20/03/2019
miércoles 20 de marzo del 2019 - T
20 marzo 2019 - T

Maxi Abad Diputado provincial por Cambiemos

martes, 27 de marzo, 2018 - 08:57 hs.
La agenda de género es agenda de Estado

En una sociedad en la que durante los últimos años perdió la capacidad de generar consensos y lleva a cada debate a los bordes donde prima el desacuerdo, hay todavía algunos puntos en común que nos unen más allá de nuestra identidad política.


Los argentinos sabemos, porque lo vivimos, que las sociedades que más progresan son las que tienen educación accesible. También sabemos que no hay manera de progresar sustentablemente con un Estado que expande el gasto irracionalmente y usa la inflación como un placebo que lo sostiene a expensas de los más débiles. Y también somos conscientes que en pleno siglo XXI, buena parte de la energía del progreso pasa por darle a la mujer igualdad de acceso a los derechos, libertades y oportunidades respecto a los hombres.


Este último concepto, compartido por todos o casi todos, se había convertido en un dogma de la política argentina sobre el cual todos coincidíamos, pero que no se manifestaba con contundencia en hechos concretos. Hasta la semana pasada.


En una suerte de pacífica revolución de la igualdad, la agenda de género que hace un par de años gana terreno en las calles, se convirtió en una agenda felizmente prioritaria para el Estado Nacional.


En política hay dos grandes grupos que trascienden ideologías, partidos y fronteras: los que comentan la realidad y los que transforman esa misma realidad. Cambiemos ha decidido, hacer de la agenda social de género, una agenda pública, argentina, integradora; de todos y así transformar una realidad híper comentada y poco intervenida.


Hay quienes descalifican esta identificación de Cambiemos con la agenda de género hablando de utilización política u oportunismo. Pero en el fondo, incluso esa pretendida descalificación es un halago: hablan de un Gobierno sensible a los temas públicos, a las preocupaciones ciudadanas y a los temas trascendentes; un gobierno con los pies en la tierra.
En este marco, el proyecto de equidad de género e igualdad en el trabajo, es doblemente relevante. Lo es, porque implica un freno a la discriminación que sufren miles de mujeres argentinas que trabajando lo mismo que sus compañeros hombres, reciben un salario inferior. Y lo es, porque implica que el Estado se hace cargo de la desigualdad para transformar esa realidad que duele.


La propuesta de ley, establece que las empresas deberán tener códigos de conducta internos para evitar la discriminación contra la mujer, en lo que el claramente una medida a la vez preventiva y concreta, dado que dará visibilidad y pondrá coto a pequeños hechos discriminatorios que suceden rutinariamente en el ámbito laboral.
Por su parte, las organizaciones sindicales deberán abrir sus estructuras a la participación igualitaria entre hombres y mujeres. Y habrán de hacerlo no solo de palabra, sino con las modificaciones estatutarias que correspondan.


Estos cambios se complementan con una disposición igualitaria de las licencias laborales que incorporan situaciones de violencia de género, la realidad de los padres con niños menores de cuatro años y la posibilidad de acordar con el empleador la reducción transitoria de la jornada laboral cuando hubiera niños a cargo o en los meses posteriores a la reincorporación luego de la licencia por maternidad.


La propuesta del Gobierno en materia de equidad en el trabajo, es una oportunidad para todos. Miles de argentinas han luchado durante largas décadas para que la problemática de género adquiriese importancia pública, hacer que esa agenda pública se convierta en leyes que se efectivicen, es el desafío de la política y es la responsabilidad que ha tomado Cambiemos.


La tarea de un gobierno es, a grandes trazos, mejorar la calidad de vida de la sociedad cuyo Estado administra. La agenda de género es mucho más que un conjunto de reivindicaciones, estamos aprovechando la oportunidad de crear igualdad de condiciones, potenciar las oportunidades de desarrollo colectivo y generar una Argentina moderna, donde las libertades escritas se conviertan en libertades ejercidas.

   


Columnas anteriores
viernes, 22 de febrero, 2019 - 11:14 hs.

No es la primera ni será la última vez que un tema trascendente en la agenda pública nacional, producto de la desinformación, el oportunismo e incluso la negligencia política, termina siendo bastardeado y corrido de su eje.


Eso pasó con la extinción de dominio: políticos de todos los colores, medios de comunicación grandes y pequeños, opinólogos omnipresentes hablando mucho y diciendo poco. Y en el medio, como siempre, la sociedad interesada como rehén.


