18/07/2018
miércoles 18 de julio del 2018 - T
18 julio 2018 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 6 de julio, 2018 - 10:23 hs.
El transporte que merecemos

La situación del transporte público de pasajeros en General Pueyrredon impone un gran cambio para ponerse a la altura de los tiempos y dar un servicio acorde con los requerimientos de la población.


Cada discusión del valor del boleto, desnuda esa triste realidad que arrastramos por décadas y que en nada ha cambiado a pesar de la llegada de las concesiones en lugar de los permisos precarios.


La Universidad Nacional de Mar del Plata y los claustros privados de la ciudad deben tener prioridad a la hora de elaborar un nuevo esquema para determinar la tarifa, pero también para encarar una revisión total de los recorridos y una optimización de los kilómetros ejecutados por todas las líneas en 2017.


Los usuarios necesitan líneas troncales y secundarias, transbordos y ventanas de tiempo para la utilización de un boleto combinado fácilmente certificable a través de la tarjeta SUBE.


No hay lugar para seguir permitiendo que cada pedido de aumento por parte de los empresarios esté ligado a un reclamo gremial porque su salario está condicionado a esa actualización.


Los colectivos, tanto como los taxis y remises, deberían contar con incrementos tarifarios semestrales que otorgarían previsibilidad tanto a los propietarios de las unidades como a los trabajadores.


Esta metodología acortaría las brechas que existen actualmente y permitiría afrontar los costos de estos reajustes.


Más de 91 millones de boletos cortados con una recaudación superior a los $ 560 millones y subsidios federales por encima de los $ 400 millones en 2017, exigen un tratamiento detallado y profundo de un servicio que siempre es responsabilidad inexcusable de la municipalidad.


La oportunidad es propicia para enmarcar el análisis global del transporte público y generar aquellos cambios que vayan a traccionar en beneficio de los usuarios, sin olvidar los estudios ya realizados en función de alcanzar la modernización de estos servicios.


Es el momento de poner la mirada en aquellas problemáticas que se han extendido por décadas y que definitivamente hacen a la calidad de vida de las personas.


Dilatar los tiempos dejaría al descubierto cierto desinterés por los derechos de los usuarios que son los sostenedores del sistema.-


@danieltemperoni

   


Columnas anteriores
viernes, 13 de julio, 2018 - 10:22 hs.

En reiteradas oportunidades hemos escrito sobre la autonomía municipal y también acerca de las deficientes maneras de abordar problemáticas que devienen del centralismo político.


En territorio bonaerense existen municipios como General Pueyrredon que generan un producto bruto interno que supera en varias veces lo que por vía de coparticipación nacional y provincial finalmente reciben.


Por sentido común y por razonamiento matemático no hay manera de que esta idea sea rebatida.


Es decir, como le sucede a Buenos Aires con la Nación, le ocurre a la comuna con la provincia.


Un presupuesto de 8.500 millones de pesos no se reúne con el cobro de las tasas municipales que se autorizan por las Ordenanzas Fiscal e Impositiva y siempre el aporte del Tesoro Nacional y del gobierno provincial tienen que tapar los huecos que no se cubren con las coparticipaciones pautadas.


De esta manera, lo presupuestado se va anualmente en el contrato por la recolecciòn y disposición final de residuos y por el pago de salarios a más de 10.000 empleados municipales.


Poco y nada queda para la obra pública y otros servicios para el resto del año con recursos genuinos, incluidos pavimentos y asfaltos, luminarias y grandes obras de infraestructura.


Así el poder político de la gestión se diluye en la medida de las emergencias que van surgiendo y de aquellas que vienen del fondo de la historia aldeana.


El conflicto entre los trabajadores y los dueños de la empresa 9 de Julio ya no sorprende a los vecinos, habituados a que esta situación se repita en el tiempo, así como el transporte público también los deja de a pie cuando los empresarios no logran el aumento y los empleados van al paro como resultado inexorable.


Municipalidades autónomas que sostengan sus presupuestos con recaudación propia, que puedan responder a las necesidades de sus habitantes en materia de obras en los barrios, con más seguridad, educación y salud, es la respuesta que aparece con mayor claridad y contundencia.


Esto depende de la decisión política que pongan los dirigentes al servicio de la solución de problemáticas que pudieron haberse empezado a despejar en 1994 cuando fue desestimado el tratamiento de 72 proyectos de autonomía municipal en el marco de la Reforma Constitucional bonaerense. El otro camino es seguir haciendo lo mismo.-


@danieltemperoni


 

viernes, 29 de junio, 2018 - 10:22 hs.

Después de una centuria, los valores y objetivos de la Reforma Universitaria siguen tan vigentes como el primer día.


Surgida de una necesidad explícita de los estudiantes universitarios que observaban cómo la política engañosa y perversa hacía todo lo posible para perpetuarse y minaba cualquier atisbo de cambio, hoy se mantiene como antecedente inalterable frente a aquellos que en todo tiempo descalificaron lo público.


No sólo fue auspicioso para las siguientes generaciones de argentinos, sino que provocó una enorme y hasta el momento inédita sinergia en otras universidades latinoamericanas que cambió el rumbo social del continente en muchos aspectos.


Su permanencia en el tiempo refuerza aquellos conceptos primigenios que quedaron marcados a fuego en una frase: “Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan”.


No han cesado nunca los intentos de avanzar sobre la educación pública y siempre se levantan campañas que hablan de su deterioro, sin aclarar que casi siempre esos voceros también pertenecen a los sectores de pensamiento que vacían de recursos económicos las gestiones educativas cuando son gobierno.


El impacto negativo de estas acciones es innegable y se han venido sumando en las últimas décadas.


Esto demuestra que más allá de los cambios operados en la sociedad y del afianzamiento de la democracia, habrá que mantener la vigilia y la defensa de los valores que se forjaron hace 100 años.


Como respuesta, los claustros se han multiplicado y también surgieron carreras para abastecer la demanda de las nuevas vocaciones, brindando soluciones a las problemáticas de la gente.


El dato superlativo fue y sigue siendo que la Universidad Pública no detiene su paso y abre puertas de cara al futuro.


Es el soporte estructural que permitió con el paso del tiempo que miles de familias argentinas ascendieran socialmente a través de la incorporación de conocimientos.


También es cantera permanente de científicos que integran el CONICET y de los numerosos institutos nacionales y provinciales que aportan al país el valor agregado de la investigación.


En todo esto sobrevuela siempre el ánimo reformista.-


@danieltemperoni

viernes, 22 de junio, 2018 - 10:22 hs.

Entre explicaciones de avatares externos y de correcciones internas surgidas de los malos hábitos del mercado, la rueda productiva de la Argentina se encuentra en un momento crítico.


A la espera del accionar de los recambios ministeriales, todo parece indicar que la importación no cederá y que un dólar entre 28 y 29 pesos se ajustaría al horizonte de mediano plazo planeado por el gobierno.


Para algunos exportadores esta situación sería positiva, pero para la pequeña y mediana empresa que necesita insumos importados la cosa se va a seguir complicando.


Precisamente las pymes, sostenedoras actualmente de 7 de cada 10 puestos de trabajo en blanco en el país, están requiriendo de una mirada contenedora que les allane el camino productivo y que también les alivie la enorme presión impositiva, esa que termina de bombardear la estructura de costos.


A partir de allí, la dispersión de precios provocada por este conjunto de errores y por la consabida reacción negativa de los grandes grupos económicos que nunca piensan en la situación macroeconómica y siempre en su propia recaudación, impacta de lleno en todos los sectores de la sociedad, pero en particular en los más débiles.


Surge entonces la maldita inflación que se fagocita los esfuerzos de los trabajadores argentinos y que nunca pudo ser erradicada de raíz.


Hay muchas razones para justificar que este flagelo siga perdurando a través de las décadas, pero quizá el principal motivo sea que los proyectos de país pocas veces apuntaron a la producción nacional y a gestionar de verdad en favor de las economías regionales.


Siempre con la mirada en los grandes centros internacionales donde se cocinan los negocios del mundo y en los que también se concentran los mayores acreedores de Argentina, perdemos de vista las potencialidades propias y terminamos sumando deuda externa.


Bajar importaciones y ayudar al crecimiento de las exportaciones, insuflar oxígeno al mercado interno, defender el peso y el salario, descomprimir la presión que ejercen los impuestos, deberían ser variables a poner en marcha de inmediato para al menos buscar cierto equilibrio y un principio de reactivación.


El tiempo es un factor determinante, porque cuanto más rápido se refuerce la producción nacional, mucho menos daño nos harán los vaivenes externos a los que siempre se les termina echando la culpa de nuestros propios males.-


@danieltemperoni

viernes, 15 de junio, 2018 - 10:19 hs.

Tragedias que se repiten, fallas y errores fatales, culpas sin culpables, controles sin control, funcionarios carentes de funcionalidad y certezas futuras de lo inevitable.


Así se va escurriendo el tiempo entre las manos, mientras nuevas generaciones de argentinos asisten impávidos al cambio de ciclos electorales que no traen respuestas esperadas.


Cambiar algo para que nada cambie.


Es decir, gatopardismo.


Ocurre que lo acontecido no se puede borrar y los que ya no están se fueron para siempre.


Y en cada oportunidad en que el dolor golpea a esta sociedad, se despliegan todos los reclamos necesarios y se escuchan los coros exculpatorios, pero al tiempo volvemos a iniciar el remanido y triste camino del olvido.


Llegamos a pensar que tal vez un sino trágico persigue a nuestra geografía, pero cuando la lucidez y el estoicismo regresan a la mente y al cuerpo, la realidad vuelve a golpearnos con la misma crudeza inicial.


Entonces, aturdidos por el ruido consuetudinario y los vaivenes de la propia supervivencia, nos sorprende otra vez la inoperancia, la desidia, el abandono, el descontrol, la corrupción y el miedo, entre tantos agujeros negros por los que desaparecen las condiciones sociales que asignan los derechos escritos de la Constitución.


Nadie tiene asegurado nada, ni siquiera aquellos que creen estar exentos de estos condicionamientos por pertenecer a esa clase dirigente, eventual o perpetuada, que rige los destinos de las instituciones que precisamente deberían generar esos cambios reclamados durante décadas.


Todo remite a la incapacidad de capas dirigenciales, una sobre otra, que vienen arreglando casi todo con alambre, dejando los problemas de raíz para momentos que nunca llegan.


La otra parte de la problemática deviene de esa comodidad política de dejar que todo siga la línea de las soluciones futuras y continuar justificando que se trabaja para resolver lo prioritario y urgente.


Casi nunca sin tiempo para atacar los males profundos, quienes ocupan la categoría de mandatarios finalizan respondiendo con maniqueísmo a los reclamos de sus mandantes, con esa actitud gatopardista que los caracteriza y que nos viene condenando por años a vivir siempre más de lo mismo.-


@danieltemperoni

viernes, 8 de junio, 2018 - 10:27 hs.

Hace tiempo que la política no encuentra el camino de las soluciones que requiere el pueblo argentino, mientras se repiten situaciones que ya vivimos en otros momentos de nuestra historia.


Acuerdos que se caen, personajes que proyectan su figura personal y terminan midiendo la interna de los partidos, estructuras partidarias enflaquecidas que para una elección parlamentaria se asocian con unos y para la general con otros.


Así la realidad va encadenando hechos que no tienen respuestas satisfactorias por parte del sistema institucional y por lógica el ciudadano va perdiendo confianza en quienes lo dicen representar.


Sobre todo los sectores más vulnerables de la sociedad que son los que necesitan mayor seguimiento por parte de los organismos estatales, se ven resentidos cada vez más porque la respuesta no llega o la asistencia es insuficiente.


Esta es la asignatura pendiente que debe apurar en su instrumentación el Estado en todos sus niveles y comenzar la reconstrucción del tejido social como paso fundamental de estas acciones reparadoras.


Es a partir de este nivel de compromiso que la política debe reencauzar su trabajo con la sociedad a la que dice servir y en la que fundamenta su existencia.


La reconciliación con lo que está atravesando gran parte de la población, es el único camino posible para que la dirigencia salga de este letargo que se ha extendido por demasiado tiempo y sólo ha obtenido como logro que no crean en sus actos y palabras.


Esto también ha llevado al desgaste de los partidos y de organizaciones ligadas a la institucionalidad en el país, desdibujando sus propios antecedentes y trayectoria, y perdiendo una porción importante de incidencia en las decisiones que hacen al modelo y al futuro del país.


Difícilmente la mayoría de los dirigentes actuales puedan expresar siquiera la síntesis de los sentimientos y las necesidades de los argentinos.


En este todo que nos abarca, entonces, deben priorizarse las ideas claras y aquellas posturas que sirvan al restablecimiento de valores que hoy están ausentes con aviso.


Más que nunca, es importante que lo que se diga y lo que se haga se corresponda en sus fundamentos.


Es decir, no más hipocresía.-


@danieltemperoni


 

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