: Kuwait; Arabia Saudí; Bahrein; Qatar; Emiratos Árabes Unidos y el sultanato de Omán, custodian el ritmo comercial en las aguas del Golfo Pérsico con fuerte presencia del holding emiratí Dubais Port World y de la poderosa fuerza naval estratégica de los iraníes.


La táctica política de los herederos árabes es poner el foco mundial en estos nuevos líderes políticos, con la salvedad que no todos los jeques árabes son adeptos a la exposición, así dicen de Mohamed Bin Zayed. De todas formas no pasa desapercibido, la carrera armamentística de los Emiratos Árabes Unidos aumentó sustancialmente entre los años 2007 al 2018 según SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) dato que plasmó la inclinación bélica de Zayed por el volumen de importación - exportación de armas y municiones otorgándole independencia y relevancia en la región.


Antiguas discordias y nuevos herederos


No siempre fue cordial la relación entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en tiempos del jeque Zayed Bin Nahyan y del rey Fáisal Bin Abdulaziz, el punto de fricción se centraba en la frontera con Qatar –Al Wakrah- en el asentamiento de Khawr al Udayd, zona estratégica de ingreso al Golfo Pérsico como también refugio de piratas. La disputa tuvo punto final en el año 2005 cuando conjuntamente decidieron la política de cooperación en torno a la lucha contra la República Islámica de Irán.


Los Estados Unidos han denominado a los Emiratos Árabes Unidos como “la pequeña Esparta” por la formación militar convirtiéndose en la 2da. Fuerza más importante en “Oriente Próximo”. Las conexiones directas entre Trump y Bin Zayed se robustecieron por las políticas en torno al: Pacto Nuclear; los vetos a las resoluciones del congreso norteamericano que detenían la venta de armas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos; al reporte Robert Mueller sobre la conexión Rusia-Estados Unidos y las luchas contra islamistas ya mencionadas. En el mundo de la política las diferencias quedan veladas cuando el enemigo común acecha.


La tríada Arabia Saudí-Emiratos Árabes Unidos-Estados Unidos tienen un objetivo en común, debilitar el tejido económico iraní. Sin embargo Mohamed Bin Zayed es aliado de la realpolitik y a pesar de tratarse de un conjunto de emiratos de pequeñas dimensiones se ha convertido en un factor regional influyente demostrando su potencial en Yemen en la capacidad de planear y ejecutar la re-captura de Adén.


Con “un yacimiento en cada bolsillo”, los nuevos herederos replican la trama de alianzas y contradicciones del mundo democrático: Donald Trump, adepto a vetar las resoluciones del Congreso, se recuesta en el Reino Unido donde Boris Johnson cierra el Parlamento en medio de turbulencias; en el mundo de las monarquías dinásticas: Mohamed Bin Salman apuesta a la “diplomacia” y a las purgas internas mientras Mohamed Bin Zayed ostenta capacidades militares con altas preferencias a las guerras convencionales dejando entrever la mano que mece la cuna de un posible conflicto bélico directo contra Irán espoleado por los Estados Unidos. Peligro inminente.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

lunes, 19 de agosto, 2019 - 08:18 hs.

Tras la revocación del estatus especial de Cachemira por parte de la República de la India, que reclama todas estas tierras bajo el nombre de Jammu y Cachemira, la zona más militarizada del mundo vuelve a tornarse en una amenaza global por la incorporación de un tercer actor: la República Popular de China.


La titánica guerra comercial emprendida por Donald Trump y Xi Jinping, abre diferentes escenarios que vigorizan conflictos históricos. Entre ambas repúblicas -India y Pakistán- la tensión no es sólo por Cachemira,


Pakistán cedió en 1963 a China la región de Gilgit-Baltistán, convirtiéndose en una ruta central de conectividad en la nueva Ruta de la Seda en el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC).


La administración de Narendra Modi efectivizó una de las promesas en campaña con las que ganó holgadamente las elecciones 2019: eliminar los privilegios constitucionales de Jammu y Cachemira, único Estado indio con mayoría musulmana en la frontera con Pakistán.


Según mapas coloniales británicos, Aksai Chin fueron ocupados por China a finales de la década de 1950, el mapa que muestra la región cedida por China a Pakistán la cual fue reintegrada nuevamente por China en un insólito y secreto acuerdo con Pakistán.


La delgada línea de control


En la “Línea de Control” en Jammu y Cachemira, frontera militar entre la India y Pakistán de más de 700 km de largo y legado de la guerra de 1971 indo-pakistaní, crece la tensión. En los distintos puntos de LoC (Line of Control) se llevan a cabo enfrentamientos militares entre los dos estados aún cuando se presume que el mismo atenuaría la intensidad con la mediación internacional. El histórico conflicto entre la República de la India y la República Islámica de Pakistán en el mes de Mayo fue el epicentro de los ataques realizados por militantes pertenecientes al “Ejército de Mahoma” Jalish e Mohammad en Pulwana (territorio indio); en respuesta a los referidos ataques, la IAF (Fuerzas Aéreas Indias) embiste el campamento Balakot en la LoC.


A pesar de los intentos de Nueva Delhi de aislar diplomáticamente a Islamabad, la situación reavivó los rencores históricos entre indios y pakistaníes por el control de Jammu y Cachemira. Es importante tener en cuenta que no sólo se trata de los dos estados mencionados con importante potencial nuclear, si no también la presencia en la escena de la República Popular de China como otro actor subliminal que desanima la idea de una resolución vertiginosa. Es preciso destacar que el actual conflicto estalla por escaramuzas del JeM (Ejército de Mahoma), pero la región es eruptiva por la presencia de los talibanes en la frontera Afganistán - Pakistán como también por minorías separatistas musulmanas que habitan en la región autónoma Uigur (Xijiang) en el Noreste de China.


