22/05/2018
martes 22 de mayo del 2018 - T
22 mayo 2018 - T

Daniel Temperoni Periodista

viernes, 26 de enero, 2018 - 13:49 hs.
Lo que funciona se cambia

Un viejo y conocido síndrome argentino se reconoce en aquella actitud casi obsesiva de cambiar absolutamente todo lo que se hizo antes, porque lo nuevo es mejor.


Como si se tratase de una ecuación exacta, todos los campos de acción caen bajo esta nefasta tesitura argenta.


No importa el color político ni las circunstancias, ya que se sabe que esto va a ocurrir de forma inexorable.


La pregunta a responder es por qué una ambulancia arribó 45 minutos después del primer llamado, mientras el cuerpo de guardavidas intentó mantener respirando a una persona que, lamentablemente, llegó fallecida al hospital.


No hace muchos años atrás, a lo largo de la costa marplatense, se habían instalado en temporada varios puestos de atención que contaban con móviles sanitarios que tenían su propio rango de cobertura.


Probada su eficiencia al complementarse con el sistema tradicional de asistencia en la vía pública, como era de esperar, ya no se volvió a implementar.


Un municipio que contiene a un millón de habitantes y que durante la temporada alta triplica esa cantidad con los turistas, no puede adolecer de una estructura que alcance para cubrir esas necesidades.


Deberá hacerse con provincia y nación, o con cualquier otra integración que permita absorber el enorme flujo de personas que se llegan a concentrar en casi 40 kilómetros de costa.


La Ley Orgánica de Municipalidades permite a los gobiernos comunales organizarse a partir de la figura de los consorcios para encarar proyectos que generen soluciones integrales a problemáticas similares.


Nada impide, entonces, que intendentes del frente costero bonaerense puedan sentarse a discutir la mejor forma de poner a cubierto a los miles de visitantes que vacacionan en sus playas cada año.


Sólo una idea de cómo se puede avanzar en este sentido y para que el Estado esté en el lugar y en el momento en donde se lo precisa.


Ni más, ni menos.-


@danieltemperoni


 


 

   


Columnas anteriores
viernes, 18 de mayo, 2018 - 10:17 hs.

Todas las ciudades necesitan, en algún momento de su evolución, pensar y rediseñar la utilización de su espacio público.


Mar del Plata no es la excepción a la regla y la realidad está a la vista de todos.


Cerca del millón de habitantes en el distrito, dos automóviles cada cuatro personas, más de 120.000 motos y casi el mismo plano urbanístico que el original.


Sin restricciones en la circulación de vehículos en el micro y macrocentro, con carga y descarga de mercadería a toda hora, con más de 400 ómnibus de corta distancia y algunos de ellos con sistema de articulación y el doble de largo.


Rotondas eternas e infernales en avenida Champagnat, además de avenidas en las que urge aplicar un sistema de onda verde que permita transitar por ellas sin padecer el sufrimiento de permanentes interrupciones.


También la ciudad se merece una reorganización de los recorridos y frecuencias del transporte público, que incluya los trasbordos y la aplicación de líneas troncales y secundarias.


Un núcleo urbano como el nuestro debe incluir un sistema de ciclovías para que podamos elegir entre varias alternativas de transportación, justamente cuando el automóvil y el ómnibus provocan más inconvenientes que soluciones.


Además, la inexistencia de proyectos de cocheras subterráneas eleva el nivel de conflictividad que nunca pudo ser limitado por los diversos programas de estacionamiento medido ensayados en las dos últimas décadas.


La calidad de vida en la actualidad se mide a través de varios indicadores y los avances en materia urbanística están entre los que hacen la diferencia en favor de aquellas ciudades que estudiaron la raíz de sus problemas y pusieron en práctica esos cambios.


Demorarse en el tiempo y poner como excusa la falta de recursos presupuestarios para iniciar estas obras de infraestructura fundamentales, no hace más que incrementar el cúmulo de dificultades de los distintos barrios marplatenses.


Ya se realizó el Plan Estratégico con la intervención de numerosos niveles de actuación ciudadana y también se concretó el Plan Maestro de Transporte y Tránsito.


