24/10/2019
jueves 24 de octubre del 2019 - T
24 octubre 2019 - T
viernes, 4 de enero, 2019 - 09:55 hs.
Llegó Bolsonaro y Brasil espera

Con un discurso contundente y plagado de conceptos utilizados en los epígrafes de los medios de comunicación, Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal, llegó al poder abriendo un espacio importante a la ultra-derecha en la región. Cuestionado desde lo ideológico por propuestas que van en contra de la tolerancia, el presidente brasileño plantea un escenario interesante para analizar más allá de los cuestionamientos que ha ido gestando desde el primer día de su aparición en la campaña presidencial. Bolsonaro arriba al poder político con contundente legitimidad con el objetivo de luchar contra la violencia sistemática en las calles y la corrupción enquistada, el 56 % del electorado ha considerado indispensable capitalizar las esperanzas de solución a estos problemas sobre el ex capitán del ejército y diputado que prometió erradicar la violencia física aunque con violencia verbal a través de sus discursos, en un país considerado como uno de los más peligrosos del planeta. Dicha violencia verbal es el peligro que radica en este tipo mensajes intolerantes que se gestan desde arriba –estructura política- cayendo como efecto cascada hacia la sociedad civil contra las diferencias de clases, identidades colectivas y otros. Jair Bolsonaro se transforma en un “líder delegativo” citando al politólogo Guillermo O’Donnel sobre la base del concepto de Democracias delegativas dónde los líderes suelen surgir de crisis profundas y dónde la alta popularidad les otorga la creencia de tener el derecho y la obligación de ser condescendientes con el electorado que les otorgó el “poder absoluto” por un lapso, todo control institucional sobre su investidura será interpretado como sumisión y una traba innecesaria para su gestión. En el caso del presidente brasileño, uno de los bastiones más poderosos en la institucionalidad es el poder militar de cuyas filas proviene, el cual no sería un escollo sino el brazo armado de la política brasileña. El otro flanco, es la justicia, Sergio Moro como ministro de Justicia allana y alivia en la lucha contra la corrupción transformándose en el ícono del electorado de J. Bolsonaro. El líder delegativo en la teoría de Guillermo O’ Donnel cree en la investidura del todo poderoso y no negocia su poder ni tampoco construye alianzas con ningún espacio político porque renunciaría a su esencia delegativa, en el caso del mandatario brasileño teniendo en cuenta el caudal político con el que cuenta y el gabinete que formó genera una atmósfera despejada para las prioritarias promesas de su campaña.


El odio y la ansiedad exacerbada


Recién asume J. Bolsonaro y aunque las editoriales hayan sido contundentes con sus titulares no siempre todo lo que proponen en sus retóricas discursivas los presidentes se efectivizan. Habrá que esperar y observar las acciones despojados de la ansiedad que puede obnubilar cualquier análisis con intenciones objetivas. Es tan contundente su perfil ideológico como su origen político y militar, pero la República Federativa de Brasil ha dado muestras de la facultad de poder torcer cualquier destino, no es necesario ahondar en este aspecto. Brasil incluye en su bandera el concepto de progreso y es ineludible a cualquier presidente que quiera mantenerse en el cargo, a quien presida el ejecutivo de la potencia regional se le exige mucho más porque se trata de una economía que extiende tentáculos por todo el planeta, de hecho el principal socio comercial es La República Popular de China y otros socios como la Unión Europea, Países de la Liga Árabe, Países que integran el Mercosur y tantos otros, esperarán signos visibles de proteccionismo o multilateralismo. La confianza empresarial se basa en una buena parte en algunos índices positivos que propone la economía brasileña a la hora de asumir Bolsonaro (datos aproximados) 2,5 % crecimiento del PBI; 4,2 % de Inflación anual y 6,5 % de tasas de interés entre otros, sumado al trabajo fino realizado por Michel Temer en lo que respecta a la Reforma Laboral, el escenario para el nuevo mandatario es alentador si tuviéramos que compararlo con las economías de otros estados de la región, a pesar del déficit fiscal que arrastra el estado brasileño. Reflexionemos: Si las ideologías a la hora de cerrar acuerdos tuvieran contundencia, nos deberíamos preguntar ¿Cómo permaneció impoluta la figura de Evo Morales en la asunción de J. Bolsonaro cuando éste arremetía contra el socialismo? La respuesta es indefectiblemente económica: Evo Morales firmó hace 15 días acuerdos comerciales en la venta de gas y urea para lograr potenciar a YPFB (Yacimiento Petrolíferos Fiscales Bolivianos) de mayor competitividad energética a través de convenios con la Empresa Camacari RJ e Hinove Agrociencia S.A. mediante el suministro boliviano de gas natural a la planta termoeléctrica “Usina” en Brasil, este acuerdo también incluye la transferencia de tecnología de Brasil hacia Bolivia. Por alguna razón el Estado Plurinacional de Bolivia ocupa el primer lugar en las proyecciones de crecimiento económico en Sudamérica con el 4,2 % por sobre Paraguay y Perú. Como colofón al odio ideológico de Bolsonaro contra el socialismo, Evo Morales tuvo un gesto políticamente correcto y para comprender la necesidad de ser cautelosos al analizar el futuro de Brasil, en el segundo día de su mandato el presidente brasileño morigeró su intenciones de ir contra el Mercosur proponiendo al socio comercial más importante de la región, Argentina, caminar juntos. Habida cuenta que el odio ideológico sella las intenciones del mandatario brasileño es cierto también que la ansiedad por generar columnas periodísticas proponen algunas vetas futuristas que pueden velar la seriedad en la propia pluma.


