22/06/2018
viernes 22 de junio del 2018 - T
22 junio 2018 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 11 de mayo, 2018 - 10:24 hs.
Los que siempre ganan

Un amigo sintetizó en pocas palabras lo que vivimos en una semana corta e intensa, merced al dólar y a sus operadores.


Alguien compró dólares a $20, vendió a $23 y después puso los pesos en el sistema a una tasa anual de referencia del 40%.


Tan simple y tan perverso.


Porque más allá de las razones externas, el problema sigue siendo el bendito mercado interno que, como sus familiares foráneos, no reconoce banderas ni ideologías.


Hoy más que nunca el dólar impacta sobre la vida de los argentinos porque el precio de los combustibles está dolarizado, las tarifas de servicios públicos también lo están y la cadena de comercialización siempre se resiente con cada coletazo del monstruo verde.


Llamó la atención al cierre de un dólar a $22,98 que el Banco Nación lo siguiera ofreciendo a $23,30.


Como efecto directo de todo este movimiento de mercado, el gobierno anunció que dejará de ejecutarse el 50% de la obra pública a nivel nacional, es decir, $30.000 millones menos de inversión en infraestructura.


Ahora habrá que esperar la llegada de las próximas facturas de gas y de energía eléctrica, porque sobre ellas tendrá incidencia directa este movimiento del mercado, además de las tasas municipales que dejarán de pagar las empresas y recaerán sobre los usuarios.


Mientras tanto, algunos bancos elaboran informes alentadores para sus clientes extranjeros, señalando que la opción en pesos se encuentra muy bien posicionada y resguardada por una brecha bastante alejada de una posible devaluación.


Es decir, ya concretaron el gran negocio otra vez con la plata de los argentinos e hicieron trepar el dólar a su gusto, acompañados por otros operadores que se beneficiaron calladamente de la situación.


Cada vez que aparece una oleada verde, sufren los trabajadores, los pequeños y medianos empresarios, y las economías regionales.


Todavía no hay vacuna para esta enfermedad y sólo aparece en lista la vieja receta de apelar al Fondo Monetario Internacional, una vez más.


No aprendimos nada.-


@danieltemperoni


 

   


Columnas anteriores
viernes, 22 de junio, 2018 - 10:22 hs.

Entre explicaciones de avatares externos y de correcciones internas surgidas de los malos hábitos del mercado, la rueda productiva de la Argentina se encuentra en un momento crítico.


A la espera del accionar de los recambios ministeriales, todo parece indicar que la importación no cederá y que un dólar entre 28 y 29 pesos se ajustaría al horizonte de mediano plazo planeado por el gobierno.


Para algunos exportadores esta situación sería positiva, pero para la pequeña y mediana empresa que necesita insumos importados la cosa se va a seguir complicando.


Precisamente las pymes, sostenedoras actualmente de 7 de cada 10 puestos de trabajo en blanco en el país, están requiriendo de una mirada contenedora que les allane el camino productivo y que también les alivie la enorme presión impositiva, esa que termina de bombardear la estructura de costos.


A partir de allí, la dispersión de precios provocada por este conjunto de errores y por la consabida reacción negativa de los grandes grupos económicos que nunca piensan en la situación macroeconómica y siempre en su propia recaudación, impacta de lleno en todos los sectores de la sociedad, pero en particular en los más débiles.


Surge entonces la maldita inflación que se fagocita los esfuerzos de los trabajadores argentinos y que nunca pudo ser erradicada de raíz.


Hay muchas razones para justificar que este flagelo siga perdurando a través de las décadas, pero quizá el principal motivo sea que los proyectos de país pocas veces apuntaron a la producción nacional y a gestionar de verdad en favor de las economías regionales.


Siempre con la mirada en los grandes centros internacionales donde se cocinan los negocios del mundo y en los que también se concentran los mayores acreedores de Argentina, perdemos de vista las potencialidades propias y terminamos sumando deuda externa.


Bajar importaciones y ayudar al crecimiento de las exportaciones, insuflar oxígeno al mercado interno, defender el peso y el salario, descomprimir la presión que ejercen los impuestos, deberían ser variables a poner en marcha de inmediato para al menos buscar cierto equilibrio y un principio de reactivación.