Disponer de herramientas ya es un paso importante; dejar que todo siga igual es retroceder varios peldaños en el camino lógico de la evolución de las comunidades.-


@danieltemperoni


 

viernes, 11 de mayo, 2018 - 10:24 hs.

Un amigo sintetizó en pocas palabras lo que vivimos en una semana corta e intensa, merced al dólar y a sus operadores.


Alguien compró dólares a $20, vendió a $23 y después puso los pesos en el sistema a una tasa anual de referencia del 40%.


Tan simple y tan perverso.


Porque más allá de las razones externas, el problema sigue siendo el bendito mercado interno que, como sus familiares foráneos, no reconoce banderas ni ideologías.


Hoy más que nunca el dólar impacta sobre la vida de los argentinos porque el precio de los combustibles está dolarizado, las tarifas de servicios públicos también lo están y la cadena de comercialización siempre se resiente con cada coletazo del monstruo verde.


Llamó la atención al cierre de un dólar a $22,98 que el Banco Nación lo siguiera ofreciendo a $23,30.


Como efecto directo de todo este movimiento de mercado, el gobierno anunció que dejará de ejecutarse el 50% de la obra pública a nivel nacional, es decir, $30.000 millones menos de inversión en infraestructura.


Ahora habrá que esperar la llegada de las próximas facturas de gas y de energía eléctrica, porque sobre ellas tendrá incidencia directa este movimiento del mercado, además de las tasas municipales que dejarán de pagar las empresas y recaerán sobre los usuarios.


Mientras tanto, algunos bancos elaboran informes alentadores para sus clientes extranjeros, señalando que la opción en pesos se encuentra muy bien posicionada y resguardada por una brecha bastante alejada de una posible devaluación.


Es decir, ya concretaron el gran negocio otra vez con la plata de los argentinos e hicieron trepar el dólar a su gusto, acompañados por otros operadores que se beneficiaron calladamente de la situación.


Cada vez que aparece una oleada verde, sufren los trabajadores, los pequeños y medianos empresarios, y las economías regionales.


Todavía no hay vacuna para esta enfermedad y sólo aparece en lista la vieja receta de apelar al Fondo Monetario Internacional, una vez más.


No aprendimos nada.-


@danieltemperoni


 

viernes, 4 de mayo, 2018 - 09:32 hs.

Es una constante de la dirigencia argentina aferrarse a los errores de quienes los precedieron, para terminar justificando sus propias incompetencias.


Casi nadie se salva de esta regla general que viene despilfarrando las mejores expectativas de varias generaciones y, a la vez, hipotecando el futuro de los que aún no pueden tomar decisiones desde lo electoral.


Y así nos ha ido, repitiendo incongruencias y experiencias fallidas como una suerte de rueda mágica perversa.


Pero aquellos que cometieron tremendos fallos de gestión, hoy gozan de la impunidad de sus pensiones que pagamos todos o siguen ocupando sillones y despachos a perpetuidad.


También se destacan los que firmaron decisiones equivocadas y desde el retiro explican qué y cómo deberían hacerse las cosas.


Se cuentan con los dedos de una mano los dirigentes que hicieron autocrítica y pidieron alguna disculpa por los yerros en el manejo de la cosa pública.


Y con los otros cinco restantes, los que renunciaron frente a situaciones insalvables y tuvieron algún pudor frente a la ciudadanía.


El problema mayor es que la secuencia continúa manifestándose sin cambios, mientras los números de la deuda externa son siderales, la pobreza y el desempleo ocupan el podio de las preocupaciones argentinas, y las provincias se llevaron dinero de los jubilados y pensionados.


Tal vez sea tiempo ya de hacer una larga lista de todos los que se equivocaron con nuestro dinero y nuestros sueños, y actualmente se dan el lujo de seguir dando consejos por los medios de comunicación.


Pedir, también, que el árbol de las ideas empiece a madurar para que sus frutos repercutan sobre la fertilidad y capacidad de los argentinos.


Que no sigamos gastando vida en este esfuerzo supremo argento que se esfuma por las grietas de corporaciones y gobiernos.


No estaría mal, finalmente, que exijamos vivir en un gran país posible que siempre se nos presenta esquivo por culpa de los incompetentes de turno.