Estar atentos


Sí, es preocupante el extremismo discursivo porque en definitiva atenta contra el valor intrínseco de las democracias representativas. Las minorías fueron de alguna forma ultrajadas con la palabra y eso alarma e intimida cuando Jair Bolsonaro expresó en su discurso “Me coloco ante vosotros el día que el pueblo empezó a liberarse del socialismo, de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de lo políticamente correcto” el 56 % de los votantes en 2da vuelta aplaude este contundente mensaje, pero ¿es posible construir espacios de libertad cuando propone una lucha despiadada contra la opción histórica del Liberalismo: el Socialismo? ¿Es posible considerar la inversión de valores cuando apela a la pena de muerte y armar a la ciudadanía? Esta forma impiadosa de coquetear los extremos autoritarios genera ansiedad, es cierto, pero es preciso ser cautelosos, la daga se incrusto en el cuerpo de Jair Bolsonaro, esa daga representa el símbolo del engendro del odio de un militante del PT y para el odio político no hay antídoto sobre todo cuando atraviesa el orgullo de un ex militar que hoy se ha transformado en el presidente de la República Federativa de Brasil.

   


Columnas anteriores
martes, 17 de septiembre, 2019 - 11:08 hs.

El ataque con drones yemeníes a las instalaciones saudíes de ARAMCO en Abqaiq y Khurais, en el este del reino saudí, ha determinado una nueva fase de los conflictos no sólo en la península arábiga sino también en el Golfo Pérsico. Si bien la turbulencia en la región comenzó con la retirada de los Estados Unidos del Pacto Nuclear -PAIC- y las sanciones económicas contra la República Islámica de Irán, no obstante es necesario aclarar que los estados que componen tanto la península como el golfo tienen sus propias connotaciones políticas, económicas, sociales y culturales.


Tanto el Reino de Arabia Saudí; como el Reino de Bahréin; Estado de Qatar; Emiratos Árabes Unidos; Estado de Kuwait; el Sultanato de Omán; República de Irak y República Islámica de Irán son estados de regímenes políticos complejos y sería una tarea titánica proponer un análisis minucioso de cada uno de ellos en esta columna. La propuesta es analizar el escenario regional actual a partir del ataque o sabotaje realizado a las instalaciones petroleras saudíes.


El antecedente histórico contemporáneo del aumento estrepitoso del petróleo se produjo en el año 1973, como consecuencia de las guerras árabes-israelíes luego de Yom Kippur, cuando los estados árabes consideraron que las contiendas militares contra el Estado de Israel no les eran favorables, utilizaron su potencial con respecto al recurso más importante para generar la “guerra del petróleo” y como efecto dominó, la crisis económica global de los años 70, que a su vez propuso la configuración y consolidación sistemática del neo – conservadurismo en los Estados Unidos con Ronald Reagan y el Reino Unido de Gran Bretaña con Margaret Thatcher.


En la turbulenta región, que desde la visión europeísta se propone llamar “Oriente Medio”, el petróleo ha sido la moneda de cambio para resolver o profundizar conflictos. En este caso, el aumento del precio del oro negro responde al ataque de drones hutíes yemeníes sobre las instalaciones más importantes del corazón petrolífero saudí.


El Consejo de Shura en Arabia Saudita fue convocado para gestionar resoluciones con respecto al perjuicio económico y a las amenazas hutíes desde Sanna, alegando según el portavoz hutí que “sus manos largas pueden llegar a donde quieran sino detienen su agresión y asedio a Yemen”. Si bien no es una acción aislada sino reiterada, no deja de tensar los conflictos generados desde la salida de los Estados Unidos del PAIC y las reyertas militares en el Estrecho de Ormuz. Esta acción reiterada trata de concentrar mayor conflictividad en una región ecléctica en cuanto a formas de gobiernos y relaciones de vecindad. La situación con respecto a la ruta del petróleo podría derivar en varias interpretaciones.

El Golfo Pérsico no es una región monolítica


En el imaginario colectivo persiste la idea reduccionista de recostar los análisis sobre la variable religiosa, específicamente en el conflicto que sostienen los sunníes contra los chíies, pero la complejidad del mosaico “islam político” requiere otro capítulo. En este caso considero imperiosa la necesidad de aclarar que la guerra no es deseada en la región más allá de los intereses estratégicos entre los saudíes, yemeníes e iraníes.