Para comenzar, antes de comentar lo sucedido esta semana en la Bicameral de Trámite Legislativo, un dato importantísimo que ha sido pasado por alto sistemáticamente por muchos. No estamos ante un invento argentino. La extinción de dominio es una herramienta presente en casi todo el mundo, que reafirma el compromiso de los Estados para adoptar las medidas necesarias para recuperar los bienes obtenidos ilegalmente a través del narcotráfico, terrorismo, trata de personas, y claro, la corrupción.


Queremos que el Estado destine a escuelas, hospitales, rutas y seguridad el dinero que obtuvieron ilegalmente delincuentes que, día a día, engrosan sus cuentas bancarias a costa de los argentinos. Se trata de justicia e igualdad ante de la ley, sí. Pero también de hacerle frente de una manera coherente y efectiva al crimen organizado. ¿Por qué digo esto? Porque hay que atacar los bolsillos, las inversiones, las propiedades y los bienes de los grupos criminales. Es ahí donde les duele: cuando el Estado pone trabas en el proceso de lavado de dinero y reinversión de activos. Por el contrario, los enfrentamientos militares y los decomisos de estupefacientes —por citar el ejemplo del narcotráfico— son siempre, en el mejor de los casos, victorias parciales e insuficientes.


Hace años duermen en los cajones del Congreso proyectos de ley que apuntan a regular la recuperación de los activos provenientes de actos ilícitos. Esperamos que el enorme impacto que ha tenido esta decisión del Gobierno Nacional en la sociedad, que reclama soluciones rápidas, efectivas y transparentes, haga mella en las bancas opositoras, y podamos juntos avanzar en una herramienta que, sin dudas, nos pondrá más cerca del país que queremos y merecemos. 


Maximiliano Abad
Jefe de bloque de Cambiemos
Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires
@MaxiAbad
maxiabad.com.ar

lunes, 23 de octubre, 2017 - 09:31 hs.

Hemos vivido un momento histórico. La democracia siempre encuentra la forma de abrir caminos, de mostrarnos la manera en cómo los pueblos construyen su futuro, deciden por ellos, se proponen objetivos colectivos y los logran.


Hoy somos muchos los que dijimos que el cambio no tiene vuelta atrás. Y con el tiempo seremos más, porque la fuerza de una nueva forma de entender al Estado, de construir consensos, de escuchar todas las voces irá mostrando, con más resultados, que el cambio llegó para todos, que la tarea estará cumplida cuando los argentinos podamos permitirnos acordar en lo esencial, más allá de las diferencias que podamos tener en cómo conseguirlo.


Y algo de esto es lo que se jugó en las elecciones del domingo. En un ejemplo formidable de libertad se pudo dejar atrás aquello a lo que no queremos volver. Se pudo dar mayor impulso a un proyecto que en pocos años demostró que no sólo era posible gobernar, sino que era posible hacerlo mejor que antes.


Cambiemos es una coalición de partidos que muchos sospechaban efímera y coyuntural: hoy es la fuerza política más importante del país, que permitió en estos primeros dos años de gobierno crear las condiciones para el desarrollo. Pero no sólo eso, también evitó el camino contrario, ese que hoy dejamos definitivamente atrás.


Esta elección marca ese final, pero eso ya no importa. Lo que realmente vale la pena destacar es el comienzo: lo que empieza ahora que somos millones, que somos muchos más los que decidimos cambiar, es la consolidación de esta etapa fundacional. Un proyecto que genera la confianza de tantos ya está maduro para enfrentar lo que viene.


Y lo que viene es arduo, y tan urgente como apasionante: tenemos que terminar definitivamente con las mafias enquistadas adentro o cerca del Estado. Tenemos que lograr que el narcotráfico y la inseguridad no encuentren condiciones para amenazar a nuestros hijos. Tenemos que llevar cloacas y obras elementales a todos los argentinos. Tenemos que honrar a nuestros mayores en el momento de su jubilación y de su atención médica. Tenemos que erradicar la pobreza, con trabajo y con educación. Tenemos que terminar con la impunidad. Y tenemos, también, que encontrar un sistema electoral moderno, absolutamente confiable y mucho más barato que este que ya cumplió 100 años.


Tenemos mucho por hacer, realmente mucho. Y el impulso logrado en las urnas nos pone más cerca del objetivo de ser la generación que cambie para siempre a la Argentina. Todavía falta, es verdad, pero hoy debemos detenernos en lo que la democracia -una vez más- logró, en lo que pudimos hacer el domingo. En que, juntos, hicimos historia.

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