El tiempo es un factor determinante, porque cuanto más rápido se refuerce la producción nacional, mucho menos daño nos harán los vaivenes externos a los que siempre se les termina echando la culpa de nuestros propios males.-


@danieltemperoni

viernes, 15 de junio, 2018 - 10:19 hs.

Tragedias que se repiten, fallas y errores fatales, culpas sin culpables, controles sin control, funcionarios carentes de funcionalidad y certezas futuras de lo inevitable.


Así se va escurriendo el tiempo entre las manos, mientras nuevas generaciones de argentinos asisten impávidos al cambio de ciclos electorales que no traen respuestas esperadas.


Cambiar algo para que nada cambie.


Es decir, gatopardismo.


Ocurre que lo acontecido no se puede borrar y los que ya no están se fueron para siempre.


Y en cada oportunidad en que el dolor golpea a esta sociedad, se despliegan todos los reclamos necesarios y se escuchan los coros exculpatorios, pero al tiempo volvemos a iniciar el remanido y triste camino del olvido.


Llegamos a pensar que tal vez un sino trágico persigue a nuestra geografía, pero cuando la lucidez y el estoicismo regresan a la mente y al cuerpo, la realidad vuelve a golpearnos con la misma crudeza inicial.


Entonces, aturdidos por el ruido consuetudinario y los vaivenes de la propia supervivencia, nos sorprende otra vez la inoperancia, la desidia, el abandono, el descontrol, la corrupción y el miedo, entre tantos agujeros negros por los que desaparecen las condiciones sociales que asignan los derechos escritos de la Constitución.


Nadie tiene asegurado nada, ni siquiera aquellos que creen estar exentos de estos condicionamientos por pertenecer a esa clase dirigente, eventual o perpetuada, que rige los destinos de las instituciones que precisamente deberían generar esos cambios reclamados durante décadas.


Todo remite a la incapacidad de capas dirigenciales, una sobre otra, que vienen arreglando casi todo con alambre, dejando los problemas de raíz para momentos que nunca llegan.


La otra parte de la problemática deviene de esa comodidad política de dejar que todo siga la línea de las soluciones futuras y continuar justificando que se trabaja para resolver lo prioritario y urgente.


Casi nunca sin tiempo para atacar los males profundos, quienes ocupan la categoría de mandatarios finalizan respondiendo con maniqueísmo a los reclamos de sus mandantes, con esa actitud gatopardista que los caracteriza y que nos viene condenando por años a vivir siempre más de lo mismo.-


@danieltemperoni

viernes, 8 de junio, 2018 - 10:27 hs.

Hace tiempo que la política no encuentra el camino de las soluciones que requiere el pueblo argentino, mientras se repiten situaciones que ya vivimos en otros momentos de nuestra historia.


Acuerdos que se caen, personajes que proyectan su figura personal y terminan midiendo la interna de los partidos, estructuras partidarias enflaquecidas que para una elección parlamentaria se asocian con unos y para la general con otros.


Así la realidad va encadenando hechos que no tienen respuestas satisfactorias por parte del sistema institucional y por lógica el ciudadano va perdiendo confianza en quienes lo dicen representar.


Sobre todo los sectores más vulnerables de la sociedad que son los que necesitan mayor seguimiento por parte de los organismos estatales, se ven resentidos cada vez más porque la respuesta no llega o la asistencia es insuficiente.


Esta es la asignatura pendiente que debe apurar en su instrumentación el Estado en todos sus niveles y comenzar la reconstrucción del tejido social como paso fundamental de estas acciones reparadoras.


Es a partir de este nivel de compromiso que la política debe reencauzar su trabajo con la sociedad a la que dice servir y en la que fundamenta su existencia.


La reconciliación con lo que está atravesando gran parte de la población, es el único camino posible para que la dirigencia salga de este letargo que se ha extendido por demasiado tiempo y sólo ha obtenido como logro que no crean en sus actos y palabras.


Esto también ha llevado al desgaste de los partidos y de organizaciones ligadas a la institucionalidad en el país, desdibujando sus propios antecedentes y trayectoria, y perdiendo una porción importante de incidencia en las decisiones que hacen al modelo y al futuro del país.


Difícilmente la mayoría de los dirigentes actuales puedan expresar siquiera la síntesis de los sentimientos y las necesidades de los argentinos.