El Reino de Bahréin y sobre todo el régimen de los Al Jalifa prefieren mantener la calma luego de un extenso proceso de manifestaciones contra la dinastía. El temor a las revueltas y la memoria activa que dejó el proceso de “La primavera árabe” neutraliza cualquier intento de alianza que se presuma “peligrosa” para los intereses propios. La preferencia de Bahréin es mantener lazos con los Estados Unidos y el Reino Unido para frenar las intenciones de derrocamiento y la presión ejercida por el partido de la oposición “La Sociedad Nacional islámica Al Wefaq”. Manama –ciudad capital- se convirtió en el centro operativo de los activistas desde el año 2011, donde las protestas, según el régimen, provienen del ala chiíta gestionados desde Irán. Está claro que tanto el rey como el primer ministro intentan preservar la calma aunque con ejecuciones y la actual situación no es el escenario ideal para la dinastía de los Al – Jalifa.


Con respecto al Estado de Qatar, la situación pendula entre el rencor por la expulsión por parte de Arabia Saudita del Consejo de Cooperación del Golfo y el gran proyecto del mundial de fútbol 2022. La familia Al – Zani y funcionarios emiratí han sido acusados de corrupción en torno a las inversiones millonarias realizadas para los Juegos Asiáticos del año 2006 y la próxima Copa Mundial de Fútbol 2022. El régimen absolutista qatarí no es del agrado de los saudíes y mucho menos de la República árabe de Egipto por las sospechas de los lazos cooperativos entre el régimen de Qatar y la Hermandad Musulmana. Entre bloqueos y sanciones la dinastía Al – Zani ha bajado los decibeles en los enfrentamientos, prefiriendo cooperar para mantener la paz en la región en vistas a los eventos de envergadura mundial. Asimismo el Estado de Kuwait condenó enérgicamente los ataques contra las instalaciones saudíes considerándola en los mismos términos que la dinastía Salman “un acto de sabotaje que atenta contra la seguridad y estabilidad de Arabia Saudí, proveedora de la energía global” La posición de los Al – Sabah no difiere del Sultanato de Oman, ya que persiste la idea de ser mediadores si se profundiza el conflicto entre los Estados Unidos e Irán.


Entre la guerra y la paz


Dentro del Consejo de Cooperación del Golfo reina la división con respecto a la guerra, pero sobre vuela con mayor potencia los resabios de “La primavera árabe”. Los príncipes herederos más importantes del Golfo, Mohamed Bin Salman y Mohamed Bin Zayed tienen posiciones encontradas pero intereses que los aúna. La confrontación contra Irán se ha focalizado hace más de un lustro en Yemen, pero la intromisión de los Estados Unidos en la contienda obligó a recalcular los movimientos de los regímenes de la región. Aunque la inteligencia artificial aporta un capítulo diferente con respecto a los ciber-ataques, el petróleo sigue siendo el recurso que domina los ánimos en el mundo.
El alza del precio del oro negro puede ser visto como un problema pero también como la gran solución para las economías de algunos estados que integran la OPEP; para atosigar a la República de China que requiere del recurso iraní como también para los estados de la Unión Europea que bregan por resolver el conflicto con Irán. Estados Unidos se involucra indirectamente con la nueva versión de la guerra del petróleo en el Golfo Pérsico, una táctica repetida: desde lejos y acercando la chispa detonante.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

sábado, 7 de septiembre, 2019 - 10:34 hs.

Los príncipes herederos más relevantes que generan actualmente notoriedad en el Golfo Pérsico son el príncipe Mohamed Bin Salman de Arabia Saudí y Mohamed Bin Zayed de la Federación de Emiratos Árabes Unidos, se trata de monarquías dinásticas a diferencia de monarquías individuales como Marruecos y Jordania, éstas últimas pivotean su poder conjuntamente con los parlamentos pero sin perder la centralidad.


En las monarquías dinásticas el gobernante es el jefe de familia, su poder se extiende a todo el país a través de una minuciosa red política y social como también un servicio de inteligencia que los mantiene informado de manera eficaz. Lo que permea el tejido sólido de alguna de estas monarquías individuales o dinásticas en el presente siglo, es el ingreso de las tecnologías vía redes sociales, convirtiendo a los jóvenes en vectores importantes de las revueltas enmarcadas en procesos tales como “La Primavera Árabe”.


No es el caso de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, si bien ambos sostienen matizada aversión contra el islamista, los Emiratos Árabes Unidos tienen dedicación exclusiva en la lucha contra los talibanes en Afganistán; los Hutíes y Daesh en Yemen; Al – Shabaab en Somalía; la hermandad musulmana en Libia de M. Morsi en al año 2013 (e/otros) colaborando con los Estados Unidos. En el caso de Arabia Saudí la situación es diferente sobre todo en el apoyo solapado en la guerra en Siria a las fuerzas islamistas.


Retomando el hilo, los príncipes herederos en el Golfo registraron la secuencia negativa de los efectos de las revueltas árabes prestando especial atención en el hastío social de las prácticas arcaicas de los reyes octogenarios, sobre todo en el carácter temporal extenso de sus gobierno en un tejido permeable por pseudo-fidelidades en torno a príncipes menores que se corrompen y ansían mayor autonomía.


Tanto Mohamed Bin Salman como Mohamed Bin Zayed gobiernan entre la legalidad y un manto oscurantista respecto a las formas del arribo al poder político. Si bien existen diferencias notables entre ambos, el hilo conductor que sostiene la lógica de alianza en estas petro-monarquías es el enemigo común: La República Islámica de Irán.


Una versión de la “Guerra fría” en esta región propone a Arabia Saudí de un lado y a Irán del otro, por lo tanto es imprescindible generar un mapa mental de los bloques de estados que se han conformado en torno al conflicto actual en el Golfo Pérsico. Los jeques árabes tienen abultado poder económico y gobiernan con un “yacimiento en cada bolsillo”.


El mando político sólo requiere de formalidades endebles ya que la rigidez está marcada por fuertes tradiciones inapelables. En el caso de los persas, su pasado imperial es la más preciada riqueza, aunque también posean recursos naturales que los hacen potentes en la región, no obstante en medio de la crisis actual, los iraníes están conminados a ser leales a su pasado “entre la guerra y la paz”. En la era global de las comunicaciones, los señores de turbantes blancos representan la antítesis de los líderes de barbas blancas.


El debate quizás es más claro: ¿Petro-monarquías o Líderes nucleares en el Golfo? En la era Trump, es irrefutable, sus aliados del oro negro árabe no constituyen para los norteamericanos el peligro real actual, pero la capacidad nuclear de Teherán como también otros factores persas conforman el puzzle difícil de domeñar para los Estados Unidos.

Arabia Saudita no está sola en el Golfo Pérsico


El príncipe heredero Mohamed Bin Salman en Arabia Saudí y el poder que ostenta en la región se ha convertido no sólo en nombre propio, sino en la referencia de un significante puro a una existencia singular pero con gran sentido de “modernidad” en la geo-política del Golfo Pérsico.


Para Teherán, la cadena no se corta en Riad, existe un eslabón emiratí, refiriéndose a Mohamed Bin Zayed, fortalecido por la mediatización. Las petro-monarquías emprenden una etapa renovadora de herederos aggiornados a la nueva era global pero cuya genética anti-persa los aúna y los fortalece con la anuencia de Donald Trump y bajo la supervisión del mandatario israelí Benjamin Netanyahu.


Ponderar la figura de Mohamed Bin Zayed, comandante supremo adjunto de las Fuerzas Armadas de los Emiratos Árabes Unidos, es una tarea ardua, teniendo en cuenta que su posición como heredero y a la vez jefe de Estado –de facto- surge entre las sombras. Sobre la costa oriental de la península arábiga: Kuwait; Arabia Saudí; Bahrein; Qatar; Emiratos Árabes Unidos y el sultanato de Omán, custodian el ritmo comercial en las aguas del Golfo Pérsico con fuerte presencia del holding emiratí Dubais Port World y de la poderosa fuerza naval estratégica de los iraníes.


La táctica política de los herederos árabes es poner el foco mundial en estos nuevos líderes políticos, con la salvedad que no todos los jeques árabes son adeptos a la exposición, así dicen de Mohamed Bin Zayed. De todas formas no pasa desapercibido, la carrera armamentística de los Emiratos Árabes Unidos aumentó sustancialmente entre los años 2007 al 2018 según SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo) dato que plasmó la inclinación bélica de Zayed por el volumen de importación - exportación de armas y municiones otorgándole independencia y relevancia en la región.


Antiguas discordias y nuevos herederos


No siempre fue cordial la relación entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en tiempos del jeque Zayed Bin Nahyan y del rey Fáisal Bin Abdulaziz, el punto de fricción se centraba en la frontera con Qatar –Al Wakrah- en el asentamiento de Khawr al Udayd, zona estratégica de ingreso al Golfo Pérsico como también refugio de piratas. La disputa tuvo punto final en el año 2005 cuando conjuntamente decidieron la política de cooperación en torno a la lucha contra la República Islámica de Irán.


Los Estados Unidos han denominado a los Emiratos Árabes Unidos como “la pequeña Esparta” por la formación militar convirtiéndose en la 2da. Fuerza más importante en “Oriente Próximo”. Las conexiones directas entre Trump y Bin Zayed se robustecieron por las políticas en torno al: Pacto Nuclear; los vetos a las resoluciones del congreso norteamericano que detenían la venta de armas a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos; al reporte Robert Mueller sobre la conexión Rusia-Estados Unidos y las luchas contra islamistas ya mencionadas. En el mundo de la política las diferencias quedan veladas cuando el enemigo común acecha.


La tríada Arabia Saudí-Emiratos Árabes Unidos-Estados Unidos tienen un objetivo en común, debilitar el tejido económico iraní. Sin embargo Mohamed Bin Zayed es aliado de la realpolitik y a pesar de tratarse de un conjunto de emiratos de pequeñas dimensiones se ha convertido en un factor regional influyente demostrando su potencial en Yemen en la capacidad de planear y ejecutar la re-captura de Adén.


Con “un yacimiento en cada bolsillo”, los nuevos herederos replican la trama de alianzas y contradicciones del mundo democrático: Donald Trump, adepto a vetar las resoluciones del Congreso, se recuesta en el Reino Unido donde Boris Johnson cierra el Parlamento en medio de turbulencias; en el mundo de las monarquías dinásticas: Mohamed Bin Salman apuesta a la “diplomacia” y a las purgas internas mientras Mohamed Bin Zayed ostenta capacidades militares con altas preferencias a las guerras convencionales dejando entrever la mano que mece la cuna de un posible conflicto bélico directo contra Irán espoleado por los Estados Unidos. Peligro inminente.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

lunes, 19 de agosto, 2019 - 08:18 hs.

Tras la revocación del estatus especial de Cachemira por parte de la República de la India, que reclama todas estas tierras bajo el nombre de Jammu y Cachemira, la zona más militarizada del mundo vuelve a tornarse en una amenaza global por la incorporación de un tercer actor: la República Popular de China.


La titánica guerra comercial emprendida por Donald Trump y Xi Jinping, abre diferentes escenarios que vigorizan conflictos históricos. Entre ambas repúblicas -India y Pakistán- la tensión no es sólo por Cachemira,


Pakistán cedió en 1963 a China la región de Gilgit-Baltistán, convirtiéndose en una ruta central de conectividad en la nueva Ruta de la Seda en el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC).


La administración de Narendra Modi efectivizó una de las promesas en campaña con las que ganó holgadamente las elecciones 2019: eliminar los privilegios constitucionales de Jammu y Cachemira, único Estado indio con mayoría musulmana en la frontera con Pakistán.


Según mapas coloniales británicos, Aksai Chin fueron ocupados por China a finales de la década de 1950, el mapa que muestra la región cedida por China a Pakistán la cual fue reintegrada nuevamente por China en un insólito y secreto acuerdo con Pakistán.


La delgada línea de control


En la “Línea de Control” en Jammu y Cachemira, frontera militar entre la India y Pakistán de más de 700 km de largo y legado de la guerra de 1971 indo-pakistaní, crece la tensión. En los distintos puntos de LoC (Line of Control) se llevan a cabo enfrentamientos militares entre los dos estados aún cuando se presume que el mismo atenuaría la intensidad con la mediación internacional. El histórico conflicto entre la República de la India y la República Islámica de Pakistán en el mes de Mayo fue el epicentro de los ataques realizados por militantes pertenecientes al “Ejército de Mahoma” Jalish e Mohammad en Pulwana (territorio indio); en respuesta a los referidos ataques, la IAF (Fuerzas Aéreas Indias) embiste el campamento Balakot en la LoC.


A pesar de los intentos de Nueva Delhi de aislar diplomáticamente a Islamabad, la situación reavivó los rencores históricos entre indios y pakistaníes por el control de Jammu y Cachemira. Es importante tener en cuenta que no sólo se trata de los dos estados mencionados con importante potencial nuclear, si no también la presencia en la escena de la República Popular de China como otro actor subliminal que desanima la idea de una resolución vertiginosa. Es preciso destacar que el actual conflicto estalla por escaramuzas del JeM (Ejército de Mahoma), pero la región es eruptiva por la presencia de los talibanes en la frontera Afganistán - Pakistán como también por minorías separatistas musulmanas que habitan en la región autónoma Uigur (Xijiang) en el Noreste de China.


Es significativo destacar que la región de Cachemira limita con India, Pakistán y China, poseyendo una población aproximada de 13 millones de habitantes cuya mayoría profesa la religión musulmana. Actualmente la zona está dividida entre los tres estados mencionados: Pakistán controla los territorios del Norte y Azad Kashmir (región noroccidental), India ocupa las zonas centrales y meridionales (Jammu y Cachemira) y China controla la región nororiental (Aksai Chin y el Valle de Shaksgam). En términos porcentuales India controla casi el 50% del territorio, 37% Pakistán y el resto es supervisado por la República Popular de China.


Más allá de las tres guerras libradas por India y Pakistán en 1947, 1965 y 1999 también es preciso señalar la guerra entre China e India en 1962 por diferencias en la demarcación de fronteras. El conflicto que nace de las entrañas de la guerra fría y el proceso de descolonización británica en Asia parte de arcaicos resentimientos entre el Reino de Dogra o Maharajá, la colonización británica en Asia y el proceso independentista luego de la Segunda Guerra mundial. Además de la variable política es ineludible destacar el aspecto geográfico de la región en cuestión, ya que la región de Jammu y Cachemira es una de las más escarpadas del mundo por las cadenas montañosas de Pamir e Indu Kush, que conectan directamente con el Himalaya; como también la de Karakoram y Jir Panjal, donde las alturas rondan en los 28 mil pies (8.400 metros), lo que explica el aislamiento, incomunicación y diferencias culturales. Debido a ser un territorio tan escarpado el recurso hídrico torna a la región importante por el control de los ríos: Indo, Jhelum, Chenab, Rabi,Sutlej y Beas. La dependencia económica agrícola de Pakistán genera la necesidad de contar con el recurso hídrico, indispensable para el desarrollo de su economía a pesar de los numerosos tratados firmados que garantizan el equilibrio del dominio hídrico en la región.


Pasado y presente ¿Qué representa territorialmente Cachemira?


Generalmente cuando referenciamos a Cachemira se tiene en cuenta sólo el Valle de Cachemira, pero el conflicto incluye otras regiones no menos importantes, como la región del Poonch y el estado autónomo de Azhad Kashmir; las áreas del norte en Gilgit y Baltistán y la región budista de Ladakh. Estas áreas estuvieron controladas por el imperio Mongol en el S. XVI, luego invadida por los afganos entre 1726-1819 cuyo jefe fue el Sij Ranjit Singh para convertirse en territorio cedido por los británicos a principios del siglo XIX a la dinastía de los Marajá o Maharajá (rey) Singh.


El primer Marajá de Cachemira fue Gulab Singh, quien “recibió” de los británicos la región de Jammu y Cachemira en 1857. El Imperio Británico concede el control de esta región a la dinastía Singh basándose en intereses estratégicos que tenían que ver con el temor de la infiltración comunista de rusos y chinos en plena guerra fría, aunque muy seguros la lealtad de los Singh para proseguir con la dominación británica en el resto de Asia. Es conveniente analizar también que el verdadero potencial geo-económico lo constituían las dos rutas comerciales más importantes ubicadas en la cadena montañosa de Karakoram; esas rutas eran Ladakh y Gilgit que fueron repartidas entre India y Pakistán después de 1947, quedando Ladakh para India y Gilgit para Pakistán. Eestas rutas comerciales eran muy importantes por el acceso a la región autónoma del Tibet y a la República Federal Democrática de Nepal. Finalizado el dominio británico en 1947, sobrevolaba la Teoría de las Dos Naciones: “Unión de la India y Dominio de Pakistán”, pero la separación religiosa entre musulmanes e hindúes demostrarían la imposibilidad de coexistencia de las dos naciones.


La región de Cachemira era gobernada por el Marajá Hari Singh en 1947 quien en el contexto de una revuelta pakistaní prefirió la ayuda militar de la India firmando a cambio un instrumento de adhesión de Cachemira a la India, estallando la guerra automáticamente. Dejaremos de lado en esta columna el conflicto limítrofe entre India y China en 1962, pero sí consideremos como relevante, que por consecuencia de la misma el año 1971 determinó la creación del Estado Independiente de Bangladesh y la firma del Acuerdo de Simla.

Fuera de control y el temor nuclear


Tanto India como Pakistán cuentan con un arsenal de ojivas nucleares importantes que los ubica entre el 6to y 7mo lugar con 130 a 140 ojivas nucleares (variando según fuentes) entre los diez países más importantes del mundo. Ambos estados ejercen estrategia de disuasión; por un lado Pakistán considera indispensable invertir en armamento nuclear debido a la asimetría en número de militares con respecto a la República de la India, y por otro lado India evalúa el peligro que significaría si los grupos radicalizados Jalish e Mohammad; Tehrik e Taliban Pakistán (TTP) y Al-Qaeda se apoderasen del armamento nuclear de Pakistán.


Entre las armas nucleares de Islamabad y Nueva Delhi también debe considerarse el potencial nuclear de Beijing. Sin embargo el verdadero problema radica en la comunidad internacional, que si bien acuerdan en acercar la partes, en general las relaciones internacionales de las potencias más importantes se encuentran enredadas en sus propios conflictos, por lo tanto como sucedió en otras oportunidades la resolución de esta disputa tiene su propio límite y es el temor a la escalada nuclear en la Línea de control donde Pakistán e India se hallan fuera de control.


Raquel Pozzi
Profesora en Historia
Analista en Política Internacional
@Raquelpozzitang

viernes, 26 de julio, 2019 - 13:38 hs.

La elección del nuevo primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, es la noticia que circula ampulosamente por los medios globales, no por sus aptitudes políticas (por cierto muy cuestionadas por algunos sectores) sino por las implicancias que generan su elección con respecto a la ruptura abrupta del débil cordón umbilical que sostiene al Reino Unido con laUnión Europea hasta el 31 de Octubre respecto del Brexit. Si bien varios analistas vaticinaron el resultado electoral por diversos factores, no obstante la realidad política genera sobresaltos.


La gran mayoría de la opinión pública pone el foco en la caótica ruptura con la Unión Europea a través del “Brexit duro”. No obstantes las alarmas rojas que en su momento fueron subestimadas por el establishment político británico hoy Boris Johnson debe generar espacio de negociación con la Unión Europea a la cual no le apetece ningún atisbo de acuerdos o consensos, ya que el veredicto fue emitido en tiempos de Theresa May. Sin tiempos físicos Boris Johnson asume en el mismo momento que la Unión Europea entra en receso y recién en septiembre el premier británico podrá plantear alguna pauta resolutoria teniendo en cuenta que la fecha límite es el 31 de octubre.


Ordenando las piezas recordemos que las naciones constitutivas del Reino Unido son: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, que en bloques diferentes y por razones diferentes, aclamaron la frase popularizada del asesor de Bill Clinton, James Carville ¡Es la economía, estúpido!. Con la intención de posicionarse frente al fenómeno del Brexit. La división regional post-referéndum del Reino Unido en dos partes fue: por un lado, Inglaterra y Gales por “out” cuyos fundamentos se cernían sobre el desvío de aportes desde Gran Bretaña a la comunidad europea y por el otro lado, Escocia e Irlanda del Norte por el “Remain” beneficiados por sentar sus bonanzas económicas en la libre comercialización con la UE. Escocia crece en gran parte gracias al enorme volumen exportable de whisky e Irlanda del Norte aporta a la economía europea con servicios relacionados con el software.