Es significativo destacar que la región de Cachemira limita con India, Pakistán y China, poseyendo una población aproximada de 13 millones de habitantes cuya mayoría profesa la religión musulmana. Actualmente la zona está dividida entre los tres estados mencionados: Pakistán controla los territorios del Norte y Azad Kashmir (región noroccidental), India ocupa las zonas centrales y meridionales (Jammu y Cachemira) y China controla la región nororiental (Aksai Chin y el Valle de Shaksgam). En términos porcentuales India controla casi el 50% del territorio, 37% Pakistán y el resto es supervisado por la República Popular de China.


Más allá de las tres guerras libradas por India y Pakistán en 1947, 1965 y 1999 también es preciso señalar la guerra entre China e India en 1962 por diferencias en la demarcación de fronteras. El conflicto que nace de las entrañas de la guerra fría y el proceso de descolonización británica en Asia parte de arcaicos resentimientos entre el Reino de Dogra o Maharajá, la colonización británica en Asia y el proceso independentista luego de la Segunda Guerra mundial. Además de la variable política es ineludible destacar el aspecto geográfico de la región en cuestión, ya que la región de Jammu y Cachemira es una de las más escarpadas del mundo por las cadenas montañosas de Pamir e Indu Kush, que conectan directamente con el Himalaya; como también la de Karakoram y Jir Panjal, donde las alturas rondan en los 28 mil pies (8.400 metros), lo que explica el aislamiento, incomunicación y diferencias culturales. Debido a ser un territorio tan escarpado el recurso hídrico torna a la región importante por el control de los ríos: Indo, Jhelum, Chenab, Rabi,Sutlej y Beas. La dependencia económica agrícola de Pakistán genera la necesidad de contar con el recurso hídrico, indispensable para el desarrollo de su economía a pesar de los numerosos tratados firmados que garantizan el equilibrio del dominio hídrico en la región.


Pasado y presente ¿Qué representa territorialmente Cachemira?


Generalmente cuando referenciamos a Cachemira se tiene en cuenta sólo el Valle de Cachemira, pero el conflicto incluye otras regiones no menos importantes, como la región del Poonch y el estado autónomo de Azhad Kashmir; las áreas del norte en Gilgit y Baltistán y la región budista de Ladakh. Estas áreas estuvieron controladas por el imperio Mongol en el S. XVI, luego invadida por los afganos entre 1726-1819 cuyo jefe fue el Sij Ranjit Singh para convertirse en territorio cedido por los británicos a principios del siglo XIX a la dinastía de los Marajá o Maharajá (rey) Singh.


El primer Marajá de Cachemira fue Gulab Singh, quien “recibió” de los británicos la región de Jammu y Cachemira en 1857. El Imperio Británico concede el control de esta región a la dinastía Singh basándose en intereses estratégicos que tenían que ver con el temor de la infiltración comunista de rusos y chinos en plena guerra fría, aunque muy seguros la lealtad de los Singh para proseguir con la dominación británica en el resto de Asia. Es conveniente analizar también que el verdadero potencial geo-económico lo constituían las dos rutas comerciales más importantes ubicadas en la cadena montañosa de Karakoram; esas rutas eran Ladakh y Gilgit que fueron repartidas entre India y Pakistán después de 1947, quedando Ladakh para India y Gilgit para Pakistán. Eestas rutas comerciales eran muy importantes por el acceso a la región autónoma del Tibet y a la República Federal Democrática de Nepal. Finalizado el dominio británico en 1947, sobrevolaba la Teoría de las Dos Naciones: “Unión de la India y Dominio de Pakistán”, pero la separación religiosa entre musulmanes e hindúes demostrarían la imposibilidad de coexistencia de las dos naciones.


La región de Cachemira era gobernada por el Marajá Hari Singh en 1947 quien en el contexto de una revuelta pakistaní prefirió la ayuda militar de la India firmando a cambio un instrumento de adhesión de Cachemira a la India, estallando la guerra automáticamente. Dejaremos de lado en esta columna el conflicto limítrofe entre India y China en 1962, pero sí consideremos como relevante, que por consecuencia de la misma el año 1971 determinó la creación del Estado Independiente de Bangladesh y la firma del Acuerdo de Simla.

Fuera de control y el temor nuclear


Tanto India como Pakistán cuentan con un arsenal de ojivas nucleares importantes que los ubica entre el 6to y 7mo lugar con 130 a 140 ojivas nucleares (variando según fuentes) entre los diez países más importantes del mundo. Ambos estados ejercen estrategia de disuasión; por un lado Pakistán considera indispensable invertir en armamento nuclear debido a la asimetría en número de militares con respecto a la República de la India, y por otro lado India evalúa el peligro que significaría si los grupos radicalizados Jalish e Mohammad; Tehrik e Taliban Pakistán (TTP) y Al-Qaeda se apoderasen del armamento nuclear de Pakistán.


Entre las armas nucleares de Islamabad y Nueva Delhi también debe considerarse el potencial nuclear de Beijing. Sin embargo el verdadero problema radica en la comunidad internacional, que si bien acuerdan en acercar la partes, en general las relaciones internacionales de las potencias más importantes se encuentran enredadas en sus propios conflictos, por lo tanto como sucedió en otras oportunidades la resolución de esta disputa tiene su propio límite y es el temor a la escalada nuclear en la Línea de control donde Pakistán e India se hallan fuera de control.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

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