En este todo que nos abarca, entonces, deben priorizarse las ideas claras y aquellas posturas que sirvan al restablecimiento de valores que hoy están ausentes con aviso.


Más que nunca, es importante que lo que se diga y lo que se haga se corresponda en sus fundamentos.


Es decir, no más hipocresía.-


@danieltemperoni


 

viernes, 1 de junio, 2018 - 10:18 hs.

La verdad sobre el impacto de los movimientos macroeconómicos y las vueltas del mercado de los que siempre salen ganando, se ven en los precios de todos los días.


Cualquier economista que quiera medir hasta dónde pierde el argentino con estas convulsiones, sólo debe mirar cómo se escurre el poder adquisitivo entre las marañas de incrementos registrados en las góndolas.


Por esa razón no hay tiempo que perder en cuanto a la aplicación de seguimientos puntuales desde el productor hasta el consumidor final.


El gobierno tiene las herramientas desde la secretaría de Comercio Interior para poner la lupa sobre los intermediarios y los formadores de precios.


Pero también posee en su armamento una acción que pondría en vereda a todos aquellos que quieren aprovecharse de la situación, como lamentablemente ocurre en estos ciclos negativos de la economía.


Precios sugeridos, ni más ni menos.


Sabiendo cuánto cuesta cada producto desde el principio hasta el final de la cadena, sólo resta confeccionar un listado para que los consumidores orienten sus compras y aprovechen las ofertas que seguramente volverán a aparecer con ese nuevo horizonte.


El Estado no tiene necesidad de intervenir, si efectivamente trabaja como corresponde en este terreno ordenador donde su ausencia sólo provoca la dispersión de precios y la aparición galopante de ese temible monstruo que es la inflación.


No es tan complicado poner en marcha este mecanismo.


Sólo hace falta tener intenciones concretas de salvaguardar a las pequeñas y medianas empresas, a los productores, a los miles de puestos de trabajo que dependen de esa enorme maquinaria y al sostenimiento de las economías regionales, fundamentales para la subsistencia de cientos de comunidades en todo el interior del país.


La importancia de comprender el alcance que tiene cada familia en el entramado de la ciudad a la que pertenece, resume claramente el efecto reparador que puede lograrse con la aplicación de políticas que apunten a sanear la estructura de precios, porque además se estará restaurando la capacidad de compra y de consumo.


La ecuación no es tan difícil de entender.-


@danieltemperoni


 

viernes, 25 de mayo, 2018 - 10:22 hs.

Con cada golpe de timón de la economía, tras un tsunami cambiario, los efectos para los argentinos de a pie son innumerables.


Como el piolín siempre se corta por lo más delgado, los precios terminan siendo el coletazo final que recibimos en el bolsillo.


No son muchos los ejemplos de gobiernos que han acompañado a la población en momentos críticos como el presente, estructurando políticas de seguimiento de la trazabilidad de cada uno de los productos de primera necesidad.


No alcanza con una lista de Precios Cuidados.


La secretaría de Comercio Interior, así como hizo con la tarjeta Visa por posición dominante en el mercado, debe intervenir en el plano tangible de las empresas y verificar que cada artículo puesto en la góndola pueda explicar por sí mismo su valor en el mercado.


Es imposible imaginar que en un país que genera alimentos para más de 400 millones de personas, la intervención del dólar esté presente a lo largo de toda la cadena de producción e influencie de la forma en que lo hace.


Uno de los objetivos que se propuso el gobierno fue reducir el índice inflacionario, aunque después del cimbronazo económico fueron precisamente los productos alimenticios los que sufrieron los primeros incrementos.


Entonces, si se repiten viejas artimañas de los formadores de precios, lo que se impone es una revisión puntual de los costos que incluyan a cada uno de los pasos de la producción.


Tampoco puede perderse de vista la situación de los productores que vienen soportando posiciones críticas en función de los bajos precios que reciben de otros niveles de comercialización.


Diversas importaciones también ponen en jaque a las economías regionales y, por ende, a numerosas comunidades en todo el país.


Arrojar luz sobre la cadena de producción y comercialización, dejará al descubierto a aquellos especuladores que siempre se han beneficiado en los momentos de crisis económica.


Las herramientas están al alcance de la mano.


Usarlas, demostraría también la decisión de salir a defender el valor del peso argentino.-


@danieltemperoni

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