Ahora bien, la pregunta es ¿Dónde se posicionó Boris Johnson? La respuesta: El primer ministro penduló entre el “out” y el “Remain” según los vientos insuflados en la indecisión dentro del Westminster y la mirada vidriosa del Palacio de Buckingham, pero la postura que lo llevó a ser nombrado como primer ministro fue la del Brexit duro, por lo tanto su candidatura dependió exclusivamente de su habilidad acomodaticia.


¿Amigo leal en el castillo real?


Es interesante detenerse a observar el panorama global y encontrar ciertos cabos “atados con alambre”. Boris Johnson se ha ganado el mote de populista pero su gran aliado el presidente de los Estados Unidos Donald Trump lejos está de tener intenciones claras en resolver los problemas estructurales económicos que podría dejarle el “Chaotic Brexit” (Ruptura caótica). Podríamos expresar que le otorga mayor funcionalidad al primer ministro ser catalogado como populista y nacionalista que los efectos positivos financieros que esa fórmula teórica pude dejarle al Reino Unido, ¿se entiende? La clase política va por un carril y el Estado conjuntamente con la sociedad civil por otro.


Construir un andamiaje económico divorciado de la Unión Europea, no es nada fácil y mucho menos para quien ha detentado en tiempos pasados la imagen de gran potencia y de Imperio.


La postura euro-escéptica del primer ministro, líder de los conservadores intentará emular actitudes de su leal amigo pero tendrá que lidiar con sus impulsivas expresiones tales como “vamos a trabajar en un nuevo acuerdo, un mejor acuerdo” lo que deja entrever que no será un camino plano el que deberá recorrer entre septiembre y octubre de este año, seguramente asistiremos a shows rimbombantes con argumentos bien diagramados del mejor actor del año y su aliado fiel el presidente Donald Trump. No habrá New Deal (Nuevo Trato) como en las épocas de Franklin D. Roosevelt quizás haya más posibilidades de un No Deal, y ese es el temor de las empresas a quien Boris Johnson ha dejado más preocupadas al manifestar que “no son las decisiones las que causan problemas sino la negativa a tomar decisiones” por eso habrá que tener en cuenta la disociación entre la palabra y la praxis porque la situación no es tan resolutiva como se cree. Sin embargo otros problemas son los que pueden generar alivio al Reino Unido al tener como amigo-aliado a Donald Trump y es la situación en el Golfo Pérsico, allí es donde ser aliadófilo norteamericano puede gestionar en favor de la economía británica. Los estrechos geográficos más importantes como Ormuz y Gibraltar se han transformado en la carta de presentación de cómo disciplinar en el continente azul.


Factores no menos importantes


Aunque The Royal Navy no esté en su etapa de esplendor, la afamada marina británica tiene otro prestigio que a los Estados Unidos de Donald Trump le interesa y son sus bases y apoyos en el planeta azul, más allá de los países que integran el Commonwealth –Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Canadá- Islas y otros espacios territoriales no menos importantes son custodiados por la marina británica y ese es el tesoro al que aspira Estados Unidos.


A Boris Johnson será fácil alimentar su egolatría y convencerlo que el estado que el gobierna todavía goza del status “Britania rules the waves” (Gran Bretaña domina los mares) una quimera desde el punto de vista pragmático pero certera para los rasgos narcisistas que comparten tanto Trump como Johnson.


De Trafalgar y la Segunda Guerra Mundial a la actualidad la realidad es que el Reino Unido se ha transformado en la potencia de segundo orden a nivel marítimo, pero con bases geo-estratégicas importantes. ¿Cuál es el plan pergeñado por Trump? Incierto, aunque la necesidad de separar al Reino Unido de la Unión Europea será gestionar un frente hegemónico a la antigua.


Nunca mejor la oportunidad actual que ostenta la pobreza de gestión de la clase política británica cuya única fortaleza es sostenida por la tradición de la corona en manos de la reina Isabel II. Del Gran Imperio a la Isla, el titiritero será el que haga bailar a la marioneta, sólo así se comprende el envío de buques de guerra al Golfo Pérsico por parte de Gran Bretaña y el Brexit duro que limitará todas las acciones del flamante primer ministro que lejos estará de poder constituirse como un líder conservador sino como el “doble de riesgo” del actual presidente norteamericano Donald Trump.

lunes, 22 de julio, 2019 - 14:05 hs.

El asesinato del diplomático turco -vicecónsul general de Turquía- en la región autónoma del Kurdistán iraquí en la ciudad de Erbil –capital del Kurdistán iraquí- profundiza la histórica tensión entre turcos y kurdos. El centro de las acusaciones es el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) incluido en la lista de las organizaciones terroristas del mundo no sólo por Turquía sino también por EEUU y la UE. No obstante, la alta tecnología militar de la República de Turquía, el traslado de la lucha armada de los montes de Kandil hacia zonas urbanas y el bloqueo de las rutas utilizadas por los “rebeldes” kurdos han debilitado la capacidad operativa de los mismos.


La relación económica y política cordial que mantienen actualmente ambos gobiernos dificulta la hipótesis que los PKK sean los autores del atraco diplomático. Lo factible de afirmar es que el asesinato de un diplomático turco es letal para la persecución del pueblo kurdo por el régimen de Recep Tayyip Erdogan. Aunque los servicios de seguridad de Kurdistán iraquí hayan anunciado la detención del principal sospechoso del asesinato, la rígida política persecutoria contra los kurdos se acentuará.


El reparto del Kurdistán, una mirada retrospectiva


La debacle de los kurdos contemporáneos en la Primera guerra mundial tuvo directa relación con el reparto territorial de Oriente Medio que se realizó a través de la firma del Tratado de Sévres (1920) con el reconocimiento del Estado Kurdo iraquí que Turquía se encargaría de bloquear años posteriores conjuntamente con los deseos británicos de impedir que Mosul (por recursos petroleros) no sea incorporada por Ankara, reivindicada por Mustafá Kemal Atartürk como parte de Turquía. Sería el Tratado de Lausana (1923) el que eliminara la autonomía de los kurdos y El Kurdistán quedó repartida bajo el mandato francés y británico entre Siria e Iraq por un lado y por el otro repartida entre Turquía e Irán (Persia pro-occidental).


Los cuatro estados-nación donde habitan los kurdos en la actualidad se ubican en: El este y sureste de Turquía; El noreste en Siria; El noreste de Iraq y el noroeste en Irán. En el caso de Turquía, en los alrededores del Lago Van se localizan gran parte de la comunidad kurda; por el lado iraní dependió de la política de ubicación y recepción de las minorías kurdas en las cadenas montañosas de Kopet Dagh o Koppeh Dagh (en persa montón y montaña) –este del Mar Caspio- conocida como la cordillera turcomano, específicamente el Monte Quchan –pico más alto iraní- y el Dasht-e-Lut “desierto del vacío”, la cuenca desierta más grande del Estado persa.


La negación contemporánea del Kurdistán


La negación contemporánea del Kurdistán se contrapone a la lucha emprendida por la nación kurda en varios frentes. Los kurdos en Turquía atravesaron el proceso de laicización que prohibió todo tipo de cofradías religiosas como los sufíes, engendrando de esta forma brazos armados kurdos para repeler las represiones y asesinatos sistemáticos, pero las alianzas entre los estados que se repartieron Kurdistán –Iraq, Irán, Afganistán. Siria y Turquía- inauguraron una nueva ruta dentro de los múltiples procesos genocidas en el mundo. Al estado laico turco sobrevino la modernización y la occidentalización de Turquía. No obstante la europeización turca trajo la modernización de las estructuras militares y con ello mayor sofisticación en los ataques perpetrados contra el pueblo kurdo, los cuáles se aglutinaron en el partido PDK –Partido Demócrata del Kurdistán- formando luego un brazo militar en los años 60 con el nombre de Komando.


El Estado turco asolado por los continuos golpes de estado posibilitó que el grupo Komando y el partido PDK comenzaron aunar la lucha armada hasta 1991, que se crea de facto el Kurdistán iraquí. Comenzaría una nueva etapa con la creación del PKK –Partido de los Trabajadores de Kurdistán- y las milicias YPG – Unidades de Protección Popular- consideradas como terroristas por el actual presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan, quien se involucró directamente en la guerra en Siria en alianza con Rusia-Irán contra el Estado Islámico, aunque las intenciones bicéfalas del mandatario turco estaban centradas en cortar la raíz del Estado Islámico y los Kurdos.


El pueblo kurdo iraquí en la era de Saddam Hussein y Masoud Barzani –Presidente del Kurdistán iraquí 2005-2017- compartió la idea de co-habitación, lo que pronto se desmoronó por la intensificación de intentos de asesinatos contra Barzani. La política del doble juego -negociación y luchas armadas- persistió hasta que la traición contra los kurdos quedó develada en la cumbre de la OPEP en 1975. Sadam Hussein y el Shá de Persia, como también el abandono de los Estados Unidos en la colaboración con los peshmergas, fueron letales para el frente político-militar kurdo ya que se habían transformado en un problema geo-político.


La guerra del Golfo y la invasión estadounidense a Iraq cambiaron rotundamente el tablero de ajedrez y los peshmergas abandonados en tiempos de Sadam Hussein por los Estados Unidos, se transformaron en aliados con los norteamericanos en la lucha contra la dictadura de Sadam Hussein hasta la invasión de Iraq en marzo del 2003, sin embargo el abandono actual de los kurdos del Kurdistán, naturaliza la hipocresía de los principios en política exterior en pos de las hegemonías regionales.


El mayor pueblo del mundo sin estado, el Pueblo Kurdo, seguirá siendo considerado como una “Cuestión” o “Problema” mientras el juego del mal, el de la guerra, se pavonea destilando el peor veneno: La Negación del Otro, la Otredad, mientras fuerzas oscuras se preparan para dominar ese mundo del mal dónde pocos sobreviven y muchos mueren en el Kurdistán de los kurdos.

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