@danieltemperoni


 

viernes, 13 de abril, 2018 - 10:20 hs.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene cinco miembros permanentes que reúnen el poder absoluto con voz, voto y veto.


Así es como China, Francia, Federación de Rusia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Estados Unidos de América, conforman un selecto club de países que manejan la agenda mundial en cuanto a la carrera armamentista, los movimientos de tropas y el alineamiento del resto de las naciones.


También son los responsables de decidir cuándo comienza y cuándo termina una guerra, según sus propios intereses.


Este tremendo poder concentrado es el que mantiene bajo control a aquellas partes del mundo que pretenden salirse de este maniqueísta sistema que fuera perversamente ideado tras la II Guerra Mundial.


Cualquier movimiento que no esté alineado con estas cinco naciones es revisado dentro de los márgenes de sus propias leyes del juego y quienes generan alteraciones al ritmo impuesto por estas potencias son rápidamente amonestados con acciones que van desde las sanciones económicas hasta los correctivos militares.


No hay posibilidad de salir ileso cuando algún país llevó adelante políticas contrarias a la enorme maquinaria bélica de los que se dividieron el mundo en la Conferencia de Yalta de 1945.


Con actualizaciones al nuevo concierto internacional, las cosas se siguen manejando igual que en el siglo XX.


Por esta razón, después de la muerte de civiles por el uso de gas venenoso en la ciudad de Duma, Siria, las denuncias entre Estados Unidos y la Federación de Rusia fueron anuladas por el veto alternativo de ambos países y seguidas por las amenazas de cercanos lanzamientos de misiles.


Como los dos pertenecen al Consejo de Seguridad y tienen ese privilegio, la política y la diplomacia mundial son incapaces de ponerle fin al sufrimiento de miles de personas.


Es el ejemplo contundente de la advertencia lanzada por el Papa Francisco cuando afirmó que estamos viviendo la III Guerra Mundial por partes.


@danieltemperoni


 

viernes, 6 de abril, 2018 - 11:39 hs.

El sentimiento del pueblo argentino se ha mantenido inalterable a pesar de los muchos intentos desmalvinizadores que en los últimos 36 años procuraron sin éxito aquellos que preferían ocultar lo hecho por nuestros ex combatientes.


Este aniversario ha tenido una tonalidad distinta, porque 90 familias han podido cerrar el círculo del duelo y colocar en las tumbas el nombre y apellido de sus seres queridos que descansan en el cementerio de Darwin.


Una idea que surgió de Julio Aro hace una década y que tuvo que atravesar muchos obstáculos internos y externos, hasta que los planetas se fueron alineando al conocer en Londres al ex coronel Geoffrey Cardozo y recibir en Buenos Aires el espaldarazo del músico Roger Waters.


Un trabajo impecable del Equipo de Antropología Forense, bajo la coordinación de la Cruz Roja Internacional, que está siendo considerado como caso único de recolección de muestras en el terreno y el posterior cotejo con el ADN de numerosos familiares que aceptaron hacer el cruce de información genética.


Ahora resta que sigan acercándose las familias de aquellos fallecidos en combate cuyas placas todavía rezan “Soldado argentino sólo conocido por Dios”, lo que inexorablemente se irá cumpliendo con el tiempo.


En tanto, la misma sociedad que sostuvo contra viento y marea durante más de tres décadas y media la causa Malvinas, tiene el deber de continuar respaldando el pedido de conversaciones diplomáticas con Gran Bretaña por la soberanía del archipiélago.


La resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada el 16 de diciembre de 1965, reconoció la existencia de una disputa soberana entre Argentina y el Reino Unido.


Ese es el camino que nunca debió haber abandonado nuestro país y el que nos están marcando los 649 combatientes que dejaron sus vidas en el conflicto de 1982.


Son razones más que suficientes para que el pueblo argentino sea el garante permanente ante los gobiernos de turno, por si alguno de ellos en el futuro afloja en el reclamo por nuestros derechos irredentos desde 1833.


La comunidad internacional está viendo con asombro el resultado final de la identificación de nuestros soldados caídos en combate.


Con la misma inteligencia y templanza, ahora hay que trabajar para que las Islas Malvinas vuelvan a ser territorio argentino.-


@danieltemperoni

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