16/08/2018
jueves 16 de agosto del 2018 - T
16 agosto 2018 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 1 de junio, 2018 - 10:18 hs.
Control de precios II

La verdad sobre el impacto de los movimientos macroeconómicos y las vueltas del mercado de los que siempre salen ganando, se ven en los precios de todos los días.


Cualquier economista que quiera medir hasta dónde pierde el argentino con estas convulsiones, sólo debe mirar cómo se escurre el poder adquisitivo entre las marañas de incrementos registrados en las góndolas.


Por esa razón no hay tiempo que perder en cuanto a la aplicación de seguimientos puntuales desde el productor hasta el consumidor final.


El gobierno tiene las herramientas desde la secretaría de Comercio Interior para poner la lupa sobre los intermediarios y los formadores de precios.


Pero también posee en su armamento una acción que pondría en vereda a todos aquellos que quieren aprovecharse de la situación, como lamentablemente ocurre en estos ciclos negativos de la economía.


Precios sugeridos, ni más ni menos.


Sabiendo cuánto cuesta cada producto desde el principio hasta el final de la cadena, sólo resta confeccionar un listado para que los consumidores orienten sus compras y aprovechen las ofertas que seguramente volverán a aparecer con ese nuevo horizonte.


El Estado no tiene necesidad de intervenir, si efectivamente trabaja como corresponde en este terreno ordenador donde su ausencia sólo provoca la dispersión de precios y la aparición galopante de ese temible monstruo que es la inflación.


No es tan complicado poner en marcha este mecanismo.


Sólo hace falta tener intenciones concretas de salvaguardar a las pequeñas y medianas empresas, a los productores, a los miles de puestos de trabajo que dependen de esa enorme maquinaria y al sostenimiento de las economías regionales, fundamentales para la subsistencia de cientos de comunidades en todo el interior del país.


La importancia de comprender el alcance que tiene cada familia en el entramado de la ciudad a la que pertenece, resume claramente el efecto reparador que puede lograrse con la aplicación de políticas que apunten a sanear la estructura de precios, porque además se estará restaurando la capacidad de compra y de consumo.


La ecuación no es tan difícil de entender.-


@danieltemperoni


 

   


Columnas anteriores
viernes, 10 de agosto, 2018 - 11:15 hs.

Detenerse por algunos minutos en cualquier esquina de la ciudad, revela infinidad de situaciones que se dan con el tránsito y donde la realidad supera largamente a la ficción.


¿Hace falta recordar que nos movemos entre más de 450 mil vehículos y más de 120 mil motos?


¿Es necesario insistir en que hay que respetar el Código Provincial de Tránsito y las ordenanzas que emanan del HCD?


¿Aún precisamos que nos estén vigilando con radares móviles y fijos para marcarnos que la máxima en avenidas es de 60 km/h y de 40 en las calles?


¿Tiene que indicarnos una autoridad de tránsito que es obligatorio respetar las velocidades máximas cuando se transita frente a escuelas y hospitales?


¿Frenar en las esquinas ya no figura entre las obligaciones de quienes conducimos?


¿Todavía no se terminó de entender que está prohibido usar el celular mientras se maneja porque anula los sentidos que tienen que estar todos al servicio del manejo del vehículo?


¿Necesitamos que nos sigan recordando diariamente que la doble y triple fila también están prohibidas y que los semáforos fueron colocados para ser respetados a rajatabla?


¿Quienes hasta hoy estacionan frente a las rampas para discapacitados, precisan que los agentes de tránsito les traigan nuevamente a la memoria la prohibición de esa acción conductiva?


¿Hay que revisar todos los días lo que indican las normas de tránsito acerca de las condiciones en que deben ser abordadas las rotondas y encrucijadas complejas?


¿Es imprescindible que haya controles de alcoholemia para hacerles entender a algunos conductores que manejar con alcohol en sangre es poner en peligro la vida de nuestros semejantes?


Las calles y rutas no están en condiciones y mucho hay por hacer en materia de prevención de los siniestros viales, que se llevan la vida de 7200 argentinos por año.


También depende de cada uno de nosotros que esa realidad se vaya transformando hasta que no haga falta hacerse todas las preguntas precedentes.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 3 de agosto, 2018 - 10:18 hs.

El doctor René Favaloro nació el 12 de julio de 1923 en La Plata y murió el 29 de julio de 2000 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Se recibió de médico en la facultad de Medicina de su ciudad natal y desarrolló el bypass coronario con empleo de vena safena.


Creó la Fundación Favaloro y abrió su instituto para todos los argentinos, capacitando a cientos de profesionales y profundizando los caminos de la investigación.


Días antes de quitarse la vida, Favaloro escribió una carta señalando que “estoy pasando uno de los momentos más difíciles de mi vida: la fundación tiene graves problemas económico financieros como resultado de todo lo que sucede en nuestro país”.


“Se nos adeuda 18 millones de dólares y se hace cada vez más difícil sostener nuestro trabajo diario que como siempre brinda a toda la comunidad sin distinción de ninguna naturaleza, con tecnología de avanzada y personal altamente calificado, además de tarea docente y de investigación”, afirmó en esa misiva.


IOMA y PAMI tenían deudas millonarias que no terminaban de pagar y por eso Favaloro aseguró que “en este último tiempo me he transformado en un mendigo. Mi tarea es llamar, llamar y golpear puertas para recaudar algún dinero que nos permita seguir con nuestra tarea”.


“Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil, pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano”, sentenció.


Un Favaloro devastado escribió: “Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga”.


La desidia, la indiferencia, el desprecio y la desvergüenza se aliaron en ese fatídico momento cuando no se tomaron las decisiones políticas que el doctor Favaloro reclamó hasta su último respiro.


Los responsables no se inmutaron y el país siguió su curso catastrófico que lo llevó a la crisis de 2001.


Tal vez en sus conciencias carguen hasta hoy con la culpa de que hayamos perdido a uno de los hombres más importantes que tuvimos los argentinos.-


@danieltemperoni


 


 

viernes, 27 de julio, 2018 - 10:40 hs.

Cuando se diseñaron y construyeron, tal vez, cumplían con la función de viabilizar el tránsito de la época y demarcar el crecimiento hacia el oeste que había tenido la ciudad, pero hoy las rotondas de Champagnat son anacrónicas y atrasan.


En los horarios pico que tiene la ciudad, atravesarlas se transforma en una tarea riesgosa, estresante y agotadora.


Un caso aparte es la encrucijada de Constitución y la costa, donde los urbanistas deberían trabajar de manera urgente en la búsqueda de soluciones que ordenen la circulación en todos los sentidos.


Pero, desde el ingreso a la ciudad por Autovía 2, pasando por las transversales de 180, APAND, LIbertad, Luro, Colón, Alvarado y Juan B. Justo, la cuestión se complica a la enésima potencia a medida que se van atravesando estos obstáculos que alguna vez tuvieron objetivos totalmente distintos.


Muchas ciudades argentinas cuentan con situaciones de tránsito ya superadas en el tablero de diseño y aplicadas de forma inteligente en el terreno.


Como mero ejemplo puede citarse San Miguel de Tucumán, donde los encuentros de avenidas tienen sus cortes en cruz y absolutamente semaforizadas.


Ya se realizó en General Pueyrredon un plan maestro de transporte y tránsito en el que se generaron ideas para superar estas obstrucciones que podrían potenciarse con nuevos estudios.


Hace más de 20 años se presentó un proyecto para realizar una avenida de circunvalación desde el kilómetro 395 de la Autovía 2 que encadenara con las rutas 226 y la 88, a los efectos de llevar el tránsito pesado por fuera de la ciudad y crear esa otra frontera urbana que hace décadas conformaba la avenida Champagnat.


Las dos obras son fundamentales y urgentes para organizar el presente y jerarquizar el futuro de la ciudad y del distrito.


Ya no alcanza con explicar que las rotondas dependen de la dirección provincial de Vialidad, aunque estemos hablando de calles que recorren la jurisdicción municipal.


La seguridad vial depende del Estado y en este caso puntual los planetas están obligados a alinearse en función de las necesidades de la gente.


Tener una avenida de acceso a la altura de las circunstancias y una circunvalación que evite el ingreso innecesario de vehículos a la ciudad, sumarán a la calidad de vida de todos.-


@danieltemperoni

viernes, 20 de julio, 2018 - 10:29 hs.

El país genera alimentos para más de 400 millones de personas y todos esos productos básicos salen de las economías regionales.


Los productores pelean cada día por no desaparecer, arrastrados por la voracidad impositiva del Estado en todos sus niveles y por los formadores de precios.


La tremenda intermediación y el altísimo costo de los fletes termina también impactando sobre los importes finales que pagamos como consumidores.


De arranque, el litro de combustible líquido en Argentina contiene 40,1% de impuestos.


Luego municipios, provincias y nación hacen lo suyo con sus tributos, estructurando una inmensa y profusa red de gravámenes que pone a los argentinos en el podio de los países latinoamericanos con mayor carga.


Debemos trabajar alrededor de 200 días al año para poder hacer frente a esa presión.


Entonces cuando se habla del costo laboral, la mirada gubernamental debería enfocarse hacia aquellos que provocan los problemas de fondo y empezar por rediseñar el entramado arancelario.


Muchos productos que ingresan al país vía importación, pagan menos gabelas que similar producción que se realiza en nuestro país, lo que deviene luego en pérdida de nichos comerciales y culmina con la desaparición de puestos de trabajo genuinos.


No es difícil descubrir que las pequeñas y medianas empresas son las que mantienen hoy al 70% de los empleos registrados y conforman el renglón que más tributa y de donde el Estado capta recaudación permanente.


Nuestras economías regionales, motorizadas por las pymes, tendrían que recibir un tratamiento cualitativo y cuantitativo, además de oxigenarlas con créditos para fortalecer y actualizar sus maquinarias.


Además deberían aliviarse todas las presiones que actualmente pesan sobre las exportaciones para fomentar que aumenten los cupos previstos e ingresen a ese renglón cientos de empresarios que hoy se dedican sólo al mercado interno.


Se trata de recrear un círculo virtuoso que potencie a los productos argentinos y a la mano de obra nacional, como hacedores de un sistema económico con menos impuestos, más exportaciones, trabajo genuino y consumo interno sostenido.


La ecuación depende de una decisión política en ese sentido.-


@danieltemperoni

viernes, 13 de julio, 2018 - 10:22 hs.

En reiteradas oportunidades hemos escrito sobre la autonomía municipal y también acerca de las deficientes maneras de abordar problemáticas que devienen del centralismo político.


En territorio bonaerense existen municipios como General Pueyrredon que generan un producto bruto interno que supera en varias veces lo que por vía de coparticipación nacional y provincial finalmente reciben.


Por sentido común y por razonamiento matemático no hay manera de que esta idea sea rebatida.


Es decir, como le sucede a Buenos Aires con la Nación, le ocurre a la comuna con la provincia.


Un presupuesto de 8.500 millones de pesos no se reúne con el cobro de las tasas municipales que se autorizan por las Ordenanzas Fiscal e Impositiva y siempre el aporte del Tesoro Nacional y del gobierno provincial tienen que tapar los huecos que no se cubren con las coparticipaciones pautadas.


De esta manera, lo presupuestado se va anualmente en el contrato por la recolecciòn y disposición final de residuos y por el pago de salarios a más de 10.000 empleados municipales.


Poco y nada queda para la obra pública y otros servicios para el resto del año con recursos genuinos, incluidos pavimentos y asfaltos, luminarias y grandes obras de infraestructura.


Así el poder político de la gestión se diluye en la medida de las emergencias que van surgiendo y de aquellas que vienen del fondo de la historia aldeana.


El conflicto entre los trabajadores y los dueños de la empresa 9 de Julio ya no sorprende a los vecinos, habituados a que esta situación se repita en el tiempo, así como el transporte público también los deja de a pie cuando los empresarios no logran el aumento y los empleados van al paro como resultado inexorable.


Municipalidades autónomas que sostengan sus presupuestos con recaudación propia, que puedan responder a las necesidades de sus habitantes en materia de obras en los barrios, con más seguridad, educación y salud, es la respuesta que aparece con mayor claridad y contundencia.


Esto depende de la decisión política que pongan los dirigentes al servicio de la solución de problemáticas que pudieron haberse empezado a despejar en 1994 cuando fue desestimado el tratamiento de 72 proyectos de autonomía municipal en el marco de la Reforma Constitucional bonaerense. El otro camino es seguir haciendo lo mismo.-


@danieltemperoni